{"id":21610,"date":"2021-03-29T07:29:07","date_gmt":"2021-03-29T13:29:07","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21610"},"modified":"2021-03-29T07:29:07","modified_gmt":"2021-03-29T13:29:07","slug":"muchas-veces-fue-un-poeta-pobre-nunca-un-pobre-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21610","title":{"rendered":"Muchas veces fue un poeta pobre, nunca un pobre poeta."},"content":{"rendered":"<p>El indestructible Javier Molina<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Muchas veces fue un poeta pobre, nunca un pobre poeta. Al contrario, suya fue siempre la poes\u00eda, as\u00ed nom\u00e1s, sin mucho aspaviento. Viv\u00eda a gusto en el lenguaje, y de repente, algunas veces, lo golpeaba el rayo de unos versos. Los dejaba en su cabeza d\u00edas, semanas, y cuando sent\u00eda que ya estaban terminados, en un arrebato los escrib\u00eda. Me consta. Una tarde, por ejemplo, en un caf\u00e9 de su pueblo, San Crist\u00f3bal de Las Casas, me pidi\u00f3 un l\u00e1piz y escribi\u00f3 en una servilleta un bello poema sobre un \u00e1rbol en los primeros tiempos de Ojarasca. Lo acabo de terminar, dijo. As\u00ed era el m\u00e9todo de su fino y cultivado o\u00eddo.<\/p>\n<p>La primera vez que escuch\u00e9 de \u00e9l fue por Hugo Hiriart, en tiempos del Unom\u00e1suno. El reportero que mejor escribe es Javier Molina, un escritor de verdad. Sonaba un poco sorprendente; en medio de otros reporteros y cronistas conocidos y muy buenos, Javier s\u00f3lo firmaba discretas notas en la secci\u00f3n de Cultura y hac\u00eda muy buenas entrevistas. Manuel Becerra Acosta y Carlos Pay\u00e1n lo sab\u00edan. Tambi\u00e9n era uno de los compa\u00f1eros m\u00e1s cercanos al abismo, casi un alma perdida. O ni tan perdida, su condici\u00f3n ang\u00e9lica (a veces un tanto inc\u00f3moda) lo proteg\u00eda. Siempre hubo una mano que lo cachara en la ca\u00edda.<\/p>\n<p>Era m\u00e1s antiguo de lo que parec\u00eda. Ven\u00eda de un albor de la izquierda moderna. El 68 lo agarr\u00f3 en la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas, donde se hab\u00eda politizado como disc\u00edpulo de Pablo Gonz\u00e1lez Casanova, Enrique Gonz\u00e1lez Pedrero, Arnaldo C\u00f3rdova, V\u00edctor Flores Olea y Gast\u00f3n Garc\u00eda Cant\u00fa. Para cuando estall\u00f3 la huelga estudiantil, Javier y sus compa\u00f1eros ya estaban en huelga por la liberaci\u00f3n de Demetrio Vallejo, el l\u00edder ferrocarrilero. Se integr\u00f3 al comit\u00e9 de lucha. Y como a todos (pero m\u00e1s que a la mayor\u00eda) el desenlace en Tlatelolco le atropell\u00f3 la vida. Sobre todo por no estar preso ni muerto. Tom\u00f3 la representaci\u00f3n de Pol\u00edticas en el Comit\u00e9 Nacional de Huelga y crey\u00f3 que la lucha segu\u00eda y segu\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed cuenta a V\u00edctor Avil\u00e9s 20 a\u00f1os despu\u00e9s la noche vivida entre 1968 y 1974 (Pensar el 68, Cal y Arena, 1988): \u201cPreferir\u00eda estar en la c\u00e1rcel. Entonces estar\u00eda con mis amigos y no aqu\u00ed solo, oyendo m\u00fasica, fumando mota y, la verdad, sin poder hacer nada\u201d. En esa \u00e9poca, agrega: Me qued\u00e9 solo. Pero literalmente, solo y peor que solo. Rodeado de nada, de nada que me convenciera. Viv\u00ed un a\u00f1o casi en el vac\u00edo. Lo \u00fanico bueno estaba en la c\u00e1rcel, y mi mejor amiga fuera del pa\u00eds. Siguieron a\u00f1os de silencio. Frecuent\u00f3 al s\u00f3tano de La Onda (Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a, El B\u00faker Ben\u00edtez), pero libr\u00f3 la noche del jipismo de izquierda (como se burlaba de ellos Garc\u00eda Cant\u00fa) gracias a Jos\u00e9 Agust\u00edn, Alejando Aura, Elsa Cross y su vida en la literatura. De Paul Nizan aprendi\u00f3 que, como en la crisis en tiempos de Epicuro, cuando hab\u00eda guerras, sequ\u00eda, presi\u00f3n, incertidumbre, le hab\u00eda tocado un fen\u00f3meno hist\u00f3rico que tendr\u00eda consecuencias sociales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Aprendi\u00f3 por primera vez a tocar fondo. Renaci\u00f3 maltrecho, borrach\u00edn, pero recuper\u00f3 el habla y se descubri\u00f3 poeta. Lo redime la escritura. En 1978 public\u00f3 Para hacer pl\u00e1tica en La M\u00e1quina de Escribir, que editaba Federico Campbell: El orden es tan absurdo que no queda m\u00e1s que transgredirlo. No tome, no fume, no camine (tres cosas que \u00e9l nunca dej\u00f3 de hacer). Hacer lo que uno quiere sin molestar a nadie ser\u00eda su meta, cosa que no siempre logr\u00f3, pues ya tomado pod\u00eda ser muy latoso. Sin embargo, era casi imposible no quererlo.<\/p>\n<p>Eso lo salv\u00f3 siempre. Un ser fr\u00e1gil, peque\u00f1o y enjuto, pero indestructible. Del Unom\u00e1suno pas\u00f3 a fundar La Jornada como reportero de Cultura. Su alcoholismo era proverbial. A veces no ten\u00eda ni d\u00f3nde pasar la noche. Alguna amiga compadecida o la sala de redacci\u00f3n le daban techo.<\/p>\n<p>Nunca olvidar\u00e9 los d\u00edas y noches que en 1982 pas\u00e9 con Javier y Roberto Escudero (otro sobreviviente de la no c\u00e1rcel del 68) en Acapulco, compartiendo cuarto de hotel. Javier beb\u00eda sin parar, y Roberto luchaba por permanecer sobrio ba\u00f1\u00e1ndose en agua de colonia. No s\u00e9 cual de los dos estuvo m\u00e1s insoportable. A no ser por la asistencia del simpatiqu\u00edsimo Toni Deltoro, mi papel de \u00e1ngel de la guarda de ese par hubiera fracasado estrepitosamente.<\/p>\n<p>Javier no parec\u00eda tener remedio. En alg\u00fan momento desapareci\u00f3. Se hab\u00eda regresado a San Crist\u00f3bal a casa de su madre. Su pueblo y su mam\u00e1 lo protegieron mejor que nadie. Cuando los zapatistas se levantaron, en 1994, Javier estaba ah\u00ed, y desde entonces simpatiz\u00f3 con ellos. Una de las primeras noches de aquel enero, la ciudad tomada por el Ej\u00e9rcito, me lo encontr\u00e9 deambulando por el centro con un se\u00f1or de porte distinguido. Te presento a Juan Gelman, me dijo, regal\u00e1ndome a otro admirable amigo a partir de entonces.<\/p>\n<p>Segu\u00eda siendo reportero, pero con mucha licencia. Viv\u00eda de noche, y en el destrampe de los periodistas llegados a Chiapas entonces se la pas\u00f3 en el agua, como pez en el agua. Entend\u00ed que en otro lugar lo hubieran atropellado, pero los sancristobalenses lo cuidaban, lo elud\u00edan o lo encaminaban con su mam\u00e1, muy parecida a \u00e9l f\u00edsicamente. Viv\u00edan muy pobremente en una casa vieja, con un patio y un pozo seco, en el barrio de La Merced. El dormitorio de Javier era minimalista, casi miserable. Algunos libros, recuerdo Vallejo, comida vieja, botellas, ceniceros repletos. Me acuerdo que pens\u00e9: Vive como verdadero poeta.<\/p>\n<p>S\u00ed que lo era. Mucho tiempo le negaron su lugar entre los poetas chiapanecos (una categor\u00eda en s\u00ed misma, hecha de Sabines, Rosario, Ba\u00f1uelos, Oliva, Eraclio, Quincho V\u00e1zquez Aguilar y gente as\u00ed). Finalmente, \u00d3scar Oliva le dio trabajo de tallerista con sueldo, y abri\u00f3 a Javier un camino a la estabilidad y el reconocimiento literario que bien merec\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El indestructible Javier Molina Hermann Bellinghausen Muchas veces fue un poeta pobre, nunca un pobre poeta. Al contrario, suya fue siempre la poes\u00eda, as\u00ed nom\u00e1s, sin mucho aspaviento. Viv\u00eda a gusto en el lenguaje, y de repente, algunas veces, lo golpeaba el rayo de unos versos. 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