{"id":21666,"date":"2021-03-30T18:09:04","date_gmt":"2021-03-31T00:09:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21666"},"modified":"2021-03-30T18:09:04","modified_gmt":"2021-03-31T00:09:04","slug":"miguel-hidalgo-y-costilla-tambien-llamado-el-cura-hidalgo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21666","title":{"rendered":"Miguel Hidalgo y Costilla, tambi\u00e9n llamado El cura Hidalgo"},"content":{"rendered":"<p>Miguel Hidalgo<br \/>\nMiguel Hidalgo y Costilla, tambi\u00e9n llamado El cura Hidalgo<\/p>\n<p>San Diego Corralejo, Guanajuato, 1753 &#8211; Chihuahua, 1811<\/p>\n<p>Patriota mexicano que inici\u00f3 la lucha por la independencia.<\/p>\n<p>Miguel Hidalgo<\/p>\n<p>Sacerdote culto y de avanzadas ideas que hab\u00eda trabajado, desde su parroquia en la poblaci\u00f3n de Dolores, por mejorar las condiciones de vida de los feligreses, Miguel Hidalgo se integr\u00f3 activamente en los c\u00edrculos que cuestionaban el estatus colonial y conspiraban para derrocar al virrey espa\u00f1ol. Cuando fue descubierta la conjura en que participaba, su firme determinaci\u00f3n y su llamamiento a tomar las armas (el llamado Grito de Dolores, el 16 de septiembre de 1810) lo erigieron en l\u00edder de un alzamiento popular contra las autoridades coloniales.<\/p>\n<p>A punto estuvo el movimiento de alcanzar y tomar la Ciudad de M\u00e9xico; pero un error t\u00e1ctico, comprensible en quien no era militar ni estratega, debilit\u00f3 su posici\u00f3n y acab\u00f3 con la derrota y ejecuci\u00f3n del cura y sus lugartenientes. Pese al fracaso, Miguel Hidalgo puso en marcha el proceso que conducir\u00eda a la independencia de M\u00e9xico (1821), y su figura destaca singularmente en la medida en que no hubo en su lucha un af\u00e1n de poder o una defensa de los privilegios de las \u00e9lites criollas, sino un imperativo \u00e9tico y un ideal de justicia social al servicio de sus conciudadanos. Por todo ello es el m\u00e1s admirado de los padres de la patria mexicana.<\/p>\n<p>El cura ilustrado<\/p>\n<p>Perteneciente a una acomodada familia criolla, era el segundo de los cuatro hijos de don Crist\u00f3bal Hidalgo y Costilla, administrador de la hacienda de San Diego Corralejo, y de do\u00f1a Ana Mar\u00eda Gallaga Mandarte. A los 12 a\u00f1os se traslad\u00f3 a la ciudad mexicana de Valladolid (actual Morelia), donde realiz\u00f3 sus estudios en el Colegio de San Nicol\u00e1s; march\u00f3 luego a la Ciudad de M\u00e9xico para cursar estudios superiores. En 1773 se gradu\u00f3 como bachiller en filosof\u00eda y teolog\u00eda, y obtuvo por oposici\u00f3n una c\u00e1tedra en el mismo Colegio de San Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os siguientes realiz\u00f3 una brillante carrera acad\u00e9mica que culminar\u00eda en 1790, cuando fue nombrado rector del Colegio de San Nicol\u00e1s. En aquella misma instituci\u00f3n tendr\u00eda como alumno a un joven despejado y voluntarioso, a un disc\u00edpulo ejemplar que lo suceder\u00eda no tanto en sus ensue\u00f1os intelectuales como en sus correr\u00edas pol\u00edticas, y en particular en la epopeya de liberar a los ind\u00edgenas de la secular y desp\u00f3tica opresi\u00f3n de los colonizadores: Jos\u00e9 Mar\u00eda Morelos.<\/p>\n<p>Miguel Hidalgo<\/p>\n<p>En 1778 hab\u00eda sido ordenado sacerdote; tras recibir las \u00f3rdenes sagradas, el cura Hidalgo ejerci\u00f3 en varias parroquias. Ya entonces hablaba seis lenguas (espa\u00f1ol, franc\u00e9s, italiano, tarasco, otom\u00ed y n\u00e1huatl) y a su biblioteca empezaban a llegar las obras de autores franceses entonces considerados contrarios a la religi\u00f3n y a la corona espa\u00f1ola. Se movi\u00f3 entre amigos y ambientes en que se debat\u00edan con total libertad las ideas pol\u00edticas de vanguardia, y lleg\u00f3 a ser denunciado a la Inquisici\u00f3n por expresar conceptos incompatibles con la religi\u00f3n, si bien no se le pudo formar juicio por falta de pruebas.<\/p>\n<p>A la muerte de su hermano Joaqu\u00edn (en 1803), Miguel Hidalgo lo sustituy\u00f3 como cura de la poblaci\u00f3n de Dolores, en el estado de Guanajuato. Fue en Dolores donde, adem\u00e1s de ejercer generosamente su magisterio eclesi\u00e1stico, emprendi\u00f3 tareas de gran reformador y de pr\u00f3cer ilustrado, llevando a la pr\u00e1ctica sus ideas entre sus feligreses (en su mayor\u00eda ind\u00edgenas), en un intento de mejorar sus condiciones de vida. As\u00ed, el cura se ocup\u00f3 de ampliar el cultivo de vi\u00f1as, de plantar moreras para la cr\u00eda de gusanos de seda y de fomentar la apicultura. Promovi\u00f3 asimismo los hornos de ladrillos y una f\u00e1brica de loza, y anim\u00f3 a la construcci\u00f3n de tinas para curtidores y otros talleres artesanos muy \u00fatiles para la prosperidad de la poblaci\u00f3n, lo que le vali\u00f3 el apoyo incondicional de los parroquianos.<\/p>\n<p>El Grito de Dolores<\/p>\n<p>En 1808, con la invasi\u00f3n de Espa\u00f1a por las tropas napole\u00f3nicas y la consiguiente deposici\u00f3n del monarca espa\u00f1ol Carlos IV y de su hijo Fernando VII, se inici\u00f3 una etapa convulsa tanto en Espa\u00f1a como en Am\u00e9rica. Surgieron entonces numerosos grupos de intelectuales que discut\u00edan en torno a la soberan\u00eda y las formas de gobierno de las colonias.<\/p>\n<p>Desde 1808 Miguel Dom\u00ednguez, el corregidor de Quer\u00e9taro, hab\u00eda promovido la formaci\u00f3n de un congreso americano y era partidario de una gobernaci\u00f3n aut\u00f3noma. En 1810 se reun\u00edan en torno a \u00e9l varias personas que conspiraban contra la autoridad virreinal con el pretexto de una tertulia literaria. En las reuniones de Quer\u00e9taro participaban criollos importantes, entre los que se contaban el propio corregidor y su esposa, Josefa Ortiz de Dom\u00ednguez; Ignacio Allende, un oficial y peque\u00f1o terrateniente; y Juan Aldama, tambi\u00e9n oficial. Miguel Hidalgo lleg\u00f3 a Quer\u00e9taro invitado por Allende a principios de septiembre de 1810.<\/p>\n<p>El objetivo de los conspiradores de Quer\u00e9taro no era la independencia total, al menos al principio. La idea era derrocar al reci\u00e9n nombrado virrey espa\u00f1ol, Francisco Javier Venegas, y reunir un congreso para gobernar el Virreinato de Nueva Espa\u00f1a en nombre del rey Fernando VII (que en ese momento se encontraba preso de Napole\u00f3n). Los conjurados planeaban levantarse en armas contra el virrey Venegas el primero de octubre de 1810, pero fueron descubiertos a mediados de septiembre. Hidalgo y algunos otros conspiradores lograron ponerse a salvo gracias al aviso de Josefa Ortiz de Dom\u00ednguez y se trasladaron a Dolores.<\/p>\n<p>Miguel Hidalgo<\/p>\n<p>Desbaratados, pues, los planes de los conjurados, s\u00f3lo cab\u00eda esconderse o adelantar el levantamiento, y Miguel Hidalgo opt\u00f3 por lo \u00faltimo. La noche del 15 de septiembre, el cura pidi\u00f3 la ayuda de los parroquianos de Dolores, liber\u00f3 a los presos pol\u00edticos de la c\u00e1rcel y tom\u00f3 luego las armas de la guarnici\u00f3n local. A la ma\u00f1ana siguiente convoc\u00f3 una misa a la que asistieron numerosos partidarios de las cercan\u00edas, y en ella hizo un llamamiento a alzarse en armas contra las autoridades coloniales; tal proclama es conocida como el Grito de Dolores.<\/p>\n<p>El proceder de Hidalgo dio al movimiento un giro radical. Ya no era el golpe de mano de una \u00e9lite que trataba de establecer un gobierno criollo y esperar el regreso de Fernando VII a Espa\u00f1a: se hab\u00eda convertido en la primera revuelta popular de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola, y en ella estall\u00f3 la rabia de los oprimidos. El llamado de Hidalgo fue atendido por centenares de campesinos de los lugares cercanos y, a medida que avanzaban, se les iban uniendo peones e indios de las comunidades. \u00c9stos ve\u00edan en la revuelta la posibilidad de mejorar su m\u00edsera situaci\u00f3n, provocada por las malas cosechas y el alza de precios.<\/p>\n<p>Victorias vertiginosas<\/p>\n<p>Los sublevados se dirigieron a San Miguel el Grande, y el 16 de septiembre de 1810, en el santuario de Atotonilco, Miguel Hidalgo enarbol\u00f3, como ense\u00f1a de su ej\u00e9rcito, un estandarte con la imagen de Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe, patrona de M\u00e9xico, en el que se pod\u00eda leer: \u00abViva la religi\u00f3n. Viva nuestra madre Sant\u00edsima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la Am\u00e9rica y muera el mal gobierno\u00bb. En San Miguel el Grande se les uni\u00f3 el regimiento de la reina, que comandaba Ignacio Allende, y una gran cantidad de artesanos, obrajeros y campesinos. Junto con Allende, consigui\u00f3 reunir un ej\u00e9rcito formado por m\u00e1s de 40.000 hombres.<\/p>\n<p>Las vicisitudes de las semanas siguientes pueden ser calificadas de vertiginosas. El 21 de septiembre, con un numeroso, indisciplinado y turbulento batall\u00f3n, Miguel Hidalgo ocup\u00f3 la ciudad de Celaya, donde se repartieron los grados entre los l\u00edderes de la insurrecci\u00f3n: el honor de ser teniente general recay\u00f3 en Ignacio Allende; el sacerdote Miguel Hidalgo fue proclamado sin discusi\u00f3n capit\u00e1n general. El ej\u00e9rcito libertador prosigui\u00f3 su avance y tom\u00f3 seguidamente las ciudades de Salamanca, Irapuato y Silao.<\/p>\n<p>Miguel Hidalgo en una pintura mural de Juan O&#8217;Gorman<\/p>\n<p>El siguiente punto del recorrido fue la rica ciudad de Guanajuato (28 de septiembre), en la que continuaron uni\u00e9ndose al movimiento trabajadores, campesinos, ind\u00edgenas y la plebe en general; todos se sent\u00edan atra\u00eddos, como por un im\u00e1n. Pero la toma de la ciudad estuvo marcada por la violencia. El intendente Ria\u00f1o no contaba con medios suficientes para defenderla, y decidi\u00f3 refugiarse con la gente adinerada en la alh\u00f3ndiga de Granaditas. El asalto de la alh\u00f3ndiga fue de una violencia extrema y gran parte de los que ah\u00ed se refugiaron fueron asesinados. Aunque hay varias versiones, todas coinciden en que se cometieron muchos cr\u00edmenes y atropellos, incluso despu\u00e9s de haber ocupado el edificio. Este episodio ocasion\u00f3 que algunos criollos retiraran su apoyo al movimiento.<\/p>\n<p>Mientras tanto, las autoridades eclesi\u00e1sticas condenaron con energ\u00eda a los insurrectos, en especial a su m\u00e1s visible cabecilla, a quien acusaron de embaucador, hereje y enemigo de la propiedad privada, cargos por los que fue excomulgado. De hecho, Hidalgo hab\u00eda afirmado para entonces que deb\u00edan devolverse las tierras a los ind\u00edgenas, gan\u00e1ndose con ello su adhesi\u00f3n, pero lo que todav\u00eda no hab\u00eda defendido (y la actitud de los obispos no hizo sino acelerar su decisi\u00f3n) era la necesidad de alcanzar la total independencia del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Establecer tal objetivo fue la prof\u00e9tica respuesta que recibieron sus enemigos, y cuando dos meses despu\u00e9s formase en Guadalajara un gobierno provisional, su desaf\u00edo llegar\u00eda hasta el punto de decretar que deb\u00eda entregarse a los naturales la tierra de cultivo, as\u00ed como el disfrute en exclusiva de las tierras comunales. Por otra parte, la aristocracia criolla, temerosa de perder las prebendas que le otorgaba el r\u00e9gimen latifundista, tampoco acoger\u00eda de buen grado que aquel gobierno provisional aboliese la esclavitud y los tributos con que se gravaba a indios y a mestizos, ni tampoco el ulterior decreto que amenazaba con la confiscaci\u00f3n de los bienes de los europeos, de modo que se uni\u00f3 a las fuerzas del virrey y de las jerarqu\u00edas eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>Miguel Hidalgo<\/p>\n<p>Pero tal p\u00e9rdida de apoyos no se reflejar\u00eda, por el momento, en los campos de batalla, en los que Hidalgo continu\u00f3 cosechando victorias hasta que, quiz\u00e1 por un exceso de grandeza \u00e9tica, cometi\u00f3 un fatal error estrat\u00e9gico. El 17 de octubre de 1810 Hidalgo tom\u00f3 Valladolid con siete mil hombres de caballer\u00eda y doscientos cuarenta infantes, todos ellos mal armados, y el 25 de octubre ocup\u00f3 Toluca. Ese mismo mes se uni\u00f3 a Hidalgo su viejo ac\u00f3lito y eximio sucesor, Jos\u00e9 Mar\u00eda Morelos, que fue inmediatamente comisionado para llevar la insurrecci\u00f3n al sur del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Cuando ya el siguiente objetivo era la Ciudad de M\u00e9xico, Hidalgo obtuvo una important\u00edsima victoria sobre Torcuato Trujillo, enviado por el virrey Francisco Javier Venegas para interceptar a los rebeldes. El encuentro tuvo lugar en el Monte de las Cruces el 30 de octubre de 1810: las tropas de Trujillo fueron derrotadas y, despu\u00e9s de la sangrienta batalla, el ej\u00e9rcito realista huy\u00f3 a la capital mexicana, posiblemente a esperar el asalto final.<\/p>\n<p>Un error fatal<\/p>\n<p>Piadoso en el digno ejercicio de su cargo sacerdotal, admirable por sus reformas en la industria, brillante como legislador progresista, osado en la batalla y dispuesto a prestar su brazo a la causa m\u00e1s noble y arriesgada de su tiempo, el cura Hidalgo fue, por desgracia, un torpe general. Posiblemente se vio excesivamente abrumado por el dolor que ve\u00eda entre sus inexpertas tropas, y puede que estuviese poco dispuesto a intercambiar sacrificios, acaso est\u00e9riles, por cruentas victorias.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, despu\u00e9s de la victoria del Monte de las Cruces, Ignacio Allende recomend\u00f3 que se atacase la capital, pero el cura Hidalgo, desoyendo el excelente consejo compartido por los restantes jefes militares, no quiso avanzar hacia la ciudad de M\u00e9xico. Con la carga a sus espaldas de lo ocurrido en Guanajuato, y para evitar que sus propias tropas saquearan la capital, o bien ante la amenaza de un ataque por parte del mariscal F\u00e9lix Mar\u00eda Calleja, orden\u00f3 la retirada.<\/p>\n<p>Tal equivocaci\u00f3n marc\u00f3 el principio del fin. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, el 7 de noviembre, F\u00e9lix Calleja lo derrot\u00f3 en la batalla de Aculco; Hidalgo regres\u00f3 a Valladolid y de all\u00ed parti\u00f3 a Guadalajara. Ya en Guadalajara (22 de noviembre), Miguel Hidalgo expidi\u00f3 una declaraci\u00f3n de independencia y form\u00f3 un gobierno provisional; decret\u00f3 adem\u00e1s la abolici\u00f3n de la esclavitud, la supresi\u00f3n de los tributos pagados por los ind\u00edgenas a la Corona y la restituci\u00f3n de las tierras usurpadas por las haciendas. Pero tales y tan excelentes decretos administrativos y tributarios eran papel mojado sin el auxilio de la fuerza. A finales de a\u00f1o hab\u00eda perdido ya Guanajuato y Valladolid.<\/p>\n<p>El 17 de enero de 1811, las tropas de Hidalgo fueron derrotadas en la batalla de Puente de Calder\u00f3n por un contingente de soldados realistas al mando de Calleja. Depuesto del mando por sus compa\u00f1eros de lucha, Hidalgo parti\u00f3 hacia Aguascalientes y Zacatecas, con la intenci\u00f3n de llegar a Estados Unidos para buscar apoyos a su causa, pero fue traicionado por Ignacio Elizondo y capturado en las Norias de Acatita de Baj\u00e1n el 21 de mayo de 1811. En Chihuahua, despu\u00e9s de ser sometido a un doble proceso eclesi\u00e1stico y civil, Hidalgo fue expulsado del sacerdocio y condenado a muerte.<\/p>\n<p>El fusilamiento tuvo lugar en la ma\u00f1ana del 30 de julio de 1811. Las cabezas de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros insurgentes se exhibieron como escarmiento colocadas en jaulas en la alh\u00f3ndiga de Granaditas de Guanajuato. Ah\u00ed permanecieron durante varios a\u00f1os. No obstante, a\u00fan le quedaban energ\u00edas y caudillos a la revoluci\u00f3n, avivada a\u00fan m\u00e1s por el ejemplo del cura Hidalgo, cuya entereza, mantenida hasta el \u00faltimo momento, gan\u00f3 la admiraci\u00f3n incluso del pelot\u00f3n de sus ejecutores.<\/p>\n<p>Padre de la patria<\/p>\n<p>El gobierno virreinal estaba convencido de que con la muerte de los caudillos, fusilados en Chihuahua, acabar\u00eda el movimiento insurgente, pero no fue as\u00ed. Ignacio L\u00f3pez Ray\u00f3n, lugarteniente de Hidalgo, le sucedi\u00f3 al frente del levantamiento y retom\u00f3 la lucha desde su refugio en Saltillo, al tiempo que se iniciaban las campa\u00f1as de aquel antiguo disc\u00edpulo de Hidalgo, Jos\u00e9 Mar\u00eda Morelos, a quien el cura hab\u00eda encargado la formaci\u00f3n de un ej\u00e9rcito en el sur del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Con la ejecuci\u00f3n de Morelos en 1815, la rebeli\u00f3n pareci\u00f3 definitivamente aplastada, pero el ideario del cura de Dolores hab\u00eda calado en amplias capas de la sociedad mexicana, y el proceso iniciado ya no ten\u00eda marcha atr\u00e1s. Seis a\u00f1os despu\u00e9s, en 1821, las semillas fructificaron: al frente de su Ej\u00e9rcito Trigarante, que sustentaba las tres garant\u00edas del Plan de Iguala, Agust\u00edn de Iturbide pas\u00f3 a dominar todo el pa\u00eds y M\u00e9xico logr\u00f3 su independencia de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Tras el establecimiento en 1823 de la Rep\u00fablica Mexicana, Miguel Hidalgo fue reconocido como padre de la patria. El estado de Hidalgo lleva su nombre y la ciudad de Dolores pas\u00f3 a llamarse Dolores Hidalgo en su honor. El 16 de septiembre, d\u00eda en que proclam\u00f3 el alzamiento, se celebra en M\u00e9xico el D\u00eda de la Independencia. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia, en la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>C\u00f3mo citar este art\u00edculo:<br \/>\nRuiza, M., Fern\u00e1ndez, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Miguel Hidalgo. En Biograf\u00edas y Vidas. La enciclopedia biogr\u00e1fica en l\u00ednea. Barcelona (Espa\u00f1a). Recuperado de https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/h\/hidalgo.htm el 30 de marzo de 2021.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel Hidalgo Miguel Hidalgo y Costilla, tambi\u00e9n llamado El cura Hidalgo San Diego Corralejo, Guanajuato, 1753 &#8211; Chihuahua, 1811 Patriota mexicano que inici\u00f3 la lucha por la independencia. 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