{"id":22110,"date":"2021-05-03T11:05:46","date_gmt":"2021-05-03T17:05:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22110"},"modified":"2021-05-05T01:18:45","modified_gmt":"2021-05-05T07:18:45","slug":"obra-de-john-spencer-en-tetela-del-monte-cuernavaca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22110","title":{"rendered":"Obra de John Spencer en Tetela del Monte, Cuernavaca."},"content":{"rendered":"<div id=\"portal-columns\" class=\"row\">\n<div id=\"portal-column-content\" class=\"cell width-full position-0\">\n<div class=\"\">\n<div id=\"content\">\n<article id=\"article\" class=\"row\">\n<div class=\"col-md-8\">\n<h1 class=\"ljs-merri\"><a href=\"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-22143\" src=\"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1-300x227.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"227\" srcset=\"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1-300x227.png 300w, https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1-1024x776.png 1024w, https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1-768x582.png 768w, https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/John-Spencer-1.png 1402w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>La Jornada Semanal<\/h1>\n<p>&#8211;\u00a0<span class=\"sem-autor\">Roberto Bernal<\/span> &#8211;<\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Obra de John Spencer en Tetela del Monte, Cuernavaca.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">El pintor, tallador y escultor John Spencer (Reino Unido, 1928-M\u00e9xico, 2005) fue uno de los artistas m\u00e1s interesantes que vivieron en M\u00e9xico, puntualmente en la ciudad de Cuernavaca, donde adquiri\u00f3 la que en el pasado fue la casa de Malcolm Lowry. Tambi\u00e9n en la misma ciudad, construy\u00f3 el campanario de la iglesia de Santa Catalina en Buena Vista, y la \u201cCruz de Cuernavaca\u201d, colocada en la capilla abierta de la Catedral. Personaje sumamente herm\u00e9tico y silencioso, resultaba interesante para gran parte de quienes lo conocimos. Fueron los habitantes de Tetela del Monte, Morelos, quienes lo nombraron &#8216;Tlamatini&#8217;, esto es, \u201cel que sabe\u201d.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Conoc\u00ed a John Spencer en los a\u00f1os noventa, cuando viv\u00ed en Cuernavaca. Ra\u00fal Ruiz, amigo en com\u00fan, administraba Casa Tamoanchan, espacio que albergaba m\u00fasicos y artesanos, e invitaba a John a conocer la m\u00fasica y materiales que elaboraban estas personas. John nunca falt\u00f3 a ninguna invitaci\u00f3n. Llegaba puntual, silencioso y permanec\u00eda aislado, sin ning\u00fan inter\u00e9s por nada de lo que all\u00ed suced\u00eda. Veinte o treinta minutos despu\u00e9s, en alguna silla, dormitaba hasta que todo mundo se hab\u00eda ido. M\u00e1s tarde, silencioso como lleg\u00f3, sin despedirse de nadie, se marchaba. Con el tiempo, result\u00f3 com\u00fan toparme con John en diferentes puntos de la ciudad. Desali\u00f1ado, siempre con una carpeta negra en la mano izquierda, vagaba por la ciudad, encorvado, con la mirada distra\u00edda, dando pasos largos y r\u00e1pidos hacia ninguna parte. M\u00e1s tarde se sentaba en alguna banca, donde tampoco parec\u00eda estar atento a nada, con esos ojos azules \u2013o verdes, no recuerdo bien\u2013 que se estacionaban en el desinter\u00e9s y que me perturbaban bastante.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">En otras ocasiones me encontraba con \u00e9l en conciertos organizados en la Catedral de Cuernavaca. Aquel coro \u2013conformando s\u00f3lo por ni\u00f1os\u2013 interpretaba, seg\u00fan recuerdo, a Monteverdi, Haydn, Telemann y Bach. John llegaba temprano y se sentaba en primera fila. Como siempre ocurr\u00eda con \u00e9l, minutos despu\u00e9s ya estaba dormido, hasta que sonaba la m\u00fasica de Bach, y s\u00f3lo por ese momento, sobresaltado y con los ojos muy abiertos, miraba y atend\u00eda a aquel grupo de ni\u00f1os. No puedo hablar de inter\u00e9s; John parec\u00eda m\u00e1s bien aterrorizado. El espanto de John, aquella alteraci\u00f3n suya que se produc\u00eda solamente al escuchar a Bach, puede explicarse porque, presiento, era lo \u00fanico capaz de despertarlo y atraerlo al mundo. Todav\u00eda recuerdo la mirada de espanto y compasi\u00f3n que nos dirig\u00eda a todos y a cada una de las cosas alrededor. Pero tan pronto culminaba la m\u00fasica de Bach, John volv\u00eda a su desinter\u00e9s por las cosas, a esa distracci\u00f3n en la que no parec\u00eda participar nada del mundo.<\/p>\n<p>Un lugar habitual donde me encontraba con John era en la capilla del ala derecha de la Catedral de Cuernavaca. Lo ve\u00eda ah\u00ed todas las tardes. No recuerdo otro lugar donde John permaneciera tanto tiempo, tal vez horas, y estoy seguro de que rezaba. No creo que fuera ah\u00ed por aislamiento, porque \u00e9l mismo era capaz de aislarse en cualquier sitio; me parec\u00eda que aquella serenidad de la arquitectura y del retablo, tan sutilmente iluminados por vitrales rojos y amarillos, a los que se rend\u00edan la humedad y el olor de las flores, era lo que atra\u00eda a John. Despu\u00e9s de eso, caminaba por los jardines de la Catedral y terminaba la caminata subiendo hasta la c\u00fapula, por unas escaleras oscuras y largas que, al final, conduc\u00edan hacia un panorama amplio de la ciudad. Pero de aquel paisaje de acacias, jacarandas y fresnos, tan espeso que pod\u00edan hacer desaparecer las calles, a John s\u00f3lo parec\u00eda importarle el aire, porque su rostro se confortaba y sus ojos parpadeaban acelerados, desconcertados de tanta luz. A la fecha no recuerdo la voz de John, tampoco una sola conversaci\u00f3n, salvo el inusitado \u201chola\u201d que utilizaba al saludarme.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col-md-4\">\n<div class=\"publicidad\">\n<div>\n<div id=\"Right5\" data-google-query-id=\"CPuZ6Jb_rfACFQtM1QodIWQPew\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/jornadasemanal_micrositio_box2_0__container__\"><iframe id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/jornadasemanal_micrositio_box2_0\" title=\"3rd party ad content\" name=\"google_ads_iframe_\/70932171\/jornadasemanal_micrositio_box2_0\" width=\"300\" height=\"250\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" sandbox=\"allow-forms allow-popups allow-popups-to-escape-sandbox allow-same-origin allow-scripts allow-top-navigation-by-user-activation\" data-google-container-id=\"2\" data-load-complete=\"true\" data-mce-fragment=\"1\"><\/iframe><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-issue\">\n<div class=\"sem-nota-seccion\">VERSI\u00d3N PDF<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"viewlet-below-content\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"ad-bottom\" class=\"bottom-banner\"><\/div>\n<div id=\"portal-footer-wrapper\" class=\"clMain-footer\">\n<div class=\"container\">\n<div class=\"row\">\n<ul class=\"nav nav-footer flex-column flex-lg-row justify-content-md-around col-sm-12\">\n<li class=\"ljn-footer-logo nav-item\"><\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Jornada Semanal &#8211;\u00a0Roberto Bernal &#8211; Obra de John Spencer en Tetela del Monte, Cuernavaca. 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