{"id":22464,"date":"2021-06-18T09:54:43","date_gmt":"2021-06-18T15:54:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22464"},"modified":"2021-06-18T09:54:43","modified_gmt":"2021-06-18T15:54:43","slug":"ramon-lopez-velarde-y-la-octava-bienaventuranza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22464","title":{"rendered":"Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde y la octava bienaventuranza"},"content":{"rendered":"<p>Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde y la octava bienaventuranza<br \/>\n&#8211; Marco Antonio Campos<\/p>\n<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>En este documentado ejercicio de la imaginaci\u00f3n se nos presenta la vida que quiz\u00e1s hubiera tenido el gran poeta jerezano de no haber muerto a los treinta y tres a\u00f1os de edad. Construida con el aliento de la ficci\u00f3n y datos muy concretos de la realidad, la narraci\u00f3n que sigue nos ofrece un Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde apartado ya de su obra, pero en profundo acuerdo consigo mismo, con su ser m\u00e1s \u00edntimo y secreto.<\/p>\n<p>El gozo irresistible de perderse,<\/p>\n<p>de no ser conocido, de huir.<\/p>\n<p>Julio Torri, \u201cLucubraciones de medianoche\u201d<\/p>\n<p>Cansado de la gran ciudad, de la presencia s\u00fabita en las calles del fantasma de Fuensanta, con la nostalgia despiadada por el terru\u00f1o, a principios de junio de 1921 Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde decidi\u00f3 volver a Jerez. S\u00f3lo a su familia y a su mejor amigo, el doctor Pedro de Alba, coment\u00f3 la resoluci\u00f3n. Pidi\u00f3 a su hermano Jes\u00fas que hablara con sus otros hermanos y ayudaran a sostener a su madre Trinidad y a sus hermanas Aurora y Guadalupe. Les insisti\u00f3 que cuando preguntaran por \u00e9l contestaran con geograf\u00edas vagas que lo situaban lo mismo en Aguascalientes, Guadalajara, Paso de Sotos, San Luis Potos\u00ed, Zacatecas o Jerez, o aun Par\u00eds.<\/p>\n<p>Aparte habl\u00f3 con Pedro de Alba y le dijo que antes pasar\u00eda por Lagos. \u201cVoy a buscar a nuestra amiga Margarita Gonz\u00e1lez. Espero que no est\u00e9 comprometida. Me dedicar\u00e9 en Jerez a lo que siempre quise: la labranza. Si Margarita no acepta casarse, buscar\u00e9 novia en mi pueblo. Mis parientes Berumen me vender\u00e1n un terreno de la hacienda del abuelo.<\/p>\n<p>\u2013Margarita es una muchacha muy limpia y muy ingenua \u2013dijo Pedro, que no cab\u00eda del asombro\u2013. Pero \u00bfquerr\u00e1 casarse contigo?<\/p>\n<p>\u2013Me hago muy pocas ilusiones. O tal vez ninguna.<\/p>\n<p>Pedro sab\u00eda de la mala situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Ram\u00f3n. Habl\u00f3 esa noche con su esposa Laura. Como m\u00e9dico, como diputado en el Congreso por Aguascalientes, ten\u00eda una buena dieta. Poniendo de sus ahorros juntaron setecientos pesos.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda lo busc\u00f3. \u201cTe los presto y cuando puedas me los pagas. T\u00fa ser\u00edas incapaz de morir sabiendo que debes algo a alguien.\u201d<\/p>\n<p>Ram\u00f3n se ruboriz\u00f3, luego, conmovido, se le salieron las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2013Busca en esta direcci\u00f3n a unos parientes m\u00edos para que te quedes en Lagos el tiempo que sea necesario. Hoy mando un telegrama.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n, a su vez, mand\u00f3 otro telegrama a Margarita donde le dec\u00eda que un asunto lo llevaba a Lagos. Margarita se alegr\u00f3, pero crey\u00f3 que era un asunto de trabajo.<\/p>\n<p>\u2013Me dar\u00e1 mucho gusto que conozca a mi familia.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1s tarde, ante la tristeza familiar y las bendiciones de la madre, acompa\u00f1ado por Pedro, se fue con una maleta a la estaci\u00f3n de Buenavista para tomar el tren a Aguascalientes, de donde tomar\u00eda la diligencia a Lagos. \u201cTe vas muy joven cuando eres un poeta a la alza\u201d, dijo Pedro. A la madre y a Aurora las consolaba \u00fanicamente que Ram\u00f3n terminar\u00eda en Jerez y los Berumen lo ayudar\u00edan, como ayudaron a toda la familia cuando do\u00f1a Trinidad enviud\u00f3 de don Guadalupe L\u00f3pez Velarde en noviembre de 1908.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>En Lagos fue recibido con mucho afecto por unos t\u00edos de Pedro de Alba, que le dieron un cuarto, y a las once de la ma\u00f1ana fue a buscar a Margarita, quien lo recibi\u00f3 sorprendida y contenta. Estuvieron un rato en la sala de la casa. Lo present\u00f3 con sus padres. La invit\u00f3 a la a la plaza a conversar. Pidi\u00f3 permiso a los padres.<\/p>\n<p>Sentados, conversaron de la estancia de la muchacha en Ciudad de M\u00e9xico, donde iban todos los domingos al cine en Santa Mar\u00eda la Ribera, acerca de lo bien que le iba a Pedro \u2013como diputado, oftalm\u00f3logo y gente pr\u00f3xima al rector Vasconcelos\u2013, que Ram\u00f3n extra\u00f1aba la tierra nativa, y claro, de cosas de Lagos, de cosas del terru\u00f1o. La muchacha sac\u00f3 del bolso el retrato de Ram\u00f3n y el poema que le hizo. \u201cMe lo s\u00e9 de memoria. S\u00e9 que cada d\u00eda es m\u00e1s famoso. Aunque est\u00e9 lejos, es el mejor amigo que tengo\u201d, dijo.<\/p>\n<p>\u2013Por cierto, \u00bfle ha dado mis saludos a Francisco Gonz\u00e1lez Le\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, cuando paso por la farmacia siempre le digo que usted le manda desde M\u00e9xico saludos. Ya le dije que usted me hizo un poema. \u201cAh, qu\u00e9 Ram\u00f3n\u201d, me dijo\u2026<\/p>\n<p>Ram\u00f3n le cont\u00f3 de su vuelta a Jerez y qu\u00e9 pensaba hacer. Despu\u00e9s de un largo rodeo, Ram\u00f3n de s\u00fabito le propuso matrimonio e irse juntos a vivir al pueblo. Asombrada, la muchacha demud\u00f3. \u201cNo, no, no, yo lo he visto m\u00e1s como un amigo o un t\u00edo\u2026\u201d \u2013empez\u00f3 a repetir Margarita.<\/p>\n<p>\u2013Yo voy a estar aqu\u00ed algunos d\u00edas, si se decide, nos casamos aqu\u00ed y nos vamos a Jerez. Yo vendr\u00e9<br \/>\na diario a esta hora a la plaza. No se apresure. Si me dice que no, lo entender\u00e9 perfectamente.<\/p>\n<p>\u2013Pero usted en dos cartas me dijo que estaba muy pobre.<\/p>\n<p>\u2013Estuve trabajando desde febrero en la Escuela Nacional Preparatoria y en una revista. Adem\u00e1s, Pedro y su mujer me hicieron un buen pr\u00e9stamo y mi familia en el pueblo me ayudar\u00e1. No es mucho, pero puede empezarse.<\/p>\n<p>Contrariada, confusa, la muchacha volvi\u00f3 a su casa y Ram\u00f3n se dirigi\u00f3 a la farmacia de Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. Se encantaron de verse. El poeta de Lagos, cerca de los sesenta a\u00f1os, casi duplicaba la edad al jerezano. Hablaron, no sin iron\u00eda, de poetas de la regi\u00f3n, de la quietud de Lagos, de min\u00fasculos hechos de todos los d\u00edas, de la \u201cdom\u00e9stica fraternidad\u201d. Todo lo sencillo encantaba a Gonz\u00e1lez Le\u00f3n para volverlo l\u00edrica casi est\u00e1tica y en eso Ram\u00f3n lo consideraba su alma gemela.<\/p>\n<p>\u2013Vengo de paso, dijo Ram\u00f3n. A la verdad quiero casarme. \u2013No ser\u00e1 con esa muchacha que siempre me da sus saludos\u2026 \u2013Ojal\u00e1 \u2013repuso sesgadamente. \u2013No deje de invitarme como testigo. \u2013Si se hace, ser\u00e1 para m\u00ed un honor. \u2013V\u00e9ngase el s\u00e1bado a la farmacia. Hacemos una tertulia literaria. \u00bfY qu\u00e9 tal va la poes\u00eda, Ram\u00f3n? \u2013Bien, don Francisco. Bien. \u2013\u00bfNo me est\u00e1 mintiendo?<\/p>\n<p>La gente de Lagos, sobre todo las j\u00f3venes casaderas, se preguntaban qui\u00e9n era ese hombre alto, moreno, de traje negro, que paseaba con paso lento por las calles de aquel pueblo mon\u00f3tono y aislado se sentaba en una banca de la plaza a leer libros y visitaba todas las tardes al boticario que escrib\u00eda poes\u00eda. Algunas aun paseaban frente a \u00e9l para ser vistas. Ram\u00f3n las ve\u00eda con disimulo pero encantado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de varios d\u00edas, sabiendo Margarita que era el cumplea\u00f1os treinta y tres de Ram\u00f3n, lleg\u00f3 a la plaza, lo felicit\u00f3, fueron a la never\u00eda y le dio el s\u00ed el 15 de junio de aquel 1921. Ya hab\u00eda hablado con sus padres, quer\u00edan conversar con \u00e9l. En la conversaci\u00f3n, los padres concluyeron que, aunque le llevaba algunos a\u00f1os, era un hombre serio, inteligente, en fin, un buen partido, de los que no hab\u00eda en Lagos.<\/p>\n<p>Llevando como avales a Francisco Gonz\u00e1lez Le\u00f3n y a los familiares de Pedro, Ram\u00f3n lleg\u00f3 a la casa. Dos semanas despu\u00e9s fueron la boda civil y religiosa. En Lagos la murmuraci\u00f3n parec\u00eda el sonido de un enjambre de abejas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Tomaron la ruta m\u00e1s corta atravesando Aguascalientes y pasaron a Zacatecas por la regi\u00f3n de Villanueva y llegaron a Jerez. La Revoluci\u00f3n<br \/>\nlo dej\u00f3 todo desolado. Todav\u00eda quedaba buen n\u00famero de casas con las perforaciones de las balas en los muros. Llegaron a la vieja casa de los abuelos en la Plaza de Armas donde viv\u00edan ahora unos primos. Les alegr\u00f3 mucho la llegada. Los esperaban.<\/p>\n<p>Vio con los primos la situaci\u00f3n y compr\u00f3, con toda clase de facilidades, rumbo a Tepetongo, tierras que fueron del \u201cMarecito\u201d, la hacienda del abuelo Jos\u00e9 Mar\u00eda: una casa con patio, una parcela y un establo para los caballos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Mientras Ram\u00f3n trabajaba el campo, Margarita hac\u00eda las labores de la casa. Ram\u00f3n empez\u00f3 sembrando ma\u00edz y frijol. Se llev\u00f3 para trabajar con \u00e9l a Poncho de Paula, el antiguo mozo de la casa de su abuelo Jos\u00e9 Mar\u00eda. Margarita sembr\u00f3 enfrente de la casa naranjos y alz\u00f3 pajareras. El patio, en la \u00e9poca buena, florec\u00eda de violetas, de nardos, de rosas y del fuego colorido de las buganvillas. Construyeron un pozo.<\/p>\n<p>Ambos a caballo, iban a Jerez, paseaban, y la gente los reconoc\u00eda. No hab\u00eda vuelto desde su partida a Ciudad de M\u00e9xico hac\u00eda m\u00e1s de siete a\u00f1os. Las muchachas conocidas ya eran unas se\u00f1oras, algunas casadas, otras arregladamente quedadas. Ni\u00f1os que escuchaban sus historias en el jard\u00edn Brilanti ya ten\u00edan los veinte a\u00f1os. Se encontr\u00f3 de nuevo con los Amozorrutia, los Inguanzo, los del Hoyo, los Borrego, y con sus primos segundos, los Llamas y los Vald\u00e9s.<\/p>\n<p>Dejaban los caballos en la casa de los abuelos o en las casas de los t\u00edos Luis y Diego. Ram\u00f3n mostraba los sitios a Margarita que anta\u00f1o rondaba. Los domingos la pareja asist\u00eda a misa al Santuario. Ya no sent\u00eda la culpa de haber dejado el rostro de dolor de la Virgen de la Soledad en el Santuario, las apagadas naves de la Parroquia, la altura de los \u00e1lamos y fresnos de la Alameda donde a\u00fan o\u00eda de repente los p\u00e1jaros carpinteros, el mercado que antes desbordaba de mercanc\u00edas, las calles del comercio, el olor del pan horneado al amanecer, el tejido de punta de los rebozos de las jerezanas\u2026Cuando hab\u00eda funci\u00f3n en el Teatro Hinojosa, aun en sus puestas de escena pueblerinas, asist\u00edan a la sala con sus sillas vol\u00e1tiles o se acomodaban en esos breves y coloridos palcos que tambi\u00e9n se quedaron a su vez en una infancia de gracia. Iba recuper\u00e1ndolo todo, y todo, aun si m\u00e1s callado y triste, sent\u00eda que le pertenec\u00eda. Recib\u00eda cartas de la familia y de Pedro y Laura.<\/p>\n<p>A veces se desviaba solo y recorr\u00eda a caballo desde Jerez los siete kil\u00f3metros a la Hacienda de la Ci\u00e9naga y ve\u00eda desde lejos, en la plaza, la casa donde vivi\u00f3 Fuensanta. \u201cVentanas que rond\u00e9\u201d, esas dos ventanas segu\u00edan all\u00ed, y cre\u00eda ver a Fuensanta tejiendo o tocando el piano. Volv\u00eda a oler su rebozo de seda. Una vez se atrevi\u00f3 a tocar. Salieron los nuevos due\u00f1os. Lo reconocieron. \u201cRegres\u00f3 el hijo pr\u00f3digo\u201d, brome\u00f3 el se\u00f1or. \u201cS\u00ed, pero casado\u201d, bendijo la se\u00f1ora. Bebi\u00f3 un aperitivo con ellos. \u201cTodo se sabe aqu\u00ed\u201d, sonri\u00f3 Ram\u00f3n. \u201cY todav\u00eda m\u00e1s\u201d, rio la se\u00f1ora.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n sonre\u00eda al ver a las adolescentes y a las j\u00f3venes de la transici\u00f3n de siglo en las calles o los jardines convertidas en se\u00f1oras y se le superpon\u00edan las im\u00e1genes de anta\u00f1o con las de ahora. La que se sorprendi\u00f3 mucho al verlo fue Elo\u00edsa, su \u201cprimer vislumbre de mujer\u201d, con quien jugaba de ni\u00f1o, y que ahora ten\u00eda su edad, y era delgad\u00edsima como su padre. Lo volvi\u00f3 a tratar de usted. No dejaba de pensar al verla a ella y a otras se\u00f1oras que alguna podr\u00eda haber sido hoy su esposa.<\/p>\n<p>Con su trato afable y discreto Ram\u00f3n se dio a querer de nuevo en el pueblo y en el campo, pero a menudo le parec\u00eda que el ejercicio espiritual favorito de sus paisanos era descuartizar y comerse vivos a los otros, y por otro lado, una arrogancia ante lo que cre\u00edan ser y tener y en verdad eran y ten\u00edan. \u201cS\u00f3lo t\u00fa pod\u00edas creer que era el para\u00edso perdido. Todos los pueblos se acaban pareciendo en su mentalidad\u201d, dec\u00eda Margarita. Ram\u00f3n le dio la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>En noviembre de 1922, cuando naci\u00f3 el hijo, invitaron a Pedro y a Laura a ser los padrinos, y lo bautiz\u00f3 en el Santuario como Pedro Ram\u00f3n. Pag\u00f3 al amigo 350 pesos dici\u00e9ndole que hab\u00eda habido una buena cosecha. Pedro contaba que todo mundo preguntaba por \u00e9l, desde los mayores, como Vasconcelos, Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez y Tablada, pasando por Rafael L\u00f3pez, Enrique Fern\u00e1ndez Ledesma, Efr\u00e9n Rebolledo, hasta los m\u00e1s j\u00f3venes como Gorostiza, Ortiz de Montellano y Maples Arce. \u201cCuando digo todo mundo es todo mundo. Vasconcelos me dijo que cuando vayas tienes un trabajo seguro en la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n\u201d \u2013ah, Jos\u00e9 Vasconcelos, que, desde cuando lo conoci\u00f3 al llegar a Ciudad de M\u00e9xico en 1914, s\u00f3lo hab\u00eda tenido deferencias con \u00e9l.<\/p>\n<p>A la pregunta de si segu\u00eda escribiendo, le dijo que no, definitivamente no, le\u00eda en las horas de ocio, sobre todo la poes\u00eda de Dar\u00edo y el Quijote, que le ense\u00f1aba tanto y lo divert\u00eda tanto, pero lo que \u00e9l anhelaba lo estaba logrando, es decir, que los habitantes lo vieran como uno m\u00e1s de los que viv\u00edan en el pueblo. \u201cYa ves, Ram\u00f3n, por andar diciendo que no te casar\u00edas ni tendr\u00edas hijos. Ser\u00e1 imposible que ahora hagas ochos en el piso de la soledad.\u201d Sonrieron. Se quer\u00edan entra\u00f1ablemente. Ram\u00f3n siempre lo tuvo como su mejor amigo.<\/p>\n<p>En octubre del siguiente a\u00f1o naci\u00f3 la ni\u00f1a. Vinieron de nuevo Pedro y Laura, ahora acompa\u00f1ados de su madre y sus hermanos Jes\u00fas, Leopoldo y Aurora. Llegaron los padres de Margarita. Las dos familias ven\u00edan cargadas de regalos. La bautizaron en el Santuario como Margarita Trinidad. Do\u00f1a Trinidad Berumen Llamas pidi\u00f3 a la Virgen de la Soledad por su familia, por los esposos y los nietos. Despu\u00e9s fueron a la casa de plaza de Armas con los Berumen e hicieron una gran fiesta de bautizo.<\/p>\n<p>Pedro encamin\u00f3 a Ram\u00f3n a la plaza. Le dio cinco ejemplares de El minutero.<\/p>\n<p>\u2013Tus prosas cortas. Las public\u00f3 Fern\u00e1ndez Ledesma. \u00c9l junt\u00f3 algunas y tengo entendido que tu hermano Jes\u00fas le dio los otros manuscritos. Ram\u00f3n hoje\u00f3 el libro: \u201cLos dispuso a su arbitrio\u201d, dijo. Dio a Pedro los 350 pesos que le adeudaba.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n hall\u00f3 en el libro textos como \u201cLa flor punitiva\u201d y \u201cEva\u201d. \u201cEste libro no debe verlo Margarita. Imag\u00ednate si se entera de mi asiduidad con las prostitutas y de que tuve una enfermedad ven\u00e9rea. D\u00e9jame un solo ejemplar. Ver\u00e9 d\u00f3nde lo escondo. No, Pedro, no regreso. Es esta la vida sencilla que deb\u00ed tener siempre. Yo cre\u00eda de adolescente y muy joven que vivir\u00eda aqu\u00ed con Fuensanta, no fue as\u00ed, pero encontr\u00e9 un ser hecho de ternura y pureza. Y muy joven, y linda.\u201d<\/p>\n<p>Ram\u00f3n sigui\u00f3 sembrando ma\u00edz y frijol. Se le iban las horas en la labor. Contrat\u00f3 a un jornalero, Juan Montoya, como ayudante. Margarita a veces lo ayudaba a preparar la tierra, la siembra o la cosecha, lo cual no era bien visto en rancher\u00edas y el pueblo, pues \u201ceso no era cosa de mujeres\u201d. Ellos se encog\u00edan de hombros. \u201cEsas gentes de Jerez,\/ miel y veneno a la vez\u201d, repet\u00edan el famoso epigrama.<\/p>\n<p>No volvieron a Ciudad de M\u00e9xico y en las ciudades de Aguascalientes y en San Luis Potos\u00ed no hab\u00eda mucha gente que ver. Les gustaba ir a caballo a la sierra de los Cardos, a Tepetongo, al precioso pueblo de Monte Escobedo, a Valpara\u00edso, a Pinos. Cuando iban al pueblo durante las fiestas de la primavera o durante el Novenario, en septiembre, dedicado a la Virgen de la Soledad, se quedaban varios d\u00edas en casas de los parientes.<\/p>\n<p>De la regi\u00f3n a Ram\u00f3n le gustaba ese paisaje, seg\u00fan el rumbo, de variadas cact\u00e1ceas, de llanuras f\u00e9rtiles, de lomer\u00edos azules o de peque\u00f1os bosques de encinos y pinos. Lo m\u00e1s lejos que viajaban era a Lagos para visitar a la familia de Margarita. Los padres se pon\u00edan felices cuando llegaban con Pedro Ram\u00f3n y Margarita Trinidad y Ram\u00f3n dec\u00eda con sinceridad que la esposa era su \u201cOctava Bienaventuranza\u201d. En todo Jerez corr\u00eda con el viento de la murmuraci\u00f3n su fama literaria. A \u00e9l apenas le llegaban ecos. Los apagaba.<\/p>\n<p>A mediados de los veinte compr\u00f3 un terreno nuevo para hacer una huerta y plant\u00f3 duraznos y manzanos, que se daban tan bien en la regi\u00f3n. \u201cPor s\u00f3lo su olor los tendr\u00eda para m\u00ed\u201d, dec\u00eda a Margarita, quien entonces se dedicaba ya m\u00e1s a los hijos y a las labores dom\u00e9sticas, esos hijos que al ir creciendo les daban con su viveza una dicha que los devolv\u00eda a su infancia.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n no faltaba a charreadas, rodeos y carreras de caballos, y cuando hab\u00eda corridas de toros, sol\u00eda ir con Margarita a la calle Reforma de Jerez. \u201cT\u00fa sabes \u2013dec\u00eda\u2013 que de ni\u00f1o ven\u00eda en abril con mi amigo Manuel Borrego y tra\u00edamos un tapete para sentarnos y nos burl\u00e1bamos de quien llegara. Cuando Manuel se fue a M\u00e9xico a veces lo ve\u00eda en el mercado de San Juan donde era due\u00f1o de una mercer\u00eda y una ferreter\u00eda. Qu\u00e9 bailador era.\u201d<\/p>\n<p>En abril de 1925 pas\u00f3 por Jerez el presidente Plutarco El\u00edas Calles, quien buscaba hacer la reforma agraria, pero los hacendados y latifundistas, aliados con el clero, se negaban a aceptarla.<\/p>\n<p>En 1926 cundi\u00f3 en la regi\u00f3n la guerra cristera. Se llen\u00f3 la regi\u00f3n del grito de \u201c\u00a1Viva Cristo Rey!\u201d En Valpara\u00edso, Sombrerete, Jalpa, Villa del Refugio, Villanueva y Susticat\u00e1n, entre otros pueblos, se entablaban feroces batallas. La cerraz\u00f3n se ampliaba a ambas facciones. Ram\u00f3n tem\u00eda por la familia. Como en la revoluci\u00f3n, los ej\u00e9rcitos ahora disputaban por ver cu\u00e1l comet\u00eda mayores atrocidades fratricidas. Los cristeros llamaban a los otros hijos de Satan\u00e1s, masones o ateos, y los contrarios los tildaban de fan\u00e1ticos y salteadores. Ante todo era una guerra de campesinos pobres contra campesinos pobres: unos, por la libertad religiosa, pero azuzados y utilizados por el clero y los latifundistas, y otros, por tener sus tierras, pero al mismo tiempo por una presencia menos ominosa de la Iglesia y de los ricos. Ram\u00f3n no estaba de acuerdo con ninguno, porque como en la revoluci\u00f3n, ve\u00eda un bandolerismo disfrazado en base a creencias o reivindicaciones. Para fortuna del matrimonio, a Jerez no lleg\u00f3 la guerra porque los agraristas contuvieron a los cristeros. Fueron dos a\u00f1os dif\u00edciles.<\/p>\n<p>El 15 de junio de 1928 Ram\u00f3n cumpli\u00f3 cuarenta a\u00f1os. Ya casi no viajaban fuera del estado. Un mes y d\u00edas m\u00e1s tarde supo la noticia del asesinato de Obreg\u00f3n en San \u00c1ngel. Pens\u00f3 que si Obreg\u00f3n hab\u00eda mandado matar a Carranza y a Villa terminar\u00eda igual. Pero lo que le caus\u00f3 m\u00e1s asombro fue saber ese a\u00f1o que, a avenida Jalisco, donde habit\u00f3 con su familia en el n\u00famero 71 y habit\u00f3 tambi\u00e9n el sonorense en el n\u00famero 185, cambi\u00f3 su nombre por avenida \u00c1lvaro Obreg\u00f3n. \u201cLe hubieran puesto Avenida del Carnicero. Casi no dej\u00f3 general con vida.\u201d<\/p>\n<p>Los hijos crec\u00edan y eso lo hac\u00eda feliz. Se enter\u00f3 de que su amigo Pedro lleg\u00f3 a director de la Escuela Nacional Preparatoria y hab\u00eda surgido un movimiento en torno de Vasconcelos, quien aspiraba a la presidencia, movimiento perseguido por Calles. \u00c9l y Margarita segu\u00edan trabajando la parcela y la huerta y yendo a pasear por las calles y plazas del pueblo, asist\u00edan a misa y visitaban a los parientes y a los amigos. Qui\u00e9n dir\u00eda que se pasaba las horas, como antes su padre, jugando cartas o domin\u00f3. Acostumbrado a las estrecheces y temiendo vivirlas de nuevo no apostaba alto.<\/p>\n<p>Pero vino el golpe. A finales de 1930, en una charreada, haciendo una suerte, el caballo se encabrit\u00f3 y lo lanz\u00f3 para un lado y se fractur\u00f3 el f\u00e9mur y el brazo derechos, y se dio un fuerte golpe en la cabeza. Lo [mal] operaron. Tendido en la cama, casi paralizado de un lado, sinti\u00e9ndose un in\u00fatil, padeci\u00f3 a\u00fan m\u00e1s por la crudeza del invierno, pese a la cuidadosa diligencia de Margarita, de los hijos y de la familia Berumen. A mediados de enero enferm\u00f3 de una gripe feroz. La cabeza, a causa del golpe y la gripe, le dol\u00eda atrozmente. Adelgazaba a ojos vistas. Ante la angustia y la tristeza de la esposa y los hijos declinaba mental y corporalmente. No pod\u00eda ni leer. La casa de la peque\u00f1a finca se apagaba. Margarita escribi\u00f3 a la madre de Ram\u00f3n que el esposo empeoraba y le quedaba poco de vida. Lleg\u00f3 la familia, que se asent\u00f3 con los parientes de Jerez, y llegaron Pedro, el poeta Rafael L\u00f3pez y el zacatecano Jes\u00fas Gonz\u00e1lez, quienes asistieron, con el cura que le puso los \u00faltimos \u00f3leos y le dio la \u00faltima bendici\u00f3n, a la muerte de Ram\u00f3n a fines de marzo de 1931. Como \u00e9l mismo anhel\u00f3 de muy joven, enterraron a Ram\u00f3n en el cementerio de Dolores de su pueblo, pero no inscribieron el nombre sobre la l\u00e1pida.<\/p>\n<p>Margarita Gonz\u00e1lez vendi\u00f3 la peque\u00f1a finca jerezana y una semana m\u00e1s tarde se regres\u00f3 con los ni\u00f1os a Lagos, de donde ya no sali\u00f3 nunca. Del marido s\u00f3lo conserv\u00f3 las cartas y el poema que le mand\u00f3 por correo en 1920. Poco despu\u00e9s recibi\u00f3 una carta de Pedro y Laura; contest\u00f3 que ya no quer\u00eda saber nada \u2013entender\u00edan sus razones dolorosas\u2013 de lo que se relacionara con Ram\u00f3n. Ni siquiera supo que el a\u00f1o siguiente se edit\u00f3 en la capital el libro de poemas p\u00f3stumo del esposo.<\/p>\n<p>Vinieron para ella a\u00f1os mon\u00f3tonos y tristes, pero no quiso que sus hijos los vivieran. Francisco Gonz\u00e1lez Le\u00f3n no entend\u00eda por qu\u00e9 la joven pasaba de largo frente a su farmacia y no se volv\u00eda ni siquiera a saludarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde y la octava bienaventuranza &#8211; Marco Antonio Campos La Jornada Semanal En este documentado ejercicio de la imaginaci\u00f3n se nos presenta la vida que quiz\u00e1s hubiera tenido el gran poeta jerezano de no haber muerto a los treinta y tres a\u00f1os de edad. 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