{"id":22479,"date":"2021-06-21T08:33:09","date_gmt":"2021-06-21T14:33:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22479"},"modified":"2021-06-22T01:40:54","modified_gmt":"2021-06-22T07:40:54","slug":"el-perro-y-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22479","title":{"rendered":"El perro y la vida"},"content":{"rendered":"<div class=\"cabeza\">El perro y la vida<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">La ciudad y los perros me\u00a0causan constante perplejidad. Tantos miles de personas paseando uno o m\u00e1s perros con correa un rato en la ma\u00f1ana o la tarde (los hay nocturnos), con intestinos y vejiga entrenados y con horario. En d\u00e9cadas recientes, los usos y costumbres con el\u00a0<em>canis familiaris<\/em>\u00a0han cambiado. Era la nuestra una ciudad de perros callejeros, en jaur\u00eda a veces, listos como el hambre, infructuosamente perseguidos por el Servicio Antirr\u00e1bico. Los perros con due\u00f1o se confund\u00edan con los callejeros, era com\u00fan que canes bien alimentados, totalmente dom\u00e9sticos, fueran\u00a0<em>street wise,<\/em>\u00a0o al menos no los atropellaban y uno los sacaba sin correa. Bastaban el collar y el instinto.<\/div>\n<p>Ahora, en considerables per\u00edmetros de la ciudad no existen ya los callejeros. S\u00f3lo en periferias proletarias, mercados c\u00e9ntricos y cerca de los basureros grandes uno ve suelta y sin amo a la perrada. Antes, en la relaci\u00f3n interespecies hab\u00eda desenfado, el animal era parte inconsciente de un hogar, com\u00eda nuestras sobras, a lo m\u00e1s le herv\u00edamos tu\u00e9tanos, tortillas o mollejas. Apenas comenzaban los alimentos industriales como el Api Can. Hoy, supermercados, tiendas de conveniencia y el tendaj\u00f3n de la esquina venden alimento para perros y gatos. Pasillos completos, y no hay barrio, por modesto que sea, sin dep\u00f3sito de croquetas, tienda para mascotas y consultorio veterinario. En los rumbos finos se ven cl\u00ednicas de conducta, est\u00e9ticas y spas para los canes de nuestros m\u00e1s sentidos afanes.<\/p>\n<p>Hoy nadie se atreve a patearle el culo en p\u00fablico al perro propio, mucho menos al ajeno. Lo podr\u00edan denunciar y sancionar por violentar los derechos animales definidos y reglamentados (Gran Breta\u00f1a nos lleva ventaja).<\/p>\n<p>Antes cuidaban el jacal, el ranchito, el taller, el patio. Hoy funcionan como\u00a0<em>perrhijos,<\/em>\u00a0se les comentan las noticias, celebran los goles de la televisi\u00f3n con sus due\u00f1os y no s\u00f3lo nos traen las pantuflas o el\u00a0<em>six\u00a0<\/em>de cervezas. Nos comprenden. Siguen siendo la \u00fanica garant\u00eda de que alguien nos recibir\u00e1 con gusto al regresar a casa cansados, frustrados o de malas. Se han vuelto un ant\u00eddoto contra la soledad y la tristeza.<\/p>\n<p>Los significados cambian.\u00a0<q>Cuidado con el perro<\/q>\u00a0advert\u00eda que el animal podr\u00eda mordernos. Hoy se lee igual que\u00a0<q>cuidado con el c\u00e9sped<\/q>. Nos hemos aficionado a canes que son jarritos de Tlaquepaque.<\/p>\n<p>Comprados, regalados, adoptados. Ya no se ven los solovinos que se nos\u00a0<em>entenaban.<\/em>\u00a0Razas y mestizajes a mont\u00f3n, como los carros: de agencia y con pedigr\u00ed, o de segundo cachete y piezas de otros modelos. Variedad de tama\u00f1os, colores, pelambres y orejas. Unos caben en el bolsillo, otros podr\u00edan cargarnos. Prosperan las peluquer\u00edas a domicilio en bonitas camionetas transparentes que uno cita por tel\u00e9fono.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>La pandemia y sus secuelas rebajaron una funci\u00f3n hasta hace poco muy socorrida que era la de permitir socializar a los amos y ligar llegado el caso. Para eso estaban los parques y los\u00a0<em>perr\u00f3dromos<\/em>\u00a0del rumbo. Ahora s\u00e9 de muchos que prefieren estar con\u00a0<em>Firulais\u00a0<\/em>que con la gente. Es el \u00fanico ser que no nos va a criticar ni reprochar, nunca nos insultar\u00e1 ni nos retirar\u00e1 el habla. Bien dec\u00eda \u00cdtalo Calvino: nada humano le es ajeno.<\/p>\n<p>Cuando un pol\u00edtico o gobernante se quiere ver afable y bien intencionado se exhibe con su perro. Cl\u00e1sicos Bush y Obama en la Casa Blanca. Para gente que no tiene nada que decirse, da tema de conversaci\u00f3n. Cuando alguien pondera en ausencia a su mascota, uno llega a creer que celebra las gracias de un hijo tarado.<\/p>\n<p>Est\u00e1 el problema de las deyecciones. Cualquier barrio, hasta los de post\u00edn, puede traernos un efluvio de orina y caca en horas calurosas. De las reglamentaciones actuales escapan los meados; el animal alza la pata o se acuclilla y estampa su firma en \u00e1rboles, puertas, llantas y postes que luego nadie limpia. La caca plantea una seria problem\u00e1tica, pero nuevas normas de civilidad nos conminan a recogerla con guantes, bolsitas de pl\u00e1stico e ingeniosas palas recogedoras. Cuando la gente pasea al perro filosofa sobre la mierda, lo cual es encomiable.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nuestras mascotas son c\u00f3mplices y causantes de la contaminaci\u00f3n y el cambio clim\u00e1tico. Emiten demasiados gases, la producci\u00f3n de sus alimentos procesados origina cantidad de residuos t\u00f3xicos y deja una huella ambiental indeleble.<\/p>\n<p>Del\u00a0<em>Argos\u00a0<\/em>de Odiseo al\u00a0<em>King<\/em>\u00a0de John Berger, han sido materia literaria que no falla. Debemos a Jack London personajes inolvidables como\u00a0<em>Buck, Colmillo Blanco\u00a0<\/em>y\u00a0<em>Miguel,\u00a0<\/em>perro de circo. Thomas Mann se aprovech\u00f3 de su perro igual que hizo con su familia y los conocidos para lucirse como novelista. Kafka, Bulg\u00e1kov, el\u00a0<em>Remo\u00a0<\/em>de Unamuno. Habr\u00e1 quien diga que es el \u00fanico animal a la altura del arte.<\/p>\n<p>La humanidad a fin de cuentas se divide entre quienes prefieren al perro y quienes optan por el gato. A veces con posturas irreductibles. Uno proyecta en la especie de su elecci\u00f3n personalidad e ideales. Otro rollo son quienes aman al caballo. La ciudad y los gatos ameritan reflexi\u00f3n aparte, m\u00e1s cercana al reino salvaje, asumiendo que no hay en la naturaleza dos especies mejor conchabadas que el perro y el humano.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/2021\/06\/21\/opinion\/a07a1cul#texto\">Subir al inicio del texto<\/a><\/div>\n<\/div>\n<div id=\"comentarios\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El perro y la vida Hermann Bellinghausen La ciudad y los perros me\u00a0causan constante perplejidad. Tantos miles de personas paseando uno o m\u00e1s perros con correa un rato en la ma\u00f1ana o la tarde (los hay nocturnos), con intestinos y vejiga entrenados y con horario. 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