{"id":22513,"date":"2021-06-22T11:04:47","date_gmt":"2021-06-22T17:04:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22513"},"modified":"2021-06-22T11:04:47","modified_gmt":"2021-06-22T17:04:47","slug":"la-mascara-o-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22513","title":{"rendered":"La m\u00e1scara o la vida"},"content":{"rendered":"<p>La m\u00e1scara o la vida<\/p>\n<p>Vilma Fuentes<\/p>\n<p>De pronto, caen las m\u00e1scaras. Despu\u00e9s de m\u00e1s de seis meses de confinamiento, toques de queda, mascarillas obligatorias en la calle y en los establecimientos p\u00fablicos, con cines, discotecas, museos, restaurantes, terrazas y comercios no esenciales cerrados, un progresivo y lento desconfinamiento se inicia en Francia. El largo invierno, una primavera m\u00e1s bien raqu\u00edtica y un sol ausente en pleno mes de mayo no pod\u00edan contribuir al optimismo de los franceses. Al fastidioso hartazgo del encierro durante este tercer confinamiento se agreg\u00f3 la angustia del temor a una nueva ola de contagios que termine por conducir a un cuarto enclaustramiento. Las discusiones de la alta jerarqu\u00eda del poder, los comit\u00e9s cient\u00edficos y expertos sanitarios, divididos entre quienes optan por dar preferencia a la salud p\u00fablica y quienes temen el desastre econ\u00f3mico, se alargaban en titubeos y medias medidas de una administraci\u00f3n que parec\u00eda haber perdido la br\u00fajula. Un d\u00eda, se adelanta el toque de queda, otro d\u00eda, se le retarda. Excedidos, muchos j\u00f3venes, tan elogiados por su solidaridad con las personas de edad durante el primer confinamiento, comenzaron a rebelarse aqu\u00ed y all\u00e1 contra el encierro y la prohibici\u00f3n de congregarse en muchedumbre para hacer la fiesta. Al fin, se concedi\u00f3 un primer respiro con la autorizaci\u00f3n de abrir las terrazas de caf\u00e9s y restaurantes.<\/p>\n<p>Apertura celebrada con una verdadera explosi\u00f3n: las terrazas desbordaron de gente durante los primeros d\u00edas al extremo de no poder hallar una silla libre al atardecer. El toque de queda debi\u00f3 retardarse, pues la gente no obedec\u00eda y los agentes policiacos no se daban abasto para hacerlo respetar. Y d\u00edas antes de la autorizaci\u00f3n a abrir el interior de caf\u00e9s y restaurantes, comercios diversos y lugares de recreo, se levant\u00f3 la obligaci\u00f3n del porte de mascarilla en la calle.<\/p>\n<p>La gente volv\u00eda a tener un rostro. La ciudad de Par\u00eds recuperaba su faz. Las personas cobraban realidad. Daba la impresi\u00f3n de emerger de un mundo fantasmal. Las sonrisas, aunque r\u00edgidas, tal vez por el desuso, se dibujaban en las caras de los paseantes. Vuelta a la realidad. Pero, \u00bfcu\u00e1l? No era posible ocultar el asombro de las miradas ante las miradas de los otros. \u00bfHab\u00edan cambiado? \u00bfEran los mismos? \u00bfEran otros?<\/p>\n<p>Algo hab\u00eda cambiado durante el largo periodo en que la gente tom\u00f3 la costumbre de salir a la calle con una mascarilla. Dejar de ver el rostro de los otros instala una nueva especie de sociedad bastante extra\u00f1a, la cual quiz\u00e1 podr\u00eda calificarse como sociedad inquietante, casi inhumana, donde las personas circulan, hacen sus compras, van a su trabajo, pero han perdido una parte esencial de su personalidad. Los individuos enmascarados devienen siluetas an\u00f3nimas, especies de robots capaces de moverse sin necesidad de ser identificados. Sin duda, razones de prudencia y de precauci\u00f3n sanitaria justificaron para la gran mayor\u00eda las medidas decididas por las autoridades responsables de la salud, pero, al mismo tiempo, un malestar general se fue expandiendo en la poblaci\u00f3n. Cada uno comenz\u00f3 a desconfiar de su vecino. Si un caminante sal\u00eda olvidando cubrirse la cara con una mascarilla, pod\u00eda hacerse llamar al orden en forma brutal por pasantes indignados, e incluso verse sancionar con una multa por la polic\u00eda al acecho. Esto cre\u00f3 con rapidez una atm\u00f3sfera irrespirable, pero no era el aire el viciado por la contaminaci\u00f3n, era toda la sociedad, todos los comportamientos, los que eran v\u00edctimas de una poluci\u00f3n mental desastrosa.<\/p>\n<p>El cese de las medidas restrictivas, toque de queda, m\u00e1scara, apareci\u00f3, as\u00ed, como un alivio, una verdadera liberaci\u00f3n, casi comparable a esos eventos hist\u00f3ricos que marcan el fin de un conflicto. La vida, la verdadera vida, iba a poder reanudarse. Cabr\u00eda preguntar si la vida humana no es, en primer lugar, un intercambio, una compartici\u00f3n, y que El cese de las medidas restrictivas, toque de queda, m\u00e1scara, apareci\u00f3, as\u00ed, como un alivio, una verdadera liberaci\u00f3n, casi comparable a esos eventos hist\u00f3ricos que marcan el fin de un conflicto. La vida, la verdadera vida, iba a poder reanudarse. Cabr\u00eda preguntar si la vida humana no es, en primer lugar, un intercambio, una compartici\u00f3n, y que merece ser vivida por lo que nos otorga de encuentros, de amor o de amistad&#8230; que no toleran las m\u00e1scaras.<\/p>\n<p>vilmafuentes22@gmail.co<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La m\u00e1scara o la vida Vilma Fuentes De pronto, caen las m\u00e1scaras. 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