{"id":22577,"date":"2021-06-28T11:17:39","date_gmt":"2021-06-28T17:17:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22577"},"modified":"2021-06-28T11:17:39","modified_gmt":"2021-06-28T17:17:39","slug":"cabalgata-nocturna-en-la-lacandona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=22577","title":{"rendered":"Cabalgata nocturna en la Lacandona"},"content":{"rendered":"<div class=\"cabeza\">Cabalgata nocturna en la Lacandona<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Pongan el a\u00f1o que quieran.\u00a0M\u00e1s que caballo, un pu\u00f1ado de nervios apenas si me dej\u00f3 montarlo. Se aproximaba una tormenta. Las mulas y dos caballos cargaban los bultos y las bolsas del recado, cuando el gu\u00eda apag\u00f3 su foco y dijo:\u00a0<q>v\u00e1monos<\/q>. La noche era un f\u00e9retro cerrado. No pod\u00eda ni verme las manos, no digamos el camino o la cabeza del caballo. Cogido a la rienda con languidez de ahogado, me dej\u00e9 llevar, bestia montada en bestia abandonando a deshoras el poblado de Ka.<\/div>\n<p>Enrumbamos a la monta\u00f1a por brechas que hube de imaginar y dar por hecho. Pronto sub\u00edamos pendientes escarpadas. Invisible espesura de selva a los costados. A horas en que es in\u00fatil su verde trepamos el cerro por el medio, un hueco monstruoso entre dos barrancas, o al rodear una escarpada ladera de fango.<\/p>\n<p>La mente pod\u00eda pensar y dejar de hacerlo a un mismo tiempo. Daba igual llevar los ojos cerrados o abiertos. La rienda reposaba en el estribo entre mis manos de ciego. Don Bersa\u00edn al frente, de esp\u00edritu alegre, silbaba a ratos una ranchera del\u00a0<em>Piporro<\/em>. A ratos m\u00e1s largos callaba. El ruido de la noche era ensordecedor. Al choque constante de las herraduras contra las piedras y los charcos, se impon\u00eda un croar de sapos y ranas locas y una muchedumbre inimaginable de grillos tejiendo un tapiz continuo sin forma ni l\u00edmite, perforado cada tanto por cuc\u00fas y alondras de ojos amarillados. Una lechuza de alas enormes se desprendi\u00f3 de una rama y se alej\u00f3 de espaldas mientras ululaba.<\/p>\n<p>Chasque\u00f3 El\u00edas su l\u00e1tigo para arrear a la mula\u00a0<em>Juana,\u00a0<\/em>la m\u00e1s rejega. Mi caballo era alto y firme, ancho para mis piernas. Soltando los estribos en un ocio cargado de peligros, estiraba los brazos y balanceaba mis botas como en un columpio.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>La vista agradece el negro profundo de noches as\u00ed de espesas. Sin Luna ni estrellas, sin sombra, sombra toda ella. Ojos abiertos que no ven nada. Llega el tronido de las ramas quebradas por los cascos de las mulas y los asustadizos caballos. De pronto, un vac\u00edo mudo. La noche contiene la respiraci\u00f3n. Un retumbo en sordina como crecida de r\u00edo se adue\u00f1a del aire. Mi caballo cuatralbo relincha largo, un ag\u00f3nico lamento al rasgar lo negro un rel\u00e1mpago tridente, una garra del Diablo en la distancia de la Sierra Cruz de Plata. Su luz heridora y penetrante revela que casi flotamos en un voladero sin fondo, la pata trasera del caballo acaba de resbalar en la orilla y se salva por un pedrusco que se desprende y nunca o\u00edmos caer abajo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<div class=\"foto\"><img decoding=\"async\" title=\"\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/2021\/06\/28\/fotos\/a08a1cul-1_mini.jpg\" alt=\"Foto\" \/><\/p>\n<div class=\"pie-foto\">? Un insurgente zapatista y el enviado de\u00a0<em>La Jornada,\u00a0<\/em>Hermann Bellinghausen, se ocultan de los helic\u00f3pteros del Ej\u00e9rcito federal durante una entrevista con integrantes del EZLN en alg\u00fan lugar de la selva Lacandona, en enero de 1994.<span class=\"credito\">Foto .\u00a0<em>La Jornada<\/em>\u00a0\/ Ra\u00fal Ortega<\/span><\/div>\n<\/div>\n<p>Titubea el caballo y se repone. Jalo la rienda para que no lo hipnotice la muerte all\u00e1 abajo. M\u00e1s ciego que yo por un instante, deslumbrado por el rel\u00e1mpago y el p\u00e1nico, obedece y trota cuando nos alcanza el tronido tridente del rayo a unos segundos de distancia.<\/p>\n<p>Monturas y jinetes levitamos por encima del miedo. Imagino distinguir el gris met\u00e1lico del lodo y de la selva. Brevemente, palpitan unos focos a lo lejos, nuestro destino a dos laderas y una ca\u00f1ada de aqu\u00ed. Comienza a caer con furia casi s\u00fabita una lluvia que parece achicar las naves del cielo a cubetadas. Dejan de o\u00edrse las chicharras y las ranas. Suena la tozudez del agua.<\/p>\n<p>Pasan dos horas sin que don Bersa\u00edn diga palabra. Al fin se estabiliza la vereda en un llano de mu\u00f1ones de troncos quemados. Las monturas se apacientan. La lluvia cesa repentina, como lleg\u00f3. Lodo y mundo. Pr\u00f3ximos a nuestro destino hago un alto y me apeo s\u00f3lo para sentir el suelo y recordar que no volaba. Remonto el caballo y reanudamos la marcha.<\/p>\n<p>Otro mundo posible se sue\u00f1a por aqu\u00ed, en un suelo que no se asusta con estas tormentas. La selva nocturna nos esp\u00eda en esplendor invisible: el jaguar, la lechuza, el tapacaminos, el tepezcuin-tle, la nauyaca. Se oye en coro un silbido de alondras y, en seguida, el himno alevoso del gallo que sabe que a\u00fan ahora que no se ven las manos frente a la cara, en una orilla del mundo ya se desencadenaron las manos de la aurora.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<div id=\"comentarios\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cabalgata nocturna en la Lacandona Hermann Bellinghausen Pongan el a\u00f1o que quieran.\u00a0M\u00e1s que caballo, un pu\u00f1ado de nervios apenas si me dej\u00f3 montarlo. Se aproximaba una tormenta. Las mulas y dos caballos cargaban los bultos y las bolsas del recado, cuando el gu\u00eda apag\u00f3 su foco y dijo:\u00a0v\u00e1monos. La noche era un f\u00e9retro cerrado. 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