{"id":23060,"date":"2021-07-25T08:55:50","date_gmt":"2021-07-25T14:55:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=23060"},"modified":"2021-07-25T08:55:50","modified_gmt":"2021-07-25T14:55:50","slug":"precocidad-y-talento-la-grandeza-truncada-de-bernardo-couto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=23060","title":{"rendered":"Precocidad y talento: la grandeza truncada de Bernardo Couto"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Precocidad y talento:<\/h4>\n<h4 class=\"ljs-merri\">la grandeza truncada de Bernardo Couto<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Bernardo Couto&#8217;, de Julio Ruelas, 1901<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Una mirada atenta y generosa, pero no complaciente, sobre la vida y la obra de un muy joven escritor que pudo haber sido grande. Bernardo Couto Castillo (1879-1901) vivi\u00f3 s\u00f3lo veinti\u00fan a\u00f1os y dej\u00f3 una obra narrativa abundante para su corta edad que sin duda vale la pena visitar.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">\u201cEra un directorio ambulante de las literaturas en boga\u201d, escribi\u00f3 su dif\u00edcil amigo Ciro\u00a0b. Ceballos, quien no era nada complaciente en la cr\u00edtica; Jos\u00e9 Juan Tablada hablaba de su extraordinaria memoria. Muri\u00f3 a los veinti\u00fan a\u00f1os; el follaje de los \u00e1rboles apenas verdec\u00eda. Desde entonces han pasado ciento veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a la investigadora Coral Vel\u00e1zquez Alvarado, quien reuni\u00f3 acuciosamente su obra en 2014 y la public\u00f3 en las ediciones Ida y Regreso del Siglo\u00a0xix\u00a0(unam), podemos leer lo que son al parecer todos los textos de Bernardo Couto Castillo (1879-1901).<\/p>\n<p align=\"left\">Couto o Coutito (como le dec\u00edan los amigos) o Bernardo Couto jr. (como \u00e9l firmaba) fue nieto del escritor conservador Jos\u00e9 Bernardo Couto, muy amigo de los poetas Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado y Manuel Carpio, quien ocup\u00f3 adem\u00e1s varios altos cargos en el sector p\u00fablico. Su padre, Bernardo Couto Couto, tuvo asimismo una posici\u00f3n acomodada y se preocup\u00f3 de un hijo que hizo todo lo posible por alejarse de lo que suele llamarse la buena sociedad o la gente de bien.<\/p>\n<p align=\"left\">Gran lector, Couto empez\u00f3 a publicar jovenc\u00edsimo, cuando apenas contaba catorce a\u00f1os, y lo hizo con una asiduidad que sorprende. Casi cada semana public\u00f3 por temporadas una narraci\u00f3n breve, bien redactada, con prosa limpia y un l\u00e9xico sencillo y correcto pero no rico, en el que quiz\u00e1 al principio abus\u00f3 del \u00e9nfasis y de la previsibilidad. Esa perentoriedad hebdomadaria vuelve repetitivos los esquemas y los asuntos de buen n\u00famero de sus narraciones. Ser\u00eda injusto valorar esas primeras ficciones trat\u00e1ndose de un muchacho de entre catorce y diecis\u00e9is a\u00f1os. En general en sus ficciones cay\u00f3 en la frase hecha o en inevitables cursiler\u00edas.<\/p>\n<p align=\"left\">Sus lecturas habituales fueron de autores decadentes o malditos del siglo\u00a0xix, m\u00e1s cerca del infierno que del cielo, y lo influyeron, entre otros, Poe, Baudelaire, Barbey d\u2019Aurevilly y Gabrielle d\u2019Annunzio. Pero sus afanes de lector llegaron mucho m\u00e1s lejos. En una carta, con observaciones agudas, que le env\u00eda desde Par\u00eds a su amigo Alberto Leduc,<sup>1<\/sup>\u00a0escribe que est\u00e1 engolfado en los cl\u00e1sicos franceses, y estudia a Moli\u00e8re, Corneille, Racine, Boileau y La Rochefoucauld. De nadie se siente m\u00e1s pr\u00f3ximo que de Moli\u00e8re, \u201cun gran triste, su risa es del que llora, la risa del que ha llorado mucho\u201d, quien fue grande \u2013apote\u00f3sico\u2013 hasta en la manera de morir; Corneille es magistral, pero \u201calgunas veces demasiado severo\u201d; Racine \u201csublime, dulce, poeta en todo\u2026 hasta en sus asuntos\u201d. Moli\u00e8re y Racine son genios. En cr\u00edtica prefiere a Paul Bourget y en el teatro del siglo\u00a0xix, con mucho, a Alexandre Dumas hijo.<sup>2<\/sup>\u00a0Gust\u00f3 mucho de la poes\u00eda, y Jos\u00e9 Juan Tablada recuerda que pod\u00eda contar detalladamente a los amigos las pinturas que vio en el Museo del Louvre. Entre los m\u00fasicos menciona a Beethoven, Chopin, Haydn y Bellini.<\/p>\n<p align=\"left\">Despu\u00e9s de su regreso de Europa en 1896, donde aprendi\u00f3 tanto, su prosa se volvi\u00f3 m\u00e1s ligera y sus desarrollos de los temas, notoriamente en los ocho relatos donde narra los pasos desdichados del payaso Pierrot, mejoraron de manera notable. Ya sab\u00eda dejar se\u00f1ales en los \u00e1rboles del camino y las situaciones eran m\u00e1s complejas. A los dieciocho a\u00f1os edit\u00f3 su \u00fanico libro; lo titul\u00f3, con insensata l\u00f3gica,\u00a0<i>Asf\u00f3delos<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Los protagonistas descollantes de Couto por lo regular acaban hundidos en las cuevas oscuras de la insania, de la muerte o de la miseria. Encontramos a lo largo de sus breves narraciones al artista fallido e incomprendido, la mujer y\/o el hombre o la mujer y el hombre que acaban destruidos por la relaci\u00f3n amorosa, el perturbado ps\u00edquico, el asesino gratuito, el convidado diab\u00f3lico, el suicida por aburrimiento o por la incapacidad de querer, el envidioso que es capaz de la \u00faltima bajeza con tal de aniquilar al envidiado (\u201cLa venganza\u201d), el que las bellezas de la naturaleza en vez de alegrarlo o engrandecerlo lo atormentan (\u201cD\u00eda brumoso\u201d), el que regresa de la tumba porque no soporta seguir pensando incesantemente en el tiempo sin tiempo de la muerte sobre aquello que hubiera podido hacer y no hizo (\u201cLo que me dijo la vida\u201d), la mujer que acaba en la prostituci\u00f3n porque no se acostumbra a la pobreza o al abandono de la pareja (\u201cEsbozo del natural\u201d)\u2026 En su introducci\u00f3n a la obra reunida, Coral Vel\u00e1zquez Alvarado observa con notoria claridad que entre la\u00a0<i>femme fatale<\/i>\u00a0y la\u00a0<i>femme fragile<\/i>, salvo excepciones,\u00a0Couto se inclin\u00f3 m\u00e1s por la criatura sumisa. En eso ten\u00eda el gusto por las sublimadas v\u00edrgenes prerrafaelitas. Si a Couto le hubieran preguntado si prefer\u00eda ir al cielo o al infierno, hubiera contestado que al cielo, porque el infierno ya lo hab\u00eda vivido en la tierra. Si no fue un expulsado del Para\u00edso, as\u00ed lo crey\u00f3 y lo sinti\u00f3.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Los antih\u00e9roes y\u00a0<i>el mal del siglo<\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Los tortuosos protagonistas\u00a0no conocen siquiera de lejos la casa de la felicidad, o si la conocen, s\u00f3lo es por fulgores s\u00fabitos o la pierden porque no creen merecerla o se dan cuenta demasiado tarde que tal vez hubieran podido conseguirla, como el del joven que es invitado a las nupcias con Dios con aquella muchacha que pudo ser de \u00e9l. Hombres y mujeres en los cuentos se ba\u00f1an en las aguas cenagosas del horror o bajan los pelda\u00f1os de la escalera del hast\u00edo o padecen\u00a0<i>el sol negro de la melancol\u00eda<\/i>. Conocen el dolor, el desasosiego, el tedio, el abandono, la miseria, la soledad, las \u201cvisiones negras\u201d y terminan en la locura o en la muerte o en el desesperado alcoholismo o habitados por \u201cel demonio de la perversidad\u201d. Casi todos los personajes centrales est\u00e1n destinados a que les vaya mal o hacer el mal a quienes est\u00e1n pr\u00f3ximos. Es un mundo de victimarios y v\u00edctimas, donde los victimarios acaban a menudo tambi\u00e9n siendo v\u00edctimas. Si algo puebla las narraciones de Couto son los antih\u00e9roes. Como el escritor de su juvenil relato \u201cEl encuentro\u201d, Couto se identific\u00f3, menos o m\u00e1s, con sus propios protagonistas, \u00e9sos que sufrieron\u00a0<i>le mal du si\u00e8cle<\/i>, como dec\u00edan los franceses.<\/p>\n<p align=\"left\">El ambiente que prevalece en los cuentos es claustrof\u00f3bico: los hechos ocurren en d\u00edas grises y lluviosos, o en la vaguedad del depresivo crep\u00fasculo, o en la oscuridad ciega de la noche, o en las madrugadas en trizas\u2026 Muchas de las narraciones pasan en espacios cerrados o acotados: un estudio, casas, la celda carcelaria, un convento. Pero quiz\u00e1 los centros del centro de sus ficciones, figurada o realmente, sean el manicomio y la tumba del cementerio.<\/p>\n<p align=\"left\">Couto, hundido en el alcohol y probablemente la droga, no dej\u00f3 de elogiar el ajenjo, \u201cla diosa verde de la quimera\u201d, que ardi\u00f3 la bohemia de los poetas y artistas del siglo\u00a0xix\u00a0que lo bebieron hasta las heces para olvidar la desventura por breves momentos y les hizo so\u00f1ar fugazmente el sue\u00f1o de lo que no ten\u00edan.<\/p>\n<p align=\"left\">El \u00fanico retrato que del joven Couto nos queda es de 1901, a\u00f1o de su muerte, gracias a la mano extraordinaria del zacatecano Julio Ruelas. Al verlo nos hace pensar que si tuviera un sombrero negro y vistiera y se maquillara de blanco, ser\u00eda una espl\u00e9ndida imagen de Pierrot como lo retrat\u00f3 el extraordinario fot\u00f3grafo franc\u00e9s F\u00e9lix Nadar a mediados del siglo\u00a0xix. Es sabido que ambos, Couto y Ruelas, proyectaban hacer un libro ilustrado con los cuentos con tema de Pierrot. Si me dieran a escoger entre sus cuentos, sin duda elegir\u00eda, no aisladamente sino en conjunto, el ciclo de los ocho sobre Pierrot, el payaso triste y desdichado de la\u00a0<i>Commedia dell\u2019arte,<\/i>\u00a0con quien Couto se identific\u00f3 y sus amigos a su vez lo identificaron con \u00e9l. Ya se ve en esas tristes ficciones al escritor maduro que se hab\u00eda vuelto Couto. Las andanzas europeas, sobre todo su temporada en Par\u00eds, sirvieron para adentrarse en el fen\u00f3meno Pierrot y para poner como escenario de sus ficciones a rincones y sitios de la mal llamada Ciudad Luz. Curiosamente, aparecen el rufi\u00e1n de Arlequ\u00edn y la infiel y encantadora Colombina. En uno de ellos es inolvidable la imagen final con Pierrot seguido por tres gatos negros, \u201ccuyas miradas fulguraban como chispas de carb\u00f3n encendido\u201d. Luego de que Couto muere, en la\u00a0<i>Revista Moderna<\/i>, la cual fund\u00f3 y de la que fue colaborador, apareci\u00f3 un obituario, la segunda quincena de mayo de 1901, que escribi\u00f3 alg\u00fan amigo (tal vez Alberto Leduc): \u201cSobre su losa funeraria, que bordear\u00e1n sus cuentos como ramilletes de\u00a0<i>Las flores del mal<\/i>, Pierrot, el personaje m\u00e1s querido por el artista, murmurar\u00e1 en las noches su eleg\u00eda de gratitud y de l\u00e1grimas.\u201d En una \u00e9poca marcada por el afrancesamiento,<br \/>\n\u00e9l asimil\u00f3 esa honda influencia. Un a\u00f1adido: en esas andanzas europeas, en este caso en Zurich, conoci\u00f3 a una muchacha suiza, a la que recuerda y llama bellamente Nina en un par de cuentos.<\/p>\n<p align=\"left\">Si hacemos a un lado el conjunto de los Pierrots, quiz\u00e1 sus mejores cuentos sean \u201cCleopatra\u201d, donde la sensualidad salvaje llega hasta el bestialismo; \u201cBlanco y rojo\u201d, que tiene pinceladas para un autorretrato, donde el antih\u00e9roe en la c\u00e1rcel describe lo que podr\u00edamos creer que son puntos autobiogr\u00e1ficos; \u201cEl perd\u00f3n de Ca\u00edn\u201d, variaci\u00f3n del pasaje b\u00edblico, en el cual Eva deja caer sobre el hijo homicida el peso diario de la culpabilidad del asesinato de su hermano Abel hasta que lo rompe mentalmente.<\/p>\n<p align=\"left\">El grado de autodestrucci\u00f3n de Couto era terrible y sistem\u00e1tico. La muerte, que tanto lo obsesion\u00f3, a la que tanto trat\u00f3 en sus ficciones, lo alcanz\u00f3 el 3 de mayo de 1901. Dos a\u00f1os antes hab\u00eda fallecido su padre. Muri\u00f3 de pulmon\u00eda, en una habitaci\u00f3n del Hotel Moro, que pertenec\u00eda a su familia. De all\u00ed trasladaron el cuerpo a casa de su amante, una prostituta de nombre Amparo. En su libro\u00a0<i>El bar<\/i>, Rub\u00e9n\u00a0m. Campos describe c\u00f3mo un grupo de amigos (Alberto Leduc, Ciro B. Ceballos, Pedro Escalante Palma y \u00e9l mismo) llegaron al cuarto s\u00f3rdido donde estaba el ata\u00fad negro con el cuerpo sobre un catre de fierro. Se le enterr\u00f3 en el Pante\u00f3n Franc\u00e9s con el auspicio monetario de los amigos.<\/p>\n<p align=\"left\">Pese a su extremada juventud, Couto dej\u00f3 una obra que alcanza trescientas p\u00e1ginas, de las cuales, la tercera parte, la public\u00f3 entre los catorce y quince a\u00f1os. No es poco. Dio varios indicios que apuntaban para llegar a ser un gran escritor. Ten\u00eda todo para serlo: inteligencia, sensibilidad, cultura y la experiencia de la (mala) vida.<\/p>\n<p align=\"left\">No hay nada que cause tanta incomprensi\u00f3n y compasi\u00f3n como aquel a quien las hadas dieron<br \/>\ntodo y a\u00fan m\u00e1s, y \u00e9l, en cambio, se aboca hasta lo imposible para destruirlo y destruirse. Couto es un ejemplo.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p class=\"western\"><b>Notas<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><sup>1<\/sup>\u00a0Se public\u00f3 p\u00f3stumamente en\u00a0<i>El Universal<\/i>\u00a0del 26 de agosto de 1901.<\/p>\n<p class=\"western\"><sup>2<\/sup>\u00a0Habr\u00eda que a\u00f1adir a los flamencos de la transici\u00f3n de siglo que escribieron en franc\u00e9s: Verhaeren, Rodembach.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Precocidad y talento: la grandeza truncada de Bernardo Couto Marco Antonio Campos Bernardo Couto&#8217;, de Julio Ruelas, 1901 Una mirada atenta y generosa, pero no complaciente, sobre la vida y la obra de un muy joven escritor que pudo haber sido grande. 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