{"id":23867,"date":"2021-09-12T10:32:14","date_gmt":"2021-09-12T16:32:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=23867"},"modified":"2021-09-12T10:32:14","modified_gmt":"2021-09-12T16:32:14","slug":"los-muchos-significados-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=23867","title":{"rendered":"los muchos significados del silencio."},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Bartleby, un personaje entre el silencio y la furia<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 Rivera Guadarrama<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Herman Melville<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Tan habituados estamos ya al ruido y la palabrer\u00eda en casi todos los \u00e1mbitos de la vida, que ya nada o muy poco estamos atentos al poder y los muchos significados del silencio. La m\u00fasica, pero tambi\u00e9n la literatura, construyen su sentido a partir de o con el silencio. El an\u00e1lisis que sigue de &#8216;Bartleby, el escribiente&#8217;, de Herman Melville (1819-1891), publicado en 1853, es una muestra muy elocuente.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Para los grandes compositores musicales, el silencio es una nota muy importante. Su empleo debe ser preciso. No es un final total dentro de la melod\u00eda, tampoco algo que lo prev\u00e9. Es una pausa musical que anticipa otras secuencias, quiz\u00e1 la renovaci\u00f3n o la vehemencia del siguiente movimiento. Requiere de una minuciosa determinaci\u00f3n. Muchas veces, el resultado de este acierto ser\u00e1 lo que englobe la importancia de lo expresado en esa fuerza de contenci\u00f3n que implica la totalidad de la obra.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Dentro de la literatura, tambi\u00e9n hay autores en los que encontramos esta misma actividad, un notorio dinamismo a trav\u00e9s del mutismo. Ese juego de ritmos es similar a nuestra tradici\u00f3n art\u00edstica, pese a que la mayor\u00eda del tiempo se nos ha interiorizado la preponderancia de la palabra sobre el silencio.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">En ese brusco transitar es en donde podemos ubicar a\u00a0<i>Bartleby, el escribiente<\/i>, de Herman Melville (1819-1891), obra publicada en 1853. El ambiente est\u00e1 inserto en la calle Wall Street, emblem\u00e1tico lugar comercial de Nueva York durante los a\u00f1os de prosperidad en aquella joven urbe, convertida m\u00e1s tarde en el sitio de la Bolsa de Valores y s\u00edmbolo del capitalismo financiero mundial. Una especie de furia y ruido provocado por la idea de progreso. Ambientes de aceleradas transformaciones.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">La importancia del relato comienza cuando entra en escena quien ser\u00e1 el cuarto empleado de aquel lugar. \u201cUna ma\u00f1ana, un joven inm\u00f3vil se par\u00f3 en el umbral de mi oficina; la puerta estaba abierta, ya que era verano. Puedo ver su figura todav\u00eda\u201d, y a continuaci\u00f3n, el narrador lo describe con tres adjetivos: p\u00e1lido, respetable, desamparado. \u201cEra Bartleby.\u201d Esta parte es fundamental.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Con esta s\u00fabita presencia se podr\u00eda considerar que en realidad Bartleby pudo haber sido un fantasma, un presentimiento, un temor, una fijaci\u00f3n que va a ir aumentando su presencia hasta abarcarlo todo y trocar el ambiente. Al mismo tiempo, su espont\u00e1nea presencia resalta el contraste<br \/>\ncon su cautelosa personalidad. Entramos ahora a un extra\u00f1o e inc\u00f3modo juego de tensiones entre dos personas que, a simple vista, parecieran distintas. Un claro ejemplo de antagonismo tolerado llevado al paroxismo.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ese primer encuentro es un breve y escaso intercambio de palabras para saber, por lo menos, su primer nombre. A partir de ah\u00ed, no habr\u00e1 m\u00e1s datos de ese extra\u00f1o personaje, no habr\u00e1 antecedentes respecto a su vida. Lo m\u00e1s que se agrega, en cuanto a sus cualidades, es que Bartleby era un trabajador eficiente. Realizaba copias por la tarifa de cuatro centavos por hoja. Sin embargo, hay<br \/>\nalgo de mayor relevancia, ya que, fuera de eso, bajo ning\u00fan motivo estar\u00e1 dispuesto a realizar ninguna otra actividad extralaboral.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\"><b>\u201cPreferir\u00eda no hacerlo\u2026\u201d<\/b><\/p>\n<p align=\"LEFT\">\u201cNunca se le deb\u00eda mandar, bajo ninguna circunstancia, a cumplir el m\u00e1s trivial de los encargos de cualquier tipo\u201d, dir\u00e1 el due\u00f1o del despacho despu\u00e9s de comprobar que aquel personaje no har\u00eda otra cosa que no fuera copiar documentos a mano. Para oponerse a cualquiera otra orden, su respuesta inmediata ser\u00e1: \u201cPreferir\u00eda no hacerlo.\u201d Este es el ritmo que marcar\u00e1 el transcurrir de la obra.<\/p>\n<p align=\"LEFT\"><i>Preferir\u00eda no hacerlo<\/i>\u00a0ser\u00e1 la respuesta a todas las peticiones que se le indicar\u00e1n. Esta r\u00e9plica es una especie de f\u00f3rmula cargada de interpretaciones subjetivas, una especie de declaraci\u00f3n de rebeld\u00eda, como se quiera. Al mismo tiempo, puede expresar una profunda sensaci\u00f3n de seguridad en el resultado de su trabajo. Refiere a una absoluta pasi\u00f3n y minuciosidad con la que trabaja en cada detalle para evitar inseguridades que pudieran poner bajo sospecha su desempe\u00f1o laboral. As\u00ed que\u00a0<i>prefiere no hacerlo<\/i>, porque sabe que no hay errores.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">No obstante, durante la lectura de esta obra, esta postura adquirir\u00e1 otros matices, una especie de desobediencia. De ah\u00ed que el persistente\u00a0<i>preferir\u00eda no hacerlo\u00a0<\/i>produzca un inc\u00f3modo silencio entre el lector, el personaje y el narrador. Una perturbaci\u00f3n por aquella actitud contra toda jerarqu\u00eda que da la impresi\u00f3n de indicios de sublevaci\u00f3n, de pretender abolir a la autoridad.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Es posible que el lector llegue a interpretar que Bartleby est\u00e1 asumiendo el valor insurrecto que ning\u00fan subordinado hab\u00eda tenido hasta antes de su repentina entrada. Y esto ten\u00eda que surgir, ya que, en los d\u00edas previos a la llegada de Bartleby, el due\u00f1o de aquel pr\u00f3spero despacho ten\u00eda a tres empleados. Los presenta sin ninguna importancia: Turkey, Nippers y Ginger Nut. Con toda esta falta de apego, se infiere que la vida de cada uno de ellos era simple y no val\u00eda la pena indagar en otros asuntos.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ya podemos imaginar el ambiente sopor\u00edfero de aquella oficina, un entorno de referencias construido con m\u00e1s grietas que lo que permite el mundo de la representaci\u00f3n. Un despacho ordinario con personas ordinarias hablando lenguajes ordinarios. Por eso, dir\u00e1 el narrador, \u201chab\u00eda algo en Bartleby que no s\u00f3lo me desarmaba, sino que adem\u00e1s me conmov\u00eda y me desconcertaba de una manera asombrosa\u201d. Con el paso del tiempo, acuciado por la curiosidad, el due\u00f1o del despacho comienza a vigilarlo m\u00e1s de cerca. Descubre que tampoco sal\u00eda a comer, nunca iba a ninguna parte y que nunca hab\u00eda salido de la oficina.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Todo lo que hasta aqu\u00ed sucede hab\u00eda transcurrido en lugares cerrados. Las din\u00e1micas del cuento ocurren, por lo tanto, entre la oficina y la c\u00e1rcel, a la que al final es llevado. Ambos sitios ser\u00e1n tomados y habitados por Bartleby, un\u00a0<i>okupa<\/i>\u00a0solitario. Era evidente que ya viv\u00eda ah\u00ed, un departamento para \u00e9l solo. De inmediato, dice el narrador, \u201cme asalt\u00f3 un pensamiento: \u00a1qu\u00e9 miserable abandono y soledad se revelan aqu\u00ed! Su pobreza es grande, pero su soledad, \u00a1qu\u00e9 terrible!\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\"><b>Entre el hacer y el deber<\/b><\/p>\n<p align=\"LEFT\">Bartleby ya est\u00e1 inserto en todos los ambientes del narrador, no s\u00f3lo ocupa su oficina, tambi\u00e9n se apropiar\u00e1 de sus pensamientos, de sus miedos, de sus angustias. Por eso no es raro que cuando a un hombre lo contradicen de una forma ins\u00f3lita y violenta, tambi\u00e9n sus convicciones m\u00e1s simples comiencen a resquebrajarse.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Pese a que est\u00e1 viviendo en aquella oficina y que no paga ning\u00fan tipo de servicio como agua, luz, gas, se seguir\u00e1 negando a obedecer cualquier orden que no sea la de copiar textos. Bartleby no cambiar\u00e1 en sus respuestas.\u00a0<i>Preferir\u00e1 no hacerlo<\/i>. No habr\u00e1 argumentos que deriven en posibles acuerdos. Su conducta ser\u00e1 aquella ins\u00f3lita r\u00e9plica.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Gilles Deleuze dir\u00e1 que, con esos actos, Bartleby tampoco acepta o afirma algo preferible, lo que plantea es s\u00f3lo una imposibilidad: \u201cerige una zona de indiscernibilidad, de indeterminaci\u00f3n creciente entre las actividades no preferidas y la actividad preferible\u201d. Con esa actitud, da la impresi\u00f3n de estar ante una larga dubitaci\u00f3n entre el bien y el mal, entre el hacer y el deber. Pero no es as\u00ed del todo. Va m\u00e1s en el sentido deleuziano en cuanto a que \u201cuna palabra presupone siempre otras palabras que podr\u00edan sustituirla, completarla o constituir alternativas frente a ella: en estas condiciones, el lenguaje se distribuye para designar cosas, estados de cosas y acciones, de acuerdo con un conjunto de convenciones, impl\u00edcitas o subjetivas, otro tipo de referencias o de presupuestos\u201d.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">No est\u00e1 renunciando a las posibilidades, lo que Bartleby est\u00e1 haciendo es impulsar las probabilidades de todo lo resultante que pueda generarse con esas palabras. Si, hasta esas alturas de la historia, todo se lo han dejado a dios, a los dioses, a la creaci\u00f3n divina, entonces \u00e9l no tiene nada que agregar. Si el determinismo es natural, ya no hay nada qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Es por eso que Bartleby muere, porque no quiere que la literatura, que el lenguaje, mueran con \u00e9l, en esa misma monoton\u00eda de las apretujadas sociedades sin imaginar nada. El silencio, m\u00e1s all\u00e1 de incomodar o de infundir temor o inacci\u00f3n, resulta a la inversa en este personaje, alecciona al individuo a adentrarse hacia s\u00ed mismo, a revolver en su intimidad y, por tanto, al sentimiento de imperturbabilidad.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Mediante esos largos momentos de mutismo, Bartleby est\u00e1 renegando, adem\u00e1s, del absurdo control que implica el lenguaje de oficina, de encierro, sin capacidad imaginativa. Se niega por ello a intercambiar ideas con sus cercanos porque est\u00e1n matando al lenguaje, que han transformado en una simple herramienta para obtener m\u00e1s dividendos. Para ellos, el lenguaje no dice nada, todas las formas literarias est\u00e1n huecas, se vuelven presuntuosas. Las nubes son nubes y no algodones divirti\u00e9ndose en el cielo; el sonido es el sonido y no musicalidad, los colores son colores y no juegos crom\u00e1ticos est\u00e9ticos o de belleza.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Bartleby el contumaz, con su rotunda respuesta de<i>\u00a0preferir\u00eda no hacerlo<\/i>, asume ese antagonismo lanz\u00e1ndose a la b\u00fasqueda de profundidad, al abismo de significados. Como dice Roberto Juarroz: \u201cToda palabra es una duda,\/ todo silencio es otra duda.\/ Sin embargo,\/ el enlace de ambas\/ nos permite respirar.\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\"><b>Escribir el silencio<\/b><\/p>\n<p align=\"LEFT\">Debido al espasmo que suscita con su silencio y su respuesta, el personaje encargado de narrar esta obra se atrever\u00e1 a afirmar, en tono de conmiseraci\u00f3n: \u201c\u00a1Pobre hombre!, pens\u00e9, sus intenciones no son malas; es obvio que no quiere ser insolente; su aspecto es evidencia suficiente de que sus excentricidades son involuntarias. Es una persona \u00fatil.\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\">La pesadumbre de los argumentos antes citados responde a la dicotom\u00eda entre enunciar la palabra o preferir el silencio. Es, adem\u00e1s, la constante insatisfacci\u00f3n ante el empe\u00f1o de captar lo inasible, la b\u00fasqueda de la fusi\u00f3n del nombre con lo nombrado. Todos son elementos que presenciamos los seres humanos en nuestro af\u00e1n de escribir el silencio. Aqu\u00ed es en donde Melville tiene semejanzas con los compositores musicales, esto es, saber emplear bien los silencios dentro de la melod\u00eda para evitar innecesarias asonancias.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Pese a todo, Bartleby no es un perdedor. Tampoco est\u00e1 pidiendo clemencia. Para \u00e9l, todo lo que se pronuncie, todos nuestros actos, todo tipo de palabras, deben adquirir otros significados, otras resonancias o ilimitados matices. De lo contrario, si la vida se re<i>sume a simple automatismo, a rutina, entonces: Preferir\u00eda no hacerlo.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bartleby, un personaje entre el silencio y la furia Jos\u00e9 Rivera Guadarrama Herman Melville Tan habituados estamos ya al ruido y la palabrer\u00eda en casi todos los \u00e1mbitos de la vida, que ya nada o muy poco estamos atentos al poder y los muchos significados del silencio. 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