{"id":24327,"date":"2021-10-10T08:03:12","date_gmt":"2021-10-10T14:03:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24327"},"modified":"2021-10-10T08:03:12","modified_gmt":"2021-10-10T14:03:12","slug":"memoria-de-mis-bateristas-muertos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24327","title":{"rendered":"Memoria de mis bateristas muertos"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Memoria de mis bateristas muertos<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Gustavo Ogarrio<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La Jornada Semanal<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">La reciente desparaci\u00f3n del baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts (1941-2021) desata aqu\u00ed la memoria y organiza el pensamiento cr\u00edtico sobre una \u00e9poca de formaci\u00f3n entre dos siglos, el XX y el XXI. Las percusiones, en manos de bateristas excelsos, tienen ese modo primitivo de agitar la vida.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Elegir un baterista\u2026 o encontr\u00e1rselo como quien tropieza con una canci\u00f3n en la radio y la va asimilando, para meses despu\u00e9s ya tararearla y jugar con ella en la lengua y en los dedos que golpean la mesa en su simulacro desafinado y torpe de la m\u00fasica haci\u00e9ndose. Elegir una memoria\u2026 o dejar que un silbido se envuelva con el pasado para llevarnos a esas canciones que morir\u00e1n con nosotros. Bateristas remotos que se pierden en el tiempo con sus vaquetas en las manos, el\u00a0<i>tom<\/i>\u00a0de piso y esos tambores, con sus platillos no siempre puntuales en la persecuci\u00f3n del comp\u00e1s o en la secuencia alterada de alg\u00fan cl\u00e1sico. Pero los bateristas tambi\u00e9n mueren o se bajan del escenario para siempre o se pierden en la oscuridad de cuevas en las que tocan una y otra vez el\u00a0<i>cover<\/i>\u00a0favorito de feligreses que los siguen durante a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/strong><\/p>\n<h2>Charlie Watts y la llanura vac\u00eda<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">Hubo una \u00e9poca en la que los\u00a0<i>covers<\/i>\u00a0me parec\u00edan lo m\u00e1s triste de la m\u00fasica: no disfrutaba con ese simulacro, con esa evocaci\u00f3n siempre deformada y condenada al eterno retorno. Pero tambi\u00e9n hubo momentos en los que me parec\u00eda que el\u00a0<i>cover<\/i>\u00a0revelaba una lucha tit\u00e1nica contra el destino, una herej\u00eda que se expresaba mejor cuando los herejes en turno alteraban con intenciones casi demon\u00edacas las canciones \u201coriginales\u201d y las dejaban irreconocibles.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Sin embargo, lleg\u00f3 el 24 de agosto de 2021, el d\u00eda mundial de la muerte de los bateristas. Circul\u00f3 la noticia con su embeleso medi\u00e1tico de tragedia y de inmortalidad reci\u00e9n comenzada: hab\u00eda muerto Charlie Watts, el baterista de los Rolling Stones. La llanura se vac\u00eda de golpe, el caleidoscopio del pasado se altera de forma definitiva; se precipitan en la memoria las portadas de figuras psicod\u00e9licas o con flores al lado de los rostros y se narran de mil formas las herej\u00edas del viejo Watts: un baterista de jazz que se refugi\u00f3 en un blues de masas y que condujo r\u00edtmicamente el rock and roll de los Rolling Stones; un pu\u00f1etazo de Watts contra el rostro apergaminado de Mick Jagger en \u00c1msterdam para recordarle que no es \u201csu baterista\u201d, esgrima elegante contra ese sentido posesivo de estrella del rock and roll que somete de manera artera a sus m\u00e1s cercanos; Watts en el desenfado atemperado del golpeteo preciso; y\u00e9ndose para siempre con ese redoble en el tren nocturno de los disparos: \u201cGimme Shelter\u201d.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Leo un mensaje en redes sociales: \u201cLos Rolling Stones se empiezan a ir de este mundo.\u201d Y desde que se escuchaba \u201cBrown sugar\u201d en el tocadiscos de mi primo, que viv\u00eda en la casa de enfrente, quiz\u00e1s en 1984, yo ya sospechaba que no hab\u00eda otro mundo; que la consistencia de \u00e9ste era tan dura y tan amplia que hab\u00eda muchos mundos que nac\u00edan a la menor provocaci\u00f3n en su est\u00f3mago; cortinas de terciopelo que separaban en grandes cuartos vidas y realidades atroces, casi siempre acompa\u00f1adas de unas cuantas canciones. Lo que quiero decir es que al escuchar a los Rolling Stones ya intu\u00eda el despliegue de ese contrapunto entre sombras y colores a trav\u00e9s de los a\u00f1os. \u00bfCu\u00e1ndo nos comenzamos a ir de este mundo? \u00bfEn qu\u00e9 momento los tambores y las guitarras dibujadas en las paredes de los caminos hacia la nada se combinaban con los propios c\u00edrculos conc\u00e9ntricos de nuestras imberbes experiencias inaugurales?<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Descubr\u00ed tard\u00edamente el \u00e1lbum\u00a0<i>Sticky Fingers<\/i>, con canciones como \u201cCan\u2019t you hear me knocking\u201d que me alteraban de una manera hasta entonces desconocida. Sin embargo, nuestra gran perturbaci\u00f3n sal\u00eda de \u201cPaint it black\u201d, del \u00e1lbum\u00a0<i>Aftermath<\/i>: nos conced\u00eda cualidades hasta entonces inadvertidas, un poder sobre nuestras propias emociones, un te\u00f1irse de oscuridad en un ritual de negaci\u00f3n del mundo; un cuarto oscuro en el que se bailaba sin coreograf\u00eda; \u00e9ramos ese narrador de la canci\u00f3n que va dejando en negro a todas las realidades. De \u201cPaint it black\u201d sal\u00eda una gracia l\u00f3brega, una rebeli\u00f3n contra la hipocres\u00eda del mundo de los adultos, de todo sentido de autoridad; nac\u00eda una sensualidad sonora de danza primigenia en la guitarra inicial de Keith Richards y en el llamado de los tambores de Watts, para sucumbir en la belleza del arrullo en la voz de Mick Jagger al final de la canci\u00f3n. Desde entonces, cada vez que la escucho mi cuerpo y mi mente terminan exhaustos.<\/p>\n<h2 class=\"mceContentBody documentContent\">Vivos y muertos: Miguel Enr\u00edquez y Tino Contreras<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">Pertenezco a una generaci\u00f3n que soport\u00f3 la canonizaci\u00f3n idealizada al extremo de la m\u00fasica de los a\u00f1os sesenta y que, de alguna manera, tuvo que redescubrirla por cuenta propia, a veces a escondidas y en otras tantas ocasiones a contracorriente de una buc\u00f3lica imposici\u00f3n. Una generaci\u00f3n a la que ni los Beatles ni los Rolling Stones, por ejemplo, le sirvieron totalmente para construir la experiencia directa de sus\u00a0<i>golden years.<\/i>\u00a0Quiz\u00e1s es m\u00e1s potente y secreta nuestra relaci\u00f3n con el punk: que todos los reinos se desplomen, que nadie salve a las reinas desquiciadas que crecen y se reproducen en jardines perennes. Y cuando digo punk tambi\u00e9n me refiero a esa manera en que fue asimilado en nuestras periferias de casas endebles al pie de barrancas y basureros inmensos, en rituales que articulaban la velocidad de la bater\u00eda, la guitarra y el bajo en su absoluta desnudez, con penachos multicolores, rapados estramb\u00f3ticos en la cabeza y el aterrizaje de los Ramones en el exbalneario de Pantitl\u00e1n, en septiembre de 1992.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Hay cierto desfase en nuestro modernismo cultural y pol\u00edtico, no fuimos hijas ni hijos de la\u00a0<i>carretera<\/i>\u00a0ni del\u00a0<i>grito<\/i>\u00a0de los a\u00f1os sesenta. Quiz\u00e1s por esto mismo, debo confesar que nunca fui un fan\u00e1tico de \u201cLos Stones\u201d, como les dec\u00eda Miguel Enr\u00edquez, ese otro baterista entra\u00f1able con ojos de batracio que pas\u00f3 por Follaje y por el grupo de Nina Galindo y que finalmente se exili\u00f3 en Morelia, donde lo conoc\u00ed. El primero de mis bateristas muertos. El primero al que vi tomar las baquetas con una tranquilidad casi obscena para tocar y cantar sin estridencias \u201cHoochie Coochie Man\u201d, de Muddy Waters. Era evidente que ah\u00ed se hab\u00eda hecho un nudo entre el blues, la bater\u00eda de Charlie Watts y la alucinada calma de Miguel Enr\u00edquez. Pod\u00edamos hablar durante horas de \u00e1lbumes como\u00a0<i>Sticky Fingers<\/i>,\u00a0<i>Aftermath<\/i>,<i>\u00a0Their Satanic Majesties Request<\/i>,\u00a0<i>Black and blue<\/i>\u2026 M\u00e1s bien, Miguel pod\u00eda decir con una sencillez brutal las virtudes de esos discos y, sobre todo, explicar el complejo movimiento de manos en las percusiones y relacionar esas y otras canciones con huidas nocturnas y recuerdos mediante expresiones contundentes que despu\u00e9s se revelaron como presagios: \u201cno me gusta regresar a la Ciudad de M\u00e9xico\u2026 preferir\u00eda olvidarla\u201d; \u201clo que me encanta de Morelia es que s\u00f3lo me tritura por dentro\u201d; \u201cmantener el\u00a0<i>tempo\u00a0<\/i>y no llenarlo todo de detallitos que despistan\u201d. Desde entonces no conf\u00edo en los bateristas \u201cespectaculares\u201d o hiperactivos. Su frenes\u00ed me distrae, la mano en lo alto con la baqueta girando entre los dedos tampoco me impresiona. Prefiero a los bateristas esfinges, como Charlie Watts y Miguel Enr\u00edquez. Rocas que cuando tocan parece que mantienen el<i>\u00a0tempo\u00a0<\/i>en una tumba mental de pensamientos lejanos y con la mirada distra\u00edda que raramente pasa por la tarola.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">A pesar de las plegarias sin adornos con platillos finos de poco peso y aleaciones de cobre, a pesar de los tiempos sincopados que por un momento parec\u00edan eternos, muere tambi\u00e9n Lucifer\u2026 Orfeo en los tambores que acompa\u00f1an a ese sintetizador cargado de figuras catedralicias\u2026 muere Tino Contreras y junto a \u00e9l, en este r\u00edo mortal de perfumes sonoros, se va tambi\u00e9n a Juan Carlos Novelo. Con este \u00faltimo muere tambi\u00e9n una evocaci\u00f3n m\u00eda de infante. Novelo viv\u00eda en la casa de al lado, en la calle de Melchor Ocampo en el Barrio de Santa Catarina\u2026 y por las tardes que se volv\u00edan noches tocaba a oscuras durante largas horas llenas tambi\u00e9n de un olor concentrado a casa vieja con humedad y de techos alt\u00edsimos. A veces nos dejaba pasar al ensayo. Tirados en el piso para que, sin hacer ruido, escuch\u00e1ramos ese arrullo de tambores y platillos que se desdoblaban por el universo que surg\u00eda de la sombra de Novelo moviendo los brazos. Infantes sin destino, desordenados palillos chinos regados en el suelo, listos para crecer en este mundo sin entra\u00f1as\u2026 Quiz\u00e1s era 1982, Novelo organizaba en su casa fiestas en las que tocaban Botellita de Jerez, Kerigma y Cecilia Toussaint, entre otros, para obtener fondos y abrir la Rockola. Yo los escuchaba desde mi cuarto que estaba en lo alto, abr\u00eda la ventana y dejaba que esa m\u00fasica destruyera en m\u00ed lo que quedaba del aroma conventual del catecismo y el sonido de las campanadas de la iglesia llamando a la \u00faltima misa del d\u00eda.<\/p>\n<h2 class=\"mceContentBody documentContent\">Una esfinge habla de otra<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">He conocido otros bateristas que no han muerto y con los que he conversado. Me llama la atenci\u00f3n la manera en que se decantan las historias alrededor de las percusiones. Quiz\u00e1s por el a\u00f1o de 1988, Francisco Lirola, baterista que tuvo un grupo que se hac\u00eda llamar\u00a0<i>Viapax<\/i>, nos ense\u00f1aba los discos casi prohibidos del reggae afrocaribe\u00f1o y afroamericano y ya hac\u00eda conjeturas sobre el futuro a partir de la manera en que The Clash y The Police articulaban el punk y el reggae en ese tiempo. Hace unos d\u00edas, otro baterista hijo secular del punk, Carlos Guevara\u00a0<i>el Goldo<\/i>, me recomend\u00f3 un disco que ha salido recientemente y que tiene algo de ins\u00f3lito, algo de enigm\u00e1tico, algo de hermosamente falaz en el mundo de los\u00a0<i>covers<\/i>\u00a0y de las repeticiones a destiempo, que parece una broma y una ilusi\u00f3n anacr\u00f3nica para nuestra generaci\u00f3n:\u00a0<i>Rocket to Kingston<\/i>, de alguien que firma ir\u00f3nicamente como Bobby Ramone; una herej\u00eda muy tard\u00eda en la que Bob Marley es interpretado a la velocidad de las canciones de The Ramones. El sue\u00f1o de Lirola hecho obtusamente realidad m\u00e1s de treinta a\u00f1os despu\u00e9s. Patricio Iglesias, el gran baterista de Santa Sabina, nos dijo \u2013una ma\u00f1ana cristalina despu\u00e9s de una noche de bruma existencial en\u00a0<i>El Diablo de Coyoac\u00e1n<\/i>\u2013 que parad\u00f3jicamente una corriente subterr\u00e1nea de modos de tocar la bater\u00eda hab\u00eda decantado en esa pieza e problem\u00e1tica del pop de los a\u00f1os ochenta: \u201cDon\u2018t you (Forget about me)\u201d, de Simple Minds, compuesta por Keith Forsey y Steve Schiff; un tema impuesto al grupo escoc\u00e9s y que al inicio no tomaron muy en serio, era una pieza hecha\u00a0<i>ex profeso<\/i>\u00a0para la pel\u00edcula\u00a0<i>The Breakfast Club<\/i>\u00a0(de esas historias juveniles estadunidenses que colmaron de sue\u00f1os irreales a nuestra generaci\u00f3n), con la bater\u00eda de Mel Gaynor.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Para m\u00ed los Rolling Stones murieron hace tiempo, al pie de las \u00faltimas conversaciones con Miguel Enr\u00edquez. Los \u00faltimos \u00e1lbumes conversados fueron seguramente\u00a0<i>Tatoo You<\/i>,\u00a0<i>Steel Wheels\u2026 Voodoo Lounge<\/i>, quiz\u00e1s tambi\u00e9n\u00a0<i>Brigdes to Babylon<\/i>. Parte de sus funerales fueron para m\u00ed la primera y \u00fanica vez que los escuch\u00e9 en vivo, en 1995. Eran otra banda muy distinta a la que nos hab\u00eda ense\u00f1ado ese acto dionisiaco del color negro. Por cierto, no tocaron \u201cPaint it black\u201d. Alguna vez le pregunt\u00e9 a Miguel Enr\u00edquez por qu\u00e9 no tocaba con su grupo en Morelia\u00a0<i>covers<\/i>\u00a0de los Rolling Stones si era su banda favorita: me dijo que eran imposibles, que eran un grupo que no pod\u00eda replicarse, mucho menos con ese baterista devoto del\u00a0<i>tempo<\/i>. Ha sido la \u00fanica vez que he escuchado hablar a una esfinge de otra esfinge.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Memoria de mis bateristas muertos Gustavo Ogarrio La Jornada Semanal La reciente desparaci\u00f3n del baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts (1941-2021) desata aqu\u00ed la memoria y organiza el pensamiento cr\u00edtico sobre una \u00e9poca de formaci\u00f3n entre dos siglos, el XX y el XXI. 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