{"id":24414,"date":"2021-10-15T18:03:25","date_gmt":"2021-10-16T00:03:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24414"},"modified":"2021-10-15T18:03:25","modified_gmt":"2021-10-16T00:03:25","slug":"semblanza-de-mi-mismo-alfredo-lopez-austin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24414","title":{"rendered":"\u00abSemblanza de m\u00ed mismo\u00bb   Alfredo L\u00f3pez Austin"},"content":{"rendered":"<p>Semblanza de m\u00ed mismo<\/p>\n<p>Alfredo L\u00f3pez Austin<\/p>\n<p>ALFREDO L\u00d3PEZ AUSTIN<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\nprimaria los us\u00e1ramos en sustituci\u00f3n de los molestos plumilla y tintero. Martha y<br \/>\nyo a\u00fan recordamos el feliz arribo de las caravanas de Paco Miller y de los circos que<br \/>\nen m\u00e1s de una ocasi\u00f3n nos presentaron como espect\u00e1culo culminante la lucha mortal entre un le\u00f3n y un toro. De ni\u00f1o vi torear a Manolete y a los m\u00e1s famosos diestros mexicanos de la \u00e9poca. En el centro de la ciudad, parvadas de muchachos<br \/>\npas\u00e1bamos respetuosos sin interrumpir la marcha lenta, digna y solemne del \u00eddolo<br \/>\ndel ring, don Carlos Gorila Ramos.<br \/>\nEn los cuarenta, de la Segunda Guerra Mundial no s\u00f3lo nos llegaban en los noticieros cinematogr\u00e1ficos las m\u00e1s terribles nuevas \u2014entre ellas las im\u00e1genes de las<br \/>\nexplosiones en Hiroshima y Nagasaki\u2014, sino algunos efectos directos, como el<br \/>\nracionamiento y sus cupones, y en el vecindario la inexplicable desaparici\u00f3n del<br \/>\ningeniero alem\u00e1n de la casa de al lado. En las noches viv\u00edamos en silencio nuestros<br \/>\ntemores cuando contempl\u00e1bamos la danza caprichosa y muda de los potentes haces<br \/>\nde luz que se entrecruzaban en el cielo para anticipar un eventual ataque a\u00e9reo de<br \/>\nlas Potencias del Eje.<br \/>\nHoy, cuando el di\u00e1logo del desayuno se vuelve nost\u00e1lgico, Martha y yo recordamos<br \/>\ntambi\u00e9n aquel a\u00f1o 1947, en particular un d\u00eda tranquilo y caluroso de finales de mayo.<br \/>\nUn error de los americanos al estar experimentando con sus armas destructivas dej\u00f3<br \/>\nescapar un misil bal\u00edstico V2 (en su versi\u00f3n B1-Hermes). La enorme bomba nos cay\u00f3<br \/>\nen el desierto, en un lugar pr\u00f3ximo a la ciudad, y el impacto, adem\u00e1s de su estruendo,<br \/>\ncimbr\u00f3 la tierra, rompi\u00f3 vidrios y derrumb\u00f3 algunos viejos muros. El p\u00e1nico desat\u00f3<br \/>\nnuestras m\u00e1s descabelladas suposiciones \u2014no falt\u00f3 el Diablo\u2014 y nos lanzamos a la<br \/>\ncalle para descubrir la naturaleza, el lugar y los da\u00f1os mayores causados por el desastre.<br \/>\nEn la precipitaci\u00f3n form\u00e1bamos grupos que se topaban en las calles para deshacer el<br \/>\nmisterio. Fue la prensa, al d\u00eda siguiente, la que nos dijo lo que hab\u00eda ocurrido.<br \/>\nA su tiempo lleg\u00f3 tambi\u00e9n la televisi\u00f3n: primero los programas americanos; despu\u00e9s, a mediados de los cincuenta, los de un canal local que en un principio bautizamos con el nombre de Canal de la Mancha. En la escuela secundaria asist\u00ed tal vez por<br \/>\nprimera vez en mi vida a una conferencia cient\u00edfica que se arraig\u00f3 en mi memoria. Un<br \/>\nhombre rubio, de aspecto bonach\u00f3n, hizo un alto en la frontera \u2014no s\u00e9 para qu\u00e9\u2014, y<br \/>\nnos convoc\u00f3 a los alumnos en el sal\u00f3n de actos para explicarnos algo de lo que no sab\u00edamos nada: qu\u00e9 es un \u00e1tomo. Se me grab\u00f3 el nombre del sabio; pero hasta muchos<br \/>\na\u00f1os despu\u00e9s me enterar\u00eda de qui\u00e9n era Carlos Graef Fern\u00e1ndez. En otra ocasi\u00f3n asistimos a un concierto: un violinista hab\u00eda cruzado la frontera \u2014no s\u00e9 por qu\u00e9\u2014, y al<br \/>\no\u00edr la maravillosa m\u00fasica aprendimos el dif\u00edcil nombre del virtuoso: Yehudi Menuhin.<br \/>\nPero hay que ser m\u00e1s precisos. A m\u00ed me form\u00f3 una escuela. Era una escuela enorme, abierta, de brazos extendidos, luminosa, y as\u00ed era tambi\u00e9n su edificio, cuyo frente<br \/>\nocupaba toda una cuadra hacia la avenida vertebral de mi ciudad, y su parte trasera<br \/>\nera un extenso campo deportivo, colindante con el parque municipal m\u00e1s importante.<br \/>\nOficialmente eran dos escuelas: la secundaria y la preparatoria federales; pero al existir<br \/>\nuna sola direcci\u00f3n, casi la misma planta de maestros y el mismo alumnado con estancia de cinco a\u00f1os, las \u00fanicas diferencias que percib\u00edamos eran las dos respectivas fiestas<br \/>\nde graduaci\u00f3n y la jerarqu\u00eda de los estudiantes, orden de preeminencia que en casos<br \/>\nparticulares algunos de los de secundaria desdibujaban a pu\u00f1etazos.<br \/>\n13<br \/>\nSEMBLANZA DE M\u00cd MISMO<br \/>\nLa escuela era entonces la \u00fanica de su nivel en Ciudad Ju\u00e1rez. Deb\u00edamos ingresar a<br \/>\nella todos los adolescentes que dese\u00e1bamos recibir una preparaci\u00f3n mexicana. Los que<br \/>\nno, tomaban cotidianamente el tranv\u00eda urbano, cruzaban el r\u00edo y acud\u00edan a diferentes<br \/>\ninstituciones de El Paso. En resumen, el numeroso alumnado ten\u00eda como origen cada<br \/>\nrinc\u00f3n de la ciudad, cada formaci\u00f3n cultural, cada clase econ\u00f3mica, todos amalgamados en una \u00edntima vida com\u00fan que sab\u00edamos que durar\u00eda, al menos, cinco a\u00f1os.<br \/>\nLa formaci\u00f3n que recib\u00edamos era excepcional. El n\u00facleo del cuerpo docente estaba formado por un s\u00f3lido grupo de maestros normalistas, con grandes viejos a la<br \/>\ncabeza y una mayor\u00eda de j\u00f3venes que hab\u00edan sido compa\u00f1eros de estudios. Cual m\u00e1s,<br \/>\ncual menos, eran maestros sabios; pero sobre la calidad de sus conocimientos exist\u00eda<br \/>\nuna misi\u00f3n, una entrega total, un arraigado sentido de responsabilidad social cuyo<br \/>\nimpulso nac\u00eda en el modelo cardenista. La obra de este n\u00facleo fue tan importante<br \/>\nque en aquellos felices a\u00f1os y muchos de los venideros cada uno de los maestros de<br \/>\nnuestra escuela era reconocido y aceptado con respeto y admiraci\u00f3n dentro y fuera<br \/>\ndel aula. Hoy muchos de sus nombres han pasado a ser los de calles de la ciudad.<br \/>\nSin embargo, la historia no fue tan tersa. La direcci\u00f3n de la escuela ten\u00eda otra<br \/>\nforma de concebir el mundo. Un buen d\u00eda uno de los maestros, Armando B.<br \/>\nCh\u00e1vez M., fue convocado por la autoridad escolar y se le orden\u00f3 que de inmediato<br \/>\ncesara de inculcar en los alumnos ideas perniciosas y falsas, en particular la de la<br \/>\nevoluci\u00f3n de las especies y el darwinismo. Considera, lector, que estoy hablando del<br \/>\ninicio de los a\u00f1os cincuenta. Don Armando nos comunic\u00f3 indignado en la siguiente clase de biolog\u00eda que hab\u00eda sido censurado, y las consecuencias no se hicieron<br \/>\nesperar: una protesta, adicionada con la reclamaci\u00f3n de otros agravios; una fuerte<br \/>\nreacci\u00f3n por parte de las autoridades y la prensa; un conflicto prolongado y, al final,<br \/>\nla necesaria reubicaci\u00f3n de don Carlos Darwin en el programa de don Armando.<br \/>\nHoy recuerdo los nombres de aquellos maestros con gran cari\u00f1o, aunque posiblemente me falten algunos en la lista. Culpo a mi memoria y no a sus m\u00e9ritos. Pedro<br \/>\nRosales de Le\u00f3n, Esperanza Padr\u00f3n de Rosales, Jos\u00e9 Mar\u00eda S\u00e1nchez Meza, Ces\u00e1reo<br \/>\nSantos, Amador Hern\u00e1ndez, Salvador Gonz\u00e1lez, Alejandro Aguirre Laredo, Edmundo J. Di\u00e9guez, Guillermina Di\u00e9guez, Guadalupe Godoy, Pedro Z\u00fa\u00f1iga, Carmen<br \/>\nCoique, Armando B. Ch\u00e1vez M., Jos\u00e9 Corz\u00f3n, David Santos, Jos\u00e9 Murgu\u00eda\u2026<br \/>\nEllos me formaron precisamente en los a\u00f1os formadores. Mi deuda es enorme y<br \/>\nson muchos ellos, los acreedores. He ido pagando; pero s\u00e9 que ya no podr\u00e9 cubrir<br \/>\ntoda la deuda. Terminar\u00e9 como un deudor, pero no me preocupo: es de las deudas<br \/>\nlargas, \u201cdeuda de larga duraci\u00f3n\u201d. Otros que vengan pagar\u00e1n por m\u00ed. Como dijo el<br \/>\nsabio Perogrullo: \u201csiguen los siguientes\u201d.<br \/>\nMucho m\u00e1s habr\u00eda que contar; pero cada cosa merecer\u00eda un pausado comentario.<br \/>\nMi autobiograf\u00eda de Sahag\u00fan<br \/>\nHablamos de nuestras formas de trabajo con una generalidad exagerada. Cada investigaci\u00f3n es una aventura diferente, cuya conclusi\u00f3n no refleja necesariamente las<br \/>\nperipecias encontradas en el camino. Relato a continuaci\u00f3n en forma muy condensada uno de los procesos accidentados, cargado de incidentes que eran imprevisibles.<br \/>\n14<br \/>\nALFREDO L\u00d3PEZ AUSTIN<br \/>\nEl proyecto que elijo como muestra es apropiado, ya que la lectura de los documentos hist\u00f3ricos de fray Bernardino de Sahag\u00fan no s\u00f3lo ha sido el ejercicio de<br \/>\nan\u00e1lisis m\u00e1s arduo, frecuente y sostenido a lo largo de toda mi vida acad\u00e9mica, sino<br \/>\nque ha constituido la base de la mayor\u00eda de mis propuestas. Dicho proyecto fue la<br \/>\nedici\u00f3n de la Historia general de las cosas de Nueva Espa\u00f1a.<br \/>\nUna casa editora nos llam\u00f3 a Josefina Garc\u00eda Quintana y a m\u00ed para la obra. El<br \/>\nplazo era muy corto, pero aceptamos la propuesta con el deseo de poner al alcance de<br \/>\nlos lectores la parte del C\u00f3dice Florentino que est\u00e1 escrita en espa\u00f1ol. Lo hicimos tanto<br \/>\npor la familiaridad que ya ten\u00edamos con los documentos del franciscano como por la<br \/>\nconveniencia de que todos nuestros colegas y el p\u00fablico amplio pudieran acercarse a<br \/>\nun texto completo, preciso y confiable de este libro cl\u00e1sico de nuestra historia.<br \/>\nEstablecimos los acuerdos necesarios con la editorial, distribuimos convenientemente entre nosotros las tareas y nos lanzamos a la empresa. Sin embargo, el primer<br \/>\nimprevisto se hizo presente de inmediato y de manera severa. Hab\u00edamos establecido<br \/>\nel inicio del trabajo para mediados de septiembre de 1980. A escasos tres d\u00edas de<br \/>\nhaber empezado, mi socia me avis\u00f3 que su participaci\u00f3n quedaba suspendida, pues<br \/>\nhab\u00eda ca\u00eddo seriamente enferma. El asunto era complicado, dada la fecha de entrega<br \/>\ndel material a la casa editora. Recurr\u00ed de inmediato a la solidaridad familiar, pidiendo a mi esposa que se convirtiera en colaboradora del proyecto. Trabajamos juntos<br \/>\nen forma agotadora, con mucha frecuencia auxiliados por nuestros dos hijos, que<br \/>\npor entonces eran unos j\u00f3venes de 17 y 16 a\u00f1os. En el tiempo que nos hab\u00edamos<br \/>\nfijado, dejamos concluida la paleograf\u00eda, la revisi\u00f3n y la transcripci\u00f3n de los textos.<br \/>\nEn el trayecto, Josefina hab\u00eda empeorado, y para finales de octubre tuvo que someterse a una intervenci\u00f3n quir\u00fargica. Felizmente venci\u00f3 la adversidad y, ya restablecida de la operaci\u00f3n, se incorpor\u00f3 al trabajo, tal vez tarde, pero en forma diligente<br \/>\ny efectiva, lo que permiti\u00f3 que se cumplieran a tiempo las restantes tareas. El primero de diciembre, como se hab\u00eda fijado en el contrato, la editorial cont\u00f3 con la<br \/>\ntranscripci\u00f3n del texto paleografiado, con el glosario y con la introducci\u00f3n. Para<br \/>\nenero Martha, nuestros dos hijos y yo est\u00e1bamos en Sevilla, en a\u00f1o sab\u00e1tico.<br \/>\nPas\u00f3 el sab\u00e1tico y el libro no se imprim\u00eda. Por fin, en 1982 los editores nos notificaron que hab\u00eda aparecido. Qued\u00e9 mudo cuando tuve entre mis manos los dos<br \/>\nvol\u00famenes que los editores me entregaron. Verbalmente Josefina y yo hab\u00edamos<br \/>\npactado con ellos que la edici\u00f3n ser\u00eda de gran tiraje, en papel econ\u00f3mico y a un<br \/>\nprecio que pudiera ser cubierto por un gran n\u00famero de lectores. Nos hab\u00edan entregado un ejemplar de una edici\u00f3n limitada, fuera del mercado, pagada por un banco que la adquiri\u00f3 para regalar a sus clientes selectos. El lujo del libro era inaudito:<br \/>\nornamentos y letras capitulares especialmente dise\u00f1ados por un artista reconocido,<br \/>\npapel cien por ciento de trapo fabricado para esta edici\u00f3n en Boston, encuadernaci\u00f3n de seda japonesa Asachi, piel de cabra de Nigeria curtida en Inglaterra, etc. No<br \/>\nquise volver a saber nada de \u00e9l.<br \/>\nA\u00f1os despu\u00e9s Josefina me pidi\u00f3 que intent\u00e1ramos de nuevo una edici\u00f3n que<br \/>\nestuviese a la disposici\u00f3n del gran p\u00fablico. Acced\u00ed, pero dado el ambiente de las<br \/>\ncelebraciones que se viv\u00eda en esos momentos, ambos manifestamos claramente a la<br \/>\neditorial que, debido a nuestras convicciones ideol\u00f3gicas, nos neg\u00e1bamos a que la<br \/>\n15<br \/>\nSEMBLANZA DE M\u00cd MISMO<br \/>\nedici\u00f3n tuviera enlace alguno con la fiesta o celebraci\u00f3n o conmemoraci\u00f3n o como<br \/>\nquiera llam\u00e1rsele del quinto centenario del \u201cdescubrimiento\u201d de Am\u00e9rica. En<br \/>\n1988, al recibir un ejemplar del libro, lo primero que vi en la portada, fue el enorme logo con la corona imperial sobre los \u201cdos mundos\u201d.<br \/>\nAhora s\u00ed, todas mis ilusiones editoriales de la obra hist\u00f3rica que yo m\u00e1s apreciaba se derrumbaron por completo. Cuando Josefina me propuso que sigui\u00e9ramos<br \/>\nintentando alcanzar nuestra meta, le dej\u00e9 a ella decisi\u00f3n y tarea, la que culmin\u00f3 por<br \/>\nsus esfuerzos el siguiente a\u00f1o, gracias a la intervenci\u00f3n de Conaculta.<br \/>\nSin embargo, mi socia no qued\u00f3 satisfecha con esto. Me dijo que, ya sin las limitaciones editoriales de origen, habr\u00eda que intentar con Conaculta una siguiente<br \/>\nedici\u00f3n ampliada con la adici\u00f3n de nombres de cap\u00edtulos que no exist\u00edan en el manuscrito original, pero que eran necesarios para los estudiosos, y con un \u00edndice<br \/>\nanal\u00edtico que facilitara la consulta de la obra. Pese a la buena edici\u00f3n de 1989, los<br \/>\ndos golpes anteriores me impidieron intervenir. Dese\u00e9 a mi antigua socia la mejor<br \/>\nde las suertes y s\u00f3lo le ped\u00ed que mi nombre no apareciera en la edici\u00f3n de su nuevo<br \/>\nproyecto. En 2000 sali\u00f3 a la venta, publicada por Conaculta, en tres vol\u00famenes, una<br \/>\nedici\u00f3n verdaderamente \u00fatil y asequible de la Historia general de las cosas de Nueva<br \/>\nEspa\u00f1a. El \u00fanico pero era que inclu\u00eda mi nombre. Yo no hab\u00eda movido un dedo en<br \/>\nel esfuerzo tremendo que exigi\u00f3 esta excelente publicaci\u00f3n. Pregunt\u00e9 a Josefina por<br \/>\nqu\u00e9 me daba cr\u00e9dito por un trabajo en el que yo no hab\u00eda participado. Me record\u00f3,<br \/>\ngenerosa, que en el remoto arranque del proyecto Martha y yo, sin su participaci\u00f3n,<br \/>\nhab\u00edamos paleografiado, corregido y transcrito el texto de Sahag\u00fan y hecho casi todo<br \/>\nel glosario. M\u00e1s a\u00fan, me dijo que no quer\u00eda disponer de los ejemplares que recibir\u00eda<br \/>\nde Conaculta, y por su decisi\u00f3n todos los paquetes se destinaron al reparto gratuito,<br \/>\na su nombre, entre mis propios alumnos de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras. Confieso, pues, lector, que el cr\u00e9dito de esa edici\u00f3n no debi\u00f3 aparecer en el libro y que<br \/>\nla ficha est\u00e1 sobrando en mi curr\u00edculo, pues es un m\u00e9rito que no me corresponde.<br \/>\nElogio a mi vanidad<br \/>\nNo niego que soy un hombre vanidoso. Quienes me conocen m\u00e1s a fondo me criticar\u00e1n esta aclaraci\u00f3n por innecesaria, pero hay muchos que tienen de m\u00ed un concepto m\u00e1s vago, err\u00f3neo y positivo. Todo es \u00fatil en esta vida, hasta la vanidad. Hoy<br \/>\nla aprovecho para juzgar mi obra, no en n\u00famero de p\u00e1ginas escritas, sino con base<br \/>\nen algunas de las propuestas centrales que he hecho a lo largo de los a\u00f1os. Tampoco valoro la certeza o la importancia de estas apreciaciones, pues no ser\u00eda objetivo.<br \/>\nSimplemente hago una lista.<br \/>\nEl pillalli no es un derecho de propiedad privada de la tierra, sino la cesi\u00f3n que<br \/>\nhace el gobierno estatal a un particular de los derechos tributarios agr\u00edcolas procedentes de un terreno de cultivo, en recompensa por m\u00e9ritos y servicios prestados al<br \/>\nEstado por el donatario (La constituci\u00f3n\u2026, 1961).<br \/>\nLa creencia en el dios Quetzalc\u00f3atl no deriva de la divinizaci\u00f3n de un personaje<br \/>\nhist\u00f3rico, sino, por el contrario, es una concepci\u00f3n que el fiel tiene del poder de los<br \/>\ndioses de alojar una parte de s\u00ed mismos en el cuerpo de un ser humano. Tal facultad<br \/>\n16<br \/>\nALFREDO L\u00d3PEZ AUSTIN<br \/>\nno es exclusiva del dios Quetzalc\u00f3atl. Esta ocupaci\u00f3n divina caracteriza a personajes<br \/>\nque pueden recibir el nombre de \u201chombres-dioses\u201d (Hombre-dios, 1973).<br \/>\nSeg\u00fan los antiguos nahuas, el cuerpo humano est\u00e1 compuesto por partes de<br \/>\nmateria perceptible o \u201cpesada\u201d, y partes de materia ligera, imperceptible, que podemos denominar \u201centidades an\u00edmicas\u201d. Hay una entidad an\u00edmica central, de presencia necesaria en todo ser humano vivo; otras clases de entidades an\u00edmicas pueden<br \/>\ndesprenderse temporalmente del individuo. Cada clase de estas entidades tiene<br \/>\norigen, caracter\u00edsticas, funciones fisiol\u00f3gicas y mentales, ubicaci\u00f3n, enfermedades<br \/>\ny riesgos propios, muy diferentes a los de las dem\u00e1s. Las principales entidades an\u00edmicas del ser humano son tres (Cuerpo humano e ideolog\u00eda, 1980).<br \/>\nAnte la insuficiencia de cualquier definici\u00f3n pretendidamente universal que<br \/>\npueda aplicarse al mito de tradici\u00f3n mesoamericana, se desarrolla, con base en el<br \/>\nestudio concreto de esta tradici\u00f3n, un concepto que le es apropiado, y a partir de \u00e9l<br \/>\nse formula una definici\u00f3n (Los mitos del tlacuache, 1990).<br \/>\nEn el trayecto de la conceptualizaci\u00f3n del mito mesoamericano, se considera<br \/>\nque es necesario distinguir entre un complejo de creencias m\u00edticas y otro de narrativa m\u00edtica. Ambos se encuentran ligados indisolublemente y se alimentan rec\u00edprocamente, pero se puede ver en cada uno de ellos una normatividad propia. Ambos<br \/>\ncomplejos se vinculan a un tiempo-espacio divino en el que se formaron las criaturas que ir\u00edan a existir en el mundo (Los mitos del tlacuache, 1990).<br \/>\nEn la cosmovisi\u00f3n mesoamericana, a partir de la diferenciaci\u00f3n entre el tiempoespacio divino y el tiempo-espacio mundano puede explicarse que los dioses se hayan transformado en las aventuras m\u00edticas para adquirir las caracter\u00edsticas esenciales<br \/>\nque tendr\u00edan las diversas clases de criaturas en el momento de creaci\u00f3n del mundo.<br \/>\nCada uno de los dioses dio lugar a una clase de criaturas, adquiriendo sobre su naturaleza indestructible una cobertura vulnerable al tiempo y mortal. La transformaci\u00f3n de cada dios en creador-criatura se logr\u00f3 por medio de su sacrificio. Todas las<br \/>\ncriaturas poseen una interioridad divina, que va a morar en el tiempo-espacio divino<br \/>\ndespu\u00e9s de su destrucci\u00f3n o muerte en el mundo (Los mitos del tlacuache, 1990).<br \/>\nLa existencia de la continuidad hist\u00f3rica y de la d\u00edada unidad\/diversidad en la<br \/>\ntradici\u00f3n mesoamericana pudo mostrarse con la comparaci\u00f3n paradigm\u00e1tica de un<br \/>\nmismo complejo cultural en las concepciones del Poscl\u00e1sico y en las actuales de tres<br \/>\nregiones ind\u00edgenas muy separadas entre s\u00ed: Sierra Norte de Puebla, territorio tzotzil<br \/>\ny territorio huichol. El complejo utilizado como muestra fue el de los dioses del<br \/>\nagua y de la vida\/muerte (Tamoanchan y Tlalocan, 1994).<br \/>\nEn la antig\u00fcedad mesoamericana se cre\u00eda que la entidad an\u00edmica central del ser<br \/>\nhumano pasaba al tiempo-espacio de los dioses, donde sufr\u00eda un proceso de limpieza<br \/>\nen forma de pruebas y sufrimientos. El proceso borraba en la entidad toda individualidad mundana, hasta despersonalizarla por completo. Una vez despersonalizada, la entidad pod\u00eda pasar al reciclaje en otro ser humano que estaba por nacer<br \/>\n(Tamoanchan y Tlalocan, 1994).<br \/>\nEn varias regiones de Mesoam\u00e9rica se produjeron entre el Cl\u00e1sico y el Poscl\u00e1sico profundos movimientos pol\u00edtico-econ\u00f3micos que transformaron o pretendieron<br \/>\ntransformar las articulaciones entre los componentes de las distintas etnias regio-<br \/>\n17<br \/>\nSEMBLANZA DE M\u00cd MISMO<br \/>\nnales. Se pretend\u00eda justificar la idea pol\u00edtica central con una interpretaci\u00f3n de un<br \/>\nmito en el que el personaje divino principal era Serpiente Emplumada. A falta de<br \/>\nun nombre de esta idea pol\u00edtica, los autores le atribuimos el de zuyuanismo (con<br \/>\nLeonardo L\u00f3pez Luj\u00e1n, Mito y realidad de Zuyu\u00e1, 1999).<br \/>\nLa aplicaci\u00f3n de la tesis braudeliana de los ritmos de la historia permite formular la distinci\u00f3n entre los diferentes ritmos de transformaci\u00f3n en la continuidad<br \/>\nhist\u00f3rica de la tradici\u00f3n mesoamericana y explicar en ella la d\u00edada unidad\/diversidad. Esta d\u00edada se origina en el juego entre los procesos lent\u00edsimos de la transformaci\u00f3n y otros menos lentos, hasta llegar a los elementos muy l\u00e1biles al paso del<br \/>\ntiempo. El conjunto de los elementos de la cosmovisi\u00f3n caracterizados por su transformaci\u00f3n m\u00e1s lenta se ha denominado n\u00facleo duro (\u201cEl n\u00facleo duro\u2026\u201d, 2001).<br \/>\nSe formula el concepto de paradigma como recurso heur\u00edstico para mostrar un<br \/>\nconcepto central en la cosmovisi\u00f3n mesoamericana y su continuidad hist\u00f3rica (Con<br \/>\nLeonardo L\u00f3pez Luj\u00e1n, Monte Sagrado-Templo Mayor, 2009).<br \/>\nEl eje c\u00f3smico, principalmente en su figura de monte, se proyecta tanto en promontorios geol\u00f3gicos como, artificialmente, en construcciones templarias. Su car\u00e1cter fundamental en la lucha de los opuestos complementarios y en los procesos<br \/>\nc\u00edclicos da origen al sentido de gran parte de la ritualidad (Con Leonardo L\u00f3pez<br \/>\nLuj\u00e1n, Monte Sagrado-Templo Mayor, 2009).<br \/>\nEn la cosmovisi\u00f3n mesoamericana, el tiempo-espacio anecum\u00e9nico o divino y el<br \/>\ntiempo-espacio ecum\u00e9nico o mundano no son simplemente dos contig\u00fcidades de<br \/>\nun proceso causal, sino entidades esencialmente diferentes. M\u00e1s a\u00fan, en el tiempoespacio anecum\u00e9nico deben distinguirse dos dimensiones muy diferentes: la del<br \/>\nocio divino y la m\u00edtica. Esta \u00faltima dimensi\u00f3n tiene que dividirse, a su vez, en una<br \/>\nzona procesual preparatoria y en una zona liminal (\u201cEcumene Time, Anecumene<br \/>\nTime: Proposal of a Paradigm\u201d, propuesta oral de 2012, cuya versi\u00f3n definitiva se<br \/>\nencuentra en prensa en Dumbarton Oaks, Washington, D.C., para un libro colectivo que tendr\u00e1 como tema \u201cThe Measure and Meaning of Time in the Americas\u201d).<br \/>\nAnte la insuficiencia de cualquier definici\u00f3n pretendidamente universal que<br \/>\npueda aplicarse al sistema de pensamiento hol\u00edstico de la tradici\u00f3n mesoamericana,<br \/>\na lo largo de d\u00e9cadas de trabajo se ha venido modificando un concepto de cosmovisi\u00f3n apropiado a ella, y se han formulado las correspondientes definiciones del t\u00e9rmino. Las modificaciones se han debido a la constante confrontaci\u00f3n del concepto<br \/>\nte\u00f3rico con las particularidades de la tradici\u00f3n estudiada (la \u00faltima definici\u00f3n se ha<br \/>\nenviado para publicaci\u00f3n en este a\u00f1o 2013 con el t\u00edtulo tentativo de \u201cCosmovisi\u00f3n<br \/>\ny pensamiento ind\u00edgena\u201d).<br \/>\nResumen<br \/>\nHago el balance frente a mi \u00e1rbol: muchos n\u00fameros rojos; muchos negros; los negros superan a los rojos. \u00a1Estoy contento! Es que el \u00e1rbol se dio en buen terreno: un<br \/>\nbosque tupido, de ox\u00edgeno denso. Lo cuid\u00e9 mejor que peor, y mucho mejor que<br \/>\npeor lo rodearon los \u00e1rboles vecinos. Me fue bien, y el deseo que me que<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Semblanza de m\u00ed mismo Alfredo L\u00f3pez Austin ALFREDO L\u00d3PEZ AUSTIN primaria los us\u00e1ramos en sustituci\u00f3n de los molestos plumilla y tintero. 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