{"id":24744,"date":"2021-11-03T09:50:03","date_gmt":"2021-11-03T15:50:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24744"},"modified":"2021-11-03T09:50:03","modified_gmt":"2021-11-03T15:50:03","slug":"ocho-relatos-nuevo-libro-en-espanol-de-h-murakami-primera-persona-del-singular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24744","title":{"rendered":"Ocho relatos, nuevo libro en espa\u00f1ol de H. Murakami: \u00abPrimera persona del singular\u00bb"},"content":{"rendered":"<div class=\"cabeza\"><em>Primera persona del singula<\/em>r<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text tbl-forkorts-article\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\">Haruki Murakami, autor japon\u00e9s, uno de los m\u00e1s aclamados del mundo.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<div class=\"hemero\">La Jornada<\/div>\n<div><\/div>\n<p class=\"sumario\">Ocho relatos traspasados por la densa neblina de la memoria componen el nuevo libro en espa\u00f1ol de Haruki Murakami. En 288 p\u00e1ginas, asistimos a los recuerdos de infancia, adolescencia y juventud del narrador, quien mezcla autobiograf\u00eda con ficci\u00f3n y sus temas favoritos, incluida la m\u00fasica. Con autorizaci\u00f3n de Editorial Planeta, publicamos un fragmento<\/p>\n<p class=\"sumario\">\u00c1spera piedra, fr\u00eda almohada<\/p>\n<p class=\"s-s\">Pese a ser la protagonista de la historia que me dispongo a narrar a continuaci\u00f3n, no hay mucho que pueda contarles de aquella mujer de quien incluso he olvidado su rostro y su nombre, y de la que, no obstante, conf\u00edo en que haya hecho lo propio conmigo.<\/p>\n<p>Cuando la conoc\u00ed, yo todav\u00eda me encontraba cursando segundo en la universidad y no hab\u00eda cumplido a\u00fan 20 a\u00f1os, mientras ella deb\u00eda de tener veintitantos. El azar nos llev\u00f3 a coincidir mientras trabaj\u00e1bamos en el mismo turno de uno de esos empleos a tiempo parcial, y a que nos conoci\u00e9ramos all\u00ed, y las insondables chanzas del destino quisieron que pas\u00e1ramos una noche juntos y que no volvi\u00e9ramos a vernos.<\/p>\n<p>A mis 19 a\u00f1os, no sab\u00eda nada de los asuntos del coraz\u00f3n, ni del m\u00edo ni, por supuesto, del de los dem\u00e1s, y aunque de vez en cuando me ve\u00eda sorprendido y zarandeado por los bandazos de la tristeza y la alegr\u00eda, todav\u00eda era incapaz de entender que, entre ambos extremos, pod\u00eda desplegarse todo un abanico de estados intermedios, lo cual me desconcertaba a menudo y me desanimaba bastante.<\/p>\n<p>Pero hablar\u00e9 de ella.<\/p>\n<p>Los \u00fanicos detalles biogr\u00e1ficos que conozco son que escrib\u00eda tankas, es decir, poemas de m\u00e9trica cl\u00e1sica japonesa, y que hab\u00eda publicado un poemario. Nada m\u00e1s. Y lo de\u00a0<em>publicado<\/em>\u00a0es un decir, porque lo cierto es que todo, desde la encuadernaci\u00f3n realizada con hilo burdo de cometa hasta la impresi\u00f3n de sus p\u00e1ginas y su precaria cubierta, parec\u00eda haber corrido por cuenta propia. Lo llamativo del asunto es que un buen n\u00famero de aquellas tankas se me quedaron profundamente grabadas en la mente, e incluso dir\u00eda que en el coraz\u00f3n, y nunca he llegado a olvidarlas pese al paso de los a\u00f1os; tankas de amor y de muerte en las que se rechazaba la separaci\u00f3n nominal de ambos conceptos.<\/p>\n<p>Un largo trecho \/ se interpone entre ambos, \/ mar [infinito. \u00bfFue acaso sensato \/ volar hasta J\u00fapiter?<\/p>\n<p>\u00c1spera piedra, \/ en ti mi sien apoyo, \/ fr\u00eda almohada, y el flujo palpitante \/ de mi sangre escucho.<\/p>\n<p>Yac\u00edamos ambos desnudos en la cama cuando ella me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe molestar\u00eda que dijera el nombre de otro chico en el momento de correrme?<\/p>\n<p>\u2013No \u2013repliqu\u00e9. Mi sencilla respuesta no ven\u00eda avalada por ninguna experiencia anterior en semejante tipo de excentricidades, pero, mientras no se tratara m\u00e1s que de eso, pens\u00e9 que podr\u00eda tolerarlo. Al fin y al cabo, ser\u00eda tan s\u00f3lo un nombre, una palabra. Y una palabra no ten\u00eda por qu\u00e9 cambiar nada de lo que, en principio, iba a suceder entre ella y yo.<\/p>\n<p>\u2013Puede que \u2013aclar\u00f3 con cierta reticencia\u2013 no me limite s\u00f3lo a decirlo, sino que lo grite.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEst\u00e1s bromeando? \u2013exclam\u00e9 de inmediato, con disgusto. Mi apartamento se hallaba en un vetusto edificio de madera de paredes tan finas y endebles como papel de pergamino, de manera que todo lo que superara un irrisorio grado de volumen sonoro se oir\u00eda con perfecta y n\u00edtida claridad en el piso de al lado.<\/p>\n<p>\u2013Bien, pues morder\u00e9 una toalla cuando llegue el fat\u00eddico momento, \u00bfqu\u00e9 te parece? \u2013propuso resuelta.<\/p>\n<p>Seleccion\u00e9 la toalla m\u00e1s presentable y en mejor estado del cuarto de ba\u00f1o y la dej\u00e9 junto a la almohada.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfServir\u00e1? \u2013pregunt\u00e9. Ella tom\u00f3 la toalla y la mordi\u00f3 varias veces con concienzuda fruici\u00f3n, cual yegua que cierra sus quijadas sobre el bocado. Asinti\u00f3 con la cabeza en claro gesto de aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un fortuito encadenamiento de hechos nos hab\u00eda llevado a aquella pintoresca situaci\u00f3n, en la que ambos desnudos en la cama comprob\u00e1bamos la validez de determinada toalla cuya funci\u00f3n era ahogar un grito org\u00e1smico. Por mi parte, no hab\u00eda nada premeditado, como tampoco creo que lo hubiera por parte de ella. Llev\u00e1bamos medio mes trabajando juntos aquel invierno en un restaurante italiano de poca monta en Yotsuya, pero en puestos algo separados \u2013yo fregando platos o como ayudante de cocina, seg\u00fan fuera menester, y ella como camarera\u2013 y apenas hab\u00edamos tenido la oportunidad de charlar con cierto sosiego. Ella era la \u00fanica all\u00ed que no compaginaba el empleo a tiempo parcial con los estudios universitarios, y tal vez por esa raz\u00f3n era, entre todos los empleados, quien se tomaba las cosas con m\u00e1s tranquilidad e indolencia.<\/p>\n<p>Hab\u00eda decidido dejar el trabajo a mediados de diciembre y, cierto d\u00eda pr\u00f3ximo a la fecha se\u00f1alada, nos juntamos unos cuantos j\u00f3venes empleados para ir a tomar algo a un bar cercano. Nada particularmente ceremonioso, tan s\u00f3lo una agradable reuni\u00f3n entre conocidos regada con cerveza de barril y aderezada con algo para picar, a modo de despedida. Entre los numerosos temas de conversaci\u00f3n informal que surgieron durante la hora que se alarg\u00f3 aquello, me enter\u00e9 de que, con anterioridad, hab\u00eda trabajado en una peque\u00f1a inmobiliaria y como dependienta en una librer\u00eda. Por lo visto, en ninguno de los dos empleos hab\u00eda hecho buenas migas con el jefe ni con el encargado. En el restaurante, sin embargo, no hab\u00eda tenido ning\u00fan problema de ese tipo, pero el sueldo era tan bajo que apenas le daba para vivir y, pese a sentirse relativamente c\u00f3moda all\u00ed, no le quedaba m\u00e1s remedio que buscar otro empleo.<\/p>\n<p>Alguno de mis compa\u00f1eros le pregunt\u00f3 qu\u00e9 nuevo trabajo aspiraba a encontrar.<\/p>\n<p>\u2013El tipo de empleo es lo de menos \u2013replic\u00f3 ella mientras se frotaba con la yema de los dedos las aletas de la nariz. Ten\u00eda a un lado de la nariz, como si fuera una peque\u00f1a constelaci\u00f3n, dos lunares coquetos. \u2013No espero nada de ninguno.<\/p>\n<p>Yo viv\u00eda por aquel entonces en el barrio de Asagaya y ella en la ciudad perif\u00e9rica de Koganei, de modo que el trayecto m\u00e1s l\u00f3gico para ambos consist\u00eda en coger el metro en la estaci\u00f3n de Yotsuya y tomar la l\u00ednea Chuo. Eran m\u00e1s de las 11 de una desapacible noche, fr\u00eda y ventosa, cuando por fin nos subimos al metro y no sentamos juntos. El invierno se hab\u00eda recrudecido rauda y sigilosamente, pillando a todo el mundo desprevenido, sin guantes ni bufanda, o complementos similares, que de pronto resultaban imprescindibles. Cerca de Asagawa me puse en pie. Ella alz\u00f3 la cabeza y, mir\u00e1ndome, dijo con un hilo de voz:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe importar\u00eda que me quedase esta noche en tu casa?<\/p>\n<p>\u2013Supongo que no. Pero \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2013Koganei queda todav\u00eda bastante lejos \u2013se excus\u00f3 ella.<\/p>\n<p>\u2013Hay muy poco espacio y no veas el desorden que reina por todos lados \u2013avis\u00e9.<\/p>\n<p>\u2013No importa \u2013asegur\u00f3, y se agarr\u00f3 a mi brazo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue como acab\u00f3 en mi peque\u00f1o y destartalado apartamento. Una vez all\u00ed, le ofrec\u00ed una lata de cerveza y cog\u00ed otra para m\u00ed. Bebimos despacio, deleit\u00e1ndonos en el lento discurrir del tiempo. Tras apurar su lata, ella se incorpor\u00f3 y, como un fogonazo ante mi incr\u00e9dula mirada, se desvisti\u00f3 con absoluta naturalidad y se meti\u00f3 en la cama. Ni corto ni perezoso, decid\u00ed desnudarme yo tambi\u00e9n y, tras apagar la luz, me met\u00ed en la cama, entre cuyas s\u00e1banas nos abrazamos torpemente tratando de entrar en calor. La noche era g\u00e9lida pese a los esfuerzos de la estufa de gas, cuya peque\u00f1a llama apenas iluminaba la habitaci\u00f3n. Permanecimos un buen rato en silencio. Aquel repentino e inesperado desarrollo de los acon- tecimientos no nos lo puso f\u00e1cil para encontrar un tema de conversaci\u00f3n que no sonara forzado o postizo. Fuimos entrando en calor y nuestros cuerpos perdieron la rigidez inicial y se fueron relajando, abriendo la v\u00eda a un nuevo flujo de sensaciones en la piel. Jam\u00e1s hab\u00eda imaginado un grado tan intenso de intimidad como el que estaba experimentando. Fue entonces cuando me hizo la pregunta a que me he referido m\u00e1s arriba:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe molestar\u00eda que dijera el nombre de otro chico en el momento de correrme?<\/p>\n<p>\u2013Supongo que se trata de alguien que te gusta, \u00bfno? \u2013coment\u00e9, una vez preparada la toalla.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, claro que me gusta \u2013admiti\u00f3 con desparpajo\u2013. Much\u00edsimo. Mucho, mucho. No me lo quito de la cabeza. Pero a \u00e9l no le importo. \u00bfQu\u00e9 digo? No s\u00f3lo no le intereso, sino que est\u00e1 metido hasta la m\u00e9dula en una relaci\u00f3n seria con otra persona. Ya ves t\u00fa.<\/p>\n<p>\u2013Pero intuyo que os veis de vez en cuando&#8230;<\/p>\n<p>\u2013Me llama por tel\u00e9fono cuando le apetece acostarse conmigo \u2013replic\u00f3 ella\u2013. Como quien pide comida a domicilio, \u00bfsabes?<\/p>\n<p>Ante semejante declaraci\u00f3n no se me ocurri\u00f3 qu\u00e9 decir y guard\u00e9 silencio. Ella desliz\u00f3 entonces su dedo \u00edndice por mi espalda como si trazara las l\u00edneas de una figura geom\u00e9trica o escribiera una palabra.<\/p>\n<p>\u2013Dice que soy fea, pero que mi cuerpo es de cuadro de honor \u2013inform\u00f3.<\/p>\n<p>No estuve de acuerdo en que fuera fea. Si bien nadie afirmar\u00eda que su rostro era de una belleza can\u00f3nica, el caso es que tampoco se me antojaba especialmente feo. No consigo recordar, sin embargo, detalle alguno de sus rasgos, y me veo, por tanto, incapaz de ofrecer una descripci\u00f3n fidedigna que pudiera ayudar al lector a formarse una imagen de ella.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY acudes a sus llamadas? \u2013pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 remedio me queda? Ya te he dicho que me gusta mucho \u2013replic\u00f3 con tono de obviedad\u2013. Adem\u00e1s, de vez en cuando me gusta que el calor de un cuerpo masculino me conforte.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 pensando en sus palabras. No acertaba a entender con exactitud ese tipo de anhelo en una mujer. \u00bfC\u00f3mo era ese sentimiento en concreto al que se refer\u00eda? Creo que es algo que nunca he llegado a entender, ni siquiera hoy d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013Enamorarse de alguien es como contraer una enfermedad mental no cubierta por el seguro m\u00e9dico \u2013declar\u00f3 en un tono plano y mon\u00f3tono, como si leyera un letrero.<\/p>\n<p>\u2013Supongo que tienes raz\u00f3n \u2013convine con honesta admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013As\u00ed que, ya sabes, tienes v\u00eda libre para pensar en otra mientras lo hacemos \u2013sugiri\u00f3\u2013. No ir\u00e1s a decirme que no tienes una musa de tus pensamientos, \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2013La tengo.<\/p>\n<p>\u2013Entonces, grita su nombre en el momento del orgasmo \u2013propuso animosa\u2013. Evidentemente, no ser\u00e9 yo quien te reproche que lo hagas.<\/p>\n<p>Consider\u00e9 la posibilidad, pero no la llev\u00e9 a cabo. Hicimos el amor y eyacul\u00e9 en silencio. La relaci\u00f3n que hab\u00eda mantenido con la chica de mis pensamientos se hab\u00eda deteriorado por determinada circunstancia y no hab\u00eda vuelto a recuperarla del todo, de modo que gritar apasionadamente su nombre en el momento del cl\u00edmax se me antoj\u00f3 pueril. Por el contrario, mi compa\u00f1era de cama se lanz\u00f3 sin reparo, en ca\u00edda libre, a un fren\u00e9tico grito que apenas logr\u00e9 sofocar coloc\u00e1ndole la toalla entre los dientes justo cuando se dispon\u00eda a chillar. Por cierto, qu\u00e9 dentadura tan fuerte y compacta la suya. Ser\u00eda la admiraci\u00f3n de los dentistas.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 nombre sali\u00f3 de su garganta y qued\u00f3 amortiguado a duras penas por la toalla? Vuelvo a pregunt\u00e1rmelo ahora, y aunque no lo recuerdo con exactitud, s\u00ed s\u00e9 que era de lo m\u00e1s vulgar y corriente; s\u00e9 que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el hecho de que un nombre tan insulso pudiera albergar para ella una carga de sentido tan potente como para desear gritarlo con todas sus fuer- zas. Sin duda, en las condiciones adecuadas, un simple nombre o una palabra bastan para conmover el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, ten\u00eda una clase a primera hora de la ma\u00f1ana y deb\u00eda entregar un ensayo para la evaluaci\u00f3n del primer cuatrimestre&#8230;<\/p>\n<p><em>Fragmento del libro<\/em>\u00a0Primera persona del singular (<em>Tusquets<\/em>),<em>\u00a0\u00a9 2021, Haruki Murakami.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a9 2021 \u2022 Traducci\u00f3n: Juan Francisco Gonz\u00e1lez S\u00e1nchez<\/em><\/p>\n<p><em>\u2022 Cortes\u00eda otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta M\u00e9xico.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera persona del singular Haruki Murakami, autor japon\u00e9s, uno de los m\u00e1s aclamados del mundo. La Jornada Ocho relatos traspasados por la densa neblina de la memoria componen el nuevo libro en espa\u00f1ol de Haruki Murakami. 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