{"id":24805,"date":"2021-11-07T08:55:04","date_gmt":"2021-11-07T14:55:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24805"},"modified":"2021-11-07T08:55:04","modified_gmt":"2021-11-07T14:55:04","slug":"el-primer-mundo-segun-carson-mccullers","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=24805","title":{"rendered":"El primer mundo seg\u00fan Carson McCullers"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">El primer mundo seg\u00fan Carson McCullers<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La Jornada Semanal.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Es indudable que la literatura abre caminos y tambi\u00e9n los conecta o entrelaza. En este art\u00edculo, mediante la lectura atenta y l\u00facida, se vincula a dos grandes narradores que por lo menos tienen en com\u00fan, se sostiene aqu\u00ed, \u201cesa delicada manera de nombrar lo terrible\u201d: Carson McCullers (1917-1967) y Jos\u00e9 Revueltas (1914-1976).<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Mucho se ha insistido en la deuda que los escritores del\u00a0<i>Boom<\/i>\u00a0latinoamericano tienen con William Faulkner, un escritor al que sin duda le\u00edan y admiraban los autores de ese gran fen\u00f3meno editorial y literario. Recientemente vi en Youtube una vieja entrevista espa\u00f1ola con Juan Rulfo. Cort\u00e9s, reservado, t\u00edmido, evasivo, responde con parquedad a las interrogantes del entrevistador. Pero cuando no s\u00f3lo se le compara sino se le insin\u00faa tributo a la obra del autor estadunidense, Rulfo abandona por un instante la modestia y su apariencia triste para poner las cosas en su sitio, afirmando que Faulkner es un autor admirable, pero nada los une; es un gran lector de la literatura estadunidense, pero nada tiene de \u00e9sta porque \u00e9l, Rulfo, cre\u00f3 un mundo propio, una realidad que no corresponde a un lugar geogr\u00e1fico sino a una dimensi\u00f3n fantasmal.\u00a0<i>Pedro P\u00e1ramo\u00a0<\/i>es una obra resuelta con una estructura fantasmag\u00f3rica; no son los vivos los que hablan, sino los muertos.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">La lectura de la obra narrativa, novelas y cuentos de Carson McCullers, escritora estadunidense nacida en Columbus, Georgia, en 1917, etiquetada como una autora del sur, despert\u00f3 mi inter\u00e9s por escarbar en su biograf\u00eda y en su trabajo literario. Comenc\u00e9 por\u00a0<i>Reflejos en un ojo dorado<\/i>. Inevitablemente abri\u00f3 mi apetito literario, pero es quiz\u00e1 la novela que menos revela las obsesiones y el mundo interior de Carson. No obstante, no puede desprenderse del\u00a0<i>corpus<\/i>\u00a0que la determina como una de las grandes narradoras de Estados Unidos. Gracias a las ediciones que hizo Seix Barral en 2017 para conmemorar el centenario de su natalicio y su medio siglo luctuoso, bajo la direcci\u00f3n de Rodrigo Fres\u00e1n y de Elvira Lindo, tenemos la oportunidad de conocer a cabalidad el aliento narrativo y la biograf\u00eda de esta escritora que es, a su vez, personaje de su propia dimensi\u00f3n creadora. Y aunque a ella tambi\u00e9n se le encajon\u00f3 en el magisterio faulkneriano y el mismo Faulkner la llam\u00f3 hija en cierto encuentro, el talento y la personalidad indomable de Carson la llev\u00f3 a declarar una especie de blasfemia en una naci\u00f3n de\u00a0<i>cowboys<\/i>\u00a0y de salvadores del mundo: \u201cTengo m\u00e1s qu\u00e9 contar que Hemingway y Dios es testigo de que lo he dicho mejor que Faulkner.\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\">A mis ojos, el desaf\u00edo de colocarse por encima de esas dos colosales figuras representativas del esp\u00edritu estadunidense, del mercado e incluso de una paternidad impuesta, la colocaba en una perspectiva insumisa y distanciada del\u00a0<i>mainstream<\/i>\u00a0occidental. A los veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad public\u00f3 una de sus m\u00e1s grandes novelas, habitada ya por diversos personajes y asuntos que ir\u00e1 desenvolviendo en obras posteriores. Con el t\u00edtulo inicial de \u201cEl mudo\u201d,\u00a0<i>El coraz\u00f3n es un cazador solitario<\/i>\u00a0vio la luz en 1940. El realismo de McCullers despoja a la sociedad estadunidense de sus mitos y sus falsas apariencias, deviene en narrativa inc\u00f3moda y hasta cierto punto desagradable para el\u00a0<i>sue\u00f1o americano<\/i>. Las escenas del asalto al Capitolio, en enero de este 2021, por las hordas supremacistas bajo el amparo de Donald Trump, no dejan lugar a dudas de que el mundo literario de McCullers no es fabulaci\u00f3n sino llaga que supura.<\/p>\n<h2 align=\"LEFT\">Instrucciones para nombrar lo terrible<\/h2>\n<p align=\"LEFT\">Se ha estudiado la influencia del realismo ruso en los autores estadunidenses de la primera mitad de siglo. En su correspondencia, Carson cuenta el efecto que le produce\u00a0<i>Crimen y castigo\u00a0<\/i>y la intenci\u00f3n de su madre de alejarla de dicha lectura. Esa fue la se\u00f1al que me indujo a relacionar esa novela, sin motivos aparentes, con la est\u00e9tica de Jos\u00e9 Revueltas, esa delicada manera de nombrar lo terrible. Carson emplea un discurso po\u00e9tico para situar al lector ante un mundo de gente extra\u00f1a, de personajes que constituyen parte de lo grotesco, seg\u00fan la cr\u00edtica estadunidense de la \u00e9poca. No se instala en la miseria y en la inmundicia carcelaria, aunque haya escenas donde los negros son v\u00edctimas de la violencia y destaca la crueldad de la polic\u00eda blanca, pero s\u00ed coloca al lector ante una realidad de marginaci\u00f3n y pobreza, de injusticias y orfandades, de rebeld\u00edas e impotencias.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ambos escritores, McCullers y Revueltas, son prosistas con pulso de poetas, en los dos reside un esp\u00edritu de rebeld\u00eda sin restricciones, trasladado a personajes que suelen confrontar un mundo condicionado y sin conciencia de s\u00ed, un medio donde los m\u00e1s d\u00e9biles y los marginados son v\u00edctimas del poder, los prejuicios y el sistema social y cultural que no se reconoce a s\u00ed mismo como injusto y at\u00e1vico sino como modelo de humanidad.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ya desde\u00a0<i>Reflejos en un ojo dorado<\/i>, en donde Carson evidencia ciertas taras del sistema militar estadunidense, me produjo una extra\u00f1a asociaci\u00f3n con la novela\u00a0<i>Los motivos de Ca\u00edn<\/i>, de Revueltas, cuyo relato le es transmitido al autor por un ex<i>marine<\/i>\u00a0estadunidense de ascendencia mexicana, en un bar en la frontera, asqueado por los horrores cometidos por el ej\u00e9rcito de su pa\u00eds en la guerra de Corea. Por otro lado, el hecho de que la trama se teja en un bar, como los caf\u00e9s de McCullers, donde los personajes revuelven y funden sus motivaciones existenciales, no pod\u00eda pasar desapercibido.<i>\u00a0La balada del caf\u00e9 triste<\/i>\u00a0y\u00a0<i>El apando\u00a0<\/i>son dos joyas de la novela breve, dos relatos en los que la condici\u00f3n humana se teje y se desteje en \u00e1mbitos cerrados, en atm\u00f3sferas oscuras donde los personajes parecen obedecer a leyes infrahumanas, donde la violencia y la traici\u00f3n gobiernan la ruta de los acontecimientos. El Primo Lymon Willis, el enano jorobado, de quien se enamora la gigantona Miss Amelia, due\u00f1a del almac\u00e9n que se convierte en el caf\u00e9 triste, se fascina con Marvin Macy, exconvicto y exmarido de su protectora y lo ayuda a vencerla en una cruenta pelea y a despojarla de todo su dinero. En\u00a0<i>El apando<\/i>, El Carajo denuncia a su propia madre, quien le pasa la droga en la vagina, por insistencia de \u00e9ste para su consumo y para vender en la c\u00e1rcel. No hay, desde luego, un parentesco literario expl\u00edcito, ni siquiera una similitud en la sordidez revueltiana y los adefesios carsonianos, pero existen ciertas l\u00edneas que los hermanan, un aura existencialista, una vocaci\u00f3n libertaria que se despliega con toda responsabilidad en la escritura y en la vida, en parte marcada por cierta vulnerabilidad et\u00edlica y la defensa sin tregua de sus ideas. Sin restarles m\u00e9ritos literarios, Carson alcanza su m\u00e1xima altura en la novela, mientras que Revueltas lo logra en el cuento y ambos en la novela corta.<\/p>\n<h2 align=\"false\">La m\u00fasica, ese\u00a0<i>leitmotiv<\/i><\/h2>\n<p align=\"false\">En McCullers la m\u00fasica es una constante, mientras que en Revueltas es uno de los motivos m\u00e1s sublimantes, con toda certeza por la admiraci\u00f3n profesada a su hermano Silvestre y a su hermana Emilia, pianista retirada, y adem\u00e1s porque, al parecer, en su infancia \u00e9l mismo hab\u00eda recibido algunas lecciones de viol\u00edn. Carson, en cambio, sacrifica su carrera como pianista para asumir, como Revueltas, la literatura de una forma vital. La estadunidense convierte en\u00a0<i>leitmotiv<\/i>\u00a0la presencia del lenguaje musical y llega a poner en la cabeza de Mick, la adolescente insumisa \u2013su\u00a0<i>alter ego<\/i>, que figura de una manera o de otra en diversos relatos\u2013, melod\u00edas y sonidos que le son familiares, develados por una hipersensibilidad e inteligencia, pero adolece de herramientas para externarlos y que sean interpretados por otros. \u201cMadame Zilensky y el rey de Finlandia\u201d es un magn\u00edfico ejemplo de esta presencia en sus cuentos donde, por cierto, aparece mencionado Mahler, quien era m\u00e1s conocido como director de orquesta en Estados Unidos, a la par de Arturo Toscanini, a quien tambi\u00e9n menciona en varias ocasiones. No era extra\u00f1o, dada su amistad con m\u00fasicos de la talla de Leonard Bernstein o Aaron Copland. En Revueltas esa idea de la perfecci\u00f3n musical se expresa en un cuento de la altura de \u201cLo que s\u00f3lo uno escucha.\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\"><i>Reloj sin manecillas<\/i>, la \u00faltima novela de Carson (1961), posterior a la magn\u00edfica\u00a0<i>Frankie y la boda<\/i>\u00a0\u2013en la que una puberta encarna la propia voz de la autora y sus deseos, sus fantas\u00edas, su convicci\u00f3n de que se nace bisexual\u2013, viene a reiterar los atavismos de la sociedad estadunidense blanca y cristiana \u2013igual que la primera novela. La realidad demuestra que los blancos pobres pueden recurrir al color de su piel para apelar al olvido de Dios. Salvo algunas lecturas como la de su amigo Tennessee Williams, quien la consider\u00f3 una obra maestra, la cr\u00edtica\u00a0fue lapidaria. El supremacismo y la injusticia racial, la sexualidad, la pobreza y el crimen forman un entramado que en mucho me sugieren\u00a0<i>Blanco nocturno<\/i>, del argentino Ricardo Piglia, quien narra el asesinato de un mulato puertorrique\u00f1o en la provincia de Buenos Aires. Los inculpados son un jockey, un japon\u00e9s amante de Tony Dur\u00e1n, el forastero, y a quien los lugare\u00f1os llaman zambo, neg\u00e1ndole el estatus de mulato porque, como dice un estanciero, reconocer ese mestizaje es aceptar que un blanco o blanca se ayunt\u00f3 con alguien de la raza negra, algo que s\u00f3lo los indios pueden ser capaces. Los personajes tienen mucho de esa mirada mordaz en medio de una sociedad retr\u00f3grada y despiadada, racista; parecen coincidir con el sirviente filipino\u00a0en\u00a0<i>Re<\/i><i>flejos en un ojo dorado<\/i>\u00a0y del jockey del cuento del mismo nombre de la estadunidense. El\u00a0<i>pathos<\/i>\u00a0de\u00a0<i>B<\/i><i>lanco nocturno<\/i>\u00a0dialoga con\u00a0<i>Reloj sin manecillas<\/i>, no as\u00ed con su humor\u00a0<i>freaky<\/i>, m\u00e1s cercano a ratos a una obra como\u00a0<i>La conjura de los necios<\/i>, de su compatriota John Kennedy Toole.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Es posible que McCullers, como Revueltas, leyera a los autores rusos con devoci\u00f3n y que, en efecto, ambos fueran admiradores de Faulkner, pero lo cierto es que, como Rulfo, crearon una obra con sello distintivo, donde la poes\u00eda no s\u00f3lo no enrarece ni entorpece la visibilidad sino aproxima el fondo de la condici\u00f3n humana; su claridad narrativa no deja cabos sueltos ni laberintos sin salida y lo local lleva un aliento universal. Desde adolescente, McCullers so\u00f1\u00f3 con viajar a M\u00e9xico y a Am\u00e9rica del Sur, aprender espa\u00f1ol, recibir respuesta a sus afiebradas cartas por parte de un supuesto interlocutor brasile\u00f1o. Los sue\u00f1os se cumplen: cada d\u00eda son m\u00e1s los lectores en espa\u00f1ol que dialogamos con sus letras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer mundo seg\u00fan Carson McCullers Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva La Jornada Semanal. Es indudable que la literatura abre caminos y tambi\u00e9n los conecta o entrelaza. 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