{"id":25047,"date":"2021-11-22T12:08:34","date_gmt":"2021-11-22T18:08:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25047"},"modified":"2021-11-22T16:08:01","modified_gmt":"2021-11-22T22:08:01","slug":"empatia-de-poeta-que-escucha-a-quien-calla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25047","title":{"rendered":"Mon\u00f3logos compartidos\u00a0(Ediciones Sin Nombre, M\u00e9xico, 2021"},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Mon\u00f3logos para nosotros, los otros<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Empat\u00eda de poeta que escucha\u00a0a quien calla, da voz a las gargantas enterradas, a los huesos esparcidos, al dolor que se muere de miedo, a la ni\u00f1a asesinada y el ni\u00f1o robado, al desaparecido, a la anor\u00e9xica que se bate sin tregua con su carne y su esqueleto, a su opuesto el obeso a quien tanto del cuerpo le sobra, a quien fallece y a quien desfallece, al jornalero-ni\u00f1o explotado e invisible, al adicto capturado entre el olvido y el desprecio, al asesinado, a la mujer vejada y violada:\u00a0<q>T\u00fa mi padre, mi t\u00edo, mi primo, mi abuelo, amigo o compa\u00f1ero entra\u00f1able y alevoso. O t\u00fa, un desconocido que llega embozado por la espalda, abandonado al arrebato de sus manos y hundido en el fango est\u00e9ril de su cuerpo<\/q>.<\/div>\n<p><em>Mon\u00f3logos compartidos\u00a0<\/em>(Ediciones Sin Nombre, M\u00e9xico, 2021) se lee y escucha en voz baja y nos grita ac\u00e1 adentro. Susurros, secretos, verg\u00fcenzas, los nombres innombrables del hambre, la (dis)capacidad, la tristeza. Francisco Torres C\u00f3rdova cultiva siempre una cuidada escritura po\u00e9tica, ahora al servicio de las voces de otros y otras en este peque\u00f1o volumen de enga\u00f1osa apariencia narrativa.<\/p>\n<p>La voz sin pudor ni freno de quien habla solo, como los locos, como los l\u00facidos que esperan, Molly Bloom en un telar de p\u00e1ginas incesantes, los di\u00e1logos de mon\u00f3logos be-ckettianos. O m\u00e1s a\u00fan, los muertos parlantes que ya no esperan y nos interpelan con la verdad desnuda cuando ya no importa (a la manera de\u00a0<em>Los poemas de Sidney West,\u00a0<\/em>de Juan Gelman;\u00a0<em>Spoon River Anthology,<\/em>\u00a0de Edgar Lee Masters, o su espejo mexicano en Chetumal,\u00a0<em>Bay Anthology,<\/em>\u00a0de Luis Miguel Aguilar). Los mon\u00f3logos que comparte Torres C\u00f3rdova no le quieren dar vuelo a la hilacha, van al grano sin demasiadas palabras y nunca las adornan. \u00bfQu\u00e9 es lo coloquial en la escritura po\u00e9tica?<\/p>\n<p>Este coro de voces solas fue apareciendo en forma de columna en\u00a0<em>La Jornada Semanal,\u00a0<\/em>donde Francisco es editor y redactor hace muchos a\u00f1os. Desde el t\u00edtulo,\u00a0<em>Mon\u00f3logos compartidos,\u00a0<\/em>se antojaba un poco fuera de sitio. Tal tono reflexivo en largos p\u00e1rrafos (uno cada vez), demandaba un momento de concentraci\u00f3n adicional en la lectura habitualmente r\u00e1pida de un diario, aunque en un suplemento cultural y literario el\u00a0<q>tiempo de lectura<\/q>\u00a0sea menos demandante. Bajo el subt\u00edtulo\u00a0<em>Las plegarias,\u00a0<\/em>el volumen recoge s\u00f3lo una parte de aquellos discursos soterrados pero cargados de una urgencia mayor que la de las incesantes noticias diarias.<\/p>\n<p>Ya en un poemario anterior,\u00a0<em>Berenice\u00a0<\/em>(La Cabra Ediciones, M\u00e9xico), Torres C\u00f3rdova prest\u00f3 o\u00eddo y fue testigo de una experiencia ajena, pero en la cual participaba.\u00a0<em>Mon\u00f3logos compartidos\u00a0<\/em>recoge las palabras improbables del pepenador, el desaparecido, la ballena azul, el bosque amenazado, el enfermo terminal.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Francisco lleg\u00f3 a\u00a0<em>La Jornada\u00a0<\/em>con su mentor, Hugo Guti\u00e9rrez Vega, de quien fue secretario particular en la embajada de M\u00e9xico en Atenas. Adem\u00e1s de encargarse de la redacci\u00f3n de la\u00a0<em>Semanal,\u00a0<\/em>traduce con tenacidad a los poetas griegos modernos. Grecia y su idioma son parte de Francisco, le sirven de marco y estructura referencial para enriquecer su aproximaci\u00f3n a lo nuestro, el M\u00e9xico de mero abajo, casi en Ninguna Parte. Fieles a la atenci\u00f3n del autor, estas plegarias no le rezan a ning\u00fan dios, se dirigen a nosotros lectores, tan improbables como quienes las pronuncian.<\/p>\n<p>Al apelarnos nos impiden la indiferencia. Francisco no es reportero, pero maneja herramientas que no parecen las suyas para construir estampas precisas y estremecedoras. Un poeta tan distinto a Torres C\u00f3rdova como lo fue Jaime Reyes escribi\u00f3 poemas memorables en\u00a0<em>La oraci\u00f3n del ogro,\u00a0<\/em>con voces salidas de un reportaje de Carmen Lira en la Huasteca, y con ello su cantar adquiri\u00f3 sentido y nos dijo directamente lo que expresan las voces del sufrimiento y la melancol\u00eda rebelde.<\/p>\n<p>A contrapelo de la literatura de denuncia, expl\u00edcitos mas no obvios, los mon\u00f3logos\u00a0<q>de<\/q>\u00a0Francisco no nos dejan en paz. El anti-Brecht, si se quiere. Nos obliga a voltear hacia los invisibles y verlos, prestarles o\u00eddo. Ant\u00eddoto de la indiferencia. A pesar de la crueldad que socava a los que aqu\u00ed hablan, el autor evita la vulgaridad degradante y los regodeos en la suciedad a que se prestan estas violencias y miserias demasiado frecuentes. Transmite en cambio la dignidad de las v\u00edctimas, desafortunadas almas errantes que desfilan de tres en tres p\u00e1ginas, implacables.<\/p>\n<p>Devorado por las urgencias de artefactos y algoritmos infalibles, as\u00ed habla el futuro:\u00a0<q>Ya no soy el que sol\u00eda. No hace mucho estaba al otro lado de las horas, en una lejan\u00eda visible a ras del horizonte y sin embargo fuera del alcance, al borde de la sombra vespertina de una cordillera, un risco o promontorio, en la cadencia de mareas y estaciones o en los bosques que de noche musitan profec\u00edas, presente a punto pero no<\/q>.<\/p>\n<p>Prosa po\u00e9tica al servicio de la verdad. Sutil pero elocuente acusaci\u00f3n contra el dolor y contra el mal y los malvados,\u00a0<em>Mon\u00f3logos compartidos<\/em>\u00a0desnuda la verdad de esos otros que somos o podr\u00edamos ser todos.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"taboola-below-content-thumbnails\" class=\" trc_related_container trc_spotlight_widget tbl-feed-container tbl-feed-frame-DIVIDER render-late-effect\" data-feed-container-num=\"1\" data-feed-main-container-id=\"taboola-below-content-thumbnails\" data-parent-placement-name=\"Below Content Thumbnails\" data-pub-lang=\"es\">\n<div class=\" tbl-feed-header tbl-logo-right-position\">\n<div class=\"tbl-feed-header-logo\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mon\u00f3logos para nosotros, los otros Hermann Bellinghausen Empat\u00eda de poeta que escucha\u00a0a quien calla, da voz a las gargantas enterradas, a los huesos esparcidos, al dolor que se muere de miedo, a la ni\u00f1a asesinada y el ni\u00f1o robado, al desaparecido, a la anor\u00e9xica que se bate sin tregua con su carne y su esqueleto, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":25058,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-25047","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=25047"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25047\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":25059,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25047\/revisions\/25059"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/25058"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=25047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=25047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=25047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}