{"id":25682,"date":"2022-01-02T09:02:58","date_gmt":"2022-01-02T15:02:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25682"},"modified":"2022-01-02T09:02:58","modified_gmt":"2022-01-02T15:02:58","slug":"pita-amor-caminaba-por-amberes-diario-con-baston-y-enorme-flor-en-la-cabeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25682","title":{"rendered":"Pita Amor caminaba por Amberes diario con bast\u00f3n y enorme flor en la cabeza."},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Guadalupe Amor y sus admiradores<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Elena Poniatowska<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">En 1990 lleg\u00f3 a M\u00e9xico\u00a0Michel Schuessler, un estudiante alto, rubio, de ojos azules tras sus anteojos. Graduado de la Universidad de California en Los \u00c1ngeles (UCLA), conoci\u00f3 a Pita Amor. La hab\u00eda le\u00eddo en sus cursos de espa\u00f1ol, y en su primera visita en M\u00e9xico quiso manifestarle su admiraci\u00f3n sin sospechar jam\u00e1s que caer\u00eda en sus redes y que la poeta lo llamar\u00eda por tel\u00e9fono un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n para que la escoltara a la Zona Rosa. Michael se convirti\u00f3, sin preverlo, en su atemorizado acompa\u00f1ante a cocteles, exposiciones en galer\u00edas de arte, restaurantes y caf\u00e9s de la Zona Rosa.<\/div>\n<p>En esos a\u00f1os, la\u00a0<em>Und\u00e9cima Musa,<\/em>\u00a0Guadalupe Amor, hab\u00eda pasado de diva a\u00a0<q>abuelita de Batman<\/q>, seg\u00fan Carlos Monsiv\u00e1is. Pita Amor caminaba por la acera de la calle de Amberes todos los d\u00edas con su bast\u00f3n y una enorme flor prendida en la cabeza. Era una figura familiar y temida por los habitantes y, sobre todo, por los due\u00f1os de tiendas de antig\u00fcedades, caf\u00e9s y bares de la entonces concurrid\u00edsima Zona Rosa.<\/p>\n<p>Al recibir la llamada del joven estadunidense, Pita Amor lo cit\u00f3 en el hotel Prim. En ese verano de 1990, Pita ocupaba una rec\u00e1mara en el sexto piso y, desde su ventana, gritaba:\u00a0<q>\u00a1Sube, Michael, sube!<\/q>\u00a0A partir de ese grito, Michael qued\u00f3 preso en sus redes.<\/p>\n<p>Busc\u00f3 con fervor en las librer\u00edas del rumbo y en las del centro alguna de las obras de su admirada Pita, pero no encontr\u00f3 nada. \u201cS\u00f3lo pod\u00eda yo comprarla, si ella misma me la vend\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cTodos la conoc\u00edan y se hac\u00edan cruces cuando la ve\u00edan, pero no hab\u00eda libros suyos en las librer\u00edas. Esto lo atestig\u00fc\u00e9 en carne propia \u2013dice Michael\u2013, porque a la mitad de nuestro primer encuentro en su hotel, y m\u00e1s tarde en caf\u00e9s de la Zona Rosa, lleg\u00f3 un se\u00f1or con una caja de cart\u00f3n que Pita abri\u00f3 inmediatamente y conten\u00eda 100 ejemplares de sus\u00a0<em>Liras,<\/em>\u00a0su\u00a0<em>plaquette\u00a0<\/em>m\u00e1s reciente. Pita, la\u00a0<em>Und\u00e9cima Musa,\u00a0<\/em>la mand\u00f3 imprimir por su cuenta y con ayuda de amigas de la talla de Marta Reyes Esp\u00edndola, a quien dedic\u00f3 el peque\u00f1o volumen.\u201d<\/p>\n<p>\u2013Michael, tambi\u00e9n la Prensa M\u00e9dica Mexicana edit\u00f3 su poes\u00eda en una preciosa edici\u00f3n que evidencia el buen gusto de su hermana mayor, Carito Amor de Fournier, fundadora de esa primera Prensa M\u00e9dica en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u2013Tengo todas las ediciones de la obra de Pita Amor porque las coleccion\u00e9 desde que era yo estudiante&#8230; Esa misma noche la conoc\u00ed, en medio de un improvisado recital po\u00e9tico en una cafeter\u00eda. Qued\u00e9 totalmente impactado cuando empez\u00f3 a decir sus versos. Pita se levant\u00f3, tom\u00f3 unos ejemplares de su libro y me dijo:\u00a0<q>Ahorita vengo<\/q>, y me pidi\u00f3 acompa\u00f1arla.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfA otro caf\u00e9?<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, iba de un lugar a otro. Escogi\u00f3 una mesa, pidi\u00f3 el men\u00fa, comi\u00f3 mucho y, para mi enorme destanteo, se dirigi\u00f3, con todo y sus innumerables collares y anillos, con su flor de seda erguida como un periscopio en la cabeza, con su pesca-guapos y con sus lentes de fondo de botella a la mesa de varios comensales que hab\u00edan aplaudido su recital en voz alta y ofreci\u00f3 su libro en venta.\u00a0<q>\u00a1Qu\u00e9 buena declamadora de poes\u00eda es usted, se\u00f1ora<\/q>, le dijo una mujer ya mayor&#8230; Pita ni le contest\u00f3, porque odiaba la palabra\u00a0<q>declamadora<\/q>, y la se\u00f1ora le cay\u00f3 muy mal. Insist\u00eda en que\u00a0<q>dec\u00eda<\/q>\u00a0poes\u00eda, aunque aquella noche lluviosa de julio la grit\u00f3 a voz en cuello para mi destanteo y el de todos los asistentes.<\/p>\n<p>\u201cEn otro caf\u00e9, Pita se acerc\u00f3 a otra mujer muy elegante y le pregunt\u00f3 con voz dulce e infantil: \u2018Se\u00f1ora, \u00bfa usted le gusta la poes\u00eda?\u2019 Su respuesta fue cort\u00e9s, pero negativa. Pita le espet\u00f3 con altaner\u00eda: \u2018\u00a1Claro que a las hijas de sirvienta no puede interesarles la poes\u00eda!\u2019 La se\u00f1ora qued\u00f3 petrificada y la\u00a0<em>Und\u00e9cima Musa\u00a0<\/em>se acerc\u00f3 a otra mesa con la misma pregunta. De ah\u00ed en adelante nadie se neg\u00f3 a comprarle un ejemplar.\u201d<\/p>\n<p>\u2013Michael, tambi\u00e9n los escrib\u00eda en pedacitos de cart\u00f3n o en hojas de papel:\u00a0<q>Son 20 pesos<\/q>\u00a0o\u00a0<q>Son 50 pesos<\/q>. Cuando la ve\u00edan venir en las calles de Niza o Lerma, algunos caminantes se escond\u00edan&#8230;<\/p>\n<p>\u2013En aquel entonces, los \u00fanicos libros\u00a0<q>Pitag\u00f3ricos<\/q>\u00a0que encontr\u00e9 a la venta fueron unos ejemplares abandonados de\u00a0<em>Fuga de negras\u00a0<\/em>y\u00a0<em>Como reina de barajas<\/em>\u00a0(1966) en una librer\u00eda de Guadalajara, el primer poemario que Pita public\u00f3 despu\u00e9s de un silencio de varios a\u00f1os a ra\u00edz de la tr\u00e1gica muerte de su hijo Manuelito en casa de su hermana Carolina Amor de Fournier. La poes\u00eda que yo hab\u00eda podido leer hasta ese momento era la que se encontraba en los libros que conservaba mi amigo \u00c1ngel de la Cruz, gran admirador de Pita y declamador \u00e9l mismo, en cuya casa de Guadalajara me descubri\u00f3 la existencia de esta formidable escritora. Eran unos vol\u00famenes viejos, cuyas p\u00e1ginas amarillas se hab\u00edan desprendido a lo largo de muchas lecturas, o de plano se desintegraban en el mismo\u00a0<q>Polvo<\/q>\u00a0de aquel famoso poemario, el favorito de Diego y Frida. Los otros libros que \u00c1ngel ten\u00eda eran o copias engargoladas de libros de su amigo Ignacio Amador y varios poemas que \u00e9l mismo transcribi\u00f3 a mano en papel cebolla y utiliz\u00f3 como parte de su repertorio en sus veladas po\u00e9ticas en el Hospicio Caba\u00f1as, el teatro Experimental y en su modesta casa del Sector Reforma, en Guadalajara.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>\u2013Muchos capitalinos recuerdan a Pita, pero ninguno con la devoci\u00f3n de su sobrino favorito, Eduardo Sep\u00falveda Amor, hijo del m\u00e9dico Bernardo Sep\u00falveda, famoso gastroenter\u00f3logo.<\/p>\n<p>\u2013As\u00ed es. Eduardo reuni\u00f3 su obra completa en un tomo. Curiosamente, la poes\u00eda de Pita no figuraba en varias antolog\u00edas, s\u00f3lo en libros para\u00a0<q>declamadores<\/q>\u00a0y compilaciones de poes\u00eda mexicana del siglo XX.<\/p>\n<p>\u201cA partir de mi llegada a M\u00e9xico, empec\u00e9 a buscar sus obras en las librer\u00edas de viejo en la calle de Donceles, en las ch\u00e1charas de la avenida Cuauht\u00e9moc, en los puestos de antig\u00fcedades de la Zona Rosa, donde Pita era \u2018reina honoraria sin sueldo\u2019, seg\u00fan su amigo Jaime Ch\u00e1vez. A la fecha s\u00f3lo me falta uno que otro, por ejemplo, su primer libro de poes\u00eda\u00a0<em>Yo soy mi casa,<\/em>\u00a0publicado en 1946 por Justino Fern\u00e1ndez y Edmundo O\u2019Gorman en su editorial Alcanc\u00eda. Estos libros fueron muy \u00fatiles para llegar a conocerla con profundidad literaria y l\u00edrica, porque ya en los a\u00f1os 90 Pita era una presencia m\u00e1s bien decadente y exc\u00e9ntrica que deambulaba vendiendo sus poemas, sus dibujos, sus memorias. Grab\u00e9 sus poemas en varias ocasiones y la segu\u00ed en sus caminatas por las calles de Niza, Hamburgo y Londres. Si no te cuidabas, te daba un bastonazo o un paraguazo, dependiendo de la temporada.\u201d<\/p>\n<p>\u2013Tambi\u00e9n a su sobrino, Santiago Aspe, pretendi\u00f3 darle un bastonazo cuando se le acerc\u00f3 en la calle de Bucareli. Santiago se defendi\u00f3:\u00a0<q>T\u00eda, soy tu sobrino, el hijo de Kitzia<\/q>.\u00a0<q>\u00a1Ay, mi amor, disc\u00falpame!<\/q>, respondi\u00f3 ella. A partir de su muerte, en mayo de 2000, s\u00f3lo circulaba la antolog\u00eda\u00a0<em>Poes\u00eda imprescindible\u00a0<\/em>(2012), a cargo de la editorial Terracota, que incluye una selecci\u00f3n de los poemas publicados en sus primeros libros m\u00e1s una semblanza tuya, Elena, que la conociste en todo su esplendor. Gracias a la iniciativa de su sobrino Eduardo Sep\u00falveda, fallecido de manera repentina en junio de este a\u00f1o. Eduardo hizo un excelente documental:\u00a0<em>Pita Amor: a la eternidad sentenciada.<\/em>\u00a0Recuerdo la felicidad de Eduardo en la Fiesta del Libro y la Rosa, en Ciudad Universitaria, cuando se llen\u00f3 por completo el enorme espacio (debajo de una carpa) que nos cedi\u00f3 la siempre generosa Rosa Beltr\u00e1n, jefa de Publicaciones de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM).<\/p>\n<p><q>Creo que a ra\u00edz del \u00e9xito que tuvo su homenaje f\u00edlmico en la UNAM, en el Club de Industriales, en el Cine Tonal\u00e1, en FilminLatino, a Eduardo Sep\u00falveda Amor le pareci\u00f3 importante dar a conocer la obra de su amada t\u00eda a un p\u00fablico m\u00e1s amplio y joven, y no solo las improvisaciones que armaba en la calle de Amberes, en El Perro Andaluz, en el Sanborns de Niza, en un taxi ecol\u00f3gico. Eduardo Sep\u00falveda Amor me invit\u00f3 a participar en este proyecto literario y siempre se lo agradecer\u00e9, porque Pita Amor sigue siendo un fen\u00f3meno y un enigma de los a\u00f1os 50 y 60. No hay que olvidar que en su momento fue comparada con Santa Teresa y con San Juan de la Cruz.<\/q><\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"taboola-below-content-thumbnails\" class=\" trc_related_container trc_spotlight_widget tbl-feed-container tbl-feed-frame-DIVIDER  render-late-effect\" data-feed-container-num=\"1\" data-feed-main-container-id=\"taboola-below-content-thumbnails\" data-parent-placement-name=\"Below Content Thumbnails\" data-pub-lang=\"es\">\n<div class=\" tbl-feed-header tbl-logo-right-position\">\n<div class=\"tbl-feed-header-logo\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guadalupe Amor y sus admiradores Elena Poniatowska En 1990 lleg\u00f3 a M\u00e9xico\u00a0Michel Schuessler, un estudiante alto, rubio, de ojos azules tras sus anteojos. Graduado de la Universidad de California en Los \u00c1ngeles (UCLA), conoci\u00f3 a Pita Amor. 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