{"id":25787,"date":"2022-01-10T12:43:26","date_gmt":"2022-01-10T18:43:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25787"},"modified":"2022-01-10T12:43:26","modified_gmt":"2022-01-10T18:43:26","slug":"en-los-60s-gente-excentrica-hedonista-revolucionaria-provocadora-y-desobediente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25787","title":{"rendered":"En los 60s. gente exc\u00e9ntrica, hedonista, revolucionaria, provocadora y desobediente."},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">La impronta de David Bowie<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\"><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Creci\u00f3 con esa\u00a0juventud brit\u00e1nica de la posguerra que encarnar\u00eda La Juventud a partir de los a\u00f1os 60, protagonista por primera vez en la historia, modelo mundial, junto con la estadunidense y, luego del 68 la francesa. Una cuantiosa poblaci\u00f3n de gente dispuesta a ser exc\u00e9ntrica, hedonista, revolucionaria, provocadora, bella, famosa y desobediente. El veh\u00edculo de su expresi\u00f3n fue la m\u00fasica, al principio simplona y limitada, pero hacia mediados de aquella d\u00e9cada gan\u00f3 una audacia no exenta de cualidades literarias. Todo sonido, todo instrumento, toda tradici\u00f3n cab\u00eda en un jarrito de rock. De servir para bailes escolares, pas\u00f3 a nutrirse de jazz, blues, folk, m\u00fasica concreta, balada cowboy, ragas, \u00f3pera y hasta\u00a0<em>La Bamba (On With the Show,<\/em>\u00a0de los Rolling Stones, 1967). Para los brit\u00e1nicos, la oportunidad de cantar cosas bellas e inteligentes les hab\u00eda sido abierta por Bob Dylan y compa\u00f1\u00eda hacia 1962 y en adelante. Provocaciones, rarezas, drogas, una inmensa cantidad de diversi\u00f3n, adrenalina, aventura mental, sexo. Y monta\u00f1as de dinero.<\/div>\n<p>Pero nadie, en la densa historia del rock, encarn\u00f3, cuestion\u00f3, cambi\u00f3 y cambi\u00f3 su obra, siempre trascendente, en la escala alcanzada por David Bowie, d\u00factil y receptivo como pocos en esa vasta generaci\u00f3n de creadores e int\u00e9rpretes que hasta hoy seguimos escuchando y machacando. Sus ganas de ser, de pertenecer, de emparejarse con sus \u00eddolos \u2013Dylan, Warhol, Beatles\u2013 lo llev\u00f3 a dedicarles canciones y versos admirativos o ir\u00f3nicos, m\u00e1s expl\u00edcitamente que Eric Burdon, Fairport Convention o The Who, por ejemplo. Pero no le hicieron caso. No lo comprendieron. Tampoco el p\u00fablico. Su \u00e9xito fue relativamente tard\u00edo, comparado con sus pares. Hasta el nombre tuvo que cambiarse, pues se le hab\u00eda adelantado el\u00a0<q>bonito<\/q>\u00a0de los intrascendentes Monkees: David Jones. Con su nuevo nombre parec\u00eda de Marte.<\/p>\n<p>As\u00ed, aquel precoz admirador de Mingus, Coltrane \u00bfy Lester Bowie?, que tuvo por primer instrumento un saxof\u00f3n de pl\u00e1stico, brinc\u00f3 antes que nadie ni tan alto al espacio sideral, hombre de las estrellas, astronauta melanc\u00f3lico o extraterrestre. Su primera gran persona ser\u00eda\u00a0<em>Ziggy Polvo de Estrellas,\u00a0<\/em>el profeta. Para cada etapa de su cambiante carrera, Bowie arm\u00f3 bandas extraordinarias, irrepetibles, devorando a los dem\u00e1s. La primera importante, Las Ara\u00f1as de Marte, con la lira de Mick Ronson, jugaba en la primera divisi\u00f3n en la pl\u00e9yade de instrumentistas y cantantes desatados, borrachos de ideas para erigirse como \u00edconos: Tommy, el Sargento Pimienta, Jack el Saltar\u00edn, levantando escaleras al cielo y un mont\u00f3n de c\u00e1balas absurdas que devinieron can\u00f3nicas y parte de nuestro sentido com\u00fan.<\/p>\n<p>Al concluir la d\u00e9cada prodigiosa, por fin alcanza Bowie\u00a0<q>el estrellato<\/q>\u00a0del que tanto se burlaron The Kinks, ellos mismos atrapados en \u00e9l. Pero, a diferencia del resto, Bowie dejaba atr\u00e1s sus identidades, sus estilos, sus\u00a0<q>\u00e9xitos<\/q>, para incursionar en otra y otra y otra cosa. Con una fiebre de no repetici\u00f3n casi cortazariana, emprendi\u00f3 la que, revisada tras medio siglo de fluir, representa una de las obras m\u00e1s redondas, definitivas y duraderas en el acervo del rocanrol.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Al cumplir 69 a\u00f1os, el 8 de enero de 2016, Bowie sorprendi\u00f3 al mundo con la aparici\u00f3n de una obra de ultratumba, experimental y total:\u00a0<em>Black Star.<\/em>\u00a0Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 10 de enero, se anunci\u00f3 su muerte. Nadie en el rock se ha despedido con mayor elegancia,\u00a0<em>timming\u00a0<\/em>esc\u00e9nico y gratitud para con sus millones de admiradores. Como expresa Simon Critchley, el febril pensador brit\u00e1nico que afirma deber a Bowie casi todo, empezando por su primera experiencia sexual:\u00a0<q>Su genialidad consist\u00eda en convertirse en otra persona lo que durase una canci\u00f3n, y algunas veces a lo largo de todo el \u00e1lbum o incluso toda una gira. Bowie era un ventr\u00edlocuo<\/q>\u00a0(Sexto Piso, Madrid, 2014).<\/p>\n<p>Pupilo de Lindsay Kemp, el mago de la expresi\u00f3n corporal, en Bowie florecen un duque excesivamente blanco y flaco, un\u00a0<em>clown\u00a0<\/em>triste, una mujer semidesnuda, un\u00a0<em>crooner\u00a0<\/em>rom\u00e1ntico, un negro pl\u00e1stico, Hamlet, un hombre del futuro orwelliano, un ser de otra galaxia. Siempre un dandi.<\/p>\n<p>Llev\u00f3 al l\u00edmite la t\u00e9cnica postsurrealista de pegar l\u00edneas a la William S. Burroughs y con ello gener\u00f3 una colecci\u00f3n de frases y\u00a0<em>rolas\u00a0<\/em>sugerentes que definen nuestro tiempo. Incursion\u00f3 en el cine con esplendor histri\u00f3nico para Oshima, Scorsesse, Henson, Tony Scott, bajo la impronta de\u00a0<em>El hombre que cay\u00f3 a la Tierra\u00a0<\/em>(Nicholas Roeg, 1976), tan definitiva, que ser\u00eda el eje narrativo de su tard\u00edo musical\u00a0<em>Lazarus,\u00a0<\/em>estrenado en Broadway en 2015.<\/p>\n<p>Ladr\u00f3n, imitador, mimo, macho bogartiano, eterno fingidor, se cre\u00eda cada personaje a fondo (de ah\u00ed la necesidad de matarlo, de cambiarlo, de reinterpretarlo). Su originalidad es absoluta. Implacable, no dud\u00f3 en robarse m\u00fasicos de otras bandas. A costa de la amistad de Frank Zappa reclut\u00f3 al guitarrista\u00a0<em>cum laude\u00a0<\/em>Adrian Belew. Trabaj\u00f3 con Brian Eno, ex Roxy Music, en una trilog\u00eda fundamental para el rock progresivo y el minimalismo tr\u00e1gico. Obras maestras: una tras otra, donde destacan (aqu\u00ed s\u00ed cada qui\u00e9n)\u00a0<em>Ziggy Stardust, Station to Station, Diamond Dogs, Heroes, Young Americans, Heathen, Next Day:<\/em>\u00a0es decir, a lo largo de toda su carrera dio en el blanco.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo: no conoci\u00f3 el desgaste ni la decadencia; a\u00fan en los momentos menores, como su onda disco y la \u00e9poca de Tin Machine, no dej\u00f3 de sorprender e inspirar. Asociado finalmente con sus \u00eddolos John Lennon y Mick Jagger, y con sus contlapaches Iggy Pop, Tony Visconti (el h\u00e9roe de\u00a0<em>Heroes)\u00a0<\/em>y el incomparable Eno, desarroll\u00f3 una voz y un\u00a0<em>feeling\u00a0<\/em>de\u00a0<em>crooner\u00a0<\/em>para el siglo XXI en deuda con Sinatra y Nina Simone, digamos en\u00a0<em>Word on a Wing, Wild is the Wind,<\/em>\u00a0o todo\u00a0<em>Heathen\u00a0<\/em>(2002).<\/p>\n<p>Siempre la trajo consigo. Inquietante y bello esp\u00e9cimen humano, aport\u00f3 al mundo una riqueza est\u00e9tica y una propuesta existencial inigualable, una cadena de im\u00e1genes y s\u00edmbolos, un modelo alternativo de experiencia personal no por ficcional menos veros\u00edmil y hasta verdadero. A cinco a\u00f1os de su mutis magistral y desaparici\u00f3n f\u00edsica, David Bowie respira con la perennidad de un cl\u00e1sico que imagin\u00f3 el fin del mundo (en)\u00a0<q>cinco a\u00f1os, pegados en mis ojos<\/q>. Pero de eso hace siglos. \u00bfO s\u00f3lo cinco a\u00f1os?<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"taboola-below-content-thumbnails\" class=\" trc_related_container trc_spotlight_widget tbl-feed-container tbl-feed-frame-DIVIDER  render-late-effect\" data-feed-container-num=\"1\" data-feed-main-container-id=\"taboola-below-content-thumbnails\" data-parent-placement-name=\"Below Content Thumbnails\" data-pub-lang=\"es\">\n<div class=\" tbl-feed-header tbl-logo-right-position\">\n<div class=\"tbl-feed-header-logo\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La impronta de David Bowie Hermann Bellinghausen Creci\u00f3 con esa\u00a0juventud brit\u00e1nica de la posguerra que encarnar\u00eda La Juventud a partir de los a\u00f1os 60, protagonista por primera vez en la historia, modelo mundial, junto con la estadunidense y, luego del 68 la francesa. 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