{"id":25875,"date":"2022-01-16T09:43:06","date_gmt":"2022-01-16T15:43:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25875"},"modified":"2022-01-16T09:43:06","modified_gmt":"2022-01-16T15:43:06","slug":"franco-y-entranable-relato-de-un-escritor-y-critico-sobre-la-imagen-en-movimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=25875","title":{"rendered":"Franco y entra\u00f1able relato de un escritor y cr\u00edtico sobre la imagen en movimiento"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">El virus del celuloide (confesiones de un cin\u00e9filo)<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Rafael Avi\u00f1a<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">&#8216;El caim\u00e1n humano&#8217;<\/p>\n<p>LA jornada Semanal<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Franco y entra\u00f1able relato de la fascinaci\u00f3n de un escritor y cr\u00edtico ampliamente establecido sobre la imagen en movimiento, compartida desde la infancia con su padre hasta pasar la estafeta y continuarla con su propio hijo. La conclusi\u00f3n, frente al llamado s\u00e9ptimo arte, es simple: \u201cLa cinefilia en efecto no se elige, se contagia, se adquiere sin saberlo. Una suerte de virus \u00bfbenigno? del cual no se puede huir, aunque uno intente evitarlo.\u201d<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><i>Para Oli y Rai<\/i><\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\">La\u00a0primera vez que me adentr\u00e9 en un cine tendr\u00eda unos cuatro o cinco a\u00f1os. En ese entonces, pensaba que los personajes de las pel\u00edculas se encontraban detr\u00e1s de la pantalla. Al cerrarse el tel\u00f3n y encenderse las luces, corr\u00eda para confrontar detr\u00e1s de las cortinas a\u00a0<i>King Kong<\/i>,\u00a0<i>Gunga Din<\/i>,\u00a0<i>los tres lanceros de Bengala<\/i>, o al\u00a0<i>Ceniciento<\/i>. Meses despu\u00e9s descubr\u00ed que aquellas im\u00e1genes surg\u00edan de un proyector; eso sucedi\u00f3 la vez que me llevaron a una cl\u00ednica de salud para vacunarme y entramos por azar a un peque\u00f1o auditorio donde exhib\u00edan un inquietante documental sobre la vida de los insectos, en 16mm, y pude ver de cerca aquel aparato.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Mi padre nos llevaba al cine dos o tres veces por semana, siempre a programas triples y a cines<br \/>\nde segunda y tercera corrida: el M\u00e1ximo, el Alarc\u00f3n y el Florida fueron un segundo hogar. Rara vez acud\u00edamos a un cine de primera, aunque recuerdo<i>\u00a020 mil\u00a0<\/i><i>leguas de viaje submarino<\/i>, con Kirk Douglas y James Mason, que vi en el Palacio Chino, aunque mis favoritos eran los relatos sesenteros Serie b como\u00a0<i>El caim\u00e1n humano\u00a0<\/i>o\u00a0<i>El hombre con la vista de rayos x<\/i>. En el ocaso de los sesenta, me inquietaba observar en los fotomontajes colocados en el exterior de las salas a los mismos actores o actrices encarnando diferentes personajes; empec\u00e9 a hilar que esos mundos eran inventados, pero me causaban la misma curiosidad.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Mi pap\u00e1 adoraba el cine de Hollywood y sus figuras esenciales eran Humphrey Bogart, Errol Flynn, Tyrone Power, James Cagney, Henry Fonda. Ve\u00eda sus pel\u00edculas decenas de veces y reconoc\u00eda repartos enteros, incluidos los secundarios. La cinefilia estaba en sus genes. Acud\u00eda de manera asidua a aquellos palacios f\u00edlmicos en donde se nutr\u00eda de tramas incre\u00edbles desde su m\u00e1s tierna edad, cuando descubri\u00f3 por vez primera ese invento m\u00e1gico que proyectaba sue\u00f1os y deseos y uno pod\u00eda evadirse de la estrechez, la soledad y el hambre en la penumbra de una sala oscura.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">El cine lo atrap\u00f3 desde aquella afortunada ocasi\u00f3n en que su padre, Rosendo, quien emprendi\u00f3 la aventura de cruzar a Estados Unidos como\u00a0<i>bracero<\/i>, regres\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s con algo de dinero para comprarse un taxi\u00a0<i>cocodrilo\u00a0<\/i>y, a su vez, un viejo proyector de cine Path\u00e8 Baby de 9.5 mm con perforaci\u00f3n al centro, que inclu\u00eda una peliculita de escasos minutos titulada\u00a0<i>Una calurosa recepci\u00f3n<\/i>. Se trataba de una cinta sin sonido, realizada tal vez en los a\u00f1os treinta, con un expedicionario\u00a0<i>blanco\u00a0<\/i>que tropezaba en una isla africana con hambrientos can\u00edbales m\u00e1s negros que su alma y cubr\u00edan sus cuerpos desnudos y paganos con faldas hechas de ramas y follajes, y adornaban sus encrespadas melenas con un hueso.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Esa ingenua comedieta de aventura y suspenso despert\u00f3 sus m\u00e1s profundos sue\u00f1os, concibiendo en su imberbe mente de escasos seis o siete a\u00f1os, asombrosas sensaciones. Aquello hab\u00eda sido un espect\u00e1culo incre\u00edble e impensable para un ni\u00f1o como mi padre, que hab\u00eda tenido que lidiar con una infancia cargada de penurias y cuyos primeros juguetes no hab\u00edan sido otra cosa que un balero, un trompo de madera, una cubeta repleta de centenares de corcholatas de refrescos y cebadas y un min\u00fasculo teatrito de yeso, que \u00e9l mismo hab\u00eda elaborado con la ayuda de su hermano Carlos y la madre de ambos, que en algunas ocasiones les preguntaba a sus hijos: \u201c\u00bfCenamos o vamos al cine?, y ellos decid\u00edan siempre alimentarse de im\u00e1genes.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Con el tiempo entend\u00ed que la cinefilia no era una elecci\u00f3n. No se dice de la nada: \u201cMe voy a convertir en cin\u00e9filo\u201d, o \u201cvoy a ver tal n\u00famero de pel\u00edculas\u201d, etc\u00e9tera. Una cosa es que a alguien le guste el cine, discutirlo incluso, y otra que en verdad las pel\u00edculas lo obsesionen y las disfrute, por m\u00e1s elementales que sean. La cinefilia en efecto no se elige, se contagia, se adquiere sin saberlo. Una suerte de virus \u00bfbenigno? del cual no se puede huir, aunque uno intente evitarlo. Cuando ve\u00eda pel\u00edculas con mi padre siendo yo un adulto, sab\u00edamos las escenas de memoria, di\u00e1logos incluidos y, no obstante, la sonrisa y la expectaci\u00f3n se manten\u00edan intactas.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\"><b>Cinefilia: herencia y contagio<\/b><\/p>\n<p align=\"LEFT\">Confieso que nunca intent\u00e9 inculcarles a mis hijos la obcecaci\u00f3n por el cine; es decir, que aquello no pasara de un simple entretenimiento. Por supuesto, a ambos les fascin\u00f3 desde peque\u00f1os. Me angusti\u00e9 cuando, siendo una ni\u00f1a, mi hija<br \/>\nse decant\u00f3 por la fotograf\u00eda. Se empe\u00f1\u00f3 en convertirse en fot\u00f3grafa y lo consigui\u00f3 con su propio esfuerzo, entend\u00ed su pasi\u00f3n por la imagen fija y eso me tranquiliz\u00f3, aunado a que eso le trajo paz y logros profesionales. Cuando mi hijo alcanz\u00f3 la mayor\u00eda de edad y observ\u00e9 que su gusto por<br \/>\nel cine era en efecto alto pero moderado, sent\u00ed un cierto alivio, m\u00e1s a\u00fan cuando ingres\u00f3 a la Facultad de Derecho. No obstante, hacia 2018, cuando cumpli\u00f3 veinte a\u00f1os empec\u00e9 a notar una inusual fascinaci\u00f3n por el cine y pens\u00e9:<i>\u00a0<\/i>\u201cBueno, el cine nos gusta a todos, ya se le pasar\u00e1&#8230;\u201d En 2019 aquello iba en aumento. Despu\u00e9s nos alcanz\u00f3 el horror de la pandemia y me encerr\u00e9 a piedra y lodo. Para entonces, \u00e9l hab\u00eda entrado ya en una din\u00e1mica f\u00edlmica imparable y a estudiar alem\u00e1n en paralelo a su carrera. No s\u00f3lo empez\u00f3 a quedarse m\u00e1s y m\u00e1s d\u00edas conmigo sino que, en breve, pas\u00f3 de conminarme a ver maratones de cine a exig\u00edrmelos, incluso rompiendo nuestros horarios de sue\u00f1o y comida\u2026<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ve\u00edamos de todo\u2026\u00a0<i>Amarga pesadilla<\/i>, con Jon Voight y Burt Reynolds, o\u00a0<i>Los olvidados<\/i>.\u00a0<i>Los 400 golpes\u00a0<\/i>o\u00a0<i>Fest\u00edn de sangre<\/i>, de Herschell Gordon Lewis;\u00a0<i>La marca de la pantera<\/i>, con Nastassja Kinski, o\u00a0<i>Cay\u00f3 de la gloria el diablo<\/i>, del\u00a0<i>Perro\u00a0<\/i>Estrada;\u00a0<i>Bye Bye Brasil\u00a0<\/i>o\u00a0<i>Suddenly<\/i>, con Frank Sinatra y Sterling Hayden;\u00a0<i>El fantasma del para\u00edso<\/i>, de Brian De Palma, o\u00a0<i>24 horas de placer<\/i>, con Silvia Pinal y Mauricio Garc\u00e9s;\u00a0<i>Orfeo negro<\/i>,<i>\u00a0<\/i>de Camus, y<i>\u00a0Orfeo<\/i>,<i>\u00a0<\/i>de Diegues;\u00a0<i>Un hombre y una mujer<\/i>,<i>\u00a0<\/i>de Lelouch;<i>\u00a0Funhouse,\u00a0<\/i>de Tobe Hooper,<i>\u00a0<\/i>o<i>\u00a0Santo contra el estrangulador;\u00a0<\/i>no exist\u00eda l\u00edmite. Cada vez que ven\u00eda ten\u00eda que seguirle el ritmo de cuatro o cinco pel\u00edculas al d\u00eda; no conforme, cargaba con decenas de mi colecci\u00f3n de devd\u00e9s para verlas en su casa. A su vez, llegaron Mubi, Netflix, hbo, Prime, Filmin Latino y otras plataformas donde pod\u00eda encontrar cl\u00e1sicos mundiales o cintas contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">De inmediato ubic\u00f3 a sus favoritos y revis\u00f3 sus filmograf\u00edas completas, o casi: Bu\u00f1uel, Ismael Rodr\u00edguez, Alcoriza, Jos\u00e9 Estrada, Cazals, Fons, Hermosillo, Escalante, Reygadas, Kiarostami, Panahi, Majidi, Farhadi, Saura, Almod\u00f3var, Bigas Luna, Medem, Kitano, Siono, Koreeda, Welles, Aldrich, Carpenter, Jarmusch, Scorsese, De Palma, Ferrara, Spike Lee, Lynch, Villeneuve, Cronenberg, Truffaut, Godard, Malle, Varda, Fellini, Leone, Sorrentino, Angelopoulos, Zvyagintsev, Haneke, Seidl, Herzog, Akin, Petzold y varios otros&#8230;<\/p>\n<p align=\"LEFT\">No comprend\u00eda c\u00f3mo le daba el tiempo para ver cine, leer, sus clases de alem\u00e1n y la Universidad. Porque no s\u00f3lo eran pel\u00edculas, sino tambi\u00e9n la discusi\u00f3n de literatura y m\u00fasica, sobre todo jazz y\u00a0<i>soundtracks<\/i>. Adem\u00e1s de cine, le\u00edamos y discut\u00edamos sobre Le\u00f1ero, Capote, Spota, Elizondo, Pacheco, Agust\u00edn, Garc\u00eda Ponce, Benedetti, Vargas Llosa, Pessoa, Hancock, Monk, Davis, Montgomery, Martino, Baker, Barbieri, Deodato y m\u00e1s. Fue para m\u00ed como regresar a su edad, a los tiempos donde todo eso giraba en mi cabeza y en mis emociones, disfrutando cada secuencia, cada\u00a0<i>track<\/i>, cada libro, cada contexto.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">En esa vor\u00e1gine, un d\u00eda decidi\u00f3 abrir un sitio de Instagram para escribir s\u00f3lo de cine mexicano, al que titul\u00f3 Matin\u00e9, como homenaje a la cinta de Hermosillo, y su primera intervenci\u00f3n fue con\u00a0<i>Los mediocres<\/i>, de Servando Gonz\u00e1lez, una de las pel\u00edculas m\u00e1s raras y excepcionales de nuestro cine. Gracias a su obstinaci\u00f3n me sustrajo de mi encierro y me convenci\u00f3 para que asisti\u00e9ramos al Festival de Cine de Morelia y ah\u00ed disfrutamos al m\u00e1ximo tanto de<i>\u00a0La mano de Dios y Titane<\/i>, como de\u00a0<i>El hombre sin rostro y La mujer murci\u00e9lago<\/i>. No obstante, en un pa\u00eds como el nuestro, donde las oportunidades para los j\u00f3venes son escasas, tom\u00f3 una determinaci\u00f3n vital. Hace unas ocho semanas decidi\u00f3 irse a trabajar por un a\u00f1o a Quebec; un empleo arduo y honrado en donde no importan sus estudios, aficiones o sus regocijos. Sin embargo, ese aliciente por encontrar nuevos horizontes en lo desconocido lo convenci\u00f3 y se fue con la intenci\u00f3n de trastocarse en lo que ya es: un hombre de verdad. Se march\u00f3 para obtener experiencias, nuevas visiones y amistades, a ganar dinero y valerse por s\u00ed mismo lejos del confort y el calor familiar. Al igual que su bisabuelo se fue de\u00a0<i>bracero<\/i>, aunque con visa de trabajo.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">En sus primeras horas libres, lo primero que busc\u00f3 en el pueblito quebequense al que lleg\u00f3, fue el cine local y las librer\u00edas. Unos d\u00edas despu\u00e9s, a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros mexicanos que viajaron a la misma aventura laboral, los llevaron a una tienda de segunda mano para que se abastecieran, si as\u00ed lo requer\u00edan, de ropa invernal o accesorios. Me llam\u00f3 excitado y feliz para contarme que no compr\u00f3 ropa, pero s\u00ed varios\u00a0<i>devd\u00e9s\u00a0<\/i>regi\u00f3n 1 a un d\u00f3lar:\u00a0<i>All That Jazz,<\/i>\u00a0del gran Bob Fosse, entre ellas.<br \/>\nEn ese momento no me cupo la menor duda: Rai estaba infectado por el virus de la cinefilia, el mismo que a mi padre le sirvi\u00f3 de escape y fascinaci\u00f3n y lo acompa\u00f1\u00f3 hasta el final. Yo tuve la fortuna de que mi placer cin\u00e9filo me vali\u00f3 para vivir, lo que agradezco en el alma. A sus veintitr\u00e9s a\u00f1os y con una carrera terminada, desconozco por cu\u00e1les senderos llevar\u00e1n la cinefilia, las letras, la m\u00fasica y el Derecho a mi hijo, pero s\u00e9 que ser\u00e1n buenos, sabiendo que no tiene temor a la vida. Lo que es un hecho irrefutable es que lo extra\u00f1o, como me sucedi\u00f3 con mi hija cuando se fue en su momento, y aunque echo de menos su compa\u00f1\u00eda, sus discusiones cin\u00e9filas y las emociones compartidas, escucharlo tan contento me devuelve la fe en la vida y, por supuesto, en el cine\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El virus del celuloide (confesiones de un cin\u00e9filo) Rafael Avi\u00f1a &#8216;El caim\u00e1n humano&#8217; LA jornada Semanal Franco y entra\u00f1able relato de la fascinaci\u00f3n de un escritor y cr\u00edtico ampliamente establecido sobre la imagen en movimiento, compartida desde la infancia con su padre hasta pasar la estafeta y continuarla con su propio hijo. 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