{"id":26508,"date":"2022-02-27T09:27:22","date_gmt":"2022-02-27T15:27:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=26508"},"modified":"2022-02-28T10:48:20","modified_gmt":"2022-02-28T16:48:20","slug":"la-dependienta-sayaka-murata-y-la-rebeldia-inmovil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=26508","title":{"rendered":"&#8216;La dependienta&#8217;: Sayaka Murata y la rebeld\u00eda inm\u00f3vil"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Nuevas narradoras japonesas | &#8216;La dependienta&#8217;: Sayaka Murata y la rebeld\u00eda inm\u00f3vil<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Eve Gil<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<div>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"img-fluid\" title=\"sakara.jpg\" src=\"https:\/\/semanal.jornada.com.mx\/2022\/02\/26\/nuevas-narradoras-japonesas-la-dependienta-sayaka-murata-y-la-rebeldia-movil-874.html\/sakara.jpg-1687.html\/@@images\/f2bf4d6f-8091-4e2c-bb11-9de363cee61e.jpeg\" alt=\"sakara.jpg\" width=\"620\" height=\"464\" \/><\/p>\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Sayaka Murata.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">La novela de la escritora japonesa Sayaka Murata (Jap\u00f3n, 1979), &#8216;La dependienta&#8217;, pone en evidencia el grado de enajenaci\u00f3n que se genera en una sociedad compleja, hipertecnologizada y acelerada por el feroz capitalismo neoliberal mediante \u201cuna narraci\u00f3n lineal, apenas con saltos temporales y de ritmo ralentizado\u201d.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Las primeras palabras que dirige Keiko Furukura, mujer soltera de treinta y seis a\u00f1os, a sus an\u00f3nimos lectores, no se refieren a ella sino al supermercado en que trabaja:<\/p>\n<p>Las\u00a0<i>konbini<\/i>\u00a0est\u00e1n llenas de sonido. La campanilla que suena cuando entra un cliente o la voz del cantante de moda que anuncia un nuevo producto por megafon\u00eda. Las voces de los dependientes que saludan a los clientes, el esc\u00e1ner de c\u00f3digos de barras. Las cestas de la compra que se llenan, alguien que coge una bolsa de pan o unos tacones que recorren los pasillos. Esta amalgama de sonidos forma el \u201cruido de la tienda\u201d que cada d\u00eda me bombardea los t\u00edmpanos sin cesar.<\/p>\n<p>Con este p\u00e1rrafo presenta Sayaka Murata (Jap\u00f3n, 1979) a la protagonista de su d\u00e9cima novela,\u00a0<i>La dependienta\u00a0<\/i>(Traducci\u00f3n del japon\u00e9s de Marina Bornas. Duomo ediciones. Barcelona, 2020), ser desdibujado, quien existe por intermedio de la tienda en que trabaja, pero tambi\u00e9n una mujer con pensamiento y vida, que a los dieciocho a\u00f1os resolvi\u00f3 esconder, en la impersonalidad de una dependienta de supermercado, su disidencia frente a una sociedad discordante que pide a las mujeres autonom\u00eda laboral, al mismo tiempo que subordinaci\u00f3n a la figura masculina; que aborrece hasta el m\u00ednimo desv\u00edo de la \u201cnormalidad\u201d, a la vez que enaltece la diversidad como virtud. As\u00ed, en\u00a0<i>La dependienta<\/i>, Murata se adentra en la relegaci\u00f3n de la mujer y en la marginaci\u00f3n de la clase trabajadora en la sociedad japonesa contempor\u00e1nea, temas que Furukura, narradora en primera persona, expone de forma intimista, si bien con un enga\u00f1oso matiz de indiferencia, aunque no s\u00f3lo es testigo sino protagonista de los hechos.<\/p>\n<p>En una sociedad hipertecnologizada y de vida acelerad\u00edsima, para\u00a0<i>La dependienta\u00a0<\/i>Murata elige una narraci\u00f3n lineal, apenas con saltos temporales y de ritmo ralentizado, de lo que emerge un agudo gui\u00f1o de ojo que devela la paradoja de las sociedades contempor\u00e1neas: por un lado, dependen de la rapidez de hechos y eventos para su funcionalidad; por otra, se hallan sujetas al sedentarismo f\u00edsico, que deviene sedentarismo emocional y moral. Tal es el mundo que percibe Furukura, y al que intenta conmover realizando actos de ruptura:<\/p>\n<p>Lo mismo pas\u00f3 cuando una profesora sufri\u00f3 un ataque de histeria en clase y se puso a chillar mientras golpeaba la mesa fren\u00e9ticamente con la lista de asistencia. Mis compa\u00f1eros le suplicaban llorando:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Se\u00f1orita, por favor! \u00a1Pare, se\u00f1orita!<\/p>\n<p>Pero ella no entraba en raz\u00f3n. Para hacerla callar, me acerqu\u00e9 y le baj\u00e9 la falda y las bragas de un tir\u00f3n. Avergonzada, la joven maestra rompi\u00f3 a llorar y se tranquiliz\u00f3.<\/p>\n<p>Ante la ruptura de la normalidad impl\u00edcita en la histeria de la joven maestra, Furukura reacciona con otra ruptura, porque no atisba que la normalidad no busca la comprensi\u00f3n de la otredad, sino invisibilizar sus manifestaciones. Furukura se transforma en anomal\u00eda a los ojos de los dem\u00e1s porque no evade las otredades, sino que las mira y las escucha. Por eso, nadie interioriza el c\u00f3digo de conducta para empleados de la tienda como ella, porque el c\u00f3digo sistematiza lo que se espera de una persona para integrarse a la sociedad.<\/p>\n<p>Por un tiempo dependienta ella misma, Murata retrata de manera aguda el ambiente laboral en estos espacios, donde se automatiza a los empleados, sustray\u00e9ndoles sus historias, hasta parecer hombres y mujeres sin rasgos propios, lo que se evidencia cuando Furukura advierte para s\u00ed el intercambio de acentos establecido en la convivencia diaria entre sus compa\u00f1eras: \u201cLo que m\u00e1s se me pega de quienes me rodean es el acento. Por entonces mi forma de hablar era una mezcla entre la de Izumi y la de Sugawara.\u201d Esta introyecci\u00f3n de personalidades transforma la tienda en microcosmos de entes que niegan su yo para no interrumpir la cadena de consumo con sentimientos o pensamientos estorbosos. Renuncia al yo que los empleados creen voluntaria, considerando que el trabajo en la tienda es pasajero, sin observar que esa renuncia pone la primera piedra de futuras renuncias.<\/p>\n<p>Seguros en los autoenga\u00f1os de la acci\u00f3n voluntaria y de la capacidad personal de movimiento, los dependientes no comprenden la permanencia indolente de Furukura en un trabajo ef\u00edmero pero, sobre todo, no atisban que detr\u00e1s de esa pasividad se esconde la rebeli\u00f3n de la protagonista ante una sociedad que desde ni\u00f1a le ha exigido ser normal y a la que responde inmoviliz\u00e1ndose, porque la inmovilidad es el\u00a0<i>summum<\/i>\u00a0de la normalidad en las sociedades modernas: el ser que no desea, no siente, no piensa. El ser inm\u00f3vil surgido de la financiarizaci\u00f3n de la vida impuesta por el neoliberalismo; mujeres y hombres condenados a una uniformidad est\u00e9ril, que Sayaka Murata dibuja en\u00a0<i>La dependienta\u00a0<\/i>a trav\u00e9s de un discurso parco en descripciones pero profuso en tensiones existenciales.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuevas narradoras japonesas | &#8216;La dependienta&#8217;: Sayaka Murata y la rebeld\u00eda inm\u00f3vil Eve Gil Sayaka Murata. 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