{"id":26654,"date":"2022-03-09T09:58:51","date_gmt":"2022-03-09T15:58:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=26654"},"modified":"2022-03-09T09:58:51","modified_gmt":"2022-03-09T15:58:51","slug":"paul-auster-cuando-en-1962-leyo-por-primera-vez-la-roja-insignia-del-valor-de-stephen-crane","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=26654","title":{"rendered":"Paul Auster cuando, en 1962, ley\u00f3 por primera vez\u00a0La roja insignia del valor, de Stephen Crane."},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">La llama votiva de Paul Auster<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Javier Aranda Luna<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Hay libros que no\u00a0sabemos por qu\u00e9 nos sorprenden y despu\u00e9s quedan oscilando varios d\u00edas entre destellos en nuestra memoria. Eso le sucedi\u00f3 al adolescente Paul Auster cuando, en 1962, ley\u00f3 por primera vez\u00a0<em>La roja insignia del valor<\/em>, de Stephen Crane. Ten\u00eda 15 a\u00f1os y la novela formaba parte de las lecturas obligadas para estudiantes preuniversitarios.<\/div>\n<p>El descubrimiento de ese libro, ha dicho Auster sin rodeos, le result\u00f3 explosivo y trascendental. Para \u00e9l y para sus compa\u00f1eros de clase.<\/p>\n<p>Pero hace algunos a\u00f1os, cuando le pregunt\u00f3 a su hija de 30 si hab\u00edan estudiado este texto en la preparatoria y le contest\u00f3 que no, decidi\u00f3 hacer una peque\u00f1a encuesta entre los hijos de sus amigos con la misma interrogante. Y la respuesta fue tambi\u00e9n negativa.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan: s\u00f3lo uno de sus amigos del mundo literario de pa\u00edses no angloparlantes hab\u00eda o\u00eddo hablar de Crane. Hice la misma investigaci\u00f3n entre un grupo peque\u00f1o de escritores mexicanos y s\u00f3lo Elena Poniatowska lo conoc\u00eda.<\/p>\n<p>De lectura obligada, Stephen Crane se convirti\u00f3 en unos cuantos a\u00f1os en un desconocido.\u00a0<q>Un cero a la izquierda<\/q>.<\/p>\n<p>Esa realidad hizo que Paul Auster se pusiera a leer minuciosamente toda la obra de Crane. Dos a\u00f1os dedic\u00f3 a esa tarea y a revisar cuanta correspondencia del escritor olvidado hubiera sido publicada.<\/p>\n<p>Qued\u00f3 tan fascinado por la fren\u00e9tica y contradictoria vida de Crane que decidi\u00f3 escribir un libro sobre \u00e9l. Un libro no para especialistas o eruditos que finalmente tienen acceso a sus escritos, sino como el texto de un\u00a0<q>viejo escritor sobrecogido por el genio de un autor j\u00f3ven<\/q>\u00a0y que busc\u00f3 exhumarlo de las bibliotecas para compartirnos que, a m\u00e1s de un siglo de su muerte, la llama de Stephen Crane sigue ardiendo.<\/p>\n<p>La biograf\u00eda no es un g\u00e9nero menor. Aunque muchos oportunistas la han banalizado, existen grandes autores que refrendan que el escribir sobre otros puede ser un gran ejercicio literario. Nos lo han mostrado con textos magn\u00edficos Marguerite Yourcenar con las\u00a0<em>Memorias de Adriano<\/em>, Octavio Paz con\u00a0<em>Sor Juana In\u00e9s de la Cruz o las trampas de la fe<\/em>\u00a0y Elena Poniatowska con libros como\u00a0<em>Tin\u00edssima\u00a0<\/em>o\u00a0<em>Leonora<\/em>.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Auster nos lo confirma ahora con\u00a0<em>La llama inmortal de Stephen Crane<\/em>.<\/p>\n<p>La historia que nos cuenta \u2013y \u00a1qu\u00e9 historia!\u2013 es la de un precoz novelista que muri\u00f3 a los 28 y no conoci\u00f3 el \u00e9xito de su obra.<\/p>\n<p>Fue periodista, poeta, novelista para hacerse de algunos pesos, y para defender en sus textos a los m\u00e1s desfavorecidos y a la libertad.<\/p>\n<p>Fue admirado por Conrad, Wells, Henry James, influy\u00f3 a Heminway, Faulkner, Cummings, Mailer y, ahora, nos dice Paul Auster, este genio ha padecido el ninguneo de la academia y de no pocos c\u00edrculos literarios que seleccionan las lecturas\u00a0<q>para los j\u00f3venes<\/q>.<\/p>\n<p>Leer esta obra de m\u00e1s de mil paginas con notas e \u00edndice onom\u00e1stico no es f\u00e1cil. No por la prosa, que se devora sin dificultad, sino porque los lectores, no soy el \u00fanico, compran varios libros de Crane mientras leen la biograf\u00eda escrita por Auster\u00a0<em>La roja insignia del valor<\/em>, pero tambi\u00e9n\u00a0<em>Maggie, una chica de la calle<\/em>,\u00a0<em>Heridas bajo la lluvia<\/em>\u00a0o\u00a0<em>El monstruo<\/em>.<\/p>\n<p>Con Paul Auster no se lee impunemente: leer la biograf\u00eda de Crane nos lleva a leer la obra de este escritor metodista genial del siglo XIX que aliment\u00f3 con su escritura a los mejores escritores del siglo XX. Aliment\u00f3 a Faulkner y, este \u00faltimo, por ejemplo, a Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>No es una locura sugerir que\u00a0<em>La llama inmortal de Stephen Crane\u00a0<\/em>sea el mejor libro del tambi\u00e9n guionista cinematogr\u00e1fico. El m\u00e1s ambicioso por su investigaci\u00f3n y por la compleja estructura invisible de la biograf\u00eda; el m\u00e1s humilde para rendir homenaje a una de sus sombras tutelares.<\/p>\n<p>Para Murakami, con este libro, Auster nos demuestra que es un genio. Lo es. Su prosa magn\u00e9tica y vibrante, iluminadora y parpadeante como las llamas, tan llena de im\u00e1genes y destellos de memoria, de datos eruditos sin pedanter\u00eda y de pasi\u00f3n sin ocultamientos, ser\u00e1 dif\u00edcil superar.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La llama votiva de Paul Auster Javier Aranda Luna Hay libros que no\u00a0sabemos por qu\u00e9 nos sorprenden y despu\u00e9s quedan oscilando varios d\u00edas entre destellos en nuestra memoria. Eso le sucedi\u00f3 al adolescente Paul Auster cuando, en 1962, ley\u00f3 por primera vez\u00a0La roja insignia del valor, de Stephen Crane. Ten\u00eda 15 a\u00f1os y la novela [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":26655,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-26654","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/26654","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=26654"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/26654\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":26656,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/26654\/revisions\/26656"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/26655"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=26654"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=26654"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=26654"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}