{"id":27212,"date":"2022-04-18T09:39:20","date_gmt":"2022-04-18T15:39:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27212"},"modified":"2022-04-18T09:39:20","modified_gmt":"2022-04-18T15:39:20","slug":"leer-y-traducir-prepararse-para-la-perplejidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27212","title":{"rendered":"Leer y traducir: prepararse para la perplejidad"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Leer y traducir: prepararse para la perplejidad<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Ariel Dilon*<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Sin duda la traducci\u00f3n literaria es un asunto a la vez muy serio y muy peligroso del que seguro ning\u00fan traductor sale del todo indemne. He aqu\u00ed una reflexi\u00f3n que, con gran experiencia, profundiza en ese arte, que tambi\u00e9n es un oficio, en el que se requiere dominar \u201cel juego de saber que no se sabe\u201d.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>A medida que envejezco, le dec\u00eda hace poco a mi hijo, tengo cada vez menos ganas de hablar de cuestiones t\u00e9cnicas, y por lo tanto mi lenguaje al hablar de traducci\u00f3n se vuelve cada vez m\u00e1s literario \u2013quiz\u00e1 peligrosamente. Lo que intento traducir es un estado de esp\u00edritu, el estado de mi esp\u00edritu mientras traduzco, la disposici\u00f3n de \u00e1nimo \u2013en palabras abstractas pero en sensaciones muy concretas\u2013 de mi vocaci\u00f3n traductora.<\/p>\n<p>Me dan ganas de hablar del lugar del que surgen mis ganas. No porque ignore la t\u00e9cnica, sino porque no he venido hasta aqu\u00ed, no he hecho todo este camino, buscando meramente un conjunto de t\u00e9cnicas. He tenido, como todos, que tomarme el barquito de la t\u00e9cnica para poder navegar sin hundirme, pero no es ella la que sirve de br\u00fajula. Me llev\u00f3 tiempo, en todo caso, aprender a llevar el tim\u00f3n relajadamente, confiando en los dibujos de las estrellas, en el informado y complejo velamen de la intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>Uno nunca est\u00e1 preparado para lo que trae la escritura, si lo estuviera no valdr\u00eda la pena ni leer ni traducir. Para traducir un libro, al igual que para leerlo, s\u00f3lo te prepara el libro, el libro te hace su lector, y eventualmente te hace su traductor. Y siempre en un estado provisional, siempre conjetural. Nuestra posici\u00f3n en el mundo, nuestro mismo ser, no es menos conjetural. Una tentativa de desciframiento, una tentativa de entendimiento.<\/p>\n<p>Leer siempre tuvo para m\u00ed ese sentido, el de conocer: conocer la l\u00f3gica y la m\u00fasica y la estructura de un texto; el universo del otro, estibado en las palabras, que acaso tenga puntos de contacto con mi universo, con zonas de mi propio universo que yo apenas intuyo \u2013y la esperanza, siempre,<br \/>\nde que el otro conozca los nombres para aludirlas, para ayudarme a nombrarlas\u2013; conocimiento, en fin, de m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Yo empec\u00e9 a sentirme adulto, me parece, o algo as\u00ed como el adulto que quer\u00eda ser, es decir, el adulto que el ni\u00f1o que yo era quer\u00eda jugar a ser, cuando<br \/>\nme atraparon los libros. Y no s\u00f3lo cuando un<br \/>\nlibro me atrap\u00f3 por completo, sino cuando adem\u00e1s me dio la sensaci\u00f3n de que me hablaba a m\u00ed, de que me ense\u00f1aba su lengua para poder hablarme.<\/p>\n<p>Porque el libro \u2013aclaraci\u00f3n importante\u2013 no me hablaba en mi idioma. Un libro nunca te habla en tu idioma, y si lo hace, no vale la pena leerlo. Un buen libro siempre nos habla en una lengua extranjera, incluso aquellos libros que nosotros mismos, tal vez, escribimos. Es decir que siempre interviene el desciframiento, siempre se trata de la traducci\u00f3n. Y siempre estamos solos cuando leemos, cuando traducimos.<\/p>\n<p>Yo siempre aspiro a leer en un estado pr\u00f3ximo a la perplejidad, a la sorpresa, y a veces, en consecuencia, al deslumbramiento. Los libros que he querido leer, y m\u00e1s tarde aquellos que he querido traducir, son los que me dejan perplejo. Quiero descifrarlos, pero anhelo que siempre persista una zona de sombra, una zona de indefinici\u00f3n. Lo mismo con aquello que yo mismo escribo. Uno escribe, uno traduce, como quien acecha. Y pienso que todo autor desea, siente que su libro debe ir m\u00e1s all\u00e1 de su comprensi\u00f3n, debe seguir sorprendi\u00e9ndolo, debe dejarlo perplejo. Cuando traduzco, yo s\u00e9 que necesito andar sobre ese delgado hilo en equilibrio para echar sobre las cosas la luz justa, para volver a so\u00f1ar el sue\u00f1o del autor, sin explicarlo, sin reducirlo a sus elementos consensuales, sin rebajarlo a las coordenadas apod\u00edcticas de lo real ni a un conjunto de reglas de traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>II<\/b><\/p>\n<p>En la adolescencia, me parec\u00eda que seguramente era yo el que no entend\u00eda algunas cosas, porque no conoc\u00eda determinadas palabras, no estaba familiarizado con ciertos giros, no hab\u00eda vivido lo bastante en el mundo para captar todos sus dobleces, los dobles o triples sentidos, las diferentes capas, los juegos de palabras, las intenciones veladas.<\/p>\n<p>Hacerme adulto consisti\u00f3 en descubrir que lo que hay que saber es que uno nunca lo sabe todo, nunca lo entiende todo, y que as\u00ed tiene que ser. Pero atenci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo descubr\u00ed esta informaci\u00f3n crucial acerca de mi ignorancia? En cierto modo, fue un largo entrenamiento de lectura, de escritura, y<br \/>\na la larga, de esa cruza entre ambas disciplinas (en el sentido art\u00edstico del t\u00e9rmino): la traducci\u00f3n. Entrenamiento desde luego constelado de descubrimientos, de peque\u00f1os saberes sobre el mundo, sobre la lengua de mi propia tribu, sobre la lengua de otras tribus. Pero siempre desde mi perspectiva subjetiva, y siempre al borde de la perplejidad.<\/p>\n<p>De lo contrario, por ejemplo, uno no podr\u00eda traducir a un autor como Henri Michaux, cuyas zonas de sombra, cuyas zonas de indefinici\u00f3n y de perplejidad son a menudo m\u00e1s extensas que aquellas sobre las que las estructuras de sus frases alcanzan a lanzar alguna luz. Hay una frontera entre luz<br \/>\ny sombra, y quiz\u00e1 las siluetas que dibujan las luces s\u00f3lo est\u00e1n ah\u00ed para que captemos vagamente la forma y el tama\u00f1o de las oscuridades contiguas, que ocupan casi todo el campo, un campo infinito en realidad.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo prepararse, entonces, para traducir,<br \/>\nc\u00f3mo prepararse para la perplejidad, c\u00f3mo prepararse para no estar nunca lo suficientemente preparado, para no ser nunca lo suficientemente adulto, para mantenerse en el juego de saber que no se sabe? Sabiendo, adem\u00e1s, que el diploma, que el certificado, que la autorizaci\u00f3n a traducir no van a venir de afuera, nadie podr\u00e1 d\u00e1rnoslos, s\u00f3lo podemos tomarlos.<\/p>\n<p>De la autoridad, s\u00f3lo es posible abusar, porque no hay t\u00edtulo habilitante. S\u00f3lo uno mismo se puede habilitar, s\u00f3lo uno mismo puede decir: estoy listo porque no estoy listo, ser\u00e9 el autor de esta tentativa.<\/p>\n<p>Cada nuevo libro que traduje ha sido un desaf\u00edo por esa raz\u00f3n: porque no estaba preparado. Cada vez, sin embargo, le asegur\u00e9 a alg\u00fan incauto editor que yo pod\u00eda traducir el libro \u2013incluso firm\u00e9 contratos que dec\u00edan que yo iba a traducir tal y cual libro\u2013, pero era mentira: no estaba listo. Firmar un contrato, al igual que abrir un libro, al igual que abrir un cuaderno en blanco o una hoja del Word, es siempre un acto de extrema osad\u00eda y de caradurismo, es siempre una especie de salto al abismo, de salto de fe.<\/p>\n<p>Todo contrato es con el Diablo, dicho esto con todo respeto. Yo creo, como Fernando Pessoa,<br \/>\nque el Diablo, simb\u00f3licamente, es el gran mediador, el que nos habilita a amar, a descubrir, el que nos conduce a la fecunda perplejidad, el que nos incita a robar una autoridad que nadie puede otorgarnos, a ir m\u00e1s all\u00e1 de nuestras peque\u00f1as certezas y rozar los bordes de la maravilla o del horror.<\/p>\n<p>Hay que hacerse autor para traducir, lo que conlleva desde luego una gran responsabilidad. No s\u00f3lo la responsabilidad de la que siempre nos hablan cuando se enumeran las muchas deudas del traductor. Tantas deudas: con la lengua de origen, con la fluidez en la lengua de destino, con el registro adecuado, con la variedad ling\u00fc\u00edstica. S\u00ed, todo eso puede ser verdad, en much\u00edsimos casos, con sus respectivos matices. Pero la responsabilidad nos viene sobre todo de que no hay otra autoridad a la cual apelar: hemos de tomar mil decisiones por hora, diez mil al d\u00eda, un mill\u00f3n al mes. Somos autores de esa escritura, para nuestra propia perplejidad. \u00a1Qu\u00e9 arrogancia! Uno se arroga ese deber, ese destino. \u00a1Qu\u00e9 arrojo! Uno se arroja a las fauces de una t\u00e9cnica. \u00a1Qu\u00e9 miedo! Como el buceador que adem\u00e1s de tener que volverse uno con el mar, nadar entre laberintos de coral, nadar con delfines, con mantarrayas, con peces globo, con tiburones, o con las criaturas bioluminiscentes de los abismos, est\u00e1 obligado a atender al mismo tiempo a los milibares de presi\u00f3n del tono, ce\u00f1irse a las reservas de ox\u00edgeno del ritmo, cuidarse de la mort\u00edfera despresurizaci\u00f3n de los cambios de registro\u2026 Porque \u00bfqui\u00e9n defiende, si no, a la fauna profunda del texto, entre n\u00fameros y contratos y el temible deber de las equivalencias, la trampa mortal de los falsos amigos, la carga siniestra de los plazos de entrega, las redes traicioneras de las variedades ling\u00fc\u00edsticas, la urgencia de parar la olla?<\/p>\n<p>Por eso hace falta el temerario arrojo de no desear otra cosa, all\u00e1 en el horizonte, de no perder de vista la oce\u00e1nica maravilla de los intercambios po\u00e9ticos mientras se boga, se brega, se aboga y se bracea y se boquea para llegar al coraz\u00f3n de la fosa de la lengua hecha don, hecha aire y donaire, hecha flecha, hecha hambre y hecha nombre. \u00bfQui\u00e9n estar\u00e1 ah\u00ed para defender la feroz belleza de la perplejidad si uno no es relativamente intransigente en su negativa a amaestrarla?<\/p>\n<p>Esencialmente, hablar de t\u00e9cnica, as\u00ed como hablar de intuici\u00f3n, son meras abstracciones, entelequias: porque ellas jam\u00e1s aparecen separadas, como si se las pudiese aislar en un laboratorio; no las veremos, as\u00ed como los protones son indistinguibles de su propio comportamiento;\u00a0<i>son<\/i>\u00a0su comportamiento. Tomando la met\u00e1fora de la luz, se trata tal vez de defender la vibraci\u00f3n a rajatabla, mientras uno lidia con las part\u00edculas, las pone aqu\u00ed, las mueve all\u00e1, seg\u00fan su leal saber y entender sobre las t\u00e9cnicas y las deontolog\u00edas de la traducci\u00f3n, pero siempre buscando eso:\u00a0<i>vibrar.\u00a0<\/i>Ser todo lo t\u00e9cnico que uno pueda capacitarse para ser, sin dejar la intuici\u00f3n en la puerta de la facultad. Porque la literatura, como ense\u00f1aba Nabokov, es una combinaci\u00f3n de \u201cintuici\u00f3n cient\u00edfica y precisi\u00f3n po\u00e9tica\u201d. Pues hablamos de un acto de conocimiento, acto m\u00e1gico si los hay, porque eso es la conciencia: aparici\u00f3n, pura aparici\u00f3n. Y el trabajo de la poes\u00eda y de la literatura es crear las condiciones t\u00e9cnicas para esa aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*A<b>riel Dilon<\/b><b>\u00a0<\/b>(Buenos Aires, 1964) es escritor, traductor y docente. Ha vertido al espa\u00f1ol, en casi un centenar de libros, a autores como Antonin Artaud, William Burroughs, John Cheever, Stephen Dixon, Jean Garrigue, Patricia Highsmith, Alfred Jarry, j.m.g. Le Cl\u00e9zio, Henri Michaux, George Orwell, Cynthia Ozick, Raymond Queneau, Henri Roorda, Cl\u00e9ment Rosset, Marcel Schwob, Philippe Sollers, Muriel Spark, Kurt Vonnegut y muchos m\u00e1s. Es miembro del cuerpo docente del Coll\u00e8ge Europ\u00e9en de Traduction Litt\u00e9raire.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer y traducir: prepararse para la perplejidad Ariel Dilon* Sin duda la traducci\u00f3n literaria es un asunto a la vez muy serio y muy peligroso del que seguro ning\u00fan traductor sale del todo indemne. 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