{"id":27312,"date":"2022-04-24T08:16:59","date_gmt":"2022-04-24T14:16:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27312"},"modified":"2022-04-24T08:16:59","modified_gmt":"2022-04-24T14:16:59","slug":"hubo-un-buen-hombre-que-sobrevivio-en-una-isla-desierta-el-solo-poco-mas-de-un-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27312","title":{"rendered":"Hubo un buen hombre que sobrevivi\u00f3 en una isla desierta, \u00e9l solo, poco m\u00e1s de un a\u00f1o."},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Soledad \/ Gabriel Rodr\u00edguez Liceaga*<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Gabriel Rodr\u00edguez Liceaga*<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Hubo un buen hombre que sobrevivi\u00f3 en una isla desierta, \u00e9l solo, poco m\u00e1s de un a\u00f1o.<\/p>\n<p>En ello no hay cuento alguno. El bestiario humano les llama \u201cn\u00e1ufragos\u201d. Tampoco viene al caso mencionar la cantidad de obst\u00e1culos que tuvo que eludir para mantenerse con vida. El lector puede f\u00e1cilmente imaginarlos evocando los cientos de historias afines que han sido escritas y filmadas.<\/p>\n<p>De hecho, hasta redact\u00f3 un mensaje de auxilio y lo arroj\u00f3 adentro de una botella hacia el ancho mar.<\/p>\n<p>Luc\u00eda como un pellejo de hombre cuando lo encontraron. Barbado y balbuceando en un asoleado idioma, era incapaz de distinguir entre mon\u00f3logo y di\u00e1logo. Afortunadamente nuestro h\u00e9roe hab\u00eda trazado semanalmente sobre la arena, y en una parte de la playa a la que las olas no acced\u00edan, todos los tel\u00e9fonos que se sab\u00eda de memoria. Aquello era su ancla al mundo. Fue sencill\u00edsimo contactar a su gente en tierra.<\/p>\n<p>Su familia era adinerada.<\/p>\n<p>Esa circunstancia ayud\u00f3 a propagar la trama. Y a su posterior olvido inmediato.<\/p>\n<p>El hombre asisti\u00f3 a terapias y vacaciones lejos de ola alguna. A rega\u00f1adientes extrajo de su coraz\u00f3n aquel desdichado a\u00f1o de carencias y peleas contra el azar, el apetito y los ciclos. Hered\u00f3 los negocios intercontinentales del padre, busc\u00f3 el amor y quiz\u00e1 lo encontr\u00f3. Por lo menos forj\u00f3 una familia fotog\u00e9nica. Sum\u00f3 sus d\u00edas en meses y \u00e9stos en a\u00f1os. Rondando los sesenta fue v\u00edctima de una singular melancol\u00eda: quer\u00eda tener en las manos el mensaje que desesperadamente hab\u00eda entregado al mar.<\/p>\n<p>\u00bfEra una botella de color? \u00bfTransportaba antes agua? \u00bfEra una botella de vino? \u00bfVino de qu\u00e9 gentilicio? \u00bfUn recipiente de pl\u00e1stico, acaso?<\/p>\n<p>Deseaba volver a leer aquella nota, anhelaba reconocerse aterrado en esas l\u00edneas que su mente recordaba torcidas e infantiles. Pero sobre todo quer\u00eda conocer con certeza qu\u00e9 dec\u00edan.<\/p>\n<p><b>\u00bfQu\u00e9?<\/b><\/p>\n<p>Toda la fase del naufragio era, precisamente, una isla extraviada en la memoria del millonario. Simplemente la elimin\u00f3 de su registro, esa candorosa suma entre mentira y memoria que es la vida de todo ser humano. Se le ocurri\u00f3 emplear su poder econ\u00f3mico para recuperar el mensaje. Public\u00f3 una convocatoria, incitando a la gente que encontr\u00f3 botellas en el mar en los \u00faltimos treinta y tantos a\u00f1os a que se las llevaran.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n de la aguja en el pajar se puso celosa.<\/p>\n<p>El proyecto se antojaba m\u00e1s bien absurdo. Aun as\u00ed llegaron pescadores de todo el mundo. Cientos de botellas y sus respectivas misivas hechas delgado taco. Huelga decir que la recompensa era, naturalmente, una cifra tan fant\u00e1stica como el planteamiento en s\u00ed.<\/p>\n<p>Recibi\u00f3 indefinidamente a todos los marineros que tocaban a su puerta. Les preguntaba d\u00f3nde hab\u00edan encontrado tal frasco, como si tuviera una m\u00ednima noci\u00f3n del rumbo de las mareas y sus designios. Las aguas del globo desfilaron frente a sus ojos. Las manos le ol\u00edan a arena, a pez. La mayor\u00eda de las cartas se pulverizaban antes de ser le\u00eddas. Ninguna era la suya. \u00a1Ninguna!<\/p>\n<p>Llor\u00f3 al olvido. A lo irrecuperable. A la humana man\u00eda de no apreciar el instante. Se dio por vencido y, poeta involuntario, declaro al concurso: desierto.<\/p>\n<p>Los frascos y tarros que recaud\u00f3 terminaron apilados en una habitaci\u00f3n en los s\u00f3tanos de su palacete, formando monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Una tarde, encerrado en esa pieza, se sec\u00f3 el agua de los ojos. Cada una de esas botellas representaba, idealmente, a un abandonado en las islas. Un hombre. Fue como a visitarlos a todos. Los recuerdos le regresaron de golpe: la sal, la sangre, el sudor.<\/p>\n<p>Es mentira: los recuerdos no regresaron.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed pas\u00f3 es que repentinamente dej\u00f3 de sentirse tan solo. Tan abandonado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>* Gabriel Rodr\u00edguez Liceaga.<\/b><\/p>\n<p>Autor de los cuentarios\u00a0<i>Ni\u00f1os tristes<\/i>\u00a0(Premio Mar\u00eda Luisa Puga de Cuento 2010),\u00a0<i>Perros sin nombre\u00a0<\/i>(Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potos\u00ed 2012) y\u00a0<i>\u00a1Canta, herida!\u00a0<\/i>(Premio Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez 2015). Ha publicado las novelas\u00a0<i>Balas en los ojos, El siglo de las mujeres, La felicidad de los perros del terremoto y Aqu\u00ed hab\u00eda una frontera<\/i>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soledad \/ Gabriel Rodr\u00edguez Liceaga* Gabriel Rodr\u00edguez Liceaga* Hubo un buen hombre que sobrevivi\u00f3 en una isla desierta, \u00e9l solo, poco m\u00e1s de un a\u00f1o. En ello no hay cuento alguno. El bestiario humano les llama \u201cn\u00e1ufragos\u201d. Tampoco viene al caso mencionar la cantidad de obst\u00e1culos que tuvo que eludir para mantenerse con vida. 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