{"id":27418,"date":"2022-05-01T07:59:00","date_gmt":"2022-05-01T13:59:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27418"},"modified":"2022-05-01T07:59:00","modified_gmt":"2022-05-01T13:59:00","slug":"resplandor-en-la-oscuridad-el-amor-y-el-color-negro-en-beatriz-zamora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27418","title":{"rendered":"Resplandor en la oscuridad: el amor y el color negro en Beatriz Zamora"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Resplandor en la oscuridad: el amor y el color negro en Beatriz Zamora<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Pintora Beatriz Zamora<\/p>\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Recuento de una vida dedicada al arte en medio de grandes obst\u00e1culos, pero con una clara convicci\u00f3n, disciplina y talento para superarlos. La obra pict\u00f3rica de Beatriz Zamora (CDMX, 1935) fue reconocida con el Premio Nacional de Arte, del Sal\u00f3n Nacional de Artes Pl\u00e1sticas en 1978.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Estoy convencida de que nac\u00ed artista, de que no ten\u00eda m\u00e1s camino que el del arte. Me miro a los ojos, m\u00e1s negros con el tiempo, e imagino aquel 25 de julio de 1935, cuando vine al mundo y mi padre, Rutilio Zamora, susurraba mi nombre al o\u00eddo de Esther Urbina, su esposa, mi joven madre. \u00c9l era qu\u00edmico y le bastaba oler y probar el petr\u00f3leo borboteante en los veneros para hacer c\u00e1lculos y evitar las explosiones. Pero nunca vio venir, dos a\u00f1os despu\u00e9s de mi nacimiento, la reacci\u00f3n de mi madre. El llanto incesante de mi hermanita la sac\u00f3 de sus cabales y la estamp\u00f3 contra el muro desgraci\u00e1ndole el cuadril para toda la vida. Mi padre nos separ\u00f3 de ella porque dec\u00eda que tem\u00eda por nuestra seguridad. Nunca supimos de ella, ni siquiera se mencionaba su nombre en casa. Pap\u00e1 se hizo cargo de nosotras y no fuimos a la escuela, la educaci\u00f3n la recibimos en casa como ni\u00f1as arist\u00f3cratas.<\/p>\n<p>Inicialmente pretend\u00ed estudiar m\u00fasica, pero me cas\u00e9 muy joven, a los dieciocho a\u00f1os, y fui madre muy temprano. La mentalidad dominante, incluso entre artistas y gente de izquierda, era que la mujer estaba hecha para las labores dom\u00e9sticas y no para pensar y crear. Mi marido, el pintor Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez Delgadillo, no era la excepci\u00f3n y me prohibi\u00f3 andar ese camino. Pero mi sensibilidad art\u00edstica iba a brotar por alg\u00fan lado. Un d\u00eda ech\u00f3 a perder un bastidor y elimin\u00f3 la tela. La recog\u00ed de la basura y se me ocurri\u00f3 fragmentarla para hacer peque\u00f1os cuadritos. Le ped\u00ed que me prestara algunos de sus pinceles y algo de pintura. Me mir\u00f3 esc\u00e9ptico y con cierta displicencia puso algunas frutas para que las dibujara. Continu\u00f3 con sus actividades. \u201cYa\u201d, le dije. \u201c\u00bfYa qu\u00e9?\u201d, respondi\u00f3. \u201cYa termin\u00e9 de hacer lo que me encomendaste.\u201d \u201cNo es posible, acabas de empezar. No es tan f\u00e1cil como supones\u201d, me insist\u00eda. Le traje mi cuadrito y no daba cr\u00e9dito. \u201cEs como si hubieses pintado desde siempre\u201d, me dec\u00eda emocionado. \u201cEntonces, \u00bfme prestas tus pinceles?\u201d \u201cNo s\u00f3lo te los presto, te los regalo.\u201d Y me entreg\u00f3 un estuche con materiales de pintura.<\/p>\n<p>Pintaba cuatro cuadros diarios, pero tuve que demorar mi ritmo de trabajo porque el embarazo de mi \u00faltima hija era de alto riesgo; adem\u00e1s, mi tipo de sangre es factor rh negativo. Me prohibieron hacer esfuerzos y tuve que permanecer los nueve meses en reposo. No supe en qu\u00e9 momento pasaron los ocho meses de inactividad cuando me advirtieron que pod\u00eda morir la criatura o yo, o ambas. Fue entonces cuando tom\u00e9 la decisi\u00f3n de dedicarme a pintar si sobreviv\u00eda. Pero \u00bfpintar qu\u00e9? Todos los artistas tienen motivos. Met\u00ed unos papelitos con palabras en una bolsa y extraje uno. Conten\u00eda la palabra amor. Naci\u00f3 mi hija y ambas sobrevivimos. Le hicieron recambio sangu\u00edneo completo y tuvo que permanecer en el hospital un tiempo considerable. A los pocos d\u00edas del parto retom\u00e9 los pinceles.<\/p>\n<p>Un d\u00eda vino a casa Rafael Anzures, gran artista, y sin darse cuenta pis\u00f3 uno de los cuadros. \u201c\u00bfQui\u00e9n lo pint\u00f3?\u201d Interrog\u00f3. Mis hijos gritaron \u201cmi mam\u00e1\u201d. Me pregunt\u00f3 si ten\u00eda m\u00e1s, y los ni\u00f1os volvieron a gritar entusiasmados \u201ctiene muchos\u201d. Me pidi\u00f3 que le mostrara mi trabajo. \u201cNo, no puedo \u2013le dije\u2013. T\u00fa eres un gran pintor, te admiro mucho.\u201d Antes de que me negara de manera rotunda, los ni\u00f1os trajeron un mont\u00f3n de cuadritos. \u00c9l los revis\u00f3 y comenz\u00f3 a decir: aqu\u00ed est\u00e1 el rumor de la noche, ac\u00e1 el perfume de la yerba, etc\u00e9tera. Me dej\u00f3 boquiabierta, descifraba lo que yo hab\u00eda pretendido expresar. Tiempo despu\u00e9s regres\u00f3 con el galerista Antonio Souza, muy elegante, muy serio. Estaba tambi\u00e9n Antonio Navarrete y mi marido. Cada pedacito de pintura deb\u00eda colocarlo sobre la maderita y fijarlo con chinchetas. Sent\u00eda mucha verg\u00fcenza. Pasaron como treinta o cuarenta cuadritos y Rafael se puso de pie y vino hacia m\u00ed, \u201ccon su permiso \u2013dijo y me bes\u00f3 emocionado las manos y la frente mientras se volv\u00eda hacia los otros\u2013, tengo el gusto de presentarles a una gran artista mexicana\u201d. Al a\u00f1o hice la primera exposici\u00f3n en la galer\u00eda de Antonio Souza. Era 1962.<\/p>\n<h2>\u201c\u2026dejar de ser lo que no somos\u201d<\/h2>\n<p>Tras el divorcio, lo primero que hice fue estudiar literatura con Juan Jos\u00e9 Arreola. All\u00ed, con \u00e9l, comenc\u00e9 a buscar los significados del negro, las lecturas que hablaran del tema, ya como color o como representaci\u00f3n de mundos y situaciones diversas. Encontr\u00e9 casi nada. Fue entonces, en 1972, cuando se me present\u00f3 la oportunidad de viajar a Paris, a L\u2019\u00c9cole des Beaux Arts. Mi objetivo era aprender a ver. Durante meses fui al Louvre, desde la ma\u00f1ana hasta la tarde. Un d\u00eda comenzaba a deprimirme y vi un letrero que anunciaba una exposici\u00f3n de Robert Motherwell:\u00a0<i>Je t\u2019aime<\/i>. Hasta ese momento yo era figurativa; Motherwell me dio la se\u00f1al de por d\u00f3nde se pod\u00eda transitar hacia lo que yo andaba buscando.<\/p>\n<p>Me encerr\u00e9 en mi habitaci\u00f3n y llor\u00e9 por horas. Ten\u00eda la cara hinchada y me contempl\u00e9 en el espejo. Record\u00e9 una frase de Ouspensky: \u201cPara llegar a ser lo que verdaderamente somos, primero tenemos que dejar de ser lo que no somos.\u201d Por eso el llanto, reconoc\u00eda que hab\u00eda sido lo que no era ni deseaba en realidad. Desde ese momento mi obra era parte del pasado. Yo era otra. Estaba de nuevo en el principio, convencida de que mi b\u00fasqueda le pertenec\u00eda a mi pa\u00eds y ten\u00eda que regresar y desarrollar mi proyecto aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Juan de la Cabada era muy amigo m\u00edo; de la nada inventaba historias, pero no las escrib\u00eda. Yo quer\u00eda que se pusiera a escribir y entre los dos decidimos rentar un departamento, \u00e9l para hacer literatura y yo para pintar. Pasaban los d\u00edas y \u00e9l no escrib\u00eda nada. Llegu\u00e9 incluso a encerrarlo con llave, pero no daba resultado. Luego de tres o cuatro horas sin haber redactado una l\u00ednea, me dec\u00eda harto de ver la pared \u201cya v\u00e1monos a comer\u201d. Un d\u00eda me compr\u00f3 unos cuadros por cinco mil pesos. No era mucho dinero, pero s\u00ed era significativo. Me fui a la zona industrial a buscar lona, despu\u00e9s fui al campo a recoger rastrojo, yerbas, varas, piedras, todo lo que se relacionara con la tierra y me puse a trabajar. Termin\u00e9 cincuenta cuadros de m\u00e1s de 2&#215;2 metros. Esto fue en 1976.<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca me visitaba mucho Raquel Tibol. \u201cQu\u00e9 est\u00e1 haciendo Beatricita, que me diga Beatricita\u201d, dec\u00eda en tono de sorna. Me negaba a mostrarle mi trabajo. En un a\u00f1o realic\u00e9 quinientos cuadros. Era una locura de productividad. Cuando conclu\u00ed llam\u00e9 a Raquel. Llev\u00e1bamos vistos unos noventa cuadros cuando Raquel me abraz\u00f3. \u201cAy, mijita, tienes que parar, no sabes cu\u00e1nto lo siento.\u201d \u201c\u00bfDe qu\u00e9 me hablas, Raquel? Expl\u00edcate.\u201d \u201cLo s\u00e9, te vas a suicidar, esta obra habla de tus deseos de morir. Es una obra de testamento que ni t\u00fa misma alcanzas a comprender.\u201d No ten\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima intenci\u00f3n de morirme.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente me cit\u00f3 en Bellas Artes con Roberto Garibay. \u00c9l me hab\u00eda organizado una exposici\u00f3n en el Museo de San Carlos hac\u00eda algunos a\u00f1os. \u201cEsta mujer tiene que exponer su obra porque su vida corre peligro\u201d, le dijo. Garibay no entend\u00eda y me pregunt\u00f3 de qu\u00e9 se trataba. \u201cDe la tierra\u201d, le dije. \u201c\u00bfDe la tierra?, a ver a ver, expl\u00edcate.\u201d Le cont\u00e9 mi proyecto y antes de que \u00e9l dijera algo, Raquel Tibol interrumpi\u00f3 imperativa: \u201cUna exposici\u00f3n para ayer, \u00bfentiendes?\u201d Garibay, muy tranquilo, prometi\u00f3 ver mi trabajo, pero de entrada me asegur\u00f3 que la Sala Verde estaba disponible para una fecha determinada. Era 1977. Raquel me puso como condici\u00f3n hacer ella la museograf\u00eda, la curadur\u00eda, presentar la exposici\u00f3n y que cambiara de tema. Yo lo daba por descontado, la Tierra hab\u00eda cumplido su ciclo. Juan de la Cabada escribi\u00f3 alg\u00fan texto sobre mi obra, pero yo creo que se perdi\u00f3.<\/p>\n<p>Con el negro acept\u00e9 una exigencia mayor: nunca poner un punto de color, y si lo hac\u00eda, desde ese momento, se terminaba nuestro pacto. Tras la primera serie sent\u00ed que se me hab\u00eda ido el negro, que me dejaba un vac\u00edo. Me vi en el espejo y me descubr\u00ed con la cara y las manos cubiertas de negro. Me dije: Beatriz, es que el negro eres t\u00fa. El negro no se va, no se ha ido, ha entrado en ti, eres su esencia. La obra del negro es infinita. M\u00e9xico es el negro. Sent\u00ed ganas de gritar mi descubrimiento, salir a la calle y dar la noticia. Ya en la puerta me detuve. Ten\u00eda fama de loca y me iban a tachar de trastornada.<\/p>\n<p>En 1978 gan\u00e9 el Premio Nacional de Arte, del Sal\u00f3n Nacional de Artes Pl\u00e1sticas. Hab\u00edan concursado m\u00e1s de mil obras. Juan Garc\u00eda Ponce, Alaide Foppa, Juan Acha, Bertha Taracena, hab\u00edan sido parte del jurado. Optaron por mi obra:\u00a0<i>Serie 2, Negro no. 4.\u00a0<\/i>Algunos inconformes del grupo Peyote montaron en c\u00f3lera y descolgaron mi cuadro para darle de patadas. Enrique Guzm\u00e1n intent\u00f3 destruirlo a golpes con un extinguidor. Raquel Tibol intervino y puso orden. Pens\u00e1bamos que hab\u00edan destruido el cuadro. Al ponerlo en vertical, cu\u00e1l fue nuestra sorpresa, estaba intacto. Hasta ahora el cuadro luce impecable en el Museo de Arte Moderno.<\/p>\n<p>Robert Rosemblum era artista, escritor y maestro. Conoci\u00f3 a Mark Rothko, Clyfford Still, William de Kooning, Pollock, Ad Reinhardt, Motherwell, a todos los miembros de la Escuela de Nueva York y a otros artistas que trataron de hacer el negro. Vino a El Colegio de M\u00e9xico ese mismo a\u00f1o del esc\u00e1ndalo y se aloj\u00f3 en la casa de Alberto Dalall, quien ten\u00eda un cuadro m\u00edo. Rosemblum se interes\u00f3 por mi trabajo y quiso conocer mi obra. Yo ten\u00eda unos doscientos cuadros de negro. En 1979 decid\u00ed abandonar M\u00e9xico, pues no cesaban las amenazas de muerte y de incendiar mi casa. Le llam\u00e9 a Robert y le anunci\u00e9 que viajar\u00eda a Nueva York con algunos cuadros. La obra se qued\u00f3 varada en la aduana y Robert me ayud\u00f3 a liberarla gracias a la intermediaci\u00f3n de los Rockefeller, quienes me ofrecieron una galer\u00eda por tres meses a condici\u00f3n de que ellos fueran los primeros en elegir los cuadros. Acept\u00e9, pero no compraron una sola obra. No obstante me dejaron la sala como hab\u00edan prometido.<\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde me vi obligaba a regresar a M\u00e9xico y a comenzar desde cero, sin casa, sin galer\u00edas, sin coleccionistas, sin un grupo de amistades. Rent\u00e9 una casa de mala muerte en el centro, en la calle Allende. Estaba en ruinas y muy sucia. Trabaj\u00e9 d\u00eda y noche limpi\u00e1ndola, arregl\u00e1ndola hasta convertirla en un palacio. Me puse a trabajar y la primera exposici\u00f3n que hice fue en la Casa del Lago. No se vendi\u00f3 mucho, de hecho mi obra nunca ha sido muy socorrida por el mercado. Enrique Guerrero manej\u00f3 mi obra durante unos cuatro o cinco a\u00f1os, luego me cambi\u00e9 a otra galer\u00eda que se llama Labor y la dirige una mujer de nombre Pamela. All\u00ed tengo unos trescientos cuadros.<\/p>\n<p>Yo no fui parte de la Ruptura, yo s\u00ed romp\u00ed con todo. Me incluyen porque, como ellos, expuse en la Galer\u00eda de Antonio Souza: Manuel Felgu\u00e9rez, Jos\u00e9 Luis Cuevas, el propio Tamayo, Gironella, Fernando Garc\u00eda Ponce, que fue mi marido. Su hermano Juan fue uno de los primeros cr\u00edticos que escribi\u00f3 sobre mi obra. Fernando me admiraba, pero los hombres son hombres, no admiten que una mujer est\u00e9 a su nivel o los supere. Fernando me insist\u00eda y me dec\u00eda: \u201cSi Tapies, que es Tapies, no ha podido hacer el negro, \u00bfcrees que t\u00fa s\u00ed?\u201d Me sonre\u00eda y le dec\u00eda: \u201cPues claro que puedo, yo s\u00ed.\u201d<\/p>\n<p>Cuando me separ\u00e9 de mi primer esposo, su familia se opuso a que yo estuviera con mis hijos; me los quitaron. Fue una situaci\u00f3n muy violenta. Inici\u00e9 un pleito que se llev\u00f3 a\u00f1os. Cuando gan\u00e9 la patria potestad y la familia de mi exmarido y \u00e9l mismo corr\u00edan el riesgo de ir a la c\u00e1rcel, me desist\u00ed y ped\u00ed que no se ejecutara la acci\u00f3n penal. \u00bfC\u00f3mo iba a explicarles a mis hijos que yo hab\u00eda mandado a la c\u00e1rcel a su padre y sus hermanas, a su abuela? Los ni\u00f1os se fueron con su padre y yo ya no me opuse. A\u00fan tienen una imagen idealizada de \u00e9l y yo lo celebro. Por el contrario, no s\u00e9 si entienden mi obra, su trascendencia. Mucha gente piensa que soy una mujer con demencia senil, que estoy desahuciada, que no pienso con claridad; est\u00e1n equivocados, trabajo todos los d\u00edas con la ambici\u00f3n de conocimiento y de b\u00fasqueda. A\u00fan pago el precio de la libertad, del amor por el arte, del amor por mis hijos, del amor por el negro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resplandor en la oscuridad: el amor y el color negro en Beatriz Zamora Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva Pintora Beatriz Zamora Recuento de una vida dedicada al arte en medio de grandes obst\u00e1culos, pero con una clara convicci\u00f3n, disciplina y talento para superarlos. 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