{"id":27515,"date":"2022-05-09T09:16:21","date_gmt":"2022-05-09T15:16:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27515"},"modified":"2022-05-09T09:16:21","modified_gmt":"2022-05-09T15:16:21","slug":"brevedad-intensidad-y-muerte-prematura-la-obra-narrativa-de-ignacio-rodriguez-galvan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27515","title":{"rendered":"Brevedad, intensidad y muerte prematura: la obra narrativa de Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Brevedad, intensidad y muerte prematura: la obra narrativa de Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n (1816-1842) es, como se ver\u00e1 en este ensayo, un buen ejemplo de gran talento truncado por una muerte injustamente adelantada. En s\u00f3lo veintis\u00e9is a\u00f1os dej\u00f3 una obra narrativa, dr\u00e1matica y po\u00e9tica que vale la pena recordar y revalorar.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n (Tizayuca, 1816-La Habana, 1842) escribi\u00f3 tres cuentos y una novela corta que tienen como escenario Ciudad de M\u00e9xico. Un par de narraciones ocurre en la Nueva Espa\u00f1a y el otro par en las dos primeras d\u00e9cadas independentistas: \u201cLa hija del oidor\u201d tiene su campo de acci\u00f3n en 1809, un a\u00f1o antes del grito de Independencia; \u201cEl visitador\u201d, en 1567, a\u00f1o de la supuesta o real conspiraci\u00f3n de Mart\u00edn Cort\u00e9s, hijo de Hern\u00e1n Cort\u00e9s y La Malinche; \u201cManolito el pisaverde\u201d, quiz\u00e1 el m\u00e1s complejo y mejor resuelto, en 1832, y \u201cLa procesi\u00f3n\u201d, en el cual se narran sucesos entre 1820 y 1836, y que desde el principio se le va de las manos al autor. En sus poemas, en su teatro y en su narrativa, los asuntos de irg son netamente rom\u00e1nticos y aspiran en su desarrollo y en sus desenlaces tristes o tr\u00e1gicos a emocionar o sacudir al lector.<\/p>\n<p>En la segunda mitad de la d\u00e9cada de los treinta del siglo xix \u2013estrechamente conservadora\u2013, cuando escribe Rodr\u00edguez Galv\u00e1n, las mujeres decentes eran como objetos bellos y \u00fatiles de la casa. En sus cuentos hay historias de j\u00f3venes desdichadas, padres sever\u00edsimos o consentidores, amantes ambiciosos, esposos crueles, autoridades abusivas o extranjeros trepadores. El destino de los j\u00f3venes y las j\u00f3venes en las narraciones, salvo en \u201cLa procesi\u00f3n\u201d, es inevitablemente funesto, y en el mejor de los casos, como el del Brujo de \u201cLa hija del oidor\u201d, la c\u00e1rcel. Algunos rasgos distintivos ligan a las principales protagonistas femeninas de las ficciones (Juanita, Teodora, Mar\u00eda, Ana, Isabel): ser j\u00f3venes, bellas, ricas (salvo Mar\u00eda) y hu\u00e9rfanas de madre, y desde luego y tristemente, v\u00edctimas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Amargura, melancol\u00eda y\u00a0resentimiento, transformados<\/b><\/p>\n<p>A los once a\u00f1os, tra\u00eddo por su madre, Rodr\u00edguez llega a Ciudad de M\u00e9xico a vivir a la casa-librer\u00eda de su t\u00edo Mariano Galv\u00e1n, quien era el hacedor asimismo de los bellos y did\u00e1cticos Calendarios Galv\u00e1n, los cuales empezaron a circular en 1826 y que en los siglos xx y y xxi han sido continuados por otros. Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n trabaj\u00f3 de mil usos para su t\u00edo, pero la librer\u00eda fue el azar m\u00e1s feliz que tuvo en su escasa vida, que le permiti\u00f3 descubrirse como un voraz lector, lo cual a su vez lo llevar\u00eda a la escritura de diversos g\u00e9neros, destac\u00e1ndose en la poes\u00eda, el teatro y el cuento, lo cual result\u00f3 un bien de fortuna para la tradici\u00f3n literaria mexicana. Fue el mejor poeta del primer romanticismo, y la \u201cProfec\u00eda de Guatimoc\u201d es uno de los cuatro o cinco poemas mayores de nuestro siglo xix. \u00bfEs poco que Rodr\u00edguez Galv\u00e1n, a los veintid\u00f3s a\u00f1os de su edad, en el pr\u00f3logo a su drama\u00a0<i>Mu\u00f1oz, visitador de M\u00e9xico<\/i>, puesto en escena en 1838 en el Teatro Principal, escribiera que ten\u00eda casi la certeza de que se trataba del \u201cprimer drama hist\u00f3rico\u00a0<i>mejicano<\/i>\u00a0escrito por un\u00a0<i>mejicano<\/i>\u201d?<\/p>\n<p>Pobre, poco agraciado en su aspecto f\u00edsico, extravagante en su conducta y vestimenta, Rodr\u00edguez respiraba melancol\u00eda, amargura y resentimiento social, y esa melancol\u00eda, esa amargura y ese resentimiento, para quien posee un talento fuera de lo com\u00fan como el suyo, pueden llegar a ser buen campo de cultivo para escribir bella literatura. Rodr\u00edguez detest\u00f3 a las \u00e9lites, pero mor\u00eda por tener a sus j\u00f3venes hijas, representadas ante todo en la delgada y delicada actriz Soledad Cordero, en quien pens\u00f3 para escribir sus personajes femeninos principales. Soledad Cordero, \u201cla Rosa del [Teatro] Principal\u201d, como la llam\u00f3 Guillermo Prieto en sus\u00a0<i>Memorias de mis tiempos<\/i>, era un destello de diamante en el lodazal del \u00e1mbito de la far\u00e1ndula; asimismo de los ricos Rodr\u00edguez critic\u00f3 acerbamente su frivolidad y arrogancia, como cuando narra, por ejemplo, los bailes o paseos que organizaban, en los cuales la \u00e9lite sol\u00eda solazarse en el chismorreo infecto y la murmuraci\u00f3n envenenada. Detest\u00f3 a los franceses, a quienes caricaturiz\u00f3 en la\u00a0<i>nouvelle<\/i>\u00a0\u201cLa procesi\u00f3n\u201d en el personaje La Braconier, el prometido de Isabel, y arremeti\u00f3 contra ellos en su poema \u201cGuerra a los galos, guerra\u2026\u201d, escrito un a\u00f1o despu\u00e9s de la injusta y abusiva Guerra de los Pasteles. Eso no anula que admirara a sus poetas y artistas. Borges dec\u00eda que Francia, como el Jap\u00f3n, era un \u201cpa\u00eds literario\u201d; Rodr\u00edguez vio de esa manera a Francia.<\/p>\n<p>Salvo pasajes, los ambientes de las ficciones del joven hidalguense Galv\u00e1n son opresivos: las estrechas y sombr\u00edas calles del centro hist\u00f3rico y casas de ricos que parecen c\u00e1rceles suntuosas. Las calles que menciona son San Francisco, Tacuba, Seminario, Arzobispado y Santa Teresa, y desde luego, por otro lado, la gran plaza, que los mexicanos llamamos Z\u00f3calo desde 1843. Sin embargo, Rodr\u00edguez no nombra las calles precisas donde los protagonistas habitan. En alguna p\u00e1gina cita de paso que hab\u00eda tabernas en las calles de San Pablo y la Palma. Aparecen tambi\u00e9n las acequias y canales. De los suburbios, sirve de escenario, en un pasaje de \u201cLa hija del oidor\u201d, el Paseo de la Viga, en cuyo canal navegaban desde el sur los indios en sus canoas para vender su mercanc\u00eda y donde los \u201cl\u00e9peros y villanos\u201d tocaban la guitarra y el bandone\u00f3n y bailaban \u201cel mon\u00f3tono e insulso jarabe\u201d. En \u201cManolito el pisaverde\u201d el cap\u00edtulo final ocurre en el pueblo de San \u00c1ngel, y m\u00e1s precisamente a sus orillas, en El Cabr\u00edo, que muy probablemente ser\u00eda lo que son hoy Tizap\u00e1n y el Pedregal con su cascada, sus barrancos, pe\u00f1ascos y sus \u201cenormes lavas\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>\u201cLa hija del oidor\u201d y \u201cManolito\u00a0el pisaverde\u201d<\/b><\/p>\n<p>Creemos que de lo m\u00e1s logrado en \u201cLa hija del oidor\u201d es el juego de disfraces del joven personaje, quien es lo mismo un hombre bien parecido que salva a la muchacha de ahogarse en el Canal de la Viga, que un insolente pordiosero que insulta al oidor en la calle nocturna, que seduce y pre\u00f1a a Juanita fingiendo ser el Licenciado Primo Verdad \u2013el verdadero (ahora h\u00e9roe mexicano) hab\u00eda muerto un a\u00f1o antes en la fallida conspiraci\u00f3n de 1808\u2013, que al \u00faltimo se revela como un hombre apodado el Brujo, asesino de profesi\u00f3n. Juanita, una adolescente de diecis\u00e9is a\u00f1os, como lo fue en el virreinato, como lo fue en el siglo xix y la primera mitad del siglo xx, fue una\u00a0<i>ni\u00f1a bien<\/i>, conservadora, de \u00e9sas que sol\u00edan vivir en \u201cel encierro y la tiran\u00eda\u201d hasta casarse, a la espera de que los padres le hallaran un buen partido matrimonial.<\/p>\n<p>\u201cManolito el pisaverde\u201d ocurre en 1832. Manolito, elegantemente vestido, de facciones hermosas, es en verdad Mar\u00eda, la esposa guatemalteca de un advenedizo guatemalteco, Jacinto Almaraz, quien ha venido a M\u00e9xico en 1829 haci\u00e9ndose pasar como perseguido pol\u00edtico, pero su fin es casarse (se llega a casar por segunda vez), con una joven heredera rica llamada Teodora. Mar\u00eda, una muchacha de dieciocho a\u00f1os, quien lo ama profundamente, a su vez ha venido a buscarlo, disfraz\u00e1ndose de hombre, y la noche de su boda se ha colado a la alcoba de Teodora y le ha contado toda la historia. El objeto clave que demostrar\u00e1 la infidelidad de Jacinto es una cruz que Manolito (Mar\u00eda) da a Teodora, quien a su vez la mostrar\u00e1 Jacinto. Al d\u00eda siguiente, en el paseo en San \u00c1ngel, Jacinto ha reconocido a Mar\u00eda y la tragedia es inevitable. Los hechos acaecen en dos d\u00edas: la noche de un s\u00e1bado y en el curso del domingo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Mu\u00f1oz, el siniestro visitador virreinal<\/b><\/p>\n<p>Sobrio e intenso, el otro cuento de la \u00e9poca virreinal es \u201cEl visitador\u201d, el licenciado Mu\u00f1oz, funcionario espa\u00f1ol enviado a la Nueva Espa\u00f1a con autoridad de virrey\u00a0<i>de facto<\/i>, quien llega en 1567, el turbulento a\u00f1o de la conspiraci\u00f3n de Mart\u00edn Cort\u00e9s. Mu\u00f1oz, hombre obstinado en la extrema crueldad, consuma sin tregua y en brev\u00edsimo tiempo un estrago entre culpables y sospechosos en nombre de la Corona: destierros, c\u00e1rceles, ejecuciones. Una de las im\u00e1genes m\u00e1s impresionantes es cuando Rodr\u00edguez Galv\u00e1n describe las cabezas de los aut\u00e9nticos o supuestos conspiradores \u201clevantadas sobre escarpines en la gran plaza\u201d. Agigantado por la leyenda, Mu\u00f1oz es uno de los personajes m\u00e1s siniestros en la historia de la Nueva Espa\u00f1a, y Rodr\u00edguez Galv\u00e1n, al hacer su retrato moral y f\u00edsico, lo hace m\u00e1s siniestro. En una recreaci\u00f3n de f\u00e1bula, Rodr\u00edguez (como lo llamaban los amigos) le crea una debilidad y lo lleva a enamorarse de una joven de veinte a\u00f1os, virtuosa y bell\u00edsima, benefactora de los indios, Ana Cervantes, hija del alcalde, quien est\u00e1 a un d\u00eda de casarse con un noble, Baltasar Quesada, a quien Mu\u00f1oz, para separarlos, lo manda a encarcelar, y al verse Mu\u00f1oz imperiosamente rechazado por Ana, ordena decapitarlo. Advertido de los excesos criminales, Felipe ii ordena a Mu\u00f1oz volver a Espa\u00f1a, quien conocer\u00e1 y ya un inmediato y aciago adi\u00f3s.<\/p>\n<p>\u201cEl visitador\u201d tiene su correspondiente en el teatro de Rodr\u00edguez Galv\u00e1n en la pieza\u00a0<i>Mu\u00f1oz, visitador de M\u00e9jico<\/i>. La historia es esencialmente la misma pero var\u00edan nombres, estado civil, hechos secundarios y conclusi\u00f3n. Ana en la pieza es Celestina; \u201cuna criada de edad provecta\u201d es Berta; Baltasar Quesada es Baltasar Sotelo, o m\u00e1s expl\u00edcito, en la conjuraci\u00f3n est\u00e1n los hermanos Pedro y Baltasar Quesada, pero \u00e9ste no es el prometido como en el cuento, sino un conjurado. En la obra de teatro es m\u00e1s intensa que en el cuento hist\u00f3rico la crueldad de Mu\u00f1oz. Narrada en verso, los metros m\u00e1s utilizados son el octos\u00edlabo y el endecas\u00edlabo. El largo tercer acto, cuando se urde la conspiraci\u00f3n para matar a Mu\u00f1oz, y el desenlace sorpresivo, son lo m\u00e1s intenso de la obra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El melodrama germinal de Rodr\u00edguez Galv\u00e1n<\/b><\/p>\n<p>Si el melodrama en M\u00e9xico ha sido lo natural en las ficciones, en el teatro, en el cine y en la televisi\u00f3n, en la novela corta de Rodr\u00edguez,<i>\u00a0La procesi\u00f3n<\/i>, hallamos un t\u00edpico ejemplo de esa primera mitad del xix. Los hechos acaecen durante el Jueves de Corpus de 1836, y los protagonistas, que se hallan en la calle de San Francisco viendo el acto religioso, son do\u00f1a Joaquina, su hija, su sobrino Juli\u00e1n y su amiga do\u00f1a Manuela. Do\u00f1a Joaquina detesta las procesiones porque en 1820 Dorotea, su primera hija, un mismo Jueves de Corpus, se extravi\u00f3 y porque son un pretexto para que los ricos se luzcan en sus carruajes, presuman un catolicismo artificioso y desprecien a quienes son econ\u00f3micamente inferiores. Su sobrino Juli\u00e1n, muchacho de veintid\u00f3s a\u00f1os, est\u00e1 enamorado de una muchacha rica (Isabel), quien est\u00e1 por casarse con un petimetre franc\u00e9s, que s\u00f3lo va a la caza de la fortuna del padre. Juli\u00e1n la busca desesperadamente, esperando a que asome al balc\u00f3n. No sabe ni imagina que la joven Isabel es Dorotea, la hija que do\u00f1a Joaquina perdi\u00f3 y el hecho cambi\u00f3 esencialmente la vida de la familia. Do\u00f1a Joaquina perdi\u00f3 a Dorotea, luego perdi\u00f3 al marido y acab\u00f3 adoptando a su sobrino Juli\u00e1n.<\/p>\n<p>En las ficciones, m\u00e1s importante que lo verdadero es que parezca veros\u00edmil, es decir, lo que se cuenta y c\u00f3mo se cuenta; en\u00a0<i>La procesi\u00f3n<\/i>\u00a0hay algo que nos aleja por la exageraci\u00f3n f\u00e1cil de la credibilidad: no parecen veros\u00edmiles ni la entrada subrepticia de Juli\u00e1n a la casa de Isabel; ni que el a\u00f1o anterior, desde que la sigue, Isabel se haya enamorado tambi\u00e9n del muchacho pobre s\u00f3lo de verlo furtivamente de lejos; ni que Juli\u00e1n vaya a buscar al cobarde petimetre franc\u00e9s (La Braconier), prometido de Isabel, a desafiarlo; ni que los azares lleven a descubrir que Isabel es Dorotea, la hija perdida de do\u00f1a Joaquina, es decir, su prima, y que a las primeras el padre de Isabel, don Santiago, gustoso consienta de inmediato la boda. No es que eso no pueda ocurrir, sino que en la narraci\u00f3n suenan falsamente lacrimosos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Mala estrella y muerte prematura<\/b><\/p>\n<p>Estos tres cuentos y la novela corta, m\u00e1s all\u00e1 de digresiones moralistas o sentenciosas, de met\u00e1foras de dudoso gusto, de exageraciones sentimentales, dejan ver que Rodr\u00edguez no s\u00f3lo ten\u00eda un talento inusual como poeta, sino tambi\u00e9n ten\u00eda buenas dotes como narrador y dramaturgo, y duele comprender lo que signific\u00f3 para la literatura mexicana su repentina muerte a los veintis\u00e9is a\u00f1os en La Habana, Cuba, a causa de la malaria, el 25 de julio de 1842. Su destino era Caracas, donde gracias a la recomendaci\u00f3n del ministro de guerra, el general Jos\u00e9 Mar\u00eda Tornel, que estimaba su talento, ir\u00eda a trabajar en la Legaci\u00f3n Extraordinaria de las Rep\u00fablicas del Sur e Imperio del Brasil. Su \u201cmala estrella\u201d, de la que \u00e9l hablaba de tener, se volvi\u00f3 una sombra sin regreso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Brevedad, intensidad y muerte prematura: la obra narrativa de Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n Marco Antonio Campos Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n (1816-1842) es, como se ver\u00e1 en este ensayo, un buen ejemplo de gran talento truncado por una muerte injustamente adelantada. 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