{"id":27616,"date":"2022-05-15T08:42:05","date_gmt":"2022-05-15T14:42:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27616"},"modified":"2022-05-15T08:42:05","modified_gmt":"2022-05-15T14:42:05","slug":"celos-y-cuerpos-liberados-catherine-millet-la-nueva-lady-chatterley","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27616","title":{"rendered":"Celos y cuerpos liberados: Catherine Millet, la nueva Lady Chatterley"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"ljs-merri\">Celos y cuerpos liberados: Catherine Millet, la nueva Lady Chatterley<\/h4>\n<p><span class=\"sem-autor\">Eve Gil<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Directora del m\u00e1s prestigiado mensuario de artes pl\u00e1sticas de Europa, &#8216;Art Press&#8217;, la francesa Catherine Millet escribi\u00f3 varios libros sobre cr\u00edtica de arte antes de incursionar en la literatura. Seg\u00fan revela en su segunda novela, &#8216;Celos&#8217;, public\u00f3 sus primeros art\u00edculos en sus veinte, sin estudios profesionales de por medio, estimulada por \u00e1vidas lecturas que paliaron una vida familiar llena de hipocres\u00eda y vulgaridad. Su oficina, en la que predomina el color crema, est\u00e1 decorada con sencillez y buen gusto.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"A-intro\">La elegancia de Catherine M. se debe menos a la marca de sus prendas que a la soltura propia de los cuerpos liberados. Cuando public\u00f3 su autobiograf\u00eda\u00a0<i>La vida sexual de Catherine M.,<\/i>\u00a0muchos creyeron que se trataba de una broma kantiana, pero no: Catherine M., la prudente, la discreta, abri\u00f3 de golpe el tel\u00f3n de su tumultuosa intimidad y escandaliz\u00f3 al mundo.<\/p>\n<p class=\"A-intro\"><b>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/b><\/p>\n<p class=\"A-TXT-Capitular\">Nacida el 1 de abril de 1948 en Bois Colombes, Francia, Catherine M., reacia a escotes y a estornudos estruendosos, pertenece a la primera generaci\u00f3n de mujeres sexualmente emancipadas en Europa, las que conocieron la p\u00edldora anticonceptiva perfeccionada y no requer\u00edan comprometerse emocionalmente para acostarse con alguien. Ya casada con el poeta, novelista y fot\u00f3grafo Jacques Henric (1938), opt\u00f3 por narrar al detalle su vida sexual, es decir:\u00a0<i>su vida<\/i>, con objetividad entomol\u00f3gica, cancelando toda euforia est\u00e9tica ante su objeto de contemplaci\u00f3n. Apabulla con una inteligencia desbordante y una prosa precisa y, no obstante, po\u00e9tica, con todo y la frialdad con que aborda detalles escabrosos. En la contraportada de\u00a0<i>Celos<\/i>\u00a0se lee una afirmaci\u00f3n para nada exagerada: \u201c\u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si Montaigne o Rousseau hubieran sido libertinos y mujeres? \u00bfHabr\u00edan sido las Catherine Millet de su tiempo?\u201d A veinte a\u00f1os de aquel controvertido debut, Millet responde dicha comparaci\u00f3n a trav\u00e9s de un apasionado ensayo sobre D.H. Lawrence,\u00a0<i>Amar a Lawrence<\/i>: se siente mucho m\u00e1s cercana a las hero\u00ednas del autor ingl\u00e9s y al propio Lawrence.<\/p>\n<h2 class=\"Textogeneral\">El erotismo y la obscenidad de Catherine<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">\n<p class=\"Textogeneral\"><i>La vida sexual de<\/i><i>\u00a0Catherine M<\/i>., es un libro profundamente obsceno\u2026 y la obscenidad, reflexion\u00e9 tras leerlo, sin acudir a una fuente secundaria que sustentara mi \u201cteor\u00eda\u201d, es el intermediario que nadie cree que exista entre erotismo y pornograf\u00eda, porque el erotismo, al igual que la pornograf\u00eda, puede ser obsceno, y la obscenidad no necesariamente tiene que ser vulgar, como el propio Lawrence manifest\u00f3.\u00a0 Catherine M. tiene la elegancia de Sade. Me refiero concretamente al estilo, no al contenido: ella no concibe el sufrimiento. No infringirlo, al menos. En\u00a0<i>Amar a Lawrence,\u00a0<\/i>de hecho, crea una clara divisi\u00f3n entre Sade y Bataille y David Herbert: los personajes de aquellos son\u00a0<i>outsiders<\/i>\u00a0de la normatividad sexual, regidos por la depravaci\u00f3n, mientras que los del autor brit\u00e1nico no ven nada malvado en el sexo. La llaneza de Millet para referir los resquicios del cuerpo, sin embargo, es sadiana, aunque el que todos esos t\u00e9rminos \u2013verga, co\u00f1o, mierda\u2013 provengan de una voz femenina pareciera exacerbar la percepci\u00f3n de obscenidad. Esta mujer desmitifica, de una vez por todas, la creencia generalizada de que La Mujer, en tanto g\u00e9nero, necesariamente involucra los sentimientos con la sexualidad. Contradice tambi\u00e9n el argumento m\u00e1s habitual de las feministas conservadoras para satanizar la pornograf\u00eda: imposible que una mujer practique una sexualidad animal, instintiva.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Catherine desciende a lo m\u00e1s profundo de su pasado, origen de todo trauma: la infancia. Nada extraordinario, pareciera decirnos Catherine. Ni mi nombre escapa de lo corriente: Catherine, promiscuamente extendido entre francesas e inglesas nacidas en la postguerra, acaso por honrar a una santa de especial popularidad por entonces. Porque, \u00a1claro!, naci\u00f3 en el seno de una familia cat\u00f3lica y m\u00e1s bien pobre. Cinco miembros deambulando por aquel diminuto apartamento. No fueron m\u00e1s porque los padres resolvieron dormir en camas separadas, lo cual no significa que el padre optara por una vida casta, como tampoco su madre, a quien la joven sorprendi\u00f3 en pleno escarceo con un \u201camigo\u201d. Catherine, la m\u00e1s peque\u00f1a y \u00fanica mujer, tuvo que compartir la cama con \u00e9sta. La absoluta ausencia de intimidad, se\u00f1ala, marcar\u00eda su vida. Fue una ni\u00f1ita ejemplar, que incluso aliment\u00f3 ideales piadosos\u2026 hasta que descubri\u00f3 lo excitante de aguardar a que su madre cayera rendida para entregarse al recreo descubierto entre sus muslos: \u201cQuiz\u00e1 la obligaci\u00f3n de excitarme con im\u00e1genes mentales m\u00e1s que con caricias expl\u00edcitas propiciara el desarrollo de mi imaginaci\u00f3n.\u201d No obstante, en<i>\u00a0Amar a Lawrence\u00a0<\/i>dicha versi\u00f3n var\u00eda. Su madre llega a advertir sus estremecimientos y la llama \u201cviciosa\u201d. Perder\u00eda la virginidad a una edad bastante promedio: dieciocho. Lo extraordinario comienza cuando decide huir de casa y, a manera de bautismo de su libertad conquistada, se acuesta con un amiguito libertino que no llega a novio, aunque en\u00a0<i>Celos<\/i>\u00a0reconoce que con Claude fue m\u00e1s importante de lo que parec\u00eda; que a su lado conoci\u00f3 algo m\u00e1s que el arte, la libertad y el sexo. Conoci\u00f3 la violencia&#8230; y los celos, aunque no se atreva a nombrarlos. Al instante de escribir este testimonio, ya en su madurez, Catherine asume que la violencia de Claude contra ella, que lleg\u00f3 a ser f\u00edsica, ten\u00eda que ver con un sentimiento de celos no reconocido por ninguno de los dos. Los celos no pod\u00edan tener cabida en una relaci\u00f3n \u201ccivilizada\u201d y \u201cmoderna\u201d.<\/p>\n<h2 class=\"Textogeneral\">Los\u00a0<i>Celos<\/i>\u00a0y el pudor de Catherine.<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">Pudorosa \u2013aunque \u201cmi pudor est\u00e1 en otra parte\u201d\u2013, necesitaba confundirse entre la multitud para ejercer su sexualidad: perderse, despersonalizarse, cosificarse. No siempre es deseo lo que la empuja al pulpo humano \u2013los muchos brazos\u2026 las muchas manos cuya procedencia poco importan\u2013; el deseo casi nunca tiene que ver con sus impulsos sino con el de otros, cosa que relaciona con una postura democr\u00e1tica y\/o pr\u00f3diga, m\u00e1s cercana a la santidad que a la lujuria. La aut\u00e9ntica excitaci\u00f3n, por lo general, la lleva m\u00e1s a estar consigo misma. Es entonces que se entrega a su voraz imaginaci\u00f3n, la cual toma, de aqu\u00ed y de all\u00e1, visiones y sensaciones recogidas de la intensa actividad sexual compartida con otros y otras \u2013aunque hacerlo con mujeres no le entusiasma gran cosa\u2013; avivada por una asombrosa capacidad de observaci\u00f3n que ha hecho de ella una de las m\u00e1s prestigiadas cr\u00edticas de arte en Europa\u2026 don que le permite describir con sorprendente belleza y nitidez lo que alguien menos curioso y sensible narrar\u00eda de manera burda: \u201cLa cama estaba colocada cerca de un ventanal, y unos r\u00f3tulos arrojaban sobre \u00e9l reflejos amarillos, a lo Hopper.\u201d A decir de la propia Catherine, uno de los aspectos m\u00e1s emocionantes de llevar una vida promiscua es despertarse cada d\u00eda en un lugar distinto que presenta aspectos arquitect\u00f3nicos diversos.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Cuando Jacques ingresa intempestivamente en su vida, ella ya est\u00e1 al frente de\u00a0<i>Art Press\u00a0<\/i>y ha obtenido parte de su prestigio actual. Es una mujer en sus treinta que se desarrolla con gran profesionalismo y mantiene apartadas su vida \u00edntima y su trabajo. Unos errores detectados por \u00e9l en una gu\u00eda de fotograf\u00edas de unos poemas de su autor\u00eda, pr\u00f3ximos a publicarse en el mensuario, lleva a la directora a solicitar su presencia en la oficina. Juntos realizan la revisi\u00f3n del material sin siquiera rozarse. Muy educadamente, Jacques la invita a salir y Catherine, que no ha desarrollado gran habilidad para comunicarse con palabras \u2013el lenguaje corporal es lo que predomina\u2013 acepta sin m\u00e1s expectativa que la de disfrutar la charla erudita del escritor. Ya entrados en confianza, \u00e9l le pregunta si sostiene alguna relaci\u00f3n amorosa, a lo que ella responder\u00e1, con inocencia, que mantiene relaciones \u201ccon una cantidad de gente\u201d, a lo que el escritor responder\u00e1, desconcert\u00e1ndola m\u00e1s que ella a \u00e9l: \u201cEs raro escuchar a la mujer de la que uno se empieza a enamorar que se acuesta con una cantidad de gente.\u201d<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Este hombre pronto se convertir\u00e1 en su primera \u201cpareja oficial\u201d, por llamarlo de alg\u00fan modo. Y Catherine revela, no sin azoro, que pese a que Jacques no es exactamente mojigato, comparten un rechazo visceral a presenciar sus actos sexuales con terceras personas. Ella es lo bastante precavida para nombrarlo \u201camor\u201d. En cambio, la palabra \u201ccelos\u201d sale a relucir una y otra vez, reemplazando a aquella. Casi es posible escuchar la entonaci\u00f3n perpleja con que Catherine la enuncia: \u201cLa habitaci\u00f3n com\u00fan, el lecho \u2018conyugal\u2019, representa una prohibici\u00f3n absoluta.\u201d\u00a0 S\u00ed, Catherine M. tiene tab\u00faes. Ella y Jacques tienen una vida sexual externa a su relaci\u00f3n de pareja, la cual mantienen encristalada, sagrada\u2026 al margen de \u201clo otro\u201d. Vive con Jacques sus mejores experiencias est\u00e9ticas, que involucran, claro, el sexo. El \u00e1lbum-libro de la autor\u00eda de Henric,\u00a0<i>L\u00e9gendes de Catherine Millet<\/i>, adem\u00e1s de exponer sus teor\u00edas respecto a la exhibici\u00f3n del cuerpo, presenta fotos de la propia Catherine, tomadas por \u00e9l mismo, donde ella expone en su esplendor un cuerpo que nada tiene de espectacular como no sean el amor y la admiraci\u00f3n del hombre detr\u00e1s del lente.<\/p>\n<p>Catherine narra en\u00a0<i>Celos<\/i>\u00a0la crisis por la que atraves\u00f3 su matrimonio cuando tuvo la ocurrencia de abrir el diario de su esposo \u2013que, por otro lado, no tuvo la precauci\u00f3n de dejarlo fuera de su alcance\u2013 y descubri\u00f3 las fotograf\u00edas de una mujer que deb\u00eda ser la misma sobre la que se escrib\u00eda.\u00a0<i>Celos<\/i>\u00a0se convierte, pues, en una narraci\u00f3n detectivesca a la par de intimista en donde la narradora hurga desesperadamente en su psique, en sus emociones, en sus recuerdos y va extrayendo toda clase de descubrimientos sobre ella misma y el hombre que ama. Las otras mujeres en la vida de Jacques no hab\u00edan tenido rostro, ni nombre. Eso diferencia a Blandine de las dem\u00e1s. Catherine M. experimenta unos celos obscenos como una masa sudorosa y jadeante. \u201cHe visto trabajar a arque\u00f3logos. Con la ayuda de unos cordeles cuadriculan el terreno en unidades de menos de un metro de lado, y cada uno rasca su cuadrado con una cuchara. No se les escapa un residuo de cer\u00e1mica del tama\u00f1o de una u\u00f1a. As\u00ed trabaj\u00e9 yo en el espacio habitado por Jacques.\u201d<\/p>\n<p>As\u00ed como fue capaz de reflexionar objetivamente sobre su sexualidad, escrut\u00e1ndose sin tapujos, ahonda en su propio dolor con esa mirada casi cient\u00edfica; sali\u00e9ndose de su cuerpo para convertirse espectadora, llegando a conmover por la detallada descripci\u00f3n de su sufrimiento silencioso. Si Lawrence hubiera atendido m\u00e1s los celos, su obra ser\u00eda definitivamente m\u00e1s redonda, m\u00e1s carnal. En todo caso, Catherine se refleja en las mujeres recreadas por el gran autor ingl\u00e9s, \u201c\u2026mujeres sacrificadas no en beneficio de la familia ni en el altar de las convenciones sociales, sino deliberadamente sacrificadas a la elevada imagen que imaginaban de s\u00ed mismas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Celos y cuerpos liberados: Catherine Millet, la nueva Lady Chatterley Eve Gil Directora del m\u00e1s prestigiado mensuario de artes pl\u00e1sticas de Europa, &#8216;Art Press&#8217;, la francesa Catherine Millet escribi\u00f3 varios libros sobre cr\u00edtica de arte antes de incursionar en la literatura. 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