{"id":27715,"date":"2022-05-22T09:49:07","date_gmt":"2022-05-22T15:49:07","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27715"},"modified":"2022-05-22T09:49:07","modified_gmt":"2022-05-22T15:49:07","slug":"dos-cuentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27715","title":{"rendered":"Dos cuentos"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Dos cuentos<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Laura Linares Palacios<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\"><i><b>La inundaci\u00f3n<\/b><\/i><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>En cuanto el cielo se oscurece y comienza a gotear, los truenos redoblan entre las nubes y la luminiscencia de los rayos descubre a los fantasmas en harapos que erran por las calles y duermen sobre el asfalto.<\/p>\n<p>Luego, el viento, con su voz de bar\u00edtono, advierte: \u201cLa tormenta cubrir\u00e1 de hielo la ciudad.\u201d Al escucharlo, Deo, el portero del edificio color ladrillo, se preocupa. Olvid\u00f3, al alba, antes de partir al trabajo, colocar las latas vac\u00edas bajo las goteras en su casa. Ahora todo se mojar\u00e1.<\/p>\n<p>A la hora de la salida de Deo, cuando los habitantes del edificio ya est\u00e1n refugiados y beben chocolate, comienza la granizada. Camino al tren, a pesar de su l\u00e1nguido paraguas, el portero se empapa; sus huesos quedan ateridos y las esferas de hielo que no dejan de caer le agreden el rostro, la cabeza, las manos&#8230;<\/p>\n<p>El tren, luego de una larga demora por la tormenta, llega con los vagones abarrotados. Deo, como puede, se hace lugar en uno de ellos y todo apretujado emprende el regreso. Debido al cansancio y al murmullo, al portero se le cierran los ojos de cuando en cuando. Lo \u00fanico que anhela ya es encontrar a\u00a0<i>Ili<\/i>, su gato, acurrucado en alg\u00fan rinc\u00f3n de casa; sus exhalaciones, sobre todo en los malos tiempos, siempre caldean la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p>Al fin, Deo llega a la esquina donde debe esperar el cami\u00f3n. Mientras contempla las titilaciones de la ciudad ataviada de plata y le casta\u00f1etean los dientes, el portero se pregunta qu\u00e9 estar\u00e1n haciendo los moradores del edificio color ladrillo. Imagina que algunos leen con placidez; a otros los fantasea en contemplaci\u00f3n de la lluvia, envueltos en c\u00e1lidas mantas o abrigados por sus enso\u00f1aciones. Maldice<br \/>\nsu suerte.<\/p>\n<p>Exhausto, Deo llega a su morada. Como lo hab\u00eda previsto, el agua se trasmin\u00f3 a trav\u00e9s de las goteras. Profundas charcas se extienden en el suelo, el sof\u00e1 est\u00e1 anegado y la cama tambi\u00e9n. Adem\u00e1s,\u00a0<i>Ili<\/i>\u00a0no est\u00e1; esta vez sus espiraciones no entibiar\u00e1n el aire. El portero, despu\u00e9s de quitarse la h\u00fameda ropa, se sienta en una silla y se cubre con una frazada medio seca. Despu\u00e9s activa el despertador; apenas le quedan unas horas para dormir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b><i>Las tejedoras<\/i><\/b><\/p>\n<p>Los d\u00edas de Toti est\u00e1n salpicados de melancol\u00eda desde que Sole parti\u00f3. Pasa las horas mirando al vac\u00edo y a veces hasta solloza.<\/p>\n<p>Pero una ma\u00f1ana en que la lluvia danza gozosa en las ventanas y la diminuta terraza, ella comienza a anhelar volver a ser alegre y saltarina como las gotas. Este deseo permanece en su esp\u00edritu algunos d\u00edas m\u00e1s, pero no sabe c\u00f3mo deshacerse de la melancol\u00eda. Primero la mete adentro de los zapatos, pero la melancol\u00eda se sale y comienza a perseguirla. Entonces la atrapa en el quinqu\u00e9; rompe el cristal. Luego, ata la tristeza con una cuerda a la rama m\u00e1s alta del naranjo, pero aqu\u00e9lla regresa. Por \u00faltimo, intenta d\u00e1rsela de comer a su gato. El felino, enfadado, muerde a Toti y se aleja.<\/p>\n<p>Agotada, se sienta a la mesa. Mientras bebe t\u00e9, medita y medita hasta dar con una posible soluci\u00f3n: \u201cEnvolver\u00e9 la tristeza en telara\u00f1as.\u201d<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda, Toti dedica la ma\u00f1ana a reunir todas las telara\u00f1as que encuentra por las callejuelas, no sin librar disputas con una que otra ara\u00f1a. Cuando tiene suficientes telas, regresa a su departamento.<\/p>\n<p>Ah\u00ed, sin perder tiempo, l\u00eda su melancol\u00eda. La telara\u00f1a hace lo suyo. Toti empieza a estar tranquila.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos cuentos Laura Linares Palacios La inundaci\u00f3n En cuanto el cielo se oscurece y comienza a gotear, los truenos redoblan entre las nubes y la luminiscencia de los rayos descubre a los fantasmas en harapos que erran por las calles y duermen sobre el asfalto. 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