{"id":27888,"date":"2022-06-04T08:40:20","date_gmt":"2022-06-04T14:40:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27888"},"modified":"2022-06-04T08:40:20","modified_gmt":"2022-06-04T14:40:20","slug":"historias-del-pabellon-seis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27888","title":{"rendered":"Historias del pabell\u00f3n seis"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Historias del pabell\u00f3n seis<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Hermann Bellinghausen<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\"><strong>Lo que dijo<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Me ir\u00e9 de largo conforme avance el mundo\u2013dijo.<\/p>\n<p>Sentado en un camastro esperar\u00e9 que venga por m\u00ed quien tenga que venir \u2013dijo.<\/p>\n<p>Le pregunt\u00e9 entonces que por qu\u00e9 esperaba y no se iba de una buena vez.<\/p>\n<p>Esperar es mi forma de irme \u2013dijo.<\/p>\n<p>Con todo respeto, me permit\u00ed se\u00f1alarle que la pasividad mat\u00f3 al gato, o algo parecido.<\/p>\n<p>A mi edad \u2013dijo\u2013 uno est\u00e1 mejor sin hacer nada.<\/p>\n<p>Ya s\u00f3lo hablar con ustedes me induce a pensar que hablar no vale la pena a la hora de irse \u2013dijo.<\/p>\n<p>Claudia y Esperanza, como buenas hijas, lo arroparon con una frazada.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed no se va nadie \u2013dijo Esperanza.<\/p>\n<p>Claudia, con esa sonrisa de hoyuelos y gracia, le propuso mejor v\u00e1monos todos. Era brava.<\/p>\n<p>No te toca, no les toca que se vayan \u2013dijo a sus hijas, a Claudia. No estaba malhumorado, ya ven que el mal humor tambi\u00e9n cansa. Y \u00e9l trataba de pasarla descansado.<\/p>\n<p>\u00bfY si el mundo no avanza? \u2013dije.<\/p>\n<p>Si el mundo no avanza \u2013dijo\u2013 me caer\u00eda la maldici\u00f3n de permanecer indefinidamente. Pero no teman, el mundo avanza, basta verlas.<\/p>\n<p>Hasta se le suaviz\u00f3 la voz, se\u00f1alando a Claudia y Esperanza, pero tambi\u00e9n nos sentimos aludidos yo y la joven enfermera.<\/p>\n<p>Primero impidan que el mundo retroceda \u2013dijo.<\/p>\n<p>Si lo hiciera no valdr\u00eda la pena lo que estoy a punto de hacer \u2013dijo incorpor\u00e1ndose y arrojando lejos la frazada.<\/p>\n<p>Juro que en ese momento vi c\u00f3mo le sal\u00edan alas antes de alcanzar la ventana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><i><strong>Lul\u00fa<\/strong><\/i><\/h2>\n<p>Joven y estudiante, todav\u00eda era impresionable e ingenuo. Corr\u00eda la versi\u00f3n de que Lul\u00fa era una ninf\u00f3mana incontrolable (\u201cpsic\u00f3tica\u201d). Los enfermeros la vigilaban permanentemente. Un d\u00eda llegu\u00e9 a verla con las manos atadas por atr\u00e1s con un trozo de tela. Los m\u00e9dicos evitaban abundar sobre su caso y recomendaban guardar distancia. En sus hojas de prescripci\u00f3n brincaban los medicamentos duros. Lo m\u00e1s inquietante era su juventud (tendr\u00eda mi edad aproximadamente) y la belleza que el deterioro nosocomial no apagaba. Mi inexperiencia sexual era tan grande como mi curiosidad. Ella la despertaba en todos. Un morbo. Cuando la vi dirigirse a m\u00ed, sonriente, sent\u00ed una especie de miedo sagrado.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos en el patio grande del hospital Fray Bernardino a la \u201chora del recreo\u201d, una expresi\u00f3n poco afortunada que compart\u00edan el personal y los internados, aunque la verdad a los segundos les alegraba el \u00e1nimo salir a la intemperie un rato. Era como un patio de prisi\u00f3n con \u00e1reas verdes. Los guardias vest\u00edan de enfermeros y los internados deambulaban en delirio solitario. Algunos buscaban socializar con los estudiantes y pasantes.<\/p>\n<p>A Lul\u00fa no siempre la dejaban salir, que para protegerla de s\u00ed misma. Su historial era terrible, lleno de episodios violatorios \u201cque ella misma provocaba\u201d conclu\u00eda una de sus notas de admisi\u00f3n. Recorri\u00f3 la distancia que nos separaba con presteza. Lleg\u00f3 ante m\u00ed y pregunt\u00f3 mi nombre. Se lo dije. Su sonrisa era encantadora, aunque algo grotesca a causa del bil\u00e9 rojo ligeramente corrido, un poco alterada por los f\u00e1rmacos, y conjetur\u00e9 que por ocasionales electrochoques, que todav\u00eda se usaban.<\/p>\n<p>Soy Lul\u00fa, dijo. Me reprim\u00ed decirle ya s\u00e9. Me extendi\u00f3 la mano, sudorosa y fr\u00eda. Quiero que me ayudes a salir de aqu\u00ed, tengo una cita importante en otra parte, dijo. La bata entreabierta revelaba sus duros pechos sin sost\u00e9n. Vi\u00e9ndome inquieto, con una expresi\u00f3n irresistible en el rostro, no de loca, desanud\u00f3 otra correa de la bata y pude verle el sexo negro. Poco sab\u00eda yo de co\u00f1os en ese entonces. La ten\u00eda tan cerca que me embriag\u00f3 el aroma \u00edntimo de ella, opacaba el rancio olor del hospital, com\u00fan a todos los pacientes.<\/p>\n<p>Gracias a mi bata blanca de practicante la erecci\u00f3n se disimulaba, pero deb\u00ed ruborizarme entre la excitaci\u00f3n inapropiada y la verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>\u00a1Lul\u00fa!, grit\u00f3 un enfermero a la distancia y camin\u00f3 aprisa hacia nosotros. Ella se percat\u00f3 de la situaci\u00f3n y pareci\u00f3 divertirle. Se limpi\u00f3 una migaja de los labios con su lengua blanquecina y pastosa. Tom\u00f3 mi rostro entre sus manos h\u00famedas y fr\u00edas y ya iba a darme un beso cuando el enfermero la cogi\u00f3 con rudeza de los hombros y en segundos llegaron dos m\u00e1s con una camisa de fuerza que le ensartaron.<\/p>\n<p>Lul\u00fa grit\u00f3, s\u00fabitamente alterada, d\u00e9jenme, dec\u00eda, y palabras muy altisonantes y obscenas. Y luego suplicante, d\u00e9jenme, no lo vuelvo a hacer, se lo prometo, gimoteaba.<\/p>\n<p>Me sent\u00eda un rid\u00edculo villamel\u00f3n pero a\u00fan as\u00ed abogu\u00e9 por ella, no la lastimen, alcanc\u00e9 a decir cuando uno de los enfermeros le clav\u00f3 una jeringa en el brazo y ella solt\u00f3 un mill\u00f3n de l\u00e1grimas, como en el cruel retrato de Dora Maar que pint\u00f3 Picasso.<\/p>\n<p>La arrastraban de los brazos y de la camisa de lona exhibiendo sus desnudeces, rodeada de la grotesca algarab\u00eda de los dem\u00e1s internados. Si no es que ya lo hab\u00eda hecho antes, en ese momento decid\u00ed que nunca ser\u00eda psiquiatra.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historias del pabell\u00f3n seis Hermann Bellinghausen Lo que dijo Me ir\u00e9 de largo conforme avance el mundo\u2013dijo. Sentado en un camastro esperar\u00e9 que venga por m\u00ed quien tenga que venir \u2013dijo. Le pregunt\u00e9 entonces que por qu\u00e9 esperaba y no se iba de una buena vez. Esperar es mi forma de irme \u2013dijo. 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