{"id":27908,"date":"2022-06-05T09:59:29","date_gmt":"2022-06-05T15:59:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27908"},"modified":"2022-06-05T09:59:29","modified_gmt":"2022-06-05T15:59:29","slug":"la-agonia-soy-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=27908","title":{"rendered":"La agon\u00eda soy yo"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Biblioteca fantasma<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Eve Gil<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Socorro Venegas<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">La agon\u00eda soy yo<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No se lo he preguntado directamente a Socorro Venegas, pero s\u00e9 que los fragmentos en tercera y primera persona del Diario de tapas rojas, consignados en su libro\u00a0<i>Ceniza roja<\/i>\u00a0(P\u00e1ginas de Espuma, Madrid, 2022), hermosamente ilustrado por Gabriel Pacheco, cuyas estilizadas y embrujadoras figuras remiten a las de Remedios Varo, son absolutamente reales\u2026 si acaso sometidas a cierto proceso de correcci\u00f3n. Me inclino a pensar, sin embargo, conocedora de la obra total de Venegas, desde el primer libro hasta el m\u00e1s reciente, tambi\u00e9n publicado por P\u00e1ginas de Espuma,\u00a0<i>La memoria donde ard\u00eda<\/i>, que, si fuera el caso, no debi\u00f3 serle complicado dado el dominio de la prosa po\u00e9tica que se advert\u00eda ya en\u00a0<i>La risa de las azucenas,\u00a0<\/i>publicado en 1997 por el Fondo Editorial Tierra Adentro. El tema de la viudez prematura, por otro lado, es recurrente y m\u00e1s acentuado en su extraordinaria novela<i>\u00a0Vestido de novia<\/i>\u00a0(Tusquets, 2014).<\/p>\n<p><i>Ceniza roja<\/i>\u00a0da seguimiento a un proceso de duelo para el que Mar\u00eda, la protagonista, no estaba preparada. Ninguna joven reci\u00e9n casada se lo plantear\u00eda siquiera, y experimentar semejante dolor a una edad en la que la muerte parece excepcional, distante, algo que les ocurre a los dem\u00e1s y nunca a una, incrementa el elemento tr\u00e1gico de la obra. La agon\u00eda provocada por una enfermedad nos alerta sobre<br \/>\nla posibilidad. La brutalidad de un accidente o un crimen nos devasta, pero, al mismo tiempo, nos hace objeto de empat\u00eda, de atenci\u00f3n, fortalece nuestros lazos con la comunidad. Qu\u00e9 pasa, entonces, con las muertes s\u00fabitas, absurdas, que caen con la contundencia de un rayo sobre una persona sana y fuerte, no mayor de treinta a\u00f1os, que nunca ha dado signos de enfermedad alguna. Nadie que huela a leche y a hogar tendr\u00eda por qu\u00e9 morir. \u201cLa \u00faltima vez que hicimos el amor me pediste que abriera los ojos. Dentro de m\u00ed, me mirabas. Un bosque de ilusiones mor\u00eda joven, y no lo vi, no lo vi.\u201d<\/p>\n<p>Mar\u00eda emprende entonces lo que ella describe como una especie de nueva extranjer\u00eda. La muerte de su esposo desestabiliza el mundo que tan amorosamente hab\u00edan forjado juntos. Se lo quita todo. No es que quiera abandonar su hogar pero tampoco puede permanecer ah\u00ed, un lugar ideado para una pareja, donde cada objeto tiene su complemento. Donde todo lo que alguna vez le perteneci\u00f3 a \u00e9l exhibe algo demasiado parecido a la orfandad, a un instante suspendido del que s\u00f3lo es posible escapar empezando de cero. En un principio hay compasi\u00f3n en las miradas de amigos y conocidos, pero al pasar el tiempo surge lo intolerable: cuestionamiento. Reproche. Una viuda joven ingresa al terreno de lo minoritario, de lo an\u00f3malo, de lo que implica cierta peligrosidad. \u00bfSobreviviente o muerta por decreto? \u201cDuele morirse as\u00ed y no encontrar descanso.\/ T\u00fa has muerto. La agon\u00eda soy yo.\u201d<\/p>\n<p>Mar\u00eda sigue con su vida sin estar realmente en ella, pero una fuerza interna, una esperanza no manifiesta a\u00fan la empuja a buscar ayuda psiqui\u00e1trica; medicamentos que le permitan hacer lo que se espera de ella o, mejor, lo que ella espera de s\u00ed misma. Consigue un nuevo empleo, una nueva casa, peque\u00f1a, \u201cm\u00e1s que yo\u201d. Pero incluso entonces contin\u00faa buscando la espalda de Alan del otro lado de la cama, durmiendo, supongo, en la orilla, costumbre dura de perder, si se pierde alguna vez. \u201cNo tener el cuerpo, la presencia amada, es lo mismo que estar a la intemperie.\u201d La desolaci\u00f3n impregna cada objeto nombrado, cada frase que aspira al optimismo, cada t\u00edmido intento por corresponder al inter\u00e9s amoroso de otro hombre. Llega el momento en que echa de menos al hijo que nunca tuvo, que Alan pidi\u00f3 no tener.<\/p>\n<p><i>Ceniza roja<\/i>\u00a0es un libro atesorable m\u00e1s que simplemente hermoso, escrito con un dolor en tiempo real, inenarrable en origen, que se va configurando en el alma del lector que no puede dejar de experimentar como suyas esas palabras, esas emociones, esa po\u00e9tica en sordina que encierra un discurso tumultuoso y desgarrador. Socorro Venegas, para quien albergue duda antes de asomarse a estas p\u00e1ginas, es una de las narradoras mexicanas m\u00e1s genuinas, potentes y formidables de los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Biblioteca fantasma Eve Gil Socorro Venegas La agon\u00eda soy yo &nbsp; No se lo he preguntado directamente a Socorro Venegas, pero s\u00e9 que los fragmentos en tercera y primera persona del Diario de tapas rojas, consignados en su libro\u00a0Ceniza roja\u00a0(P\u00e1ginas de Espuma, Madrid, 2022), hermosamente ilustrado por Gabriel Pacheco, cuyas estilizadas y embrujadoras figuras remiten [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":27909,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-27908","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/27908","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=27908"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/27908\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27910,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/27908\/revisions\/27910"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/27909"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=27908"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=27908"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=27908"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}