{"id":28235,"date":"2022-06-27T09:47:51","date_gmt":"2022-06-27T15:47:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28235"},"modified":"2022-06-27T09:47:51","modified_gmt":"2022-06-27T15:47:51","slug":"la-obra-de-t-s-eliot-1888-1965-ejercio-una-poderosa-influencia-en-la-poesia-mexicana-del-siglo-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28235","title":{"rendered":"La obra de T.S. Eliot (1888-1965) ejerci\u00f3 una poderosa influencia en la poes\u00eda mexicana del siglo pasado"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">T.S. Eliot para principiantes<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Evodio Escalante<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Sin duda, la obra de T.S. Eliot (1888-1965) ejerci\u00f3 una poderosa influencia en la poes\u00eda mexicana del siglo pasado. En este art\u00edculo se trata de esa resonancia centrada en dos libros del poeta estadunidense nacionalizado ingl\u00e9s, a saber, &#8216;La tierra bald\u00eda&#8217; y &#8216;La canci\u00f3n de amor &#8216;de J. Alfred Prufrock&#8217;.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p><b>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/b><\/p>\n<h2 class=\"Textogeneral\">I<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">Con rebumbio y champ\u00e1n se celebra este a\u00f1o el centenario de algunas de las (insuperables) piezas maestras de la vanguardia: el\u00a0<i>Ulises\u00a0<\/i>de James Joyce,\u00a0<i>Trilce\u00a0<\/i>de C\u00e9sar Vallejo y\u00a0<i>La tierra bald\u00eda\u00a0<\/i>de T.S. Eliot, este \u00faltimo quiz\u00e1s el poeta de lengua inglesa que m\u00e1s impacto ha tenido en los escritores de nuestro pa\u00eds. En lo que se refiere a Eliot, a medio mundo le gusta creer que empieza a ser conocido entre nosotros gracias al enorme \u00e9xito de\u00a0<i>La tierra bald\u00eda\u00a0<\/i>(1922), que algunos a\u00f1os despu\u00e9s Enrique Mungu\u00eda dar\u00e1 a conocer en espa\u00f1ol al publicar una versi\u00f3n en prosa de dicho poema en la revista\u00a0<i>Contempor\u00e1neos<\/i>. Esta traducci\u00f3n aparecer\u00e1 en el verano de 1930 con el t\u00edtulo (que nadie m\u00e1s ha vuelto a emplear) de \u201cEl p\u00e1ramo\u201d. El car\u00e1cter inaugural de esta publicaci\u00f3n parece confirmarlo, casi seis d\u00e9cadas despu\u00e9s, el texto de agradecimiento que Octavio Paz escribi\u00f3 al recibir en 1988 el Premio T.S. Eliot concedido por la Fundaci\u00f3n Ingersoll, en Chicago. Ah\u00ed relata Paz la profunda impresi\u00f3n que le habr\u00eda producido leer, cuando todav\u00eda era un adolescente, la traducci\u00f3n de Mungu\u00eda en la can\u00f3nica revista del llamado \u201cgrupo sin grupo\u201d.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Pero, podr\u00eda uno preguntarse, \u00bfde verdad fueron los Contempor\u00e1neos los primeros en prestar atenci\u00f3n a Eliot? Lo cierto es que el escritor estadunidense, luego nacionalizado ingl\u00e9s, habr\u00eda empezado su carrera como poeta de vanguardia con un primer<i>\u00a0gong\u00a0<\/i>de resonancias inolvidables, cuando, unos pocos a\u00f1os antes, hab\u00eda conseguido que la revista\u00a0<i>Poetry<\/i>\u00a0le publicara en Estados Unidos\u00a0<i>La canci\u00f3n de amor de J. Alfred Prufrock\u00a0<\/i>(1915). Quienes leyeron este texto, tendr\u00edan que haber quedado electrizados. Su impresionante arranque marca una l\u00ednea de demarcaci\u00f3n en la historia de la poes\u00eda l\u00edrica. Con un gesto decadente, que traduce un disgusto generacional y de \u00e9poca, el poema sonsaca, en la traducci\u00f3n que le debemos a Rodolfo Usigli: \u201cVay\u00e1monos pues, t\u00fa y yo,\/ cuando la tarde se haya tendido contra el cielo\/ como un paciente eterizado sobre una mesa.\u201d<sup>1<\/sup><\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Por razones de simple cronolog\u00eda, me pregunto, \u00bfno estaban llamados los \u201catene\u00edstas\u201d \u2013cobijados bajo el magisterio de Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a\u2013 a ser los primeros en sacar provecho de la lectura de Eliot? Un c\u00e9lebre texto de Julio Torri, \u201cCirce\u201d, que a su vez reelabora un conocido pasaje de Homero, convierte en veros\u00edmil esta conjetura. En su secci\u00f3n medular, el texto se\u00f1ala: \u201c\u00a1Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos [\u2026] \u00a1Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para m\u00ed.\u201d (<i>Ensayos y poemas,\u00a0<\/i>1917). Siempre me admir\u00f3 la salida ingeniosa de Torri al asunto del \u201ccanto de las sirenas\u201d. Sin embargo, esta admiraci\u00f3n se cae al suelo cuando advertimos que Torri no hizo sino \u201ccalcar\u201d con variaciones insignificantes unos versos que se encuentran en un texto que \u00e9l debi\u00f3 conocer:\u00a0<i>La canci\u00f3n de amor de J. Alfred Prufrock.\u00a0<\/i>En ese lugar, en efecto, el joven Eliot hab\u00eda escrito dos a\u00f1os antes: \u201cHe o\u00eddo a las sirenas cant\u00e1ndose una a otra\/ No creo que canten para m\u00ed.\u201d \u00a1La iron\u00eda, y la decepci\u00f3n, por lo que se ve, son de Eliot y no de Torri!<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\"><b>II<\/b><\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Un poema extra\u00f1o de asociaciones decadentes que public\u00f3 el joven Octavio Paz en la revista\u00a0<i>Barandal<\/i>, y que de alg\u00fan modo \u201cescondi\u00f3\u201d pues nunca incluy\u00f3 en libro sino muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando en ocasi\u00f3n de hab\u00e9rsele concedido el Premio Nobel de Literatura, una editorial espa\u00f1ola se hizo cargo de recogerlo en sus\u00a0<i>Obras completas<\/i>, me refiero a \u201cNocturno de la ciudad abandonada\u201d (1931), hace pensar que el primer poema de Eliot que realmente dej\u00f3 huellas en su escritura no es, en contra de lo que \u00e9l mismo declara en el texto que mencion\u00e9 antes,\u00a0<i>La tierra bald\u00eda,\u00a0<\/i>sino, como ya se sospecha,\u00a0<i>La canci\u00f3n de amor de J. Alfred Prufrock.<\/i><\/p>\n<p class=\"Textogeneral\"><i><\/i>Cierto: el del joven Paz es un poema oscuro y amargo, que aporta una imagen desconcertante y poco usual de Ciudad de M\u00e9xico. Contra el triunfalismo de la Revoluci\u00f3n y contra el optimismo de los urbanistas, el joven Paz lo que ve es una ciudad sin voz, que ha perdido su identidad, en la que lo que predomina no son las nuevas construcciones del siglo sino las ruinas y las piedras que testifican la existencia de una cultura que ha sido aplastada por los vencedores, raz\u00f3n por la cual se habr\u00edan evaporado la magia y el sentido de lo sagrado que todav\u00eda ten\u00edan un lugar en la tierra. Por eso leemos en su texto, siempre desencantado: \u201cEsta es la ciudad de la Desesperanza.\/\/ Los enormes templos derruidos,\/ las columnas ya rotas, aplastando\/ serpientes y dioses labrados.\/\/ Y los grandes vientos heroicos\/ que agotaron la bandera del Sol,\/ arrodillados, inm\u00f3viles.\u201d<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Lo que Paz pone sobre el escenario es una cat\u00e1strofe hist\u00f3rica de proporciones enormes: \u201cLas f\u00f3rmulas y los conjuros,\/ impronunciables, borrados de las piedras.\/\/ Y los n\u00fameros m\u00e1gicos exhaustos\/ perdido todo poder y toda fuerza.\u201d<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">A esta ciudad le viene bien el escalofriante verso\u00a0<i>pat\u00edbulo del Tiempo<\/i>, con el que el joven adolescente la califica<i>.\u00a0<\/i>\u00bfLa historia ha sido suspendida y cancelada? As\u00ed parece. Por ello insiste Paz en el sesgo tr\u00e1gico: \u201cY nadie vive, porque jam\u00e1s nadie tuvo deseo.\/ (La eternidad es un minuto.)\u201d<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Uno de los estudiosos de la obra de Paz, Anthony Stanton, sin duda sorprendido por la radicalidad de esta<i>\u00a0visi\u00f3n oscura<\/i>, que se clava en el cuerpo como una flecha de obsidiana, reconoce: \u201cEs dif\u00edcil precisar las fuentes de esta nueva voz sombr\u00eda.\u201d<sup>2<\/sup>\u00a0Estimo que tiene raz\u00f3n: ni modo de atribuirlo a la influencia del poeta \u201csolar\u201d Carlos Pellicer, o quiz\u00e1s a la de Maples Arce que hab\u00eda publicado en 1924 su\u00a0<i>Urbe. Super-poema bolchevique en 5 cantos,\u00a0<\/i>testimonio de uno de los primeros desfiles obreros que hubo en la capital. Empero, quiz\u00e1s no hay que ir muy lejos para encontrar la respuesta que busca Stanton. La fuente de esta\u00a0<i>visi\u00f3n oscura\u00a0<\/i>tendr\u00eda que ser el poema de Eliot al que me vengo refiriendo. Para empezar, el t\u00edtulo mismo es enga\u00f1oso: no hay nada \u201camoroso\u201d en el texto, sino m\u00e1s bien un paisaje desolado que todo lo abarca, incluido el envejecimiento de su protagonista y el progresivo desgaste que experimenta la ciudad en la que \u00e9ste habita. Se trata de un t\u00edtulo ir\u00f3nico. Por lo dem\u00e1s, abundan las frases que implican resonancias l\u00fagubres que rozan con lo siniestro: \u201ccalles semidesiertas\u201d, \u201cmurmurantes asilos\u201d, \u201choteles baratos de una noche\u201d, el \u201chumo amarillo\u201d que frota su hocico contra las vidrieras, los \u201ccanales en desag\u00fce\u201d, \u201cel holl\u00edn que cae de las chimeneas\u201d. Sin olvidar, a fin de cuentas, el poderoso impacto de lo que no se espera: la descripci\u00f3n del atardecer como equivalente al cuerpo anestesiado de un personaje que yace sobre una mesa de operaciones, listo para recibir las cuchilladas del bistur\u00ed. Sin duda, un golpe de genio.<\/p>\n<h2 class=\"Textogeneral\">III<\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">Empero, donde Julio Torri se limitaba a \u201ccalcar\u201d, el joven Paz edita y reelabora. En lugar de abrir su \u201cNocturno de la ciudad abandonada\u201d con una imagen espectacular, como hace Eliot, reserva esta impresi\u00f3n para las l\u00edneas finales de su texto, y no evoca el l\u00e1nguido\u00a0<i>atardecer\u00a0<\/i>sino, al contrario, un\u00a0<i>amanecer<\/i>\u00a0g\u00e9lido; en lugar de referir la figura de un\u00a0<i>paciente anestesiado<\/i>, que escoge Eliot, nos hace ver\u00a0<i>un cad\u00e1ver blanco que cuelga de una estrella,\u00a0<\/i>con lo que corona el car\u00e1cter f\u00fanebre y un poco siniestro de su composici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Transcribo, para mostrarlo, los \u00faltimos cinco versos del poema de Paz: \u201cY el Alba es el cad\u00e1ver blanco\/ De una mujer ahorcada, colgando,\/ Inm\u00f3vil, del clavo de una estrella.\/\/ \u2026la Angustia, desesperada, se suicida.\/ \u00bfCu\u00e1ndo veremos de nuevo el Sol?\u201d<sup>3<\/sup><\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">Estimo que hay razones para considerar que este texto de 1931 acusa de modo indubitable el efecto que tuvo en el Paz adolescente la lectura de\u00a0<i>La canci\u00f3n de amor de J. Alfred Prufrock\u00a0<\/i>de Eliot. Al calor de esta evidencia, y m\u00e1s all\u00e1 de la admiraci\u00f3n que siempre dijo tener Paz por el poeta surrealista Andr\u00e9 Breton, habr\u00eda que observar que varios de los mejores textos de Paz revelan una sintom\u00e1tica cercan\u00eda con alg\u00fan texto anterior del propio Eliot. Eliot hace las veces de la figura tutelar que ha de acompa\u00f1ar al poeta mexicano desde los d\u00edas de su adolescencia hasta los a\u00f1os de su radiante madurez. \u201cEntre la piedra y la flor\u201d<i>\u00a0<\/i>(1941), por ejemplo, un magn\u00edfico poema de protesta, lo reconoce el propio Paz, est\u00e1 \u201cinspirado\u201d en la lectura de Eliot. En mi libro\u00a0<i>Las sendas perdidas de Octavio Paz\u00a0<\/i>(2013) observ\u00e9 que un poema como \u201cHimno entre ruinas\u201d (1949) ser\u00eda impensable sin el antecedente de \u201cLos hombres huecos\u201d (1925), tambi\u00e9n de Eliot, texto con el que dialoga de distintas maneras. Por \u00faltimo, y para no hacer largo el recuento,\u00a0<i>Pasado en claro\u00a0<\/i>(1975), por su parte, revela desde su inicio mismo la presencia maestra del Eliot de madurez, el de esa obra superior llamada a perdurar que se conoce bajo el nombre de\u00a0<i>Cuatro cuartetos\u00a0<\/i>(1944).<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">\n<h2 class=\"Textogeneral\"><b>N<\/b><b>otas<\/b><\/h2>\n<p class=\"Textogeneral\">1. Rodolfo Usigli,\u00a0<i>Conversaci\u00f3n desesperada.\u00a0<\/i>Selecci\u00f3n de Antonio Deltoro. M\u00e9xico, Seix Barral, 2000. p. 56<\/p>\n<p class=\"Textogeneral\">2. Anthony Stanton,\u00a0<i>Las primeras voces del poeta Octavio Paz (1931-1938).\u00a0<\/i>M\u00e9xico, CONACULTA-Ediciones sin Nombre, 2001, p. 40<\/p>\n<p>3 Octavio Paz, \u201cNocturno de la ciudad abandonada\u201d, en Octavio Paz,\u00a0<i>Obras completas VIII, Miscel\u00e1nea. Primeros escritos y entrevistas.\u00a0<\/i>M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2014, pp. 34-36<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>T.S. Eliot para principiantes Evodio Escalante Sin duda, la obra de T.S. Eliot (1888-1965) ejerci\u00f3 una poderosa influencia en la poes\u00eda mexicana del siglo pasado. En este art\u00edculo se trata de esa resonancia centrada en dos libros del poeta estadunidense nacionalizado ingl\u00e9s, a saber, &#8216;La tierra bald\u00eda&#8217; y &#8216;La canci\u00f3n de amor &#8216;de J. 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