{"id":28416,"date":"2022-07-10T09:11:31","date_gmt":"2022-07-10T15:11:31","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28416"},"modified":"2022-07-10T09:11:31","modified_gmt":"2022-07-10T15:11:31","slug":"carmenes-de-cayo-valerio-catulo-con-introduccion-de-ruben-bonifaz-nuno-1969-unam","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28416","title":{"rendered":"\u00abC\u00e1rmenes\u00bb\u00a0de Cayo Valerio Catulo, con introducci\u00f3n de Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o, 1969, UNAM."},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">El amor y la c\u00f3lera: Catulo visto por Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La lectura de &#8216;C\u00e1rmenes&#8217; y de &#8216;El amor y la c\u00f3lera&#8217;, de Catulo de Catulo (?- 57 aC), con introducci\u00f3n y traducci\u00f3n de Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o (1923-2013), desata y conduce esta reflexi\u00f3n sobre algunos aspectos de la obra del poeta mexicano y sus v\u00ednculos con la del latino.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>A principios de los a\u00f1os ochenta tuve la fortuna de recibir de manos de la maestra Beatriz Qui\u00f1ones, escritora durangue\u00f1a y generosa impulsora de j\u00f3venes afectos a la lectura, un libro que cambiar\u00eda mi vida:\u00a0<i>C\u00e1rmenes,\u00a0<\/i>de Cayo Valerio Catulo, con introducci\u00f3n, versi\u00f3n r\u00edtmica y notas de Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o, primera edici\u00f3n, 1969, con sello de la UNAM. Si bien los poemas de Catulo me conmovieron y desconcertaron por su ritmo y su sintaxis, el estudio introductorio de Bonifaz Nu\u00f1o caus\u00f3 un profundo efecto en mi esp\u00edritu. El traductor hablaba del poeta latino como si se tratase de un\u00a0<i>alter ego\u00a0<\/i>y lo presentaba como una persona nada sublime, cargado de defectos humanos: avaricia, envidia, celos, maledicencia e hipocres\u00eda, pero dotado de un talento extraordinario para la escritura y la poes\u00eda, la erudici\u00f3n y el sufrimiento amoroso. Por ese mismo tiempo le\u00ed<i>\u00a0Los idus de marzo,\u00a0<\/i>de Thornton Wilder, y mi visi\u00f3n de Catulo se hizo m\u00e1s rica y m\u00e1s compleja.<\/p>\n<p>Thornton Wilder desenmara\u00f1a la compleja red de sentimientos y personajes a trav\u00e9s del intercambio epistolar entre los personajes de la trama. Como buen dramaturgo, antepone la segunda persona del singular para exponer a un lector, posible espectador, no s\u00f3lo la acci\u00f3n dram\u00e1tica sino el rumor de las emociones y las intrigas, el papel de los personajes, los perfiles de cada actor, las motivaciones de sus actos. La novela completa el cuadro que el pol\u00edgrafo mexicano delinea en su estudio introductorio a los\u00a0<i>C\u00e1rmenes<\/i>\u00a0de Catulo, mismos que \u00e9l hab\u00eda traducido. A\u00f1os despu\u00e9s tuve en mis manos\u00a0<i>El amor y la c\u00f3lera, Cayo Valerio Catulo<\/i>, publicado en 1977; un estudio ampliado a partir de la Introducci\u00f3n a los versos del poeta veron\u00e9s, que ahonda en la personalidad y los referentes culturales que nutren la poes\u00eda de Catulo, sus motivaciones, su desgarr\u00f3n amoroso y la paradoja que encierra el propio t\u00edtulo del estudio-ensayo.<\/p>\n<p><b>La ponzo\u00f1a del poeta<\/b><\/p>\n<p>En ambos trabajos con prop\u00f3sito distintos, pero nacidos del mismo impulso, Bonifaz Nu\u00f1o nos obsequia no s\u00f3lo un retrato sino un recorrido, a la manera de Dante, por los infiernos del poeta. La vehemencia del mexicano toca la fibras m\u00e1s profundas del personaje, que muere en el a\u00f1o 54 aC. A\u00fan existen dudas sobre si su nacimiento sucedi\u00f3 treinta o treinta y tres a\u00f1os antes de la fecha funesta. Como quiera que sea, hablamos de un hombre de alrededor de treinta y tres a\u00f1os de edad. Bonifaz afirma categ\u00f3rico al inicio de su estudio de<i>\u00a0Poemas a Lesbia<\/i>: \u201cToda juventud es sufrimiento.\u201d Ya antes, en su estudio introductorio a los\u00a0<i>C\u00e1rmenes<\/i>,<i>\u00a0<\/i>sosten\u00eda: \u201cHay, en todo verdadero gran poeta, una m\u00e9dula b\u00e1sica de malignidad, mezcla de admiraci\u00f3n y desprecio profundo por los hombres, con la cual \u00e9l se considera a veces a s\u00ed mismo, y mira, siempre, hacia todo cuanto externamente lo condiciona. Pocas colecciones de poemas manifiestan, como la de Catulo, la iluminaci\u00f3n de esa ponzo\u00f1a.\u201d (VIII).<\/p>\n<p>En la poes\u00eda de Rub\u00e9n Bonifaz no hay una influencia manifiesta del poeta latino, tampoco se advierte una sentimentalidad similar, mucho menos sus malignidades. No obstante, hay una identificaci\u00f3n irrefutable, una especie de fascinaci\u00f3n por la derrota amorosa, por el infortunio que acicatea la urgencia de los versos como \u00fanico b\u00e1lsamo y testimonio de su pasi\u00f3n. El encuentro con Catulo no es casual, as\u00ed lo acusan sus libros de juventud. Es la cr\u00f3nica de una cita anunciada en\u00a0<i>La muerte del \u00e1ngel\u00a0<\/i>(1945),\u00a0<i>Los demonios y los d\u00edas\u00a0<\/i>(1956), y particularmente en\u00a0<i>El manto y la corona<\/i>. Uno de esos poemas amorosos canta: \u201cEn d\u00f3nde ha quedado la tristeza?\/ \u00bfEn d\u00f3nde, el amor?\u00bfC\u00f3mo es posible\/ que se niegue tanto, que se soporte\/ que se niegue tanto? \u00bfD\u00f3nde han quedado\/ la violencia, el alma, la sangre?\u201d (<i>Los demonios y los d\u00edas<\/i>, en\u00a0<i>De otro modo lo mismo<\/i>, Letras Mexicanas, p\u00e1g. 122).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La negaci\u00f3n del h\u00e9roe<\/b><\/p>\n<p>En la entrevista que realic\u00e9 a Bonifaz Nu\u00f1o, publicada en el n\u00famero 37 de la revista<i>\u00a0Alforja\u00a0<\/i>(verano de 2006), \u00e9l narra que durante el movimiento de 1968 se encontraba en plena traducci\u00f3n de los\u00a0<i>C\u00e1rmenes<\/i>\u00a0y seguramente en la reflexi\u00f3n de lo que ser\u00eda su estudio introductorio. La identificaci\u00f3n del acad\u00e9mico con las causas de la juventud mexicana es inocultable, ve\u00eda en ese movimiento la esperanza y el deseo de una sociedad m\u00e1s digna y justa, m\u00e1s libre, m\u00e1s inteligente, m\u00e1s culta y m\u00e1s creativa. Advert\u00eda, no obstante, que esa acci\u00f3n estaba destinada a la derrota; el fracaso era evidente. En ellos encarna su visi\u00f3n del h\u00e9roe. Catulo, parad\u00f3jicamente, no es ese h\u00e9roe, sino, en alg\u00fan sentido, su negaci\u00f3n. Es, s\u00ed, la figura del \u00e1ngel inconforme, portador de virtudes celestiales; embriagado con el rencor y la ira, con un deseo incontrolable que lo abre en canal como bestia en el matadero. \u00c1ngel enfermo, arrastra las alas por el suelo sin hallarse satisfecho de sus bienes, de su condici\u00f3n social, del reconocimiento que el propio C\u00e9sar dispensa a su excelencia como poeta, y que, en determinado momento, perdona sus excesos. No s\u00f3lo los cortesanos, el propio emperador romano era destinatario de sus diatribas, de sus versos procaces, que el pueblo publicaba sobre los muros de Roma. Catulo, de alg\u00fan modo, encarna tambi\u00e9n el albatros baudelaireano, torpe e indigno en su andar.<\/p>\n<p>Bonifaz Nu\u00f1o aclara, en la mencionada conversaci\u00f3n para la revista\u00a0<i>Alforja<\/i>, que si bien se siente atra\u00eddo por la poes\u00eda de Catulo, hay entre ambos una diferencia de fondo. El veron\u00e9s se muestra incapaz de asumir una responsabilidad como hombre, sin denostar a la mujer amada, llevando en silencio el sufrimiento y la incompletud. En\u00a0<i>E<\/i><i>l manto y la corona<\/i>\u00a0se escucha este lamento: \u201cPorque soy hombre aguanto sin quejarme\/ que la vida me pese;\/ porque soy hombre, puedo. He conseguido\/ que ni t\u00fa misma sepas\/ que estoy quebrado en dos, que disimulo;\/ que no soy yo quien habla con las gentes,\/ que mis dientes se r\u00eden por su cuenta\/ mientras estoy, aqu\u00ed detr\u00e1s, llorando.\u201d Estos versos son claves para comprender lo que el poeta mexicano afirma como elemento diferencial entre la admiraci\u00f3n por la poes\u00eda de Catulo y su conducta social, \u00e9tica, existencial, pero sobre todo amorosa, dispuesto siempre a recibir migajas de placer y humillaciones, cargado de pasi\u00f3n y de un rencor que se destila en venenosos poemas, en intrigas y en reclamos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>De c\u00f3mo la virtud convive\u00a0con el vicio<\/b><\/p>\n<p>All\u00e1 por los a\u00f1os noventa, Literatura del INBA organiz\u00f3 lecturas de poes\u00eda en las cantinas. Era una experiencia<i>\u00a0sui generis.\u00a0<\/i>Bonifaz Nu\u00f1o acept\u00f3 ser parte de ese programa y recordaba que cuando intent\u00f3 leer, la gente no callaba ni los empleados apagaban los televisores. Se disculp\u00f3 con la ruidosa concurrencia, que baj\u00f3 un poco el volumen del barullo. Les dijo que se sent\u00eda un intruso, un invasor a quien nadie conoc\u00eda. Un chico que estaba sentado en la barra y con claros efecto del alcohol levant\u00f3 la cabeza y la voz: \u201cMaestro Bonifaz, lo conocemos muy bien, usted y su poes\u00eda nos acompa\u00f1an.\u201d En medio de su embriaguez, el muchacho solt\u00f3 de memoria un poema del libro\u00a0<i>Albur de amor.<\/i>\u00a0Bonifaz contaba que lo dej\u00f3 estupefacto escuchar sus propios versos en la voz de aquel muchacho. Era su poema, pero le sonaba extra\u00f1o, casi desconocido en la experiencia de otro hombre. La personalidad del acad\u00e9mico, del versificador perfeccionista que era Rub\u00e9n Bonifaz, chocaba ante aquella muestra de popularidad. Su poes\u00eda navegaba entre dos o m\u00e1s aguas. Por un lado, el cultismo y una musicalidad compleja, una construcci\u00f3n dif\u00edcil de descifrar por un o\u00eddo poco diestro, y por el otro, poemas que se aproximan a la canci\u00f3n popular y al juego de palabras, al albur y los retru\u00e9canos callejeros. Su libro\u00a0<i>Calacas<\/i>\u00a0es un ejemplo. Lo es tambi\u00e9n, aunque en sonetos,\u00a0<i>Pulsera para Luc\u00eda M\u00e9ndez<\/i>; juegos quiz\u00e1 de una lejana juventud.<\/p>\n<p>A diferencia de grandes personajes a quienes dedica poemas de honda admiraci\u00f3n, como Bol\u00edvar, Ulises, Teseo, Eneas, Hip\u00f3lito, o de extra\u00f1eza como es el caso de Amn\u00f3n, Edipo, Jud\u00e1 \u2013consignados, salvo el primero, en\u00a0<i>As de oros\u2013<\/i>, Catulo no ocupa su atenci\u00f3n l\u00edrica ni \u00e9pica, lo destina a la reflexi\u00f3n y a la prosa, al estudio literario y casi psicoanal\u00edtico.\u00a0<i>El amor y la c\u00f3lera\u00a0<\/i>es un ensayo l\u00facido, descarnado y po\u00e9tico a la vez, una pieza de relojer\u00eda que arma y desarma ante nuestros ojos para mostrarnos c\u00f3mo el coraz\u00f3n de la poes\u00eda y del poeta andan por caminos diferentes en los meandros de la conciencia, c\u00f3mo la virtud convive con el vicio, y la realidad siempre queda estrecha y corta a la insatisfacci\u00f3n incurable del poeta, que suele ser v\u00edctima de sus propias urgencias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Tres solitarios irredentos<\/b><\/p>\n<p>Aunque algunos cr\u00edticos opinan que, entre los poetas latinos, es m\u00e1s af\u00edn a Catulo, me parece que hay, en realidad, sobre todo en su vejez, sentimientos encontrados, incluso en la calidad de su traducci\u00f3n porque reconoce, en la entrevista referida, que no pose\u00eda entonces un dominio del lat\u00edn. Tambi\u00e9n subraya que Catulo es c\u00ednico y maligno, y que tales rasgos no se identifican en su poes\u00eda ni en su acci\u00f3n humana. Para Bonifaz lo \u00e9tico y lo est\u00e9tico son indisolubles. Por eso echa en falta los valores morales de una juventud, que ya no es la del \u201968, que no busca construir una realidad fundada en aspiraciones ut\u00f3picas, en sue\u00f1os, en ideales que evoquen haza\u00f1as de los h\u00e9roes cl\u00e1sicos. Una sociedad que ya no es due\u00f1a de su palabra. Le reprocha a Catulo su falta de integridad, su falta de coraje para asumir el castigo, pero a la vez se lo perdona por su juventud, congelada oportunamente por la muerte. Confiesa, en la entrevista, que \u00e9l hab\u00eda vivido una experiencia semejante a la del poeta latino, una desilusi\u00f3n amorosa en la que la destinataria de sus afectos lo tra\u00eda y lo llevaba como un juguete. \u201cEn Catulo se encuentra al poeta que escribe porque le estaba fastidiando la vida una mujer a la que amaba. As\u00ed que sus poemas nacen de las tripas, del coraz\u00f3n, y no recurre a comparaciones ni cosas por el estilo. Habla de lo que le ordena el cuerpo, la v\u00edscera.\u201d<\/p>\n<p>Hay un cierto paralelismo, guardando las distancias en el tiempo, la geograf\u00eda y las circunstancias culturales, entre la muerte prematura de Catulo y la del llamado padre soltero de la poes\u00eda mexicana, Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde. Ambos salen de la provincia para terminar de formarse en la capital y buscar un porvenir en las letras. Es tambi\u00e9n el caso de Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o, proveniente de C\u00f3rdoba, Veracruz. Tres poetas, tres amantes desgraciados, tres solitarios irredentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El amor y la c\u00f3lera: Catulo visto por Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva La lectura de &#8216;C\u00e1rmenes&#8217; y de &#8216;El amor y la c\u00f3lera&#8217;, de Catulo de Catulo (?- 57 aC), con introducci\u00f3n y traducci\u00f3n de Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o (1923-2013), desata y conduce esta reflexi\u00f3n sobre algunos aspectos de la obra del poeta mexicano [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":28417,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-28416","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28416","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=28416"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28416\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28418,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28416\/revisions\/28418"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/28417"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=28416"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=28416"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=28416"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}