{"id":28425,"date":"2022-07-10T09:25:26","date_gmt":"2022-07-10T15:25:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28425"},"modified":"2022-07-10T09:25:26","modified_gmt":"2022-07-10T15:25:26","slug":"efrain-bartolome-ocosingo-chiapas-1950-testamentum-poeta-del-agua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28425","title":{"rendered":"Efra\u00edn Bartolom\u00e9, Ocosingo, Chiapas, 1950, &#8216;Testamentum&#8217;. Poeta del agua,"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">\u201cSigue la vida, el r\u00edo\u2026\u201d \/ &#8216;Testamentum&#8217; de Efra\u00edn Bartolom\u00e9<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Efra\u00edn Bartolom\u00e9 en su casa de Padierna, 2008.<\/p>\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La Jornada\/ Carlos Cisneros<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Este art\u00edculo trata, con tono entra\u00f1able y l\u00facido, sobre el \u00faltimo libro de uno de los poetas mejor establecidos de nuestra letras, Efra\u00edn Bartolom\u00e9 (Ocosingo, Chiapas, 1950): &#8216;Testamentum&#8217;. Poeta del agua, dir\u00eda Gast\u00f3n Bachelard, en este volumen hace el recuento de sus d\u00edas, como los de un r\u00edo&#8230;<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace unos meses Efra\u00edn Bartolom\u00e9 (Ocosingo, Chiapas, 1950) public\u00f3 en la colecci\u00f3n Libro Mayor de la Universidad Aut\u00f3noma de Quer\u00e9taro,\u00a0<i>Testamentum<\/i>, que desde el t\u00edtulo ya anuncia el legado que deja y se trasluce la tristeza de la despedida. Son poemas como un puente que van desde la vejez hasta la infancia, donde da gracias por lo que le ha tocado vivir durante m\u00e1s de siete d\u00e9cadas y cree que ya es la hora de hacer el recuento de lo que se ha ido y no regresar\u00e1. A fin de cuentas, lo esencial del poeta es dejar al mundo su poes\u00eda reunida para de alguna manera seguir en esta tierra cuando \u00e9l ya se ha ido; lo dem\u00e1s se lo lleva el viento; falta la reuni\u00f3n de la poes\u00eda de Efra\u00edn. Ser\u00eda ideal una coedici\u00f3n de una instituci\u00f3n chiapaneca con una editorial grande.<\/p>\n<p>En la l\u00ednea que sigue su libro fundamental (<i>Ojo de jaguar)<\/i>, el cual con los a\u00f1os fue creciendo,\u00a0<i>Testamentum<\/i>\u00a0es parte o quiz\u00e1 el final de esa l\u00ednea. Aqu\u00ed se impone un tono eleg\u00edaco, el cual se complementa y completa con el tono celebratorio que hay en buena parte de su obra. Efra\u00edn Bartolom\u00e9 no ignora que en el curso de una vida no dejan de volar flechas envenenadas, pero para \u00e9l fueron mayores las horas del amor correspondido, la tupida y variada naturaleza de su estado natal y el viento variadamente musical de la poes\u00eda; en fin, que a los setenta a\u00f1os puede decir que ha sido un hombre feliz. Se vive entre lo que uno quiere y lo que el azar, afortunado o no, decide que uno sea. En \u00e9l la felicidad no pas\u00f3 de largo.<\/p>\n<p>Poeta tel\u00farico, Chiapas le represent\u00f3 lo que el paisaje tabasque\u00f1o a Pellicer y el paisaje del desierto y la Huasteca potosinos a Oth\u00f3n. No es dibujo parnasiano, sino el lector\u00a0<i>siente<\/i>\u00a0c\u00f3mo paisaje y hombre\u00a0<i>son uno<\/i>. En su obra \u2013en este libro\u2013 el centro geogr\u00e1fico es Chiapas, donde anida su natal Ocosingo, la ciudad que cuando naci\u00f3 era un pueblo y fue la tierra de donde sali\u00f3 al mundo y a la cual ha regresado una y otra vez. Ocosingo es la casa que ol\u00eda a azahares y orqu\u00eddeas, es el cafetal de su padre y son las ruinas mayas, en especial Tonin\u00e1. \u201cHe aqu\u00ed el sue\u00f1o de los d\u00edas ni\u00f1os\u201d, ni\u00f1ez en que estuvo rodeada de naranjos, de palmeras, de \u201cumbr\u00edos cafetales\u201d, a\u00f1os cuando se tend\u00eda boca arriba para ver en el cielo el fuego lejano, de donde sent\u00eda la fuerza del cerro Chacashib y caminaba por los fragosos senderos. Asimismo, en versos puntuales, recuerda con calculada minucia los trabajos y los d\u00edas del proceso del caf\u00e9: desde el cultivo hasta la cosecha. Las otras ciudades que aparecen en\u00a0<i>Testamentum<\/i>\u00a0son la hermosa San Crist\u00f3bal de las Casas de su adolescencia y la Ciudad de M\u00e9xico, en la que vivi\u00f3 desde la adolescencia hasta ahora, tan destruida por el contubernio de s\u00f3rdidos pol\u00edticos e insaciables especuladores, y a la que Efra\u00edn ha llamado \u201cLa Venus de las Cloacas\u201d.<\/p>\n<p>De rostro blanco pero con rasgos mayas, el m\u00faltiple pasado de sus ancestros circula en el cuerpo, el coraz\u00f3n y la poes\u00eda de Efra\u00edn Bartolom\u00e9. Los dos elementos del mundo que se repiten en su poes\u00eda son el fuego y el agua. Por eso habla de que su oficio es arder y su vida es un r\u00edo. Ambos elementos hermanados, como se sabe, eran entre los mexicas el s\u00edmbolo de la guerra (<i>atl-tlachinolli<\/i>), e impl\u00edcitamente, de su vocaci\u00f3n imperial.<\/p>\n<p>Si hay una met\u00e1fora con la que Efra\u00edn Bartolom\u00e9 compara el paso de los a\u00f1os es el r\u00edo, o m\u00e1s concretamente los r\u00edos chiapanecos, que de alguna manera van uni\u00e9ndose hacia (en) el caudaloso Usumacinta, ante todo el \u201cpadre Jatat\u00e9\u201d y el \u201cgran Lacant\u00fan\u201d. Esos fueron los r\u00edos, los r\u00edos que se navegaron, que naveg\u00f3 Efra\u00edn con su mujer Guadalupe, y cada sitio no volver\u00e1 a ser el mismo una vez que se pas\u00f3. \u201cYo conozco esas aguas desde el punto en que nacen\/ hasta que desembocan en el mar.\u201d La verdadera casa de Efra\u00edn fue Chiapas, y en los versos que escribi\u00f3 se oyen trasminados idiomas, dialectos y silencios de los pasados mayas.<\/p>\n<p>Si en el decurso de los a\u00f1os el poeta ha visto a la tierra nativa con el milim\u00e9trico ojo de jaguar, habr\u00eda que a\u00f1adir que en la m\u00fasica de sus versos o\u00edmos asimismo el sigiloso paso del felino. De su generaci\u00f3n, a la que pertenezco, y de las sucesivas que han pasado y pasar\u00e1n como la generaci\u00f3n de las hojas, Efra\u00edn Bartolom\u00e9 es quien mejor ha descrito \u2013ha vivido\u2013 la naturaleza.<\/p>\n<p><i>Testamentum<\/i>\u00a0est\u00e1 compuesto de ocho poemas que se leen como uno solo. Los seis primeros son de una belleza melanc\u00f3lica, pero los dos \u00faltimos decaen en su lirismo, y de tan personales se vuelven anecd\u00f3ticos. Eso no es muro para que sea un libro entra\u00f1able.<\/p>\n<p>Lo he escrito varias veces y lo he dicho muchas veces. Para m\u00ed, desde 1981, cuando public\u00f3 la primera entrega de\u00a0<i>Ojo de jaguar<\/i>\u00a0en una modesta edici\u00f3n, Efra\u00edn Bartolom\u00e9 se convirti\u00f3 en uno de nuestros mejores poetas.<\/p>\n<p>Y desde entonces: \u201cSigue la vida: el r\u00edo\u2026\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSigue la vida, el r\u00edo\u2026\u201d \/ &#8216;Testamentum&#8217; de Efra\u00edn Bartolom\u00e9 Marco Antonio Campos Efra\u00edn Bartolom\u00e9 en su casa de Padierna, 2008. 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