{"id":28501,"date":"2022-07-17T18:12:47","date_gmt":"2022-07-18T00:12:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28501"},"modified":"2022-07-17T18:12:47","modified_gmt":"2022-07-18T00:12:47","slug":"pasajes-de-la-vida-de-dos-mujeres-la-gran-narradora-elena-garro-y-su-hija-helena-paz-garro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28501","title":{"rendered":"Pasajes de la vida, de dos mujeres: La gran narradora Elena Garro y su hija, Helena Paz Garro"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Garro y Paz, dos Elenas en Par\u00eds<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Vilma Fuentes<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Pasajes de la vida, en Ciudad de M\u00e9xico y en Par\u00eds, de dos mujeres que fueron famosas en nuestro pa\u00eds, la gran narradora Elena Garro (1916-1998) y su hija, Helena Paz Garro (1939-2014), y que son una atisbo a sus grandes tribulaciones y paradojas.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Conoc\u00ed a Elena Garro un verano de 1966, frente a la Embajada de Bolivia en M\u00e9xico, durante un mitin para pedir la liberaci\u00f3n de Regis Debray. Acababa de llegar a esta manifestaci\u00f3n cuando escuch\u00e9 a dos mujeres rubias hablar en franc\u00e9s. Discut\u00edan entre ellas sobre la actitud que deber\u00edan tomar. Eran Elena Garro y su hija Helena Paz. Era la primera vez que las ve\u00eda en persona.<\/p>\n<p>Desde ese momento, las cosas sucedieron con una rapidez que no me dej\u00f3 ver pasar el tiempo. Con ellas, como me fui percatando con los a\u00f1os, el tiempo cambiaba de ritmo, rebelde al tictac, saltando de la aceleraci\u00f3n desenfrenada a la inercia. Me vi secuestrada por ellas. Me hicieron trepar a un auto con chofer y directo a Palacio Nacional, donde nos recibi\u00f3 el secretario particular del entonces presidente. Madre e hija hablaban al mismo tiempo arranc\u00e1ndose la palabra. El tipo prometi\u00f3 que el gobierno mexicano intervendr\u00eda ante el boliviano y mand\u00f3 llevar al coche de las Elenas una caja de champagne. Ya en el auto, hablaban en franc\u00e9s para que el chofer no comprendiera. Volvieron a la Embajada de Bolivia donde se hicieron aplaudir.<\/p>\n<p>De ah\u00ed me llevaron a su residencia en Las Lomas, donde esperaban unos campesinos en el jard\u00edn. En la sala me salud\u00f3 un hombre de edad, quien me dijo en voz muy queda: \u201cSoy Juan de la Cabada.\u201d Cuando sirvieron de comer a los campesinos, Elena Garro me dijo que nosotras comer\u00edamos m\u00e1s tarde. Despu\u00e9s de los tacos servidos en platos de cart\u00f3n para los campesinos, sigui\u00f3 la comida en platos de pl\u00e1stico para los manifestantes que iban llegando. Al fin, al anochecer, pasamos al comedor donde nos sirvieron en platos de porcelana con cubiertos de plata. Volvieron al franc\u00e9s \u201cpara que los sirvientes no entendieran\u201d.<\/p>\n<p>Una decena de a\u00f1os m\u00e1s tarde, en Par\u00eds, en una exposici\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Cuevas, dos rostros se pegaron al m\u00edo: \u201cVilma, \u00bfte acuerdas de m\u00ed?\u201d, me grit\u00f3 al o\u00eddo cada una. Eran las Elenas. Llegaban de Madrid, donde, dec\u00edan, encontraron refugio en un hospicio de ancianos. Las persegu\u00edan desde su salida de M\u00e9xico y no ten\u00edan un quinto. A partir de esa noche, me llamaban a diario varias veces y yo iba a visitarlas a menudo en un departamento de dos piezas en un entresuelo situado arriba de una tienda de l\u00e1mparas. La due\u00f1a les pasaba la factura de su electricidad y se ve\u00edan obligadas a pagarla para que no las corrieran. Helenita sufr\u00eda uno de los c\u00e1nceres que se autodiagnosticaba de vez en cuando. Elena telefoneaba por larga distancia a sus editores reclamando dinero. Las facturas telef\u00f3nicas eran de unos quince mil francos. Por su parte, Helenita no pod\u00eda controlar sus deseos de un nuevo vestido de marca. Pod\u00edan morirse de hambre pero con abrigos de vis\u00f3n.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre las Elenas, fui percat\u00e1ndome, era patol\u00f3gicamente simbi\u00f3tica. Helenita sab\u00eda c\u00f3mo exacerbar los miedos de Elena para manipularla a su antojo. Garro la amenazaba con el infierno. Una tarde, ya en el \u00faltimo departamento, varias piezas en una planta baja del barrio XVI, donde vivieron en Par\u00eds, mientras entrevistaba a Elena a pedido de Armando Ponce para\u00a0<i>Proceso<\/i>, son\u00f3 el timbre. Era Helena. Hab\u00eda olvidado su llave. Tra\u00eda una gran bolsa de pl\u00e1stico. \u201c\u00bfDe d\u00f3nde vienes? \u00bfQu\u00e9 traes ah\u00ed?\u201d, pregunt\u00f3 Elena. \u201cVengo de la lavander\u00eda.\u201d \u201cMientes, saca lo que traes\u201d, le orden\u00f3 Elena sacando de inmediato ella misma la ropa. Del fondo, extrajo dos vestidos a\u00fan con las etiquetas. \u201c\u00bfVes c\u00f3mo mientes? Sabes todo lo que debemos y vas a gastarte lo que no tienes.\u201d \u201cAy, mam\u00e1, era una oportunidad \u00fanica. Estaban en barata.\u201d \u201cEn barata, \u00a1veinte mil francos! \u00bfCon qu\u00e9 pagaste?\u201d \u201cCon cheque.\u201d \u201cSin fondos, vas a ir a dar a la c\u00e1rcel.\u201d La discusi\u00f3n sigui\u00f3 subiendo de tono. \u201cTe vas a ir al infierno. Maldita seas.\u201d Vi a Helena arrodillarse y pedir perd\u00f3n: \u201cNo, no me maldigas. Mira, mamita, una escritora como t\u00fa no puede mandar a su hija al infierno, de veras, escribes mejor que pap\u00e1.\u201d La c\u00f3lera de Elena Garro pareci\u00f3 calmarse. \u201cAdem\u00e1s, mam\u00e1, no te he dicho lo que me puso nerviosa. Hoy, en el Consulado (donde Paz le hab\u00eda conseguido un puesto), vi de nuevo al tipo \u00e9se que me pareci\u00f3 un esp\u00eda y lo o\u00ed decir: es la hija de una antisemita.\u201d \u201cUn agente del Mossad, tienes raz\u00f3n, me persiguen. Cuando no es la KGB, es la CIA o los otros.\u201d Elena olvid\u00f3 las compras de Helenita.<\/p>\n<p>Las Elenas pasaban d\u00edas y noches ech\u00e1ndose las cartas o leyendo el\u00a0<i>I Ching<\/i>. Tratando de saber el porvenir, llegaban a preguntar a cartas y\u00a0<i>Libro de mutaciones<\/i>\u00a0si dec\u00edan la verdad. Cuando el dinero les urg\u00eda, Helenita telefoneaba diciendo que su madre se estaba suicidando o ella en fase final de un c\u00e1ncer. Una madrugada me llam\u00f3 llorando: su mam\u00e1 se hab\u00eda suicidado respirando el gas del horno. Yo deb\u00eda pasar a pedir dinero a tal o cual para pagar la funeraria. Cuando llegu\u00e9 a su casa, Helena me recibi\u00f3 con una sonrisa radiante pidi\u00e9ndome el dinero y agregando: \u201cUn milagro, un milagro de la Virgen del Pilar, mam\u00e1 resucit\u00f3.\u201d<\/p>\n<p>Resucitada y con sus guantes negros, Elena escrib\u00eda sobre la princesa Anastasia y sus memorias de la guerra de Espa\u00f1a donde, al ver una matanza, crey\u00f3 perder la raz\u00f3n. O la perdi\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garro y Paz, dos Elenas en Par\u00eds Vilma Fuentes Pasajes de la vida, en Ciudad de M\u00e9xico y en Par\u00eds, de dos mujeres que fueron famosas en nuestro pa\u00eds, la gran narradora Elena Garro (1916-1998) y su hija, Helena Paz Garro (1939-2014), y que son una atisbo a sus grandes tribulaciones y paradojas. 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