{"id":28507,"date":"2022-07-17T18:24:03","date_gmt":"2022-07-18T00:24:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28507"},"modified":"2022-07-17T18:24:03","modified_gmt":"2022-07-18T00:24:03","slug":"una-furtiva-lagrima-oscila-entre-el-diario-y-la-reflexion-literaria-entre-el-ensayo-y-la-iluminacion-poetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28507","title":{"rendered":"Una furtiva l\u00e1grima&#8217; oscila entre el diario y la reflexi\u00f3n literaria, entre el ensayo y la iluminaci\u00f3n po\u00e9tica."},"content":{"rendered":"<div id=\"portal-columns\" class=\"row\">\n<div id=\"portal-column-content\" class=\"cell width-full position-0\">\n<div class=\"\">\n<div id=\"content\">\n<article id=\"article\" class=\"row\">\n<div class=\"col-md-8\">\n<h1 class=\"ljs-merri\">Una furtiva l\u00e1grima (fragmentos)<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">N\u00e9lida Pi\u00f1on<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">&#8216;Una furtiva l\u00e1grima&#8217; oscila entre el diario y la reflexi\u00f3n literaria, entre el ensayo y la iluminaci\u00f3n po\u00e9tica. Presentamos tres fragmentos en los que N\u00e9lida Pi\u00f1on medita sobre la escritura a trav\u00e9s del hilo de Ariadna, el desasosiego y la evocaci\u00f3n de la autora portuguesa Nat\u00e1lia Correia (Faj\u00e3 de Baixo, 1923-Lisboa, 1993), quien escribi\u00f3 poes\u00eda, obras de teatro, cuentos, novelas, ensayos y columnas period\u00edsticas.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>I. Laberinto<\/strong><\/p>\n<p>El laberinto que tengo ante m\u00ed es perturbador. Los pasillos se estrechan y la luz es d\u00e9bil. No hay ning\u00fan ser viviente que vaya a salvar a esta dama de grandes dotes escol\u00e1sticas. Tal vez mi clamor sea violento para los dem\u00e1s, que querr\u00edan abandonarme a la deriva.<\/p>\n<p>Pero s\u00e9 que en pocos instantes, como por milagro, me librar\u00e9 de esta fantas\u00eda. Al final el laberinto no es m\u00e1s que una llamada de socorro. No he dudado en llamar a Ariadna, y ella me ha lanzado el hilo salvador. Me ha prestado su energ\u00eda para poder seguir escribiendo despu\u00e9s de la experiencia. Y as\u00ed, una vez liberada de esta feroz condena, regreso a los peligros del d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>Espero de Ariadna este gesto fraternal que se extiende por todo mi ser hasta el punto de iluminar la naturaleza de los sentimientos, de reducir a mi modestia asuntos de la civilizaci\u00f3n. La escucho con la sensaci\u00f3n de que su hilo me aparta del destierro mortal. Tengo todo el tiempo del mundo para conquistar el laberinto en su compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>II. Raz\u00f3n de vivir<\/strong><\/p>\n<p>Escribo con la esperanza de que la narraci\u00f3n no me abandone jam\u00e1s, de que est\u00e9 en todas partes. Espero que, como compa\u00f1era de jornada, irradie los caprichos humanos, los intersticios del misterio, y frecuente los puntos cardinales de mi existencia.<\/p>\n<p>Escribo porque la palabra me causa desasosiego, afina los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. En la fe de que un argumento provoca<br \/>\nel llanto. Sobre todo cuando, en medio de la<br \/>\nexaltaci\u00f3n narrativa, anuncia amores contrariados, despedidas dolorosas, sentimientos ambiguos, destituidos de l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Escribo, pues, para conseguir un salvoconducto con el que circular por el laberinto humano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>III. Nat\u00e1lia<\/strong><\/p>\n<p>Nat\u00e1lia Correia se ha despedido. Gran poeta, dominaba la palabra, ten\u00eda el don de la poes\u00eda. Concordaba con los ideales portugueses de cualquier \u00e9poca. Mujer de coraz\u00f3n dram\u00e1tico, temperamental, era lusa. En defensa de la latinidad, proclamaba que no exist\u00eda ninguna civilizaci\u00f3n genuina fuera de sus ra\u00edces e influencias. Para reforzar su opini\u00f3n, apartaba del horizonte cuanto se hallara dentro de la esfera anglosajona.<\/p>\n<p>Siempre me dio muestra de su afecto. Pero la espantaba que, pese a ser yo de formaci\u00f3n latina, brasile\u00f1a, una europea ib\u00e9rica, si bien de educaci\u00f3n germ\u00e1nica, inglesa, profesara una admiraci\u00f3n incondicional por el universo de los b\u00e1rbaros, por la literatura estadunidense, que ella desconoc\u00eda\u00a0<i>ex profeso<\/i>. Circunstancia que, por otra parte, era com\u00fan en la Espa\u00f1a de d\u00e9cadas pasadas, as\u00ed como en R\u00edo en los a\u00f1os setenta, entre mi izquierda de entonces, que nada sab\u00eda de Melville o de Faulkner.<\/p>\n<p>A\u00fan hoy tengo su efigie en la memoria. En cada visita a Lisboa, me pregunto d\u00f3nde se alojar\u00e1 su fantasma l\u00edrico y generoso. Siento su ausencia. Al fin y al cabo, yo prosper\u00e9 con la visi\u00f3n que ella ten\u00eda de Cam\u00f5es. C\u00f3mo discut\u00edamos, emocionadas y apasionadas, el amor desesperado de Pedro e In\u00e9s de Castro, la gallega. Yo, siendo una mujer tropical, me preguntaba cu\u00e1l pod\u00eda ser la raz\u00f3n de tanto sufrimiento para mi amiga lusa. Cuando en realidad lo mejor era alzar la copa y brindar por la vida, pedir a los dioses que la prorrogaran.<\/p>\n<p>Con ella me re\u00eda en cada encuentro. En R\u00edo, en S\u00e3o Paulo, en Mosc\u00fa, en San Petersburgo y, naturalmente, en Lisboa. Nadie controlaba su adorable furia, que adem\u00e1s, seg\u00fan dec\u00edan, levantaba pasiones entre los intelectuales de su \u00e9poca. S\u00e9 de muchos de ellos, pero callar\u00e9. Hab\u00eda motivos para despertar sentimientos febriles. Ten\u00eda un cuerpo opulento que exhib\u00eda unos senos espl\u00e9ndidos, sostenidos por un cuello encalado que inspir\u00f3 poemas; el cabello en un mo\u00f1o, y una brillante mente universal.<\/p>\n<p>Violenta y depredadora, qu\u00e9 deslumbrante interlocutora era Nat\u00e1lia. Una insular rara, de las Azores, que salt\u00f3 del siglo XV directamente a mi sal\u00f3n de Barra, donde vino una vez a cenar. Y a sabiendas de que yo conoc\u00eda su refinado paladar. Hab\u00eda, pues, que ser generosa y procurarle alimento como si fuera un peregrino que necesitara acumular energ\u00eda para su larga jornada. Y as\u00ed fue, la comida en la mesa humeaba.<\/p>\n<p>Ah, casi se me olvida. Me pregunt\u00f3 por Lygia, a la que admiraba. Sin mencionarla directamente, quiso saber, o conocer, los enigmas de aquella paulista de cuatrocientos a\u00f1os. Conversamos sobre la gran brasile\u00f1a, y a continuaci\u00f3n nos volcamos en los trovadores y goliardos que tanto nos gustaban a las dos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: N\u00e9lida Pi\u00f1on,\u00a0<i>Una furtiva l\u00e1grima<\/i>, traducci\u00f3n de Roser Vilagrassa, Alfaguara, Barcelona, 2019.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col-md-4\">\n<div class=\"publicidad\">\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"portal-footer-wrapper\" class=\"clMain-footer\">\n<div class=\"container\">\n<div class=\"row\">\n<ul class=\"nav nav-footer flex-column flex-lg-row justify-content-md-around col-sm-12\">\n<li class=\"ljn-footer-logo nav-item\"><\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una furtiva l\u00e1grima (fragmentos) N\u00e9lida Pi\u00f1on &#8216;Una furtiva l\u00e1grima&#8217; oscila entre el diario y la reflexi\u00f3n literaria, entre el ensayo y la iluminaci\u00f3n po\u00e9tica. 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