{"id":28866,"date":"2022-08-08T10:17:31","date_gmt":"2022-08-08T16:17:31","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28866"},"modified":"2022-08-08T10:17:31","modified_gmt":"2022-08-08T16:17:31","slug":"la-editora-dramaturga-ensayista-y-novelista-virginia-woolf-londres-reino-unido-1882-1941","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28866","title":{"rendered":"La editora, dramaturga, ensayista y novelista Virginia Woolf (Londres, Reino Unido, 1882-1941)"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Virginia Woolf<\/h1>\n<h1 class=\"ljs-merri\">La habitaci\u00f3n de las palabras<\/h1>\n<h1 class=\"ljs-merri\">(una emisi\u00f3n radiof\u00f3nica)<\/h1>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">La editora, dramaturga, ensayista y novelista Virginia Woolf (Londres, Reino Unido, 1882-1941) es autora de t\u00edtulos cl\u00e1sicos como &#8216;Las olas&#8217;, &#8216;Al faro&#8217;, &#8216;La se\u00f1ora Dalloway&#8217; y &#8216;Una habitaci\u00f3n propia&#8217;, y es tambi\u00e9n una de las figuras m\u00e1s destacadas de la historia de la literatura, c\u00e9lebre por su prosa experimental, minuciosa, cargada de poes\u00eda, capaz de producir im\u00e1genes totalmente nuevas para la narrativa.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1912, con treinta a\u00f1os de edad, Virginia Woolf contrajo matrimonio con el tambi\u00e9n escritor Leonard Woolf, y juntos fundaron la ahora m\u00edtica editorial Hogarth Press, que public\u00f3 los trabajos de T.S. Eliot, Katherine Mansfield y Sigmund Freud, s\u00f3lo por mencionar a algunos. En 1915 public\u00f3 su primera novela,\u00a0<i>Fin de viaje<\/i>, pero no fue hasta despu\u00e9s de la aparici\u00f3n de las novelas\u00a0<i>La se\u00f1ora Dalloway<\/i>\u00a0y\u00a0<i>Al faro\u00a0<\/i>que obtuvo reconocimiento y elogios por parte de la cr\u00edtica literaria.<\/p>\n<p>Han transcurrido m\u00e1s de ochenta a\u00f1os desde la muerte de la escritora brit\u00e1nica. Para recordarla, traducimos la emisi\u00f3n radiof\u00f3nica de la BBC en la que particip\u00f3 Virginia Woolf el d\u00eda 29 de abril de 1937 como parte de una serie llamada\u00a0<i>Words Fail Me<\/i>. S\u00f3lo se conservan ocho minutos de la emisi\u00f3n original, y es una de las pocas grabaciones que se conocen de la escritora brit\u00e1nica. M\u00e1s tarde se convirti\u00f3 en un ensayo titulado\u00a0<i>Craftmanship,\u00a0<\/i>que se public\u00f3 como parte de la colecci\u00f3n\u00a0<i>The Death of the Moth, and Other Essays<\/i>.<\/p>\n<p>Las palabras, las palabras inglesas, est\u00e1n llenas de ecos, de recuerdos, de asociaciones, naturalmente. Han estado en boca de las personas \u2013en sus casas, en las calles, en los campos\u2013 durante muchos siglos. Y esta es una de las principales dificultades para utilizarlas en la actualidad: que est\u00e1n tan cargadas de significados, de recuerdos, de tal manera que han contra\u00eddo much\u00edsimos y c\u00e9lebres matrimonios.<\/p>\n<p>La extraordinaria palabra \u201cencarnado\u201d, por ejemplo, \u00bfqui\u00e9n puede usarla sin recordar tambi\u00e9n \u201cmares multitudinarios\u201d?<sup>*<\/sup>\u00a0Antiguamente, desde luego, cuando el ingl\u00e9s era una lengua joven, los escritores pod\u00edan inventar nuevas palabras y utilizarlas. En la actualidad resulta bastante sencillo inventar nuevas palabras \u2013se nos ocurren en cada ocasi\u00f3n que vemos algo novedoso o sentimos algo nuevo\u2013, pero no podemos utilizarlas, porque el idioma es antiguo. No se puede utilizar una palabra nueva dentro de una lengua antigua por el hecho \u2013tan obvio como misterioso\u2013 de que una palabra no es una entidad \u00fanica y separada, sino parte de otras palabras. No es una palabra hasta que forma parte de una frase.<\/p>\n<p>Las palabras se pertenecen entre s\u00ed, aunque, por supuesto, s\u00f3lo un gran escritor sabe que la palabra \u201cencarnado\u201d pertenece a \u201cmares multitudinarios\u201d. Combinar palabras nuevas con palabras antiguas resulta fat\u00eddico para la construcci\u00f3n de la frase. Para utilizar correctamente las palabras nuevas, habr\u00eda que inventar un nuevo lenguaje, y eso, por el momento, no es nuestro tema, aunque sin duda llegaremos a ello. Nuestra preocupaci\u00f3n es ver qu\u00e9 podemos hacer con la lengua inglesa tal y como permanece en la actualidad. \u00bfC\u00f3mo podemos incorporar las palabras antiguas en nuevos \u00f3rdenes para que sobrevivan, para que produzcan belleza, para que digan la verdad? Esa es la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Y la persona que pudiera responder a esta pregunta merecer\u00eda cualquier corona de gloria que el mundo le ofreciera. Piense en lo que significar\u00eda si se pudiera ense\u00f1ar y aprender el arte de escribir. Cada libro, cada peri\u00f3dico, dir\u00eda la verdad, crear\u00eda belleza. Pero, al parecer, existe alg\u00fan obst\u00e1culo en el camino, alg\u00fan impedimento para la ense\u00f1anza de las palabras. Porque, aunque en este momento al menos cien profesores est\u00e1n dando conferencias sobre la literatura del pasado, al menos mil cr\u00edticos est\u00e1n revisando la literatura del presente, y cientos y cientos de hombres y mujeres j\u00f3venes est\u00e1n aprobando los ex\u00e1menes de literatura inglesa con el mayor cr\u00e9dito; pese a eso, \u00bfescribimos mejor, leemos mejor de lo que le\u00edamos y escrib\u00edamos hace cuatrocientos a\u00f1os, cuando no \u00e9ramos ilustrados, ni evaluados, ni formados? \u00bfNuestra literatura georgiana es un remendado de la isabelina?<\/p>\n<p>Entonces, \u00bfd\u00f3nde vamos a depositar la culpa? No en nuestros profesores; tampoco en nuestros cr\u00edticos; ni siquiera en nuestros escritores; sino en las palabras. La culpa es de las palabras. Son las m\u00e1s salvajes, las m\u00e1s libres, las m\u00e1s irresponsables, las m\u00e1s inasibles de todas las cosas. Por supuesto, se pueden atrapar y clasificar y colocar en orden alfab\u00e9tico en los diccionarios. Pero las palabras no viven en los diccionarios; viven en la mente. Si desea una prueba de ello, piense en la frecuencia con que en los momentos de emoci\u00f3n, cuando m\u00e1s necesitamos las palabras, no las encontramos. Sin embargo, ah\u00ed est\u00e1n el diccionario; ah\u00ed tenemos a nuestra disposici\u00f3n medio mill\u00f3n de palabras ordenadas alfab\u00e9ticamente.<\/p>\n<p>Pero \u00bfpodemos hacer uso de ellas? No, porque las palabras no viven en los diccionarios, sino en la mente. Observe otra vez el diccionario. Sin duda hay obras de teatro m\u00e1s espl\u00e9ndidas que\u00a0<i>Antonio y Cleopatra<\/i>; poemas m\u00e1s hermosos que la\u00a0<i>Oda a un ruise\u00f1or<\/i>; novelas frente a las cuales\u00a0<i>Orgullo y prejuicio<\/i>\u00a0o<i>\u00a0David Copperfield<\/i>\u00a0son burdas torpezas de principiantes. S\u00f3lo es cuesti\u00f3n de encontrar las palabras adecuadas y ponerlas en el orden correcto. Pero no podemos hacerlo porque no viven en los diccionarios; viven en la mente.<\/p>\n<p>\u00bfY c\u00f3mo habitan en la mente? De forma variada y extra\u00f1a, tanto como viven los seres humanos, yendo de un lado a otro, cayendo en el amor y apare\u00e1ndose juntas. Es cierto que est\u00e1n mucho menos unidas por las ceremonias y las convenciones que nosotros. Las palabras de la realeza se emparejan con las plebeyas. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias y las africanas, si se les antoja. De hecho, cuanto menos indaguemos en el pasado de nuestra querida madre inglesa, mejor ser\u00e1 para la reputaci\u00f3n de esta dama. Porque se habr\u00e1 ido a la deriva; justamente eso: una bella doncella a la deriva.<\/p>\n<p>Por lo tanto, establecer cualquier ley para estas incuestionables vagabundas resulta algo peor que in\u00fatil. Unas cuantas reglas insignificantes de gram\u00e1tica y ortograf\u00eda son todo lo que podemos imponerles. Todo lo que podemos decir de ellas, cuando las observamos por encima del borde de esa caverna profunda, oscura y vac\u00eda, a duras penas iluminadas en la que viven \u2013la mente\u2013, es que parece que les agrada que la gente piense y sienta antes de usarlas, pero que piense y sienta no sobre ellas, sino sobre algo distinto.<\/p>\n<p>Son muy sensibles, se coh\u00edben con facilidad. No les gusta que se discuta su pureza o su impureza. Si se creara una sociedad para el ingl\u00e9s puro, mostrar\u00e1n su animadversi\u00f3n instaurando otra para el ingl\u00e9s impuro. De ah\u00ed la violencia antinatural de gran parte del discurso moderno: es una protesta contra los puritanos. Tambi\u00e9n son muy democr\u00e1ticas, creen que una palabra es tan buena como cualquier otra: las palabras sencillas son tan buenas como las cultivadas, las palabras incultas como las eruditas, no hay rangos ni t\u00edtulos en su sociedad.<\/p>\n<p>Tampoco les gusta que las excluyan con la punta de la pluma y las examinen por separado. Van unidas, en frases, en p\u00e1rrafos, a veces durante p\u00e1ginas enteras. Odian ser \u00fatiles; odian ganar dinero; odian que se les d\u00e9 un serm\u00f3n en p\u00fablico. En resumen, odian cualquier cosa que les imprima un significado o las limite a una posici\u00f3n, porque su naturaleza es evolutiva.<\/p>\n<p>Tal vez esta sea su peculiaridad m\u00e1s atractiva: su necesidad de transformaci\u00f3n. Es porque la verdad que intentan captar tiene m\u00faltiples vertientes, y la transmiten siendo ellas mismas polifac\u00e9ticas, que muestran este camino, luego otro. De este modo, significan una cosa para una persona y una distinta para otra; son ininteligibles para una generaci\u00f3n y tan claras como una lanza para la siguiente. Y es gracias a esta complejidad que sobreviven.<\/p>\n<p>Por lo tanto, quiz\u00e1 una de las razones por las que hoy no tenemos ning\u00fan gran poeta, novelista o cr\u00edtico literario es porque negamos a las palabras su libertad. Las limitamos a un significado, el significado \u00fatil, el significado que nos hace tomar el tren, el significado que nos hace aprobar el examen. Y cuando las palabras son inmovilizadas, pliegan sus alas y mueren.<\/p>\n<p><em>Por \u00faltimo, y lo m\u00e1s importante, las palabras, al igual que nosotros, para vivir c\u00f3modas necesitan intimidad. Sin duda les gusta que pensemos y sintamos antes de usarlas; pero tambi\u00e9n les gusta que hagamos una pausa, que nos volvamos inconscientes. Nuestra inconsciencia es su intimidad; nuestra oscuridad es su luz&#8230; Esa pausa se realiza \u2013esa cortina de oscuridad se permite caer\u2013 para tentar a las palabras a unirse en uno de esos matrimonios r\u00e1pidos que son im\u00e1genes perfectas y que producen belleza eterna. Pero no, nada de eso va a suceder esta noche. Las peque\u00f1as desgraciadas est\u00e1n fuera de s\u00ed, desobligadas, desobedientes, mudas. \u00bfQu\u00e9 es lo que murmuran? \u201c\u00a1Se acab\u00f3 el tiempo! \u00a1Silencio!\u201d<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* Virginia Woolf hace alusi\u00f3n a los versos de\u00a0<i>Macbeth<\/i>\u00a0de William Shakespeare, Acto 2, escena 2, l\u00edneas 60-61, cuando, despu\u00e9s de asesinar a Duncan, Macbeth dice: \u201cNo, this my hand will rather\/ The multitudinous seas incarnadine\u201d (\u201cNo, en todo caso en mi mano\/ Encarnan los mares multitudinarios.\u201d) (N. del T.)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Nota y traducci\u00f3n de Roberto Bernal.<\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Virginia Woolf La habitaci\u00f3n de las palabras (una emisi\u00f3n radiof\u00f3nica) La editora, dramaturga, ensayista y novelista Virginia Woolf (Londres, Reino Unido, 1882-1941) es autora de t\u00edtulos cl\u00e1sicos como &#8216;Las olas&#8217;, &#8216;Al faro&#8217;, &#8216;La se\u00f1ora Dalloway&#8217; y &#8216;Una habitaci\u00f3n propia&#8217;, y es tambi\u00e9n una de las figuras m\u00e1s destacadas de la historia de la literatura, c\u00e9lebre [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":28867,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-28866","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28866","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=28866"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28866\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28868,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28866\/revisions\/28868"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/28867"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=28866"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=28866"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=28866"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}