{"id":28981,"date":"2022-08-16T15:51:52","date_gmt":"2022-08-16T21:51:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28981"},"modified":"2022-08-16T15:51:52","modified_gmt":"2022-08-16T21:51:52","slug":"la-obra-y-la-personalidad-del-gran-maestro-critico-filologo-y-conversador-antonio-alatorre-1922-2010","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=28981","title":{"rendered":"La obra y la personalidad del gran maestro, cr\u00edtico, fil\u00f3logo, y conversador Antonio Alatorre (1922-2010)"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">El centenario (y los mil y un a\u00f1os) de Antonio Alatorre<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Este ensayo recuerda y pondera con acierto la obra y la personalidad del gran maestro, cr\u00edtico, fil\u00f3logo, delicado y delicioso conversador con gran erudici\u00f3n y sentido del humor, en su conjunto rasgos de escasa presencia entre los especialistas de las letras, que fue Antonio Alatorre (1922-2010), y que siguen siendo notorios, por ejemplo, en su obra m\u00e1s conocida: &#8216;Los 1001 a\u00f1os de la lengua espa\u00f1ola&#8217;.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<h2>1<\/h2>\n<p>No es producto\u00a0de la casualidad que la m\u00e1s conocida traducci\u00f3n al espa\u00f1ol de la espl\u00e9ndida novela<i>\u00a0Memorias p\u00f3stumas de Bras Cubas,<\/i>\u00a0del escritor brasile\u00f1o Joaquim Maria Machado de Assis, haya sido perpetrada por el fil\u00f3logo mexicano Antonio Alatorre (1922-2010), uno de los ensayistas menos reconocidos en el panorama de las letras en lengua espa\u00f1ola, pero erudito como el que m\u00e1s, dotado de una amenidad que es\u00a0<i>rara avis<\/i>\u00a0en los estudios literarios y de un conocimiento de los cl\u00e1sicos nacionales y mundiales s\u00f3lo comparable con el de Alfonso Reyes. No es fortuita la atenci\u00f3n que Alatorre dedic\u00f3 a esa novela, digo, porque en ella el sentido del humor y la naturalidad para contar una historia se dan juntas y, tanto en sus clases como en sus trabajos y ex\u00e9gesis, el \u00e1nimo de Alatorre era el de quien rechaza las estrategias del hermetismo, los datos microsc\u00f3picos e in\u00fatiles, sin renunciar a abarcar su asunto de forma completa y clara: sin perder de vista al lector com\u00fan.<\/p>\n<p>Es una l\u00e1stima que tan aguda erudici\u00f3n se halle a\u00fan dispersa en buena medida o siga atrincherada en libros de investigaci\u00f3n literaria institucional sin haber alcanzado, salvo excepci\u00f3n, ediciones asequibles. La que es quiz\u00e1 su obra m\u00e1s conocida,\u00a0<i>Los 1,001 a\u00f1os de la lengua espa\u00f1ola<\/i>, por ejemplo, dur\u00f3 alg\u00fan tiempo confiscada como edici\u00f3n de lujo distribuida entre los clientes m\u00e1s exclusivos de una instituci\u00f3n bancaria, hasta que la raz\u00f3n y el sentido com\u00fan impulsaron al Fondo de Cultura Econ\u00f3mica a incluirla en su cat\u00e1logo editorial. Pero muchos otros de sus trabajos no han corrido con esa suerte: har\u00eda falta una exploraci\u00f3n entre los archivos de publicaciones peri\u00f3dicas y acad\u00e9micas de la segunda mitad del siglo pasado para recuperar y acceder tanto a la recreaci\u00f3n que hace de libros tenidos por cl\u00e1sicos inaccesibles (Andr\u00e9s Fern\u00e1ndez de Andrada y su \u201cEp\u00edstola moral a Fabio\u201d) como a su manera de dimensionar a autores dom\u00e9sticos (Monsiv\u00e1is, Ibarg\u00fcengoitia) en la altura que merecen.<\/p>\n<p>Como profesor, como editor de tantos a\u00f1os de la\u00a0<i>Nueva Revista de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica<\/i>, como director del Centro de Estudios Ling\u00fc\u00edsticos y Literarios de El Colegio de M\u00e9xico, Alatorre prefiri\u00f3 siempre la espontaneidad en la expresi\u00f3n escrita a la teatralidad acartonada del aparato cr\u00edtico. Y no es que sus trabajos carecieran del examen detallado y el conocimiento preciso del\u00a0<i>paper<\/i>\u00a0de nuestros d\u00edas, sino m\u00e1s bien que sab\u00eda verter el soberbio sabor del viejo vino filol\u00f3gico en el odre nuevo de una prosa que no se refugiaba en tecnicismos o indagaciones abstrusas para encriptar saberes que lucen mucho mejor al alcance de la comprensi\u00f3n general. No ten\u00eda necesidad de ello. Su actitud en el aula era tambi\u00e9n ejemplar: desconfiaba de la evaluaci\u00f3n num\u00e9rica del aprovechamiento, recomendaba ser menos susceptible en asuntos de promedio acad\u00e9mico y festejaba la charla y la discusi\u00f3n como el espacio m\u00e1s digno del an\u00e1lisis literario. De ah\u00ed que se burlara por lo bajo de la intransigencia de quien descalificaba sus opiniones con un gesto indigesto por carecer de argumentos razonables. Es el caso de lo que le ocurri\u00f3 alguna vez, en el vest\u00edbulo de El Colegio Nacional, con Octavio Paz, quien entre los dos famosos poemas de G\u00f3ngora prefer\u00eda el\u00a0<i>Polifemo a Las soledades<\/i>, cuesti\u00f3n de gusto y nada m\u00e1s, pero que se atrevi\u00f3 a externarlo p\u00fablicamente en ese pasillo no sin descalificar a Alatorre por inclinarse en favor del segundo poema. \u00a1A Alatorre, nada menos, al lector m\u00e1s avezado en literatura barroca que haya producido la academia mexicana! Octavio era as\u00ed, apuntaba el maestro, y segu\u00eda con su clase.<\/p>\n<p>Paisano de Rulfo y de Arreola (los tres nacieron en pueblos jaliscienses no distantes entre s\u00ed m\u00e1s de 50 kil\u00f3metros), a ambos los admiraba como escritores y maestros, pues con ellos alent\u00f3 una revista,\u00a0<i>Pan<\/i>, de pertinencia tan intensa como breve fue su paso por la hemerograf\u00eda literaria nacional, cuando Alatorre ten\u00eda s\u00f3lo veintitr\u00e9s a\u00f1os. La que s\u00ed fue duradera fue su relaci\u00f3n con el segundo, a quien no pod\u00eda concebir sino como la memoria andante de nuestro pa\u00eds y de nuestra literatura, pues nadie, dec\u00eda, puede recordar tantas cosas sobre tantos asuntos como Juan Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de autor de un no muy breve relato que apenas sabe disimular su condici\u00f3n de episodio autobiogr\u00e1fico,\u00a0<i>La migra\u00f1a (<\/i>los grandes cr\u00edticos esconden a menudo una veta de creadores que miran con escr\u00fapulo y mantienen bajo vigilancia), la temprana, acaso inesperada formaci\u00f3n religiosa de Alatorre le permit\u00eda moverse entre los libros de la Sagrada Escritura sin alardes, con alarmante sabidur\u00eda en un agn\u00f3stico de su talla. De esos estudios primigenios en su pueblo natal tambi\u00e9n procede una devoci\u00f3n musical que mantuvo fuera de la academia, quiz\u00e1 por la proverbial honestidad que lo hac\u00eda reconocer que \u00e9l no era un ling\u00fcista sino \u201cs\u00f3lo un fil\u00f3logo\u201d, o tal vez por su escrupuloso acercamiento a lo que dec\u00eda no dominar del todo, aunque lo que sab\u00eda bastara para iluminar a especialistas en armon\u00eda o infaltables conocedores\u00a0<i>de la o por lo redondo<\/i>.<\/p>\n<p>En la c\u00e1tedra mostraba un id\u00e9ntico \u00e1nimo quijotesco, cervantino por mejor decir, pues no se aferraba a principios tomados de los libros sino que los somet\u00eda a discusi\u00f3n. No le\u00eda a Lope o a Sor Juana a la luz de los Pfandl o los Blecuas, sino que compart\u00eda su lectura como quien invita a comer a su casa: aqu\u00ed est\u00e1 la salsa, \u00bfven esos cubiertos?, este poema me recuerda otros sabores similares. Desmenuzaba los textos sin el \u00e1nimo de acabarlos, de modo que se multiplicaba la materia por degustar en los sonetos lopescos o gongorinos y uno sal\u00eda con la noci\u00f3n de que su sentido del gusto hab\u00eda reconocido matices y arom\u00e1ticas suculencias que ning\u00fan erudito a la violeta (como se sol\u00eda decir con frase tan extra\u00f1a como antip\u00e1tica) ser\u00eda capaz de transmitir con tal naturalidad.<\/p>\n<h2>2<\/h2>\n<p>El libro central\u00a0de Antonio Alatorre, como queda dicho, es el que lleva en su t\u00edtulo una evidente alusi\u00f3n a la obra narrativa por excelencia de la cultura \u00e1rabe.\u00a0<i>Los 1001 a\u00f1os de la lengua es<\/i><i>pa\u00f1ola<\/i>, en efecto, es obra mayor entre los textos de cr\u00edtica e historiograf\u00eda literaria en nuestra lengua y acaso algo m\u00e1s: una cordial conjunci\u00f3n del desenfado cervantino y el conocimiento libresco respecto de la lengua y la literatura espa\u00f1olas como no se estila en casi ning\u00fan escritor, ya no digamos la que brilla por su ausencia entre ling\u00fcistas e investigadores literarios. La obra festeja las andanzas y desventuras de diez siglos y medio de producci\u00f3n escrita en romance castellano como si de un caballero empe\u00f1oso y conmovedor se tratara, como si nuestra lengua fuera un esforzado y provechoso desfacedor de entuertos.<\/p>\n<p>Es la historia, s\u00ed, del espa\u00f1ol, desde sus or\u00edgenes en la familia ling\u00fc\u00edstica indoeuropea, su paso hist\u00f3rico y fetal en contacto con el mundo \u00e1rabe y visig\u00f3tico hasta su inicio oficial en las glosas silenses y emilianenses, su consolidaci\u00f3n en el\u00a0<i>Poema del Cid\u00a0<\/i>y su madurez plena en la literatura del Siglo de Oro. Y de ah\u00ed, luego de la dieciochesca aparici\u00f3n de las academias de la lengua hasta nuestros d\u00edas, con la recomendaci\u00f3n amable de \u201cconfiar siempre en la lengua vulgar\u201d, examina el uso que la gente hace y har\u00e1 siempre del instrumento verbal en su comunicaci\u00f3n diaria. Ingenioso, did\u00e1ctico, diversamente apoyado en textos de toda \u00edndole, el libro de Alatorre recupera la temperatura an\u00edmica e intelectual de los ensayos de Montaigne y es muestra inequ\u00edvoca de c\u00f3mo el melindre y el afeite, el escr\u00fapulo y la escisi\u00f3n de la escritura de su base social, evidencian una mala costumbre que ya denunci\u00f3 en su momento el erudito renacentista Juan de Vald\u00e9s: \u201cEl estilo que tengo me es natural y sin afetaci\u00f3n ninguna escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y d\u00edgolo quanto m\u00e1s llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua est\u00e1 bien la afetaci\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p>Innegable disc\u00edpulo de esos principios, Alatorre sabe que \u201cson los hablantes los verdaderos estabilizadores de la lengua, ellos quienes deciden qu\u00e9 eliminar y qu\u00e9 adoptar, y qu\u00e9 forma dar a lo adoptado\u201d, y compara sin desparpajo la creciente presencia de anglicismos en el espa\u00f1ol moderno con el influjo \u00e1rabe que le ocurri\u00f3 a nuestra lengua en su per\u00edodo de formaci\u00f3n, para reconocer que el resultado \u201ces que los arabismos del espa\u00f1ol son una de sus bellezas\u201d. Ser\u00eda muy afortunado escucharlo o leerlo a prop\u00f3sito de asunto tan vigente como el lenguaje de g\u00e9nero, seguramente para advertir en sus observaciones, delicadas e ir\u00f3nicas, la lecci\u00f3n de un empate t\u00e9cnico entre quienes se fuerzan a decir \u201cgracies\u201d y los que se enfundan en argumentos discriminatorios y conservadores,<i>\u00a0tablas\u00a0<\/i>que mostrar\u00edan las suyas en la consideraci\u00f3n de que, tarde o temprano, se impondr\u00e1 lo que el uso de la mayor\u00eda determine, mal que les pese a unos y otros.<\/p>\n<p>Con el \u201cfluido de simpat\u00eda\u201d y desenfadada discreci\u00f3n propios de su prosa, la obra discurre entre amables y frecuentes coscorrones a los prejuicios de la alta cultura, a quienes \u201cdesprecian al ga\u00f1\u00e1n, al baturro, al obrero, al indio, al pocho, etc., porque hablan mal (o sea, porque no hablan como ellos)\u201d, sabiendo que el verdaderamente\u00a0<i>discreto\u00a0<\/i>(y esta palabra, en su sentido original, alude antes a la persona inteligente que a la reservada) \u201cabre el o\u00eddo exterior y el o\u00eddo interior a un buen discurso humano pronunciado por un viejo campesino iletrado, y oye expresiones como mesmo, haiga, truje, jediondo, la calor, naiden\u201d y quiz\u00e1 sonr\u00eda, \u201cpero no por burla sino por deleite\u201d. En estos tiempos hostiles en los que el populismo padece condenas de antemano, en que lo pol\u00edticamente correcto se asume como lo ultravigilado y lo herm\u00e9tico, el sabio consejo de atisbar de la manera m\u00e1s natural nuestras conductas verbales, reconociendo en el habla la garant\u00eda real de que el sistema de la lengua se basa en su uso, implica asimismo festejar que en ensayistas y cr\u00edticos como Antonio Alatorre la barrera entre el estudio especializado y la comprensi\u00f3n del lector medio se pueda allanar sin que ello signifique ning\u00fan tipo de renuncia o falta de rigor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El centenario (y los mil y un a\u00f1os) de Antonio Alatorre Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez Este ensayo recuerda y pondera con acierto la obra y la personalidad del gran maestro, cr\u00edtico, fil\u00f3logo, delicado y delicioso conversador con gran erudici\u00f3n y sentido del humor, en su conjunto rasgos de escasa presencia entre los especialistas de las letras, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":28982,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-28981","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28981","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=28981"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28981\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28983,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28981\/revisions\/28983"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/28982"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=28981"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=28981"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=28981"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}