{"id":29349,"date":"2022-09-19T16:24:50","date_gmt":"2022-09-19T22:24:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=29349"},"modified":"2022-09-19T16:24:50","modified_gmt":"2022-09-19T22:24:50","slug":"te-diria-que-fueramos-al-rio-bravo-a-llorar-pero-debes-saber-que-ya-no-hay-rio-ni-llanto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=29349","title":{"rendered":"&#8216;Te dir\u00eda que fu\u00e9ramos al r\u00edo Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay r\u00edo ni llanto&#8217;"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Un rosario de huesos: la poes\u00eda de Jorge Humberto Ch\u00e1vez<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 Mar\u00eda Espinasa<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Jorge Humberto Ch\u00e1vez en la presentaci\u00f3n del libro &#8216;Te dir\u00eda que fu\u00e9ramos al r\u00edo Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay r\u00edo ni llanto&#8217;, Premio de Poes\u00eda Aguascalientes 2013. Palacio de Bellas Artes. Foto: &#8216;La Jornada&#8217; \/ Mar\u00eda Melendrez Parada<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">\u2018Un rosario de huesos\u2019, de Jorge Humberto Ch\u00e1vez (Ciudad Ju\u00e1rez, 1959) es un esfuerzo notable por nombrar desde la poes\u00eda la violencia que vivimos en M\u00e9xico, especialmente en el contexto de la frontera norte. Este art\u00edculo reflexiona sobre los muchos retos que impone el tema y considera al autor uno de los poetas m\u00e1s destacados de la generaci\u00f3n de los cincuenta.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\"><i>En recuerdo de Sergio Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez,<br \/>\na cinco a\u00f1os de su muerte.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Leemos en los peri\u00f3dicos y de manera compulsiva en la televisi\u00f3n vemos, con claros intereses pol\u00edticos, que vivimos en \u201cun clima de violencia cotidiana\u201d. La expresi\u00f3n tambi\u00e9n se lee con frecuencia en textos de an\u00e1lisis social, pero pocas veces se cae en cuenta de que hay una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos y que su sentido parad\u00f3jico se agota pronto: si es violencia no puede ser cotidiana. Pero es una expresi\u00f3n dif\u00edcil de invertir: si es cotidiana no por eso deja de ser violencia. En el terreno del arte y la literatura en M\u00e9xico se da una curiosa y desigual reacci\u00f3n: la pintura da testimonio y la novela la convierte en an\u00e9cdota. Y la poes\u00eda o la ignora o apenas se atreve a nombrarla. Caso excepcional es la poes\u00eda de Jorge Humberto Ch\u00e1vez, poeta juarense que se arriesga a tematizarla con valent\u00eda y calidad. Fruto de esa opci\u00f3n es su reciente\u00a0<i>Un rosario de huesos<\/i>.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n tiene miga, re\u00fane connotaciones religiosas muy propias del pa\u00eds, como la pr\u00e1ctica del rosario, con la pulsi\u00f3n de muerte que acompa\u00f1a a los huesos. Sentimos que el objeto que sirve para rezar el rosario es un rosario hecho de huesos; no, de ninguna manera, de rosas, ni siquiera de rosas del desierto, tampoco de rezos sino de reclamos airados y llantos estremecidos y no pocas veces estremecedores. En una de las m\u00e1s grandes novelas del siglo xx,\u00a0<i>Gran Sert\u00f3n: Veredas<\/i>, su autor, Joao Guimar\u00e3es Rosa, narra en un pasaje que durante una tormenta a un toro le cae un rayo y lo deja en los huesos. Ese esqueleto de pie en el llano es una imagen apocal\u00edptica. Si la imagin\u00e1ramos en la frontera se volver\u00eda una parodia, ser\u00eda el toro de Osborne y el esqueleto la estructura de un anuncio espectacular en medio de la carretera, como si all\u00ed la \u00e9pica nos estuviera vedada. Las distancias entre la causalidad y la casualidad se anulan: Ciudad Ju\u00e1rez es un paradigma de la violencia y por eso un poeta de esa ciudad escribe una poes\u00eda as\u00ed. Pero, \u00bfcu\u00e1l es la causa y cu\u00e1l el efecto, cu\u00e1l el azar nunca abolido? Asume el poeta que nombrar esa realidad no se puede hacer desde el bucolismo o la met\u00e1fora, pero que la realidad ha sido superada por ella misma y se ha quedado en los huesos. No es la\u00a0primera vez que lo hace en su escritura, su excepcional libro anterior ya hab\u00eda abordado el mismo asunto desde una condici\u00f3n postapocal\u00edptica, y desde la condici\u00f3n asumida de que en ese paisaje desolado, en pleno apocalipsis, el poeta sigue cantando y escribiendo poemas de amor.<\/p>\n<p>Tal vez la diferencia sea que antes su voz da entrada a la violencia en ese ritmo versicular que caracteriza a\u00a0<i>Te dir\u00eda que fu\u00e9ramos al r\u00edo Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay r\u00edo ni llanto<\/i>, mientras que en el rosario se asume m\u00e1s la letan\u00eda, la letra que se canta a coro, que en su coralidad refrenda y refrenda la c\u00f3lera. Llama la atenci\u00f3n que la violencia liberada en un libro y contenida en el otro no se despoje totalmente de su carisma literario, es decir su tono aur\u00e1tico. As\u00ed Ju\u00e1rez, la frontera o el desierto son suced\u00e1neos de Abisinia. Y es que si Ch\u00e1vez es un poeta juarense no es por necesidad sino por voluntad. No es mexicano, si por esto entendemos una pertenencia m\u00e1s que a un canon a una tradici\u00f3n. Es un poeta de la frontera. Nunca se est\u00e1 del todo en la frontera, pues es una l\u00ednea muy delgada, en cambio siempre se est\u00e1 del otro lado y, al menos en estos libros, en esta poes\u00eda, del lado del despose\u00eddo, del derrotado, del muerto. Y entonces vuelve el azar como necesidad: el rosario se reza en el rosedal. Y es San Benito (pero no Ju\u00e1rez) quien lo incorpora a la liturgia cat\u00f3lica. La frontera est\u00e1 hecha para cruzarse, pero est\u00e1 prohibido hacerlo, y eso genera la situaci\u00f3n tan violenta de esa zona del norte. Por eso tambi\u00e9n esa tan real como inveros\u00edmil violencia se ceba en las mujeres y en las familias: la violencia cotidiana, \u00e9sa que el\u00a0<i>narco<\/i>\u00a0y la delincuencia imponen, hace que el mismo concepto de muerte natural, desde luego dolorosa y en buena medida inaceptable, pero natural justamente, pierda sentido y toda muerte sea un asesinato. Por eso el colof\u00f3n de este rosario es tan pertinente y recupera una intencionalidad franciscana nada ingenua para el hecho de escribir poes\u00eda.<\/p>\n<p>En 2013, su poemario de largo t\u00edtulo<i>, Te dir\u00eda que fu\u00e9ramos al R\u00edo Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay r\u00edos ni llanto<\/i>, recibi\u00f3 el Premio de Poes\u00eda Aguascalientes y lo proyect\u00f3 a un p\u00fablico m\u00e1s amplio. Se trata de uno de los momentos sobresalientes de la generaci\u00f3n de poetas nacidos en los a\u00f1os cincuenta. Si el t\u00edtulo es largo tambi\u00e9n los versos tienden al vers\u00edculo y, sobre todo la primera parte, \u201cCr\u00f3nicas\u201d, consigue un tono muy logrado, deudor tanto de la poes\u00eda estadunidense como del corrido: narrativas, anecd\u00f3ticas, pero a la vez sint\u00e9ticas e intensas cr\u00f3nicas de un acontecer vital social y personal. No por azar la segunda parte se titula \u201cFotograf\u00edas\u201d, pues la intenci\u00f3n de estos poemas es claramente reflejar la realidad, crear instant\u00e1neas que se sustraigan al devenir del tiempo y as\u00ed permanecer en nuestra memoria e imaginario colectivo. Si en autores como Daniel Sada o Ricardo Elizondo la narrativa fronteriza encontr\u00f3 la manera de narrar esa atroz realidad, Ch\u00e1vez consigue poetizarla sin que esto signifique dulcificarla o embellecerla: es una l\u00edrica dura y directa, no pocas veces desolada, con una est\u00e9tica parecida a la que un cineasta como Wim Wenders consigue en\u00a0<i>Par\u00eds, Texas<\/i>\u00a0y no en\u00a0cambio como la estetizaci\u00f3n caricaturizada de<i>\u00a0El mariachi<\/i>\u00a0o las pel\u00edculas de Tarantino. Es una poes\u00eda que para nombrar la realidad decide ser realista sin perder tonalidades y sin simplificar la experiencia ni evitar el dolor intenso de la absurda violencia. Es, por eso, una poes\u00eda m\u00e1s que apocal\u00edptica, del d\u00eda despu\u00e9s.<\/p>\n<p>No siempre tiene ese tono la l\u00edrica de Jorge Humberto Ch\u00e1vez. Por ejemplo, su libro\u00a0<i>\u00c1ngel<\/i>\u00a0es claramente rilkeano y literario. Esto tiene sentido: incluso en una realidad tan violenta la poes\u00eda nace como impulso l\u00edrico y por lo tanto poetiza la existencia. Tambi\u00e9n los poetas fronterizos se enamoran y son cursis y cantan al bucolismo y a los \u00e1ngeles antes de que esa escritura se revele ficci\u00f3n reflejada en la vida cotidiana de un lugar como Ju\u00e1rez, que es y no es un sitio preciso, como bien saben Roberto Bola\u00f1o y Sergio Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez. Viene a la cabeza la expresi\u00f3n, ya legendaria:\u00a0<i>no hay tal lugar<\/i>. Pero s\u00ed lo hay y por eso, en ese lugar atroz, la poes\u00eda surge de las ruinas. Esos veh\u00edculos que uno observa en la Rumurosa, entre Tijuana y Mexicali cuando se viaja por carretera \u201cde este lado\u201d, son ruinas, en el mismo sentido en que lo son Chich\u00e9n Itz\u00e1 o el Parten\u00f3n. Ruinas tan reales como m\u00edticas. Tambi\u00e9n esos coches son huesos para ese rosario con el que empec\u00e9 esta cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un rosario de huesos: la poes\u00eda de Jorge Humberto Ch\u00e1vez Jos\u00e9 Mar\u00eda Espinasa Jorge Humberto Ch\u00e1vez en la presentaci\u00f3n del libro &#8216;Te dir\u00eda que fu\u00e9ramos al r\u00edo Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay r\u00edo ni llanto&#8217;, Premio de Poes\u00eda Aguascalientes 2013. Palacio de Bellas Artes. 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