{"id":29532,"date":"2022-10-03T12:52:03","date_gmt":"2022-10-03T18:52:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=29532"},"modified":"2022-10-03T12:52:03","modified_gmt":"2022-10-03T18:52:03","slug":"acercamiento-a-la-obra-y-la-peculiar-mente-del-escritor-guatemalteco-luis-cardoza-y-aragon-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=29532","title":{"rendered":"Acercamiento a la obra y la peculiar mente del escritor guatemalteco Luis Cardoza y Arag\u00f3n,  poeta"},"content":{"rendered":"<div id=\"portal-columns\" class=\"row\">\n<div id=\"portal-column-content\" class=\"cell width-full position-0\">\n<div class=\"\">\n<div id=\"content\">\n<article id=\"article\" class=\"row\">\n<div class=\"col-md-8\">\n<h1 class=\"ljs-merri\">Luis Cardoza y Arag\u00f3n: La prevalencia de la poes\u00eda<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">&#8216;Luis Cardoza y Arag\u00f3n&#8217;, Carlos M\u00e9rida, Par\u00eds, 1927<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">Acercamiento a la obra y la peculiar mente del escritor guatemalteco Luis Cardoza y Arag\u00f3n (1904-1992), poeta, cr\u00edtico de arte y diplom\u00e1tico, de cuyo pensamiento afor\u00edstico se dice aqu\u00ed: \u201cEn ese vaiv\u00e9n de sentencias que lo mismo calan o divierten que regocijan y desconciertan, deambula el alma po\u00e9tica de Cardoza y Arag\u00f3n.\u201d<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>\u201cDespu\u00e9s de ver una pintura, de volver y volver a verla, hay que cerrar los ojos y contemplarla\u201d, escribi\u00f3 alguna vez el poeta y ensayista guatemalteco Luis Cardoza y Arag\u00f3n (1904-1992), autor de algunos de los m\u00e1s delicados y sugerentes textos de cr\u00edtica de arte del siglo pasado. Leer sus iluminadores trabajos de aproximaci\u00f3n a la pintura mexicana contempor\u00e1nea, como ocurr\u00eda asimismo con los de Luis Roberto Vera y, a veces, con los de Juan Acha y Octavio Paz, era encontrarse con que la imagen y el color son otra forma de la poes\u00eda, figuras verbales, materia metaf\u00f3rica que da con su contemplador si \u00e9ste es capaz de detenerse\u00a0<i>mentalmente<\/i>\u00a0en la experiencia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 el libro mayor de Cardoza sea su autobiograf\u00eda\u00a0<i>El r\u00edo: novelas de caballer\u00eda<\/i>, donde reconstruye toda una \u00e9poca de vida itinerante a partir de la recreaci\u00f3n del propio pasado en la figura de un h\u00e9roe que es y no es \u00e9l mismo, desdoblamiento muy bien ejecutado y por el que en buena medida transita la originalidad del libro; pero aqu\u00ed y all\u00e1, tanto en su prosa como en su poes\u00eda, el amor a la sentencia puntual y generosa hace de \u00e9l un aforista de m\u00e9rito por el rigor de sus consideraciones: \u201cAs\u00ed como la danza, seg\u00fan Baudelaire, debe decirnos lo que la m\u00fasica no puede decirnos, la poes\u00eda est\u00e1 destinada a expresar lo que con simples palabras es inexpresable.\u201d Atento a la conversaci\u00f3n que establecen entre s\u00ed todas las artes y dada su condici\u00f3n de fecundo orfebre de poemas memorables, Cardoza (como Asturias, como Monterroso, como Illescas, como Otto Ra\u00fal Gonz\u00e1lez) fue un escritor que emprendi\u00f3 el exilio inevitable de quienes tuvieron que afincarse en otro pa\u00eds \u2013Francia, M\u00e9xico\u2013 vista la insensatez con que los reg\u00edmenes dictatoriales que ha padecido hist\u00f3ricamente su pa\u00eds se ensa\u00f1aron con los partidarios y colaboradores de gobiernos democr\u00e1ticos como el de Jacobo \u00c1rbenz. Y fue aqu\u00ed, en M\u00e9xico, donde su esp\u00edritu l\u00facido no s\u00f3lo conoci\u00f3 que \u201camar es compartir fantasmas complementarios\u201d sino donde, asimismo, afil\u00f3 una vena creativa que devino af\u00edn a su obra l\u00edrica, la de la cr\u00edtica, mediante la cual consigui\u00f3 uno de los mejores retratos (rebasa lo pol\u00edtico e hist\u00f3rico para encallar en lo ontol\u00f3gico) de su propio pa\u00eds:<i>\u00a0Guatemala, las l\u00edneas de su mano<\/i>.<\/p>\n<p>Cardoza y Arag\u00f3n, que yo sepa, nunca coleccion\u00f3 en forma de aforismos sus ideas m\u00e1s sugerentes, pero se los puede espigar en sus ensayos y poemas con cierta facilidad, y el espectro de sus observaciones est\u00e1 repleto de matices: desde la provocaci\u00f3n humor\u00edstica (\u201cAd\u00e1n y Eva no fueron expulsados del Para\u00edso: se fugaron\u201d, \u201cLa mejor Gloria es la Swanson\u201d), donde prevalece el \u00e1nimo juguet\u00f3n que a menudo acompa\u00f1\u00f3 su labor cr\u00edtica y s\u00f3lo a veces a su poes\u00eda, hasta la duda metaf\u00edsica o devocional. Algunos de ellos se recrean con pericia en la perplejidad o simplemente hacen gala de una sorna sonriente, la misma fresca adolescencia que se puede advertir en los textos breves y risue\u00f1os de Julio Torri, autor con quien Cardoza y Arag\u00f3n guarda una semejanza espiritual que hasta ahora no ha sido examinada. Con tal \u00e1nimo puede leerse esta sentencia: \u201cLos fantasmas existen, pero no creo en ellos. Dios no existe, pero creo en \u00e9l.\u201d Aunque qui\u00e9n sabe: quiz\u00e1 este adagio sea el argumento de una novela fant\u00e1stica jam\u00e1s escrita, antes que una confesi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>De cualquier manera, se respira en la prosa compacta de Cardoza la exactitud tan cara a los aforistas, lo mismo que una imaginer\u00eda de ascendencia surrealista que le permiti\u00f3 perge\u00f1ar frases donde su fidelidad a la intensidad de la voz po\u00e9tica es insoslayable: \u201cSi cae un pensamiento hace ruido. Una palabra fuera de lugar es un esc\u00e1ndalo.\u201d Y si \u201cla vida imaginaria es la \u00fanica digna de ser vivida\u201d, como escribi\u00f3 alguna vez, podr\u00edamos pensar que sus tareas diplom\u00e1ticas y las que lo volvieron defensor de las causas que cre\u00eda m\u00e1s justas eran apenas para \u00e9l labores que no rebasaban el mundo concreto. No era as\u00ed. Y no lo era porque el concepto de \u201clo imaginario\u201d en Cardoza re\u00fane lo mismo las exigencias del presente inmediato que las voluptuosidades del esp\u00edritu, como ocurre entre escritores comprometidos con su conciencia y que militan en m\u00e1s de una dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre la ocurrencia y la cordura, otras proposiciones del autor guatemalteco remiten a su apego a las evidencias, a una l\u00f3gica impecable que las circunstancias y los casos conocidos nos confirman todo el tiempo: \u201cFracas\u00f3 por exceso de talento. Le falt\u00f3 siempre esa dosis de estupidez indispensable para poder vivir.\u201d En ese vaiv\u00e9n de sentencias que lo mismo calan o divierten que regocijan y desconciertan, deambula el alma po\u00e9tica de Cardoza y Arag\u00f3n, aforista insospechado que, tanto en sus trabajos cr\u00edticos como en sus numerosos accesos de memorialista, supo que \u201cla \u00fanica prueba concreta de la existencia de la humanidad es la poes\u00eda\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col-md-4\">\n<div class=\"publicidad\">\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"portal-footer-wrapper\" class=\"clMain-footer\">\n<div class=\"container\">\n<div class=\"row\">\n<ul class=\"nav nav-footer flex-column flex-lg-row justify-content-md-around col-sm-12\">\n<li class=\"ljn-footer-logo nav-item\"><\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Cardoza y Arag\u00f3n: La prevalencia de la poes\u00eda Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez &#8216;Luis Cardoza y Arag\u00f3n&#8217;, Carlos M\u00e9rida, Par\u00eds, 1927 Acercamiento a la obra y la peculiar mente del escritor guatemalteco Luis Cardoza y Arag\u00f3n (1904-1992), poeta, cr\u00edtico de arte y diplom\u00e1tico, de cuyo pensamiento afor\u00edstico se dice aqu\u00ed: \u201cEn ese vaiv\u00e9n de sentencias que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":29533,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-29532","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29532","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=29532"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29532\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29534,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29532\/revisions\/29534"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/29533"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=29532"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=29532"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=29532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}