{"id":30322,"date":"2022-11-27T12:19:35","date_gmt":"2022-11-27T18:19:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30322"},"modified":"2022-11-27T12:19:35","modified_gmt":"2022-11-27T18:19:35","slug":"un-pintor-que-solamente-pinta-no-es-un-pintor-cada-pincelada-no-solo-acarrea-texturas-y-coloresvlady","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30322","title":{"rendered":"Un pintor que solamente pinta, no es un pintor. Cada pincelada no s\u00f3lo acarrea texturas y colores:Vlady"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Entre Marx y Mois\u00e9s: el camino pl\u00e1stico de Vlady<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Evodio Escalante<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Una l\u00facida mirada a la obra del pintor Vladimir Kibalchich Russakov, nacido en Rusia (1920) y, tras su largo exilio en nuestro pa\u00eds, fallecido en Cuernavaca (2005), su contexto hist\u00f3rico y sus ideas sobre la Revoluci\u00f3n Rusa plasmadas en especial en el famoso \u2018Tr\u00edptico trotskiano\u2019 formado por \u2018Magiograf\u00eda bolchevique\u2019 (1967), Viena 19 (1973) y \u2018El instante\u2019 (1981).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Un pintor que solamente pinta, no es un pintor. Cada pincelada, cada trazo sobre la tela, no s\u00f3lo acarrea texturas y colores, fragmentos de un significante que acaban por prevalecer cuando la obra est\u00e1 concluida; en este acarreo es preciso que del significante brote al menos la sombra de un concepto, el vislumbre de una idea, el parpadeo de una noci\u00f3n que lo organiza todo. La estrella polar que de modo obsesivo gu\u00eda la voluntad del pintor y el dibujante Vlady es la de la revoluci\u00f3n. Pero no la revoluci\u00f3n tal y como solemos entenderla en los manuales de historia, sobre todo los que toman como ejemplo de ella a la Revoluci\u00f3n Francesa de 1789, que representa el triunfo en el mundo de lo que podr\u00edamos llamar la racionalidad hist\u00f3rica, y que hizo exclamar a Hegel, cuando vio entrar en Jena a Napole\u00f3n:<i>\u00a0He visto el esp\u00edritu del mundo cabalgar a caballo<\/i>. Vladimir Kibalchich Russakov (Petrogrado 1920-Cuernavaca 2005) concibe la revoluci\u00f3n desde una tradici\u00f3n mesi\u00e1nica que enlaza al menos tres figuras fundamentales: a Mois\u00e9s, a Jesucristo y a Trotsky, este \u00faltimo, por cierto, como joya de la corona. Se alude con ello a un pensamiento m\u00edtico, y a la vez salv\u00edfico, que arraiga en la tradici\u00f3n y est\u00e1 obligado a oponerse a la\u00a0racionalidad pragm\u00e1tica que prevalece en la historia del mundo. Reconozcamos que la de Vlady es una idea grandiosa, aunque no exenta de problemas. La zarza de Mois\u00e9s, que alumbra desde el Sina\u00ed, y las alas de los querubines cristianos que calzan como botas de siete leguas los pies del revolucionario bolchevique, quien se yergue blandiendo en sus brazos las hachas de una destrucci\u00f3n que acaso obedece a designios divinos, esta zarza y estas alas marchan, por decirlo as\u00ed, en contra de la corriente. A la historia real oponen una historia religiosa y mitol\u00f3gica: la ceguera del iluminado. Vulneran con ello lo que entendemos por racionalidad. En absoluto contraste con esta f\u00e1bula mesi\u00e1nica, e invalidando con ello este drama c\u00f3smico colosal, Jos\u00e9 Stalin, el gran corruptor y el gran villano, tendr\u00eda que hacer suyo a fin de cuentas, aunque nos cueste aceptarlo, el monopolio de la raz\u00f3n que opera en el mundo. Frente al mito religioso, la realidad dura de los hechos.<\/p>\n<p>Aludo por supuesto a un acontecimiento traum\u00e1tico, de alg\u00fan modo irrebasable, y que impacta para siempre al artista. El piolet que se clava en el cr\u00e1neo del exdirigente bolchevique, representa la eficacia de un plan racional tramado y operado desde el Kremlin. M\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal, la racionalidad hist\u00f3rica corre por los delgados hilos de plata que moviliza Stalin desde la impunidad del poder absoluto. Esta racionalidad es la \u00fanica realidad efectiva. Trotsky, podemos decirlo as\u00ed, muere asesinado en su exilio mexicano para que el carro de la historia pueda continuar su carrera.<\/p>\n<p>V\u00edctor Serge, y Vlady, su hijo pintor, est\u00e1n obligados a revolverse contra este principio de actuaci\u00f3n social. Porque con Trotsky no s\u00f3lo muere Trotsky, mueren tambi\u00e9n con \u00e9l la idea de una oposici\u00f3n hist\u00f3rica al estalinismo y muere igual la idea gloriosa de la revoluci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La Historia como enfermedad<\/b><\/p>\n<p>El sue\u00f1o de\u00a0la orfandad produce monstruos. El delirio ca\u00f3tico, la grandilocuencia mesi\u00e1nica y apocal\u00edptica, las figuras que se abigarran en el lienzo como si quisieran escapar del sitio que les ha asignado el autor, la mano con unos dedos cortados, los troncos sin la cabeza, el cuerpo de Eva que regresa al cuerpo de Ad\u00e1n, como si fuera posible retorcer el G\u00e9nesis y enmendar la Creaci\u00f3n; las hachas convertidas en v\u00edboras, la obligaci\u00f3n que nos impone la historia de cargar al otro cuando los pies del otro parecen querer avanzar en el sentido opuesto, la teratolog\u00eda como compa\u00f1era ubicua, el terror y la muerte: todo ello sirve para corroborar la zozobra. El artista ha enfermado de historia y nos hace part\u00edcipes de su drama.<\/p>\n<p>La insistencia como conquista: Vlady logra una suerte de s\u00edntesis. Empe\u00f1ado en dibujar y pintar el instante traum\u00e1tico del piolet que penetra a traici\u00f3n en el cr\u00e1neo de Trotsky, acaba proponiendo una suerte de ideograma quintaesencial: un par de l\u00edneas que inciden en una esfera.\u00a0<i>C\u2019est tout<\/i>. Es lo que logra Vicente Rojo con la matanza de Tlatelolco cuando durante a\u00f1os y a\u00f1os lo \u00fanico que hace es plasmar una \u201cT\u201d sobre un paisaje abstracto de figuras geom\u00e9tricas. Desaparece la carne y queda el concepto, pero un concepto que produce dolor.<\/p>\n<p>Me gustan cuadros como el que se titula\u00a0<i>A donde va uno no va el otro<\/i>, o como<i>\u00a0Comisario de rancho<\/i>. Veo en ellos el contraste de la sencillez. Es lo simple que puede abarcar el todo, y que lo sintetiza. Este \u00faltimo cuadro resulta, de modo particular, escalofriante. Tiene la econom\u00eda de un Rufino Tamayo. Sobre el fondo de un horizonte plano, sin melladuras, se yergue la figura vencedora del comisario, con su budi\u00f3norka en la cabeza, verdadero s\u00edmbolo de poder, protegido por una austera cerca hecha con palos. Sobre la punta de uno de estos maderos, como un escueto indicio, un hacha enterrada.<\/p>\n<p>Hay otras muchas piezas notables. El\u00a0<i>Autorretrato como vidente\u00a0<\/i>es una de ellos, o el \u00f3leo titulado\u00a0<i>Autorretrato<\/i>, de una simplicidad que aten\u00faa lo monstruoso: lo que se nos muestra es el tronco de un hombre al que le falta la cabeza, pero esta cabeza est\u00e1 sostenida, como si no pasara nada,<br \/>\npor las manos laxas de este tronco que la resguardan a la altura del vientre. Por lo dem\u00e1s, la cabeza tiene los ojos despiertos y desde ah\u00ed nos escruta. Un Vlady impert\u00e9rrito atestigua que lo miramos con su cabeza cortada, y que pasamos de largo, como<br \/>\nsi nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El marxismo pict\u00f3rico<\/b><\/p>\n<p>La obra cumbre\u00a0de Vlady, sin duda, es el llamado<i>\u00a0Tr\u00edptico trotskiano<\/i>, con cuadros de gran formato que resumen a la vez la experiencia y el anhelo, nunca abandonado, de esa revoluci\u00f3n mesi\u00e1nica que est\u00e1 obligada a ser una revoluci\u00f3n total.\u00a0<i>Magiograf\u00eda bolchevique\u00a0<\/i>(1967),\u00a0<i>Viena 19\u00a0<\/i>(1973) y\u00a0<i>El instante\u00a0<\/i>(1981) son los tres movimientos de esta sinfon\u00eda que es a la vez exaltaci\u00f3n y testimonio agudo de una incertidumbre. \u00bfIncertidumbre frente a la revoluci\u00f3n? S\u00ed, por supuesto. La primera pieza es el documento afirmativo. El cuadro lo preside la figura de Trotsky en sus momentos de gloria. La revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica triunfante parece preservar para este personaje protag\u00f3nico la silla de la que emanan la autoridad y la fuerza. Acaso Vlady plasma la escena no sin acudir a cierta iron\u00eda, la iron\u00eda de lo que pudo ser, y quiz\u00e1s por esto la titula \u201cmagiograf\u00eda\u201d, porque hay algo de \u201cm\u00e1gico\u201d o de irreal en la situaci\u00f3n. Las maquinaciones de Stalin, como se sabe, lo destierran primero y luego lo mandan al exilio.\u00a0<i>Viena 19<\/i>, en cambio, nos retrotrae a la cruda realidad del exilio en M\u00e9xico consentido por el general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas: es el momento en que Siqueiros, acompa\u00f1ado por varios camaradas del Partido Comunista, irrumpen en el refugio de\u00a0Trotsky y accionan sus fusiles en un intento fallido por asesinarlo a \u00e9l y a su familia. Tirados en el piso, Le\u00f3n Trotsky y Natalia Sedova se abrazan y de modo providencial sobreviven sin lamentar un rasgu\u00f1o. El torbellino de los amarillos, los rojos y los p\u00farpuras, contribuye sin duda al dramatismo de<br \/>\nla escena.<\/p>\n<p><i>El instante<\/i>, la pieza final del tr\u00edptico, es acaso la m\u00e1s enigm\u00e1tica y fascinante. Vlady regresa esta vez a la oficina en la que fue asesinado Trotsky, pero no vemos al dirigente ruso por ning\u00fan lado. Los vivos brillan por su ausencia. El centro del cuadro lo ocupa una mesa de madera, la mesa que le serv\u00eda de escritorio a Trotsky, con sus papeles y sus carretes de grabaci\u00f3n, pero esta mesa se encuentra flotando en el aire, como si hubiera adquirido vida propia y hubiera decidido soltarse a bailar en medio de la sala. La mesa tiene cuatro patas: la primera es de madera, como corresponde; la segunda es una pierna humana, que termina con pie de carne y hueso; a la tercera pierna le brota un hacha de metal, y la cuarta se sostiene sobre una zarza ardiendo: la misma que vio Mois\u00e9s cuando subi\u00f3 al Sina\u00ed. Sobre la esquina superior izquierda, dos objetos flotantes m\u00e1s: un libro abierto a la mitad, y las suelas de los zapatos que pertenecieron a V\u00edctor Serge, el padre del pintor, con las suelas agujereadas. Aqu\u00ed hay algo inquietante que puede servir como una primera clave: Serge, a quien no vemos, en dado caso estar\u00eda de cabeza y s\u00f3lo ser\u00edan visibles sus zapatos humildes, de revolucionario. La clave es la del \u201cmundo invertido\u201d, pues este mundo, en el que moramos y padecemos, es el mundo\u00a0<i>al rev\u00e9s<\/i>. Los justos mueren, los villanos ocupan el trono.<\/p>\n<p>Dentro del inventario de lo extra\u00f1o, o de lo \u201cfant\u00e1stico\u201d, est\u00e1 no s\u00f3lo que la mesa se encuentra \u201cvolando\u201d en medio de la sala, sino que de inmediato sabemos que esto se debe a su peculiar constituci\u00f3n: una de sus piernas culmina con un pie humano, capaz de bailar y de caminar, aqu\u00ed, en este mundo; otras dos evocan la violencia revolucionaria (simbolizada por el hacha), as\u00ed como el car\u00e1cter mesi\u00e1nico de la revoluci\u00f3n (la zarza del profeta y legislador Mois\u00e9s). Esta combinaci\u00f3n estramb\u00f3tica de lo humano y lo sobrehumano, por supuesto, enloquece a la mesa y la pone a bailar.<\/p>\n<p>Me sospecho, empero, que hay otra clave secreta en este inquietante cuadro \u201cdeshumanizado\u201d. Es como si Vlady pensara que la revoluci\u00f3n, el verdadero tema de toda, o de casi toda su pintura, habr\u00e1 de producirse s\u00f3lo por una intervenci\u00f3n divina, ajena del todo a la posible participaci\u00f3n de los hombres en ella. La revoluci\u00f3n, de tal suerte, aparece como una entelequia, como un aut\u00f3mata siniestro, que nos convoca al mismo tiempo que logra prescindir de nosotros, de modo que nos<br \/>\ndesecha. La revoluci\u00f3n, as\u00ed concebida, encaja de modo perfecto en la descripci\u00f3n que propone Karl Marx de la mercanc\u00eda en el primer tomo de\u00a0<i>El capital<\/i>. Estoy seguro que Vlady conoc\u00eda este pasaje que dice as\u00ed: \u201c\u2026la mesa sigue siendo madera, una cosa ordinaria, sensible. Pero no bien entra en escena\u00a0<i>como mercanc\u00eda<\/i>, se transmuta en cosa sensorialmente suprasensible. No s\u00f3lo se mantiene tiesa apoyando sus patas en el suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las dem\u00e1s mercanc\u00edas y de su testa de palo brotan quimeras mucho m\u00e1s caprichosas que si, por libre determinaci\u00f3n, se lanzara a bailar\u201d. (Las cursivas son del original.)<\/p>\n<p>A fin de cuentas, as\u00ed lo sospecho, Vlady no hace sino poner en escena y volver significativas unas l\u00edneas de Marx.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre Marx y Mois\u00e9s: el camino pl\u00e1stico de Vlady Evodio Escalante Una l\u00facida mirada a la obra del pintor Vladimir Kibalchich Russakov, nacido en Rusia (1920) y, tras su largo exilio en nuestro pa\u00eds, fallecido en Cuernavaca (2005), su contexto hist\u00f3rico y sus ideas sobre la Revoluci\u00f3n Rusa plasmadas en especial en el famoso \u2018Tr\u00edptico [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":30323,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-30322","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30322","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=30322"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30322\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30324,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30322\/revisions\/30324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/30323"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=30322"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=30322"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=30322"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}