{"id":30339,"date":"2022-11-28T15:27:57","date_gmt":"2022-11-28T21:27:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30339"},"modified":"2022-11-28T15:27:57","modified_gmt":"2022-11-28T21:27:57","slug":"pequena-caja-de-maravillas-permite-ser-testigos-nos-hace-reporteros-camarografos-y-enciclopedistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30339","title":{"rendered":"\u00abPeque\u00f1a caja de maravillas\u00bb permite ser testigos, nos hace reporteros, camar\u00f3grafos y enciclopedistas."},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Caja de maravillas<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Si nos detenemos a pensarlo\u00a0(no a usarlo, para eso todos se detienen a pie o en carro donde quiera y sin orillarse), se trata de un utensilio maravilloso. La humanidad anterior vivi\u00f3 sin siquiera sospecharlo. Peque\u00f1a caja de maravillas que nos permite ser testigos del mundo en vivo. Nos hace reporteros, camar\u00f3grafos y m\u00e1s: enciclopedistas. La informaci\u00f3n, la imagen y los datos han tomado el lugar del conocimiento. En tiempo real tenemos acceso a todo. Dije todo. Basta pensar un tema, un sitio, un nombre para tenerlos al alcance. Ninguna m\u00fasica en existencia nos es ajena. La cinematograf\u00eda resulta accesible sin l\u00edmite, no hay que esperar restrenos o cineclubes. Basta con rozar el cristal m\u00e1gico para abrir ventanas infinitas. La gente va en el Metro viendo pel\u00edculas, chistes gr\u00e1ficos o a uno de sus\u00a0<q>contactos<\/q>.<\/div>\n<p>Permite\u00a0<q>encontrarnos<\/q>\u00a0con quien sea en no importa d\u00f3nde. Adicionalmente, su certera telegraf\u00eda instant\u00e1nea determina nuestras relaciones en franca anulaci\u00f3n de las distancias y la ley de probabilidades. Pone a nuestro alcance la ubicaci\u00f3n exacta de las personas, nosotros incluidos. Nos evita ir de compras, hacer filas. Resuelve tr\u00e1mites y asuntos. Tenemos el banco a domicilio, 24\/7. Nuestros ancestros no supieron que la necesitaban. Los j\u00f3venes hoy se preguntan c\u00f3mo pudieron vivir sin ella, la extensi\u00f3n \u00faltima de nuestra mente en el sentido de Marshall McLuhan.<\/p>\n<p>Accedemos en segundos a la comunidad global m\u00e1s grande y horizontal que ha existido. Un noventaitantos por ciento de los humanos somos, deja t\u00fa contempor\u00e1neos, simult\u00e1neos. Las generaciones recientes no imaginan c\u00f3mo fue antes el mundo. Comentarios como el presente les resultan obvios e in\u00fatiles, quiz\u00e1 con cierto valor historiogr\u00e1fico. Las tramas narrativas que le\u00edamos se vuelven cada d\u00eda menos comprensibles.<\/p>\n<p>Vemos qu\u00e9 desayun\u00f3 nuestra abuelita sin visitarla o c\u00f3mo luce un Maserati revestido en oro sin viajar al Golfo P\u00e9rsico. Accedemos a extravagantes o absurdas opiniones y confesiones no pedidas de desconocidos. Averiguamos las condiciones atmosf\u00e9ricas en cualquier rinc\u00f3n del planeta. Confirmamos al instante los resultados deportivos, que tal famoso puso el cuerno o fue corneado, qui\u00e9n gan\u00f3 la batalla en una guerra. Mientras mamamos un torrente de anuncios expl\u00edcitos o subliminales.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 pobre en comparaci\u00f3n la biblioteca de Alejandr\u00eda. Borges se hubiera desmayado en este laberinto. Historia, ciencia, artes, leyes y filosof\u00eda comparten el aire desventajosamente con el entretenimiento y las nuevas necesidades, no previstas por Agnes Heller. S\u00ed, un toque de dedo nos separa del Museo del Prado, pero sobre todo de nuestros pr\u00f3ximos zapatos, la pornograf\u00eda suave o dura y otros pasatiempos ordinarios.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Jugamos sus juegos. Consultamos lo que nos venga en gana. Insultamos a quien nos venga en gana. Inventamos fotos. Respondemos a m\u00e1quinas que nos interrogan. Hablamos solos en la calle sin que nos metan al manicomio. Vivimos la edad de oro de la conectividad. Nunca hubo un instrumento m\u00e1s accesible para crear falsedades, fealdad o belleza. Combina en su casi totalidad los avances tecnol\u00f3gicos del siglo anterior.<\/p>\n<p>Pero los sue\u00f1os de la raz\u00f3n producen monstruos. Comunicados como nunca, vivimos en soledad y aislamiento sublimados. Y lo peor: supervigilados. Somos\u00a0<q>amigos<\/q>\u00a0de perfectos desconocidos. No quitamos los ojos, ni los o\u00eddos, ni los dedos de la pantalla que nos domina. Es com\u00fan ver a la gente en los parques, el Metro, las casas, las aulas, los mercados, viendo el celular en su mano. Nadie contempla, ni lee un libro. El contacto visual se considera peligroso o de mal gusto.<\/p>\n<p>No podemos ocultarnos, ni callar, ni cerrar los ojos por completo. Dormimos con el celular en un costado y le hacemos m\u00e1s caso que a los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>No hace falta ir preguntando para llegar. No requerimos explorar ni tenemos pretexto para extraviar el camino. En vez de orientarnos, adivinar o improvisar, seguimos instrucciones. Los mapas devinieron derroteros definidos que v\u00eda sat\u00e9lite indican d\u00f3nde, qu\u00e9 y c\u00f3mo.<\/p>\n<p>Ya nadie puede andar de\u00a0<em>fl\u00e2neur,\u00a0<\/em>o paseante, con impunidad. El ocio atento amerita condena universal. No existen finisterre, retiro ni refugio sin\u00a0<q>se\u00f1al<\/q>. Se esfumaron la intimidad, el silencio, la reflexi\u00f3n, la contemplaci\u00f3n emp\u00e1tica. Atravesamos el paisaje sin observarlo, hundidos en el breve cristal que nos confirma que existimos, y s\u00f3lo alzamos la vista para tomar fotos o videos atropelladamente, de preferencia con el foco puesto en nosotros mismos: yo y el paisaje, yo al espejo.<\/p>\n<p>La caja de maravillas, merced a su v\u00eda l\u00edquida y sus hipn\u00f3ticos canales abiertos, nos quit\u00f3 la posibilidad de perdernos libremente a la manera de Walter Benjamin y de los cronistas ambulantes del siglo XIX: Larra, Poe, Baudelaire, Loti, Prieto, Guti\u00e9rrez N\u00e1jera, Twain. Ahora, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 sorprendernos, c\u00f3mo vamos a encontrarnos? Ya nadie se busca a s\u00ed mismo; mejor se autorretrata y lo comparte con un p\u00fablico igualmente hipnotizado. Pandora\u00a0<em>reloaded,<\/em>\u00a0punto y seguido.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caja de maravillas Hermann Bellinghausen Si nos detenemos a pensarlo\u00a0(no a usarlo, para eso todos se detienen a pie o en carro donde quiera y sin orillarse), se trata de un utensilio maravilloso. La humanidad anterior vivi\u00f3 sin siquiera sospecharlo. Peque\u00f1a caja de maravillas que nos permite ser testigos del mundo en vivo. 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