{"id":31244,"date":"2023-02-21T11:56:30","date_gmt":"2023-02-21T17:56:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31244"},"modified":"2023-02-21T11:56:30","modified_gmt":"2023-02-21T17:56:30","slug":"fernando-pessoa-1888-1935-el-interminable-poeta-portugues-que-son-muchos-a-la-vez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31244","title":{"rendered":"Fernando Pessoa (1888-1935), el interminable poeta portugu\u00e9s que son muchos a la vez"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Fernando Pessoa: Una multitud es uno y es nadie<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Fernando Pessoa (1888-1935), el interminable poeta portugu\u00e9s que son muchos a la vez, es el autor de una obra multidimensional y compleja de la que se ha escrito mucho sin agotarla. Este art\u00edculo trata del contexto de su obra y sobre todo del poema \u201cTabaquer\u00eda\u201d, firmado por el heter\u00f3nimo \u00c1lvaro de Campos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno no lo imagina, pero un d\u00eda, de casualidad, cuando a\u00fan es muy joven, llegan a su mesa libros que ser\u00e1n definitivos en su formaci\u00f3n y en su vida. Hacia 1969 empec\u00e9 leer la poes\u00eda m\u00faltiple de personajes m\u00faltiples de Fernando Pessoa en las traducciones de Octavio Paz, publicada por la UNAM, y la de Rodolfo Alonso, en editorial Fabril. Un joven lector es mucho m\u00e1s influenciable, literaria y humanamente, en lo que encuentra en libros que en cierto punto tienen facetas que parecen hechas para \u00e9l o aun por \u00e9l. La impresi\u00f3n fue profunda y los heter\u00f3nimos de Pessoa me hicieron sentir que el hombre era humo, sombra, nada. De los heter\u00f3nimos, ante todo fueron especialmente cercanos en aquellos lejanos meses el futurista \u00c1lvaro de Campos, y en segundo t\u00e9rmino el neocl\u00e1sico Ricardo Reis. Desde entonces el poema que m\u00e1s me emocion\u00f3 \u2013dir\u00eda aun me conmocion\u00f3\u2013, con su tristeza cargada de derrota, fue \u201cTabaquer\u00eda\u201d, que en Campos era lo contrario a poemas de alucinante v\u00e9rtigo verbal como \u201cSalutaci\u00f3n a Walt Whitman\u201d, la \u201cOda triunfal\u201d o la \u201cOda marcial\u201d.<\/p>\n<p>Me doy por creer que ninguna obra de poeta de aquella breve tierra contenga como la de Pessoa la melancol\u00eda portuguesa. Nadie pertenece en Portugal al imaginario colectivo como \u00e9l. Cuando estuve en Lisboa en febrero de 2014 me encontraba su figura o su sombra en numerosos momentos: en las habitaciones de una de sus casas, en su tumba en el Monasterio de los Jer\u00f3nimos, en la escultura de una terraza del caf\u00e9 la Brasileira, a las orillas del Tajo donde quer\u00eda ser ya el oc\u00e9ano, al atravesar la Plaza del Comercio para ir al Caf\u00e9 Martinho da Arcada, en calles y callejones del Barrio Bajo y del Barrio Alto, en la silueta vaga de algunos clientes de caf\u00e9s, en alg\u00fan h\u00e9tico y casi invisible pasajero en un escueto tranv\u00eda\u2026<\/p>\n<p>Si uno ve fotograf\u00edas de familia, Pessoa tiene en el rostro algo del padre, algo de la madre, algo de la abuela materna, y si ve uno las diez o doce fotograf\u00edas de infancia y adolescencia, es imposible no percibir una mirada de tristeza irremisible que lo acompa\u00f1ar\u00e1 siempre, una mirada que es el ep\u00edtome de la mon\u00f3tona y oscura vida que vivi\u00f3, pero en la cual se invent\u00f3 imaginativamente en decenas de personajes.<\/p>\n<p>Por lo que he le\u00eddo acerca del individuo, \u201cTabaquer\u00eda\u201d es el poema donde el hombre, m\u00e1s que el poeta, est\u00e1 mejor resumido. No tanto el poeta, porque como se ha dicho, puede ser decenas. Los poetas m\u00e1s visibles son, adem\u00e1s del simbolista Fernando Pessoa, el buc\u00f3lico Alberto Caeiro, el futurista \u00c1lvaro de Campos y el desesperanzado neocl\u00e1sico Ricardo Reis. \u00bfC\u00f3mo escribe cada uno? En una carta que dirige Pessoa a Casais Monteiro explica: \u201cCaeiro por pura e inesperada inspiraci\u00f3n, sin saber o siquiera calcular que va a escribir; Ricardo Reis, luego de una abstracta deliberaci\u00f3n, algo que se concretiza s\u00fabitamente en una oda; Campos, cuando siento un impulso repentino de escribir e ignoro lo que es.*\u201d Hay otros heter\u00f3nimos, semiheter\u00f3nimos, sombras de sombras que pueblan la vida y la obra de Fernando Pessoa. \u201cParece casi pleon\u00e1stico decir que en el inmenso y misterioso<i>\u00a0Libro\u00a0<\/i>que Pessoa nos ha dejado, el centro m\u00e1s oculto, y cierto el m\u00e1s imperioso, es la heteronimia\u201d, escribe Tabucchi al principio de su libro de ensayos\u00a0<i>Un ba\u00fal lleno de gente<\/i>. Desde los doce a\u00f1os, ya se ve en una hoja manuscrita el nombre de su primer heter\u00f3nimo, Alexander Search, y a la larga, seguir\u00e1n apareciendo uno a uno en el teatro a decenas.<\/p>\n<p>\u201cTabaquer\u00eda\u201d es el poema del fracaso, y a\u00fan m\u00e1s, de la aceptaci\u00f3n resignada de ese fracaso. A lo escrito por Rimbaud: \u201cNo ser un vencido\u201d, Pessoa habr\u00eda dicho: \u201cSer un vencido\u201d. Otros nacieron para conquistar el poder, hacer dinero, ser h\u00e1biles y dichosos en el amor, tener en lo m\u00e1s alto la amistad; en cambio yo, dir\u00eda \u00c1lvaro de Campos (Fernando Pessoa), s\u00f3lo puedo so\u00f1arlo. El hombre que habita los versos de \u201cTabaquer\u00eda\u201d se conforma y se consuela porque no puede ser otro. Es un hombre que se sabe nada, y m\u00e1s, que no ser\u00e1 nunca nada, que s\u00f3lo hall\u00f3 personas iguales a las otras, que de grandeza s\u00f3lo tuvo ilusiones y sue\u00f1os, que se neg\u00f3 a s\u00ed mismo como genio, que se visti\u00f3 con un disfraz equivocado y que de haber elegido como esposa a la hija de su lavandera habr\u00eda hallado tal vez la felicidad\u2026 Si su heter\u00f3nimo Bernardo Soares escribi\u00f3 en prosa\u00a0<i>El libro del desasosiego<\/i>, en \u201cTabaquer\u00eda\u201d su heter\u00f3nimo \u00c1lvaro de Campos escribi\u00f3 el poema del desasosiego.<\/p>\n<p>Como Giacomo Leopardi o C\u00e9sar Vallejo, Pessoa, con la m\u00e1scara de \u00c1lvaro de Campos en este poema o en muchos de los poemas de sus heter\u00f3nimos, supo o intuy\u00f3 que la trabajada desdicha nos da la ra\u00edz de nuestra condici\u00f3n humana: el reino de este mundo es el de la soledad, la incomunicaci\u00f3n, la incomprensi\u00f3n, los desencuentros. En el fantasmal y espejeante teatro que denominamos mundo, los personajes llevamos m\u00e1scaras y creemos actuar y esperamos ser vistos y aplaudidos ante una puesta en escena que no sabemos de qu\u00e9 se trata. Dios o el azar hicieron que nos equivoc\u00e1ramos en todo: de cuerpo, de lugar, de oficio, de mujer, de vida, de religi\u00f3n. Es otro el que nos vive, del que sabemos que existe, de quien entrevemos su forma, pero a quien no nos ser\u00e1 posible conocerlo. Y as\u00ed ten\u00eda que ser, y aunque queramos arrancarnos la m\u00e1scara ya est\u00e1 pegada a la cara, \u00bfy cu\u00e1l era esa m\u00e1scara? \u00bfY cu\u00e1l era el disfraz?<\/p>\n<p>La gran sombra de dos poetas del siglo XIX cubre el siglo XX: Charles Baudelaire y Walt Whitman. Mejores plumas har\u00e1n el debido estudio de la influencia avasalladora \u2013ya en la tentativa de totalidad, ya por el esp\u00edritu, ya por el desbordamiento de los versos\u2013 en varios poetas fundamentales del siglo XX del orbe occidental como Sandburg y Pound, Pessoa y Lorca, Mayakovski y Gatien Lapointe, Borges y Neruda. Pero \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s alta gloria para Whitman que ser el padre y maestro terrenal de estos poetas?<\/p>\n<p>De los cuatro heter\u00f3nimos m\u00e1s famosos de Pessoa, \u00c1lvaro de Campos es el heredero m\u00e1s directo del estadunidense, y aun le escribi\u00f3 un poema exultante hecho con la propagaci\u00f3n del fuego, \u201cSalutaci\u00f3n a Walt Whitman\u201d, donde declara su fervor desmedido, y donde hallamos versos como los siguientes: \u201cNunca puedo leer de corrido tus versos\u2026 Hay all\u00ed demasiado sentir\u2026\/ Atravieso tus versos como una multitud que viene a mi encuentro,\/ Y huele a sudor, a aceites, a actividad humana y mec\u00e1nica.\/ En tus versos, a cierta altura no s\u00e9 si leo o si vivo,\/ No s\u00e9 si mi sitio real est\u00e1 en el mundo o en tus versos\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hubiera pensado Walt Whitman si hubiera visto que uno de sus m\u00e1s altos disc\u00edpulos escrib\u00eda una y otra vez poemas desconsoladores, que eran la p\u00e9rdida del reino, y de los cuales tal vez \u201cTabaquer\u00eda\u201d es el ejemplo por excelencia?<\/p>\n<p>Para concluir, me gustar\u00eda citar lo que en 1990, en su libro de ensayos acerca de Pessoa, Tabucchi dijo al t\u00e9rmino del cap\u00edtulo dedicado al poeta<i>\u00a0sensacionista\u00a0<\/i>(<i>Un baule pieno di gente<\/i>): \u201cLa figura de \u00c1lvaro de Campos, para un lector de hoy, es en cierto modo un paradigma. Sus angustias, sus neurosis, sus cinismos, su disponibilidad para la contradicci\u00f3n, el hecho de ser en esencia un fracasado, la mirada alucinada y metaf\u00edsica, son sus estigmas, y visto positivamente, su grandeza.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*En su admirable ensayo sobre Pessoa (<i>Cuadrivio<\/i>, \u201cEl desconocido de s\u00ed mismo\u201d), Octavio Paz se\u00f1ala: \u201c<i>Alberto Caeiro es mi maestro<\/i>. Esta afirmaci\u00f3n es la piedra de toque de toda su obra. Y podr\u00eda agregarse que la obra de Caeiro es la \u00fanica afirmaci\u00f3n que hizo Pessoa. Caeiro es el sol y en torno suyo giran Reis, Campos y el mismo Pessoa. En todos ellos hay part\u00edculas de negaci\u00f3n o de irrealidad: Reis cree en la forma, Campos en la sensaci\u00f3n, Pessoa en los s\u00edmbolos. Caeiro no cree en nada: existe.\u201d<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Pessoa: Una multitud es uno y es nadie Marco Antonio Campos Fernando Pessoa (1888-1935), el interminable poeta portugu\u00e9s que son muchos a la vez, es el autor de una obra multidimensional y compleja de la que se ha escrito mucho sin agotarla. 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