{"id":31815,"date":"2023-04-04T13:16:13","date_gmt":"2023-04-04T19:16:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31815"},"modified":"2023-04-04T13:16:13","modified_gmt":"2023-04-04T19:16:13","slug":"ser-periodista-es-convertirse-en-un-atleta-de-alto-rendimiento-decia-mi-maestro-fernando-benitez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31815","title":{"rendered":"Ser periodista es convertirse en un atleta de alto rendimiento, dec\u00eda mi maestro Fernando Ben\u00edtez,"},"content":{"rendered":"<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Fernando Ben\u00edtez<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">M\u00f3nica Mateos<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text tbl-forkorts-article\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\">El maestro Fernando Ben\u00edtez en una de sus incursiones a los pueblos ind\u00edgenas; Jalisco, 1967.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<div class=\"inicial\">Ser periodista es convertirse en un atleta de alto rendimiento, dec\u00eda mi maestro Fernando Ben\u00edtez, pues nos explicaba que una vez que se comienza a escribir nunca m\u00e1s debemos de dejar de hacerlo,\u00a0<q>por el riesgo de perder condici\u00f3n<\/q>.<\/div>\n<p>Muchos de sus alumnos en la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM) al principio pens\u00e1bamos que exageraba. \u00bfEscribir d\u00eda y noche?, \u00bfsiempre?, \u00bfpara siempre?, le pregunt\u00e1bamos cada clase con la esperanza de que Ben\u00edtez nos dijera que tendr\u00edamos reposo, quiz\u00e1s entre la fama y los aplausos de ser reconocidos como reporteros de un diario de prestigio.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l siempre nos confirmaba:\u00a0<q>S\u00ed, escribir, sin detenerse. Escribir a toda hora, incluso en los d\u00edas de descanso, o durante las vacaciones, porque solo as\u00ed lograr\u00e1n pulir su pluma, volverla veloz, certera<\/q>.<\/p>\n<p>Nos dec\u00eda:\u00a0<q>Escriban al menos una p\u00e1gina cada d\u00eda, relaten lo que les ocurri\u00f3 en la universidad, en la calle, en su casa, en sus sue\u00f1os. Cuenten historias. Les ayudar\u00e1 a aflojar la prosa, a fortalecer el m\u00fasculo de la narrativa<\/q>, insist\u00eda el maestro antes de iniciar sus clases, las cuales consist\u00edan en dos horas de relatos que nos dejaban boquiabiertos.<\/p>\n<p>As\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a escuchar.<\/p>\n<p>Don Fer, como le dec\u00edamos, un d\u00eda nos cont\u00f3 muy serio:\u00a0<q>F\u00edjense, muchachos, que una vez entrevist\u00e9 a Chac Mool. S\u00ed, a ese que est\u00e1 en Chich\u00e9n Itz\u00e1<\/q>. Algunos compa\u00f1eros se aguantaron las risas burlonas, cre\u00edan que nuestro\u00a0<em>profe\u00a0<\/em>desvariaba. En esa \u00e9poca don Fer era un viejito de 73 a\u00f1os, muy elegante, de azul y cristalina mirada p\u00edcara.<\/p>\n<p>Nuestro maestro continu\u00f3 su relato: \u201c\u00bfSaben qu\u00e9 le pregunt\u00e9 a Chac Mool? Me sent\u00e9 junto a \u00e9l, saqu\u00e9 mi libreta de reportero y le dije: \u2018Se\u00f1or Chac Mool, \u00bfcu\u00e1ntos a\u00f1os tiene usted?, \u00bfdesde cu\u00e1ndo est\u00e1 aqu\u00ed?, \u00bfpor qu\u00e9?, \u00bfqu\u00e9 manos lo tallaron?, \u00bfpara qu\u00e9?, \u00bfqu\u00e9 sucedi\u00f3 a su llegada?, \u00bfc\u00f3mo fue?\u2019\u201d<\/p>\n<p>Ben\u00edtez nos dej\u00f3 mudos cuando explic\u00f3 c\u00f3mo fue que Chac Mool le hab\u00eda respondido todo:\u00a0<q>\u00bfSaben c\u00f3mo hice hablar a una piedra? Pues investigando y preguntando a todos aquellos que conocen su historia, porque un periodista debe saber no s\u00f3lo formular las preguntas correctas, sino hallar las respuestas, muchas veces siguiendo la ruta de la imaginaci\u00f3n, lo cual no es sin\u00f3nimo de invenci\u00f3n<\/q>, explicaba don Fer, mientras los compa\u00f1eros que antes se hab\u00edan re\u00eddo se quedaban en silencio, maravillados.<\/p>\n<p>Por supuesto, despu\u00e9s el maestro Ben\u00edtez, generoso, continuaba con sus relatos acerca del vetusto e intr\u00e9pido Chac Mool, y muchas historias m\u00e1s. Por ejemplo, nos explic\u00f3 c\u00f3mo los ayudantes de Tl\u00e1loc, llamados tlaloques, quebraban ollas con agua en el cielo para hacerlo llover y tronar.<\/p>\n<p>El tiempo se nos hac\u00eda poco para escuchar las an\u00e9cdotas de Ben\u00edtez, sus andanzas por tierras tarahumaras, tsotsiles, tseltales, chamulas, huicholes, mazatecas, coras, otom\u00edes y mayas, entre otros pueblos que recorri\u00f3 para escribir su libro\u00a0<em>Los indios de M\u00e9xico.<\/em><\/p>\n<p>Entre relato y relato, nos repet\u00eda una y otra vez el ABC que todo periodista debe tener presente a la hora de informar:<\/p>\n<p>\u201cMuchachos, nunca olviden, al escribir, estos versos de Rudyard Kipling:<\/p>\n<p><em>Tengo seis honrados<br \/>\nservidores<br \/>\nque siempre me sirven bien<br \/>\ny me ense\u00f1an lo que s\u00e9<br \/>\n\u00bfc\u00f3mo se llaman nuestros<br \/>\nesclavos?<br \/>\nse llaman qu\u00e9, cu\u00e1ndo,<br \/>\nqui\u00e9n, d\u00f3nde, c\u00f3mo y<br \/>\npor qu\u00e9<\/em><\/p>\n<p>Ben\u00edtez insist\u00eda:\u00a0<q>Respondan esas preguntas con un lenguaje sencillo y claro. Escribir con brevedad requiere un enorme entrenamiento. Los p\u00e1rrafos peque\u00f1os ahorran trabajo de composici\u00f3n. Si bien el periodismo es una invitaci\u00f3n a la imaginaci\u00f3n, el reportero debe tener la habilidad de describir un suceso candente en situaciones nada ideales para la imaginaci\u00f3n creativa, sobre todo porque un periodista trabaja sobre la actualidad, bajo presi\u00f3n<\/q>.<\/p>\n<p>Una y otra vez, el profesor nos dec\u00eda \u201cque los datos principales de un acontecimiento son los que conforman la noticia. Que un buen periodista debe tener imaginaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica. Que si no podemos recrear la acci\u00f3n en nuestra imaginaci\u00f3n, no la podremos describir.<\/p>\n<p>Dec\u00eda: \u201cApunten y no olviden nunca que la nota informativa m\u00e1s corta de la historia, es decir, la ideal, fue escrita por un poeta, por Quevedo, y dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>Re\u00f1\u00ed con el hostelero,<br \/>\n\u00bfpor qu\u00e9?, \u00bf cu\u00e1ndo?,<br \/>\n\u00bfd\u00f3nde?, \u00bfc\u00f3mo?,<br \/>\nporque cuando donde como<br \/>\nsirven mal, me desespero<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n fue incansable al advertirnos:\u00a0<q>\u00bfSaben cu\u00e1les son las condiciones necesarias para ser periodista? Fibra y una infinita adaptabilidad a todas las circunstancias. En esta profesi\u00f3n siempre se corren riesgos<\/q>. Eso nos repiti\u00f3 durante todo el semestre de la materia G\u00e9neros Period\u00edsticos Informativos nuestro querido maestro Fernando Ben\u00edtez, quien, por cierto, nunca reprob\u00f3 a nadie. Cada clase le llev\u00e1bamos una noticia redactada por nosotros mismos. Pero aun quien no cumpl\u00eda con esa tarea, obtuvo al menos un 6.<\/p>\n<p><q>Ya los reprobar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda su jefe de informaci\u00f3n si no practican lo que les he recomendado, y si no leen, y si no se informan, y si no saben reportear. As\u00ed que, \u00a1escriban, escriban!<\/q>, exclamaba.<\/p>\n<p>La UNAM fue el\u00a0<em>alma mater<\/em>\u00a0de Fernando Ben\u00edtez, y la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales, su territorio, nuestro hogar, donde decenas de alumnos nos enamoramos del periodismo escrito en general, y del periodismo cultural en particular.<\/p>\n<p>En otras facultades y escuelas insist\u00edan siempre en que el profesor Ben\u00edtez abriera un espacio en su agenda para impartir sus cursos, aunque los asistentes no estuvieran estudiando la carrera de comunicaci\u00f3n, pues se sab\u00eda que en las clases de don Fer\u00a0<q>se aprend\u00eda de todo<\/q>. As\u00ed que tambi\u00e9n lo segu\u00ed a varias charlas que ofreci\u00f3 en la Facultad de Econom\u00eda, donde abarrotaba los auditorios, como el\u00a0<em>rockstar\u00a0<\/em>del periodismo que era.<\/p>\n<p>Con \u00e9l, muchas generaciones de incipientes reporteros supimos que en aquella \u00e9poca, los a\u00f1os 80, un poco antes de los sismos del 85, en ese M\u00e9xico a\u00fan en manos del pri\u00edsmo y que afrontaba una terrible devaluaci\u00f3n, no se le\u00edan tantos peri\u00f3dicos como en Europa. Tambi\u00e9n nos ense\u00f1\u00f3 que el diario franc\u00e9s\u00a0<em>Le Monde\u00a0<\/em>no publicaba fotos; supimos que aparecer en p\u00e1gina non es mejor que en par, y que el periodismo era (\u00bfes?) una de las profesiones peor pagadas.<\/p>\n<p>A veces, el profesor Ben\u00edtez se pon\u00eda exquisito y trataba de explicarnos los secretos de los cuadratines, las l\u00edneas \u00e1gata y la familia de letras Bodoni. Pero de inmediato le reclam\u00e1bamos que mejor nos contara sus an\u00e9cdotas, pues tambi\u00e9n alg\u00fan d\u00eda entrevist\u00f3 a un tigre de Bengala blanco que le habl\u00f3 de sus penurias en cautiverio.<\/p>\n<p>Lo mejor suced\u00eda cuando invitaba a la clase a alguno de sus amigos. Por supuesto, llegaron los integrantes de la legendaria\u00a0<q>mafia<\/q>, como ellos mismos se nombraban: Jos\u00e9 Luis Cuevas, Carlos Monsiv\u00e1is y Carlos Fuentes. Ben\u00edtez propon\u00eda que alg\u00fan valiente alumno los entrevistara. En clase nunca me atrev\u00ed. Me enfrent\u00e9 a esas\u00a0<q>vacas sagradas<\/q>\u00a0hasta que fui reportera en\u00a0<em>La Jornada.<\/em><\/p>\n<p>Al final de sus clases, mi profe Ben\u00edtez nos advert\u00eda: \u201cSi no re\u00fanen estos requisitos para ser reporteros, mejor ni le intenten, muchachos, y no lo digo yo. En su primera novela,\u00a0<em>La luz que se apaga\u00a0<\/em>(1891), Kipling, quien adem\u00e1s de periodista gan\u00f3 el Premio Nobel de Literatura, propone las cualidades necesarias que debe tener quien aspira a ser un buen periodista:<\/p>\n<p>1. El don de un lenguaje persuasivo,<br \/>\nal que no se resiste<br \/>\nhombre ni mujer cuando se<br \/>\nventila una comida o una<br \/>\ncama.<\/p>\n<p>2. El buen ojo de un tratante<br \/>\nde caballos.<\/p>\n<p>3. La habilidad de una<br \/>\ncocinera.<\/p>\n<p>4. La robustez de un buey.<\/p>\n<p>5. La digesti\u00f3n de un avestruz, y<\/p>\n<p>6. Una ilimitada adaptabilidad<br \/>\na cualquier circunstancia.<\/p>\n<p><q>Pero dec\u00eda Kipling: muchos mueren antes de alcanzar ese grado de perfecci\u00f3n, y los grandes maestros del oficio, cuando regresan de sus andanzas, se visten de etiqueta en su mayor\u00eda, quedando as\u00ed oculta su gloria ante la multitud.<\/q><\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino del semestre, ante todos sus alumnos aprobados, Ben\u00edtez nos miraba de manera muy especial, creo que siempre supo que muchos ser\u00edan (o intentar\u00edamos ser) sus sucesores en este, el oficio m\u00e1s hermoso del mundo. Se desped\u00eda con estas palabras:\u00a0<q>ustedes escribir\u00e1n la literatura para un futuro historiador, por eso no olviden la mayor regla para escribir y editar que le dio la Reina Roja a Alicia, la del Pa\u00eds de las Maravillas: principien por el principio, vayan hasta el fin y ah\u00ed det\u00e9nganse<\/q>.<\/p>\n<p>El d\u00eda del sepelio de Fernando Ben\u00edtez, el 22 de febrero del a\u00f1o 2000, nos dio a todos los reporteros que cubrimos su funeral, una \u00faltima y gran lecci\u00f3n: nunca dar por hecho nada. Sucedi\u00f3 que cuando trasladaron su f\u00e9retro desde la capilla donde lo velaron hacia el crematorio, la carroza f\u00fanebre se descompuso en pleno Perif\u00e9rico. En vano los choferes trataron de empujar el auto para hacerlo arrancar y tampoco sirvieron los conocimientos de los polic\u00edas de tr\u00e1nsito. En los ocho autos del cortejo que segu\u00eda la carroza s\u00f3lo \u00edbamos dos reporteras. Ning\u00fan fot\u00f3grafo, pues todos, desesperados por la lentitud de un cortejo f\u00fanebre, se adelantaron para llegar antes al pante\u00f3n Espa\u00f1ol. En pleno Perif\u00e9rico esperamos una hora a que llegara otra carroza. De repente, los automovilistas que se encontraban en el megacongestionamiento que se arm\u00f3 se sorprendieron cuando vieron salir un ata\u00fad de un auto para pasarlo al otro. Y es que esas cosas siempre causan cierto escalofr\u00edo.<\/p>\n<p>As\u00ed se despidi\u00f3 el maestro Ben\u00edtez, generoso, convirtiendo un d\u00eda gris, contaminado y triste en un pretexto m\u00e1s para recordar sus ense\u00f1anzas: la nota fue que se hicieron necesarias dos carrozas para trasladarlo, y la lecci\u00f3n de periodismo: que no se debe confiar en lo previsible, pues la mayor\u00eda de las jefaturas de informaci\u00f3n dieron por hecho que nada pasar\u00eda durante el traslado. Al otro d\u00eda se public\u00f3 en\u00a0<em>La Jornada\u00a0<\/em>mi cr\u00f3nica de este incidente, sin foto, claro, pero pens\u00e9 que desde alg\u00fan lugar mi\u00a0<em>profe\u00a0<\/em>estar\u00eda orgulloso de que no se me fue la nota y que cumpl\u00ed la tarea de redactar con velocidad, bajo presi\u00f3n y lo mejor posible.<\/p>\n<p>Profe Ben\u00edtez, tengo est\u00f3mago de avestruz, a\u00fan no me canso, aqu\u00ed seguimos.<\/p>\n<p><em>Texto que forma parte del acervo Fernando Ben\u00edtez que resguarda la Fundaci\u00f3n Ildefonso V\u00e1zquez Santos, en la ciudad de Monterrey<\/em><\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"taboola-below-content-thumbnails\" class=\" trc_related_container trc_spotlight_widget tbl-feed-container tbl-feed-frame-DIVIDER  render-late-effect\" data-feed-container-num=\"1\" data-feed-main-container-id=\"taboola-below-content-thumbnails\" data-parent-placement-name=\"Below Content Thumbnails\" data-pub-lang=\"es\">\n<div class=\" tbl-feed-header tbl-logo-right-position\">\n<div class=\"tbl-feed-header-logo\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Ben\u00edtez M\u00f3nica Mateos El maestro Fernando Ben\u00edtez en una de sus incursiones a los pueblos ind\u00edgenas; Jalisco, 1967. Ser periodista es convertirse en un atleta de alto rendimiento, dec\u00eda mi maestro Fernando Ben\u00edtez, pues nos explicaba que una vez que se comienza a escribir nunca m\u00e1s debemos de dejar de hacerlo,\u00a0por el riesgo de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":31816,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-31815","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31815","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=31815"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31815\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31817,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31815\/revisions\/31817"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/31816"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=31815"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=31815"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=31815"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}