{"id":31964,"date":"2023-04-18T12:10:56","date_gmt":"2023-04-18T18:10:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31964"},"modified":"2023-04-18T12:10:56","modified_gmt":"2023-04-18T18:10:56","slug":"algunas-obras-de-arte-aunque-aplaudidas-por-muchos-funcionan-como-moneda-envenenada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31964","title":{"rendered":"Algunas obras de arte, aunque aplaudidas por muchos, funcionan como moneda envenenada"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">La tierra bald\u00eda el poema anticapitalista de T.S. Eliot<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Evodio Escalante<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">En este acucioso ensayo se presenta el contexto cultural y pol\u00edtico de los a\u00f1os en que T.S. Eliot (1888-1965) escribi\u00f3 \u2018La tierra bald\u00eda\u2019 (1922), y estudia los elementos filos\u00f3ficos y algunos de los recursos literarios que lo sostienen y lo mantienen vigente, como ocurre con las grandes obras de la literatura universal.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algunas obras de arte, aunque aplaudidas por muchos, funcionan como moneda envenenada. La famosa ecuaci\u00f3n de Benjamin en la que afirma que todo documento de cultura es al mismo tiempo un testimonio de barbarie, requiere acaso una leve modificaci\u00f3n, de modo tal que entendamos que \u00e9ste casi siempre contiene en su interior \u00e1cidos corrosivos que podr\u00edan ser letales. Me parece que tal es el caso de\u00a0<i>La tierra bald\u00eda\u00a0<\/i>(1922), de T.S. Eliot, cuyo centenario acabamos de celebrar. Qui\u00e9rase o no, el gran poema de Eliot se ubica dentro de la estela que origin\u00f3 Oswald Spengler cuando public\u00f3 su impactante libro\u00a0<i>La decadencia de Occidente\u00a0<\/i>(1918), en d\u00edas en que los ataques de artiller\u00eda de la primera guerra mundial apenas acababan de silenciarse. Como muchos j\u00f3venes de esos tiempos, hayan participado o no en la guerra, Eliot atravesaba por una grave crisis emocional y pensaba que la cultura occidental, dominada por los valores mercantiles, hab\u00eda entrado en una fase de decadencia que acaso imped\u00eda cualquier forma de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dividido en cinco partes, a las que a\u00f1ade una secci\u00f3n de \u201cNotas\u201d explicativas, el texto de Eliot se distingue por su radicalismo. Su poema est\u00e1 armado a la manera de un vertiginoso\u00a0<i>collage\u00a0<\/i>de voces, tramado con tal agudeza que resulta dif\u00edcil para el lector distinguir a veces la voz maestra del autor de las de los diversos personajes que desfilan en<br \/>\nel poema, casi como si se tratara de una obra de teatro. El manejo del tiempo no es menos impresionante: Eliot construye un poema\u00a0<i>simultane\u00edsta<\/i>\u00a0en el que todo parece estar sucediendo a la vez, y en el que los estratos m\u00edticos y la cruda realidad se entrelazan y complementan. Eliot alcanza en este punto una verdadera cosmovisi\u00f3n. De tal suerte, el mito del Rey Pescador, por lo dem\u00e1s est\u00e9ril, que preside el poema, embona tanto con la personalidad del narrador como con la de esos seres desprovistos de aura que pululan dentro de las fronteras de la urbe contempor\u00e1nea, dominada por el\u00a0<i>hast\u00edo<\/i>.<\/p>\n<p>Esa ciudad es Londres, por supuesto, pero quiz\u00e1s no se ha reparado lo suficiente en que dentro de la ciudad hay\u00a0<i>otra<\/i>\u00a0ciudad, que es como su cerebro y su sistema nervioso. Me refiero a\u00a0<i>the City<\/i>, a la\u00a0<i>Square Mile<\/i>, el distrito financiero que pasa por ser el m\u00e1s importante del mundo por las transacciones multimillonarias que ah\u00ed se realizan, y donde transcurre la propia existencia de Eliot, quien funge por ese entonces (de 1917 a 1925) como un empleado m\u00e1s del Lloyds Bank. Una ma\u00f1ana de invierno, al dirigirse hacia su trabajo, y al caminar sobre el Puente de Londres, la voz maestra del autor, aturdido por las multitudes que fluyen, parece identificar a un viejo conocido y lo llama a gritos. Pero ese personaje no es del siglo XX, pues habr\u00eda peleado en la guerra de Milas, una de las contiendas p\u00fanicas que tuvo lugar hacia el a\u00f1o 260 antes de nuestra era. Por referencias dantescas de unos versos antes, uno sabe que el genio de Eliot ha logrado la haza\u00f1a de intersectar ah\u00ed, en el coraz\u00f3n de\u00a0<i>the City,\u00a0<\/i>uno de los c\u00edrculos del Infierno de la\u00a0<i>Divina comedia.\u00a0<\/i>\u00a1Por este solo logro habr\u00eda que celebrar su poema!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Contra la usura: un poeta\u00a0en el distrito financiero<\/b><\/p>\n<p>Eliot no esconde el\u00a0disgusto que le produce trabajar en ese lugar, tan ajeno al sentido de la armon\u00eda y la belleza, en el que las ninfas han desaparecido como se desvanece el humo. Pero no s\u00f3lo ellas, a\u00f1ade Eliot: \u201cTambi\u00e9n sus amigos, los holgazanes herederos\/ de los directores de la City, partieron sin dejar sus se\u00f1as.\u201d* Esta menci\u00f3n directa (que omiten todas las traducciones mexicanas, sea por impericia o por falta de entendimiento) impacta en la econom\u00eda general del poema, cuyos dardos m\u00e1s poderosos van dirigidos no s\u00f3lo contra este distrito financiero, sino contra el capital comercial y contra el principio de la usura que lo gobierna. El entusiasmo de Ezra Pound por\u00a0<i>La tierra bald\u00eda<\/i>, cuyo mecanoscrito revis\u00f3 y corrigi\u00f3, suprimiendo largos pasajes que le parecieron ociosos, se debi\u00f3 no s\u00f3lo a su calidad literaria, sino a la manera en que Eliot articula en \u00e9l una denuncia de la usura, a la que hay que entender como la verdadera causa no s\u00f3lo de la gran guerra que acaba de pasar, sino de todos los males de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La usura no s\u00f3lo altera la ecolog\u00eda del planeta, tambi\u00e9n afecta las relaciones humanas, y de alg\u00fan modo resulta ser un impedimento para que la experiencia del amor fructifique y alcance un gradiente satisfactorio. La usura atenta contra la vida misma, se dir\u00eda, y esto lo afirma el poema de Eliot al recurrir en tres diversas ocasiones a la figura emblem\u00e1tica del marinero fenicio que perdi\u00f3 la vida, y tambi\u00e9n los ojos, pero que tiene\u00a0<i>un par de perlas<\/i>\u00a0en las cuencas vac\u00edas que ellos habr\u00edan dejado. \u201cPon atenci\u00f3n, \u00a1f\u00edjate!\u201d, interpela Eliot: \u201cEsas perlas antes fueron sus ojos. \u00a1Mira!,\u201d para remachar en otra secci\u00f3n del texto, m\u00e1s adelante: \u201cRecuerda que\/ esas perlas antes fueron sus ojos.\u201d La figura del marinero fenicio resulta tan estrat\u00e9gica que Eliot le dedica a ella la pen\u00faltima secci\u00f3n de su texto, muy breve, es cierto, pero que sirve de antesala a la parte final de<i>\u00a0La tierra bald\u00eda.<\/i><\/p>\n<p>Flebas el Fenicio acaba de morir \u2013se indica en la secci\u00f3n IV del poema\u2013, y ya olvid\u00f3 el grito de las gaviotas, el estruendo del mar\u2026. \u00a1<i>y las ganancias y las p\u00e9rdidas<\/i>! Did\u00e1ctico o aleccionador, Eliot concluye esta parte con versos que resultan significativos: \u201cGentil o jud\u00edo\/ \u00a1Oh! T\u00fa que llevas el tim\u00f3n y miras a barlovento,\/ ten presente a Flebas, como t\u00fa, anta\u00f1o hermoso y esbelto.\u201d<\/p>\n<p>Enfrascado en sus c\u00e1lculos mercantiles, el Marinero ha dejado escapar lo principal de la vida y esto mismo sucede, de cierto modo, con cuatro sucesivas parejas que comparecen en el texto. Arist\u00f3cratas multiling\u00fces, cuyo mundo se acaba de cimbrar con la guerra, empleados del ej\u00e9rcito o humildes servidores p\u00fablicos y mecan\u00f3grafas, le sirven a Eliot para ilustrar el fracaso de las relaciones amorosas en un mundo donde lo que impera es la ley del valor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El doble fracaso<\/b><\/p>\n<p>Comienzo con la\u00a0pareja de clase social privilegiada. Para entender las resonancias personales de este caso, me parece, hace falta recordar que el joven Eliot hab\u00eda sufrido, por la \u00e9poca en que escrib\u00eda\u00a0<i>La tierra bald\u00eda<\/i>, un colapso nervioso que condujo a que se internara en un hospital en Lausana, Suiza. Eliot, un cr\u00edtico brillante, hab\u00eda concebido ya para entonces su idea de la \u201cimpersonalidad po\u00e9tica\u201d, que proh\u00edbe exhibir las emociones del ego e incurrir en los desplantes de los que usa y abusa la poes\u00eda confesional. De aqu\u00ed la \u201cobjetividad\u201d con que el autor refiere el episodio. Se ha dado ya, esto est\u00e1 impl\u00edcito, un escarceo amoroso entre \u00e9ste y lo que el texto llama\u00a0<i>la muchacha de los jacintos<\/i>, aunque algo falla en el momento clave: \u201c\u2013Pero al regresar, ya tarde, del jard\u00edn de los jacintos,\/ t\u00fa con los brazos llenos y el cabello mojado,\/ no pude hablar y los ojos me fallaron, no estaba\/ ni vivo ni muerto, y no sab\u00eda nada,\/ buscando en el coraz\u00f3n de la luz. El silencio.\/\u00a0<i>Oed\u2019 und leer das Meer<\/i>. [Cita de Wagner:\u00a0<i>El mar (estaba) desolado y vac\u00edo<\/i>].\u201d En consonancia, los fusibles se queman y la relaci\u00f3n queda en el limbo.<\/p>\n<p>La segunda pareja est\u00e1 formada por Lil y por Albert, que se alist\u00f3 en el ej\u00e9rcito pero est\u00e1 a punto de regresar. La amiga de Lil le reprocha que no se haya arreglado la dentadura, pese<br \/>\na que su marido le anticip\u00f3 una cantidad para ello. Despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os movilizado, querr\u00e1 pasarla bien contigo, se\u00f1ala la amiga. Pero este dinero la mujer lo ha gastado en sucesivos abortos que, para colmo, la tienen mal de salud y afectan su semblante. No hace falta mencionar el \u201cfloreteo\u201d corrosivo con que se da el di\u00e1logo de las amigas. Eliot es un maestro de lo s\u00f3rdido, y de lo ominoso, y en estos pasajes alcanza uno de sus momentos cumbre.<\/p>\n<p>La tercera pareja incluye a una mecan\u00f3grafa y a su amigo, un empleado altanero y prepotente que se conduce como si fuera un millonario de Bradford. Despu\u00e9s de cenar, el gal\u00e1n empieza el asalto, acaricia a la joven y ella, indolente, lo deja hacer. En un tris el episodio acaba y el joven pretencioso tambi\u00e9n desaparece. El amor brilla por su ausencia, lo que hay aqu\u00ed es sexo r\u00e1pido. V\u00edctor Manuel Mendiola sostiene que el poema de Eliot es \u201cuna metaf\u00edsica de las costumbres de la sexualidad moderna: en vez de la posesi\u00f3n \u2013sangu\u00ednea, originaria y mitol\u00f3gica\u2013 por locura o por rapto o por metamorfosis, el sexo por cinismo o por indiferencia.\u201d No le falta raz\u00f3n. Pero tan importante como la escena de la c\u00f3pula es el testigo de la misma, el viejo bisexual Tiresias, con\u00a0<i>ginecomastia<\/i>, como lo muestran sus arrugados\u00a0<i>pechos de mujer<\/i>, rastro de otra \u00e9poca en que su sexo fue el femenino.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hay una cuarta escena en la misma t\u00f3nica. Se trata de una muchacha t\u00edpicamente londinense: \u201cHighbury me dio el ser, Richmond y Kew\/ me lo quitaron. Por Richmond alc\u00e9 las rodillas\/ boca arriba en el suelo de una estrecha canoa.\u201d Trato de encontrar un equivalente que nos sea familiar: Indios Verdes me dio el ser, Villa Coapa y Xochimilco me lo quitaron\u2026 (ya se sabe lo que puede pasar en una \u201ctrajinera\u201d).<\/p>\n<p>La historia no termina bien, y Eliot se engolosina con los detalles: \u201cMis pies est\u00e1n en Moorgate, y mi coraz\u00f3n\/ bajo mis pies. Tras lo sucedido\/ \u00e9l llor\u00f3. Prometi\u00f3 \u2018empezar de nuevo\u2019.\/ Yo no dije nada. \u00bfDe qu\u00e9 me iba a quejar?\u201d<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n parece m\u00e1s que obvia: fracasa el amor porque igual fracasa la civilizaci\u00f3n de Occidente, incluyendo su tabla de valores y la base de cristianismo convencional que le insufla aliento. Este pesimismo desesperado muestra sus cartas en muchas secciones del poema, que no rehuyen un \u00e1spero \u201cfe\u00edsmo\u201d. A la demandante pregunta de una mujer obsesiva, acaso hist\u00e9rica, que exige saber qu\u00e9 demonios piensa su interlocutor, una voz masculina responde despu\u00e9s de lo que uno imagina que es una larga pausa: \u201cPienso que estamos en el callej\u00f3n de las ratas\/ donde los muertos perdieron sus huesos.\u201d He aqu\u00ed, sin m\u00e1s, en dos versos, la filosof\u00eda del poema.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La bruma de la desesperaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>\u00bfEliot pinta, entonces,\u00a0negro sobre negro, sin permitir respiro? Yo dir\u00eda que esto es v\u00e1lido para las cuatro primeras secciones del poema. La quinta y \u00faltima parte nos enfrentan a una paradoja, pues, por un lado, 1) acent\u00faa los tonos de la desesperaci\u00f3n nihilista que ya conocemos, de\u00a0modo que una ola destructiva termina con las grandes capitales del mundo, incluyendo Londres y la\u00a0<i>City<\/i>, y adem\u00e1s, por supuesto, el Puente de Londres, que permite el acceso a esta \u00faltima; y, por el otro, 2) recurre a un encubrimiento no-Occidental, la filosof\u00eda hind\u00fa, para brindar una posible salida a la decadencia, que en el fondo no es sino pensamiento cristiano disimulado.<\/p>\n<p>Eliot, por supuesto, no es ni marxista ni anarquista, ni nada que se les asemeje; su temple an\u00edmico desesperado de ese entonces le otorga a su poema matices francamente an\u00e1rquicos. \u201cEl pr\u00edncipe de Aquitania de la torre abolida\u201d, de Nerval, se convierte en Eliot en realidad objetiva y universal: por eso todas las torres del mundo acaban desmoron\u00e1ndose. No invento nada. Me limito a leer el texto: \u201c(\u2026) qu\u00e9 ciudad es aquella sobre las monta\u00f1as\/ resquebraj\u00e1ndose, rehaci\u00e9ndose, estallando en el aire violeta\/ torres que se derrumban\/ Jerusal\u00e9n Atenas Alejandr\u00eda\/ Viena Londres\/ Irreales.\u201d<\/p>\n<p>Los grandes centros culturales y del poder del mundo caen hechos trizas. \u00bfY qu\u00e9 hace el Rey Pescador, mientras tanto? Trata de pescar en r\u00edo revuelto, como dir\u00edamos\u00a0nosotros. As\u00ed lo atestiguan los \u00faltimos diez versos de\u00a0<i>La tierra bald\u00eda<\/i>, que nos dejan leer: \u201cA la orilla me sent\u00e9\/ a pescar a espaldas de la \u00e1rida llanura\/ \u00bfpondr\u00e9\u00a0al menos mis tierras en orden?\/ El Puente de Londres se cae se cae se cae\u2026\/ Con estos fragmentos apuntal\u00e9 mis ruinas.\u201d<\/p>\n<p>Esta quinta secci\u00f3n del poema, titulada \u201cLo que dijo el trueno\u201d alude, como informan los comentaristas, a la par\u00e1bola del trueno que aparece en el\u00a0<i>Brihadaranyaka Upanishad\u00a0<\/i>(Eliot hab\u00eda estudiado s\u00e1nscrito y pali cuando fue a la universidad en Estados Unidos). Son tres sus palabras: \u201c<i>Datta<\/i>\u201d, \u201c<i>Dayadhvam<\/i>\u201d y \u201c<i>Damyata<\/i>\u201d, a lo que hay que a\u00f1adir el famoso \u201c<i>Shanti shanti shanti<\/i>\u201d que corona con una paz celestial el final del poema.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere decir que Eliot renunci\u00f3 al cristianismo, y que ha cambiado de religi\u00f3n? No, de ninguna manera, porque aunque todo indica que su autor deserta de la civilizaci\u00f3n de Occidente y que opta, al fin, por el pensamiento de India\u2026 de principio a fin, detr\u00e1s de estos ideologemas hind\u00faes, en la medida en que sepamos escuchar, siguen resonando las ense\u00f1anzas del pensamiento cristiano entendido como algo vivo y no como algo que pertenece al h\u00e1bito o a la convenci\u00f3n. De hecho, aunque hay alusiones a pasajes de la Tor\u00e1 y de los Evangelios a lo largo y lo ancho de\u00a0<i>La tierra bald\u00eda,\u00a0<\/i>todo indica que la secci\u00f3n m\u00e1s impregnada de referencias b\u00edblicas se ubica, por extra\u00f1o que parezca, en \u201cLo que dijo el trueno\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, el arranque mismo de esta secci\u00f3n evoca, de modo inequ\u00edvoco, el padecer de Cristo en el Monte de los Olivos, justo el momento en que acuden a capturarlo: \u201cTras la antorcha roja en rostros sudorosos\/ tras la escarcha muda en los jardines\/ tras la agon\u00eda en lugares pedregosos\u2026\u201d Las siguientes dos estrofas (vv. 331 a 359), el pasaje preferido de Eliot, son una par\u00e1frasis del llamado \u201cC\u00e1ntico de Mois\u00e9s\u201d con que culmina el\u00a0<i>Deuteronomio<\/i>\u00a0con su extraordinaria equiparaci\u00f3n entre Dios y la Roca: \u201cAqu\u00ed no hay agua sino roca solamente\/ roca y no agua y un camino de arena\/ [\u2026] en la roca uno no puede pararse ni pensar.\u201d La siguiente estrofa lleva de nuevo el sello cr\u00edstico (vv. 360-366), pues alude a la figura de Cristo resucitado, a quien vemos coincidir con un par de caminantes en el camino a Ema\u00fas.<\/p>\n<p>Contin\u00faan referencias a una capilla y al Santo Grial. De s\u00fabito, prodigios de la t\u00e9cnica del\u00a0<i>collage<\/i>, lo que sigue \u2013sin soluci\u00f3n de continuidad\u2013 es el disfraz del pensamiento hind\u00fa. Me concentro en dos r\u00e1pidos ejemplos que resultan imprescindibles, porque en ellos se resume la propuesta positiva que puede hacer Eliot en medio de la bruma de su desesperaci\u00f3n. La primera es esencial, pues, a mi modo de ver, indica una invitaci\u00f3n audaz pero factible. Dentro del caos del nihilismo surge una luz, e incluso, lo puedo decir as\u00ed, una tesis: \u201cDA \/ Datta: \u00bfqu\u00e9 hemos dado?\/ Amigo m\u00edo, sangre sacudiendo mi coraz\u00f3n,\/ la terrible osad\u00eda de un momento de entrega\/ que un siglo de prudencia jam\u00e1s podr\u00e1 revocar\/ por esto, y s\u00f3lo por esto, hemos existido.\u201d Surgi\u00f3, por fin, porque ten\u00eda que surgir, el hilo existencialista que parec\u00eda ausente. Hay que tomar una decisi\u00f3n, hay que resolverse, como ense\u00f1ar\u00eda Heidegger, o bien, hay que\u00a0<i>entregarse,\u00a0<\/i>soltarse, dejarse llevar. S\u00f3lo por esto existimos, lo dem\u00e1s es palabrer\u00eda. Debajo del ropaje hind\u00fa, \u00bfqu\u00e9 puede discernirse? Ni m\u00e1s ni menos, la recomendaci\u00f3n que hace Jes\u00fas al joven rico que se acerca a \u00e9l en busca de consejo, pero que ser\u00e1 en esencia la misma que har\u00e1 a quien intente ser su disc\u00edpulo, tal y como se lee un poco antes en\u00a0<i>Marcos\u00a0<\/i>8: 34: \u201cNi\u00e9guese a s\u00ed mismo [\u2026] y s\u00edgame.\u201d No hay m\u00e1s.<\/p>\n<p>El final de<i>\u00a0La tierra bald\u00eda\u00a0<\/i>parece por completo impregnado de filosof\u00eda hindu\u00edsta; primero resume cosas antedichas y luego concluye con una misma palabra que se repite tres veces, a la manera de un\u00a0<i>mantra<\/i>:\u00a0<i>Datta, Dayadhvam, Damyata.\/ Shanti shanti shanti.\u00a0<\/i>\u00a1Ya estamos en el cielo! \u00a1No importa que no entendamos nada! Lo curioso es que el mismo Eliot, en las \u201cNotas\u201d que acompa\u00f1an la edici\u00f3n de su texto, muy quitado de la pena nos resuelve el enigma cuando indica que esta f\u00f3rmula de los\u00a0<i>Upanishad\u00a0<\/i>acepta una traducci\u00f3n: \u201cLa paz que supera nuestro entendimiento\u201d, que no es sino una frase de Pablo en su carta a los\u00a0<i>Filipenses.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*<i>La tierra bald\u00eda<\/i>, T.S. Eliot. Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Palomares. Madrid, C\u00e1tedra, 2016 Todas las citas del poema est\u00e1n tomadas de aqu\u00ed, aunque en algunos casos me permito leves retoques.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tierra bald\u00eda el poema anticapitalista de T.S. Eliot Evodio Escalante En este acucioso ensayo se presenta el contexto cultural y pol\u00edtico de los a\u00f1os en que T.S. 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