{"id":32874,"date":"2023-07-02T11:15:35","date_gmt":"2023-07-02T17:15:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=32874"},"modified":"2023-07-02T11:15:35","modified_gmt":"2023-07-02T17:15:35","slug":"un-campesino-de-ixtlahuaca-que-llego-a-la-ciudad-de-mexico-y-pregunto-donde-estan-los-volcanes-que-ya-no-los-veo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=32874","title":{"rendered":"Un campesino de Ixtlahuaca que lleg\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico y pregunt\u00f3:\u00a0\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los volcanes, que ya no los veo?"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\"><em>El Popo y la Izta<\/em><\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Elena Poniatowska<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\">\u00a0Vista del Popocat\u00e9petl, <em>Dr. Atl,\u00a0<\/em>1934.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Hace algunos a\u00f1os,<em>\u00a0<\/em>un campesino de Ixtlahuaca lleg\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico y pregunt\u00f3:\u00a0<q>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los volcanes, que ya no los veo? Antes se me aparec\u00edan en cada esquina<\/q>. Ten\u00eda raz\u00f3n, en mi rumbo, Coyoac\u00e1n, los volcanes ya no son tel\u00f3n de fondo. Para verlos, hay que subir a la azotea y esperarlos bajo el sol inclemente. Antes surg\u00edan en cualquier esquina como si fueran dos amigos que de pronto te abrazan y te invitan:\u00a0<q>V\u00e1monos a tomar una copa<\/q>. Todav\u00eda en los a\u00f1os 50 eran parte de nuestra vida, pod\u00edas estirar el brazo y rascarles el copete, pero hoy, en 2023, los rascacielos los esconden y a cambio ofrecen un ej\u00e9rcito hiriente de antenas que rompen el cielo.<\/div>\n<p>La grandeza de las laderas nevadas y los casquetes blancos de nieve que antes nos hac\u00edan prometernos:\u00a0<q>Alg\u00fan d\u00eda voy a subir all\u00e1 arriba<\/q>, ya no pueden verse ni en los d\u00edas m\u00e1s claros.<\/p>\n<p>Otras naciones tienen cordilleras que hay que atravesar para alcanzar al pa\u00eds vecino. Entre Francia y Espa\u00f1a los Pirineos nevados desaf\u00edan a monta\u00f1istas que a su vez confrontan sus picos nevados y sus noches heladas, y as\u00ed llegan al pa\u00eds vecino. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, mi padre atraves\u00f3 los Pirineos a pie. Sali\u00f3 desde la ciudad de Pau, en Francia, y ya cerca de la frontera camin\u00f3 escondi\u00e9ndose de los carabineros para poder llegar a Madrid y de ah\u00ed alcanzar a De Gaulle en \u00c1frica. En Argel, lo esperaban sus dos j\u00f3venes sobrinos, hijos de sus hermanos mayores, Philippe y Michel, casi adolescentes. Michel llegar\u00eda m\u00e1s tarde a ser secretario de Gobierno de Giscard d\u2019Estaing, e incluso vino a M\u00e9xico con \u00e9l el 27 de febrero de 1979. Antes, en 1964, M\u00e9xico le hab\u00eda hecho a De Gaulle el recibimiento que s\u00f3lo se brinda a un h\u00e9roe, y que \u00e9l no olvidar\u00eda nunca. El z\u00f3calo lleno a reventar le dio el espect\u00e1culo de miles de banderas azul-blanco y colorado que se agitaban en las manos de mexicanos que lo vitorearon. De Gaulle se inclin\u00f3 cuan alto era para reconocer que ning\u00fan pa\u00eds lo hab\u00eda recibido a pleno sol y con tanta festiva alegr\u00eda. Del 16 al 19 de marzo de 1979, L\u00f3pez Mateos\u00a0<em>(L\u00f3pez Paseos)\u00a0<\/em>se empe\u00f1\u00f3 en hacer de su visita un sue\u00f1o inolvidable. De todos los pa\u00edses visitados, ninguno m\u00e1s sensible y m\u00e1s receptivo. Recuerdo que mi muy querida y admirada Jesusa Palancares aseguraba en su cuartito de tres por cuatro metros en una colonia perdida:\u00a0<q>Qu\u00e9 bueno que vino; yo tuve un abuelo franc\u00e9s<\/q>.<\/p>\n<p>Invitado por el entonces rector Ignacio Ch\u00e1vez (quien se form\u00f3 como cardi\u00f3logo en Par\u00eds), De Gaulle pudo observar nuestros volcanes a trav\u00e9s del ventanal del \u00faltimo piso de la Torre de Rector\u00eda de Ciudad Universitaria.\u00a0<q>Si tuviera m\u00e1s tiempo, me gustar\u00eda subir a su cima<\/q>\u00a0\u2013coment\u00f3. Subir a la cima de cualquier cosa fue siempre una de las aspiraciones de De Gaulle. Muchos franco-mexicanos aficionados al alpinismo le ofrecieron su compa\u00f1\u00eda, pero en una visita oficial no hay cabida para antojos. Por tanto, la\u00a0<em>Izta\u00a0<\/em>y el\u00a0<em>Popo\u00a0<\/em>se quedaron esperando, pero est\u00e1n acostumbrados, porque los volcanes esperan hasta que un d\u00eda pierden la paciencia.<\/p>\n<p>\u00bfSe secan los volcanes a los rayos del Sol? \u00bfEsta ola de calor de 2023 los enoj\u00f3? Ahora que ya no vive el\u00a0<em>Dr. Atl,\u00a0<\/em>\u00bfcu\u00e1ndo le rinden pleites\u00eda los pintores, los fot\u00f3grafos? \u00bfA qu\u00e9 hora de la madrugada empiezan a escalarlos los monta\u00f1istas?<\/p>\n<p>Dos gigantes dormidos custodian la vida de los mexicanos y los acompa\u00f1an a lo largo de su vida. Hoy por hoy, en el a\u00f1o de 2023, el\u00a0<em>Popo\u00a0<\/em>y la\u00a0<em>Izta,\u00a0<\/em>un hombre y una mujer, don\u00a0<em>Goyo\u00a0<\/em>y do\u00f1a\u00a0<em>Izta,<\/em>\u00a0rigen la vida de los campesinos que los encuentran a la vuelta de la esquina en su camino al mercado, a la iglesia, al campo de ma\u00edz. Los veneran, son sus dioses y siguen su camino, porque el tiempo apremia y hay que sembrar, barbechar, cosechar, comer y dormir. Y si el trabajo lo permite, hacer el amor.<\/p>\n<p>Como don\u00a0<em>Goyo\u00a0<\/em>y do\u00f1a\u00a0<em>Izta,\u00a0<\/em>los lugare\u00f1os viven entre dos erupciones, la de su vida y la de su muerte. As\u00ed como los volcanes, crecen, y en la punta m\u00e1s alta su cr\u00e1ter recoge la nieve y apaga su fuego interior, que ya no se escurre en r\u00edos de lava a la tierra, sino en pocas ocasiones.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Los volcanes son nuestros guardianes. Rendirles pleites\u00eda es parte de nuestra vida diaria. Los lugare\u00f1os se preocupan cuando el\u00a0<em>Popo\u00a0<\/em>y la\u00a0<em>Izta\u00a0<\/em>ya no pueden consigo mismos, se enojan, estallan o se derriten, les tiemblan las rodillas, regresan a su ni\u00f1ez y, al igual que a los humanos, hay que tomarlos en brazos, cantarles, camelarlos y repetirles ma\u00f1ana, tarde y noche:\u00a0<q>Te quiero<\/q>. Es costumbre inclinarse ante ellos, besar sus pies fr\u00edos y decirles cu\u00e1nto respeto inspiran. Y cu\u00e1nto amor.\u00a0<q>Son nuestros dioses<\/q>. Los\u00a0<em>tiemperos\u00a0<\/em>nunca dejaron de ir a Tonantzintla a preguntarle al astr\u00f3nomo Guillermo Haro:\u00a0<q>Oye, \u00bft\u00fa crees que la calor es mala para los volcanes?<\/q><\/p>\n<p>El peligro de su fumarola o su lluvia de cenizas data de siglos.\u00a0<em>Don Goyo\u00a0<\/em>y su\u00a0<em>Izta\u00a0<\/em>cuidan a Santiago Xalitzintla, el hijo que nunca se separ\u00f3 de ellos y qued\u00f3 todo tiznado en la \u00faltima erupci\u00f3n. Tambi\u00e9n respetan a las 300 capillas de Cholula, cuyas campanas tocan como la de la iglesia de Santa Mar\u00eda Tonantzintla y la de San Francisco Acatepec, y a veces las de 300 iglesias de Cholula, cuyas campanadas acompa\u00f1an su vida lenta y mon\u00f3tona, porque en la falda de la monta\u00f1a nada cambia nunca.<\/p>\n<p>El\u00a0<em>Dr. Atl\u00a0<\/em>fue el primer vulcan\u00f3logo. Al igual que los\u00a0<em>tiemperos\u00a0<\/em>y los\u00a0<em>graniceros,<\/em>\u00a0el pintor se sent\u00f3 frente a los volcanes de la ma\u00f1ana a la noche, bajo el sol o bajo la lluvia, a pintar a los volcanes y a lamentar la pobreza de las parcelas. A\u00f1os m\u00e1s tarde, les propuso el astr\u00f3nomo Guillermo Haro:\u00a0<q>\u00bfPor qu\u00e9 no siembran flores?<\/q>, y do\u00f1a Pascuala y don Ferm\u00edn florearon la falda de la monta\u00f1a. Las flores de Tonantzintla tambi\u00e9n cubrieron el valle de San Andr\u00e9s Cholula, y ahora muchas camionetas bajan a la avenida Revoluci\u00f3n de la Ciudad de M\u00e9xico a cubrirla de flores que desaparecen en un santiam\u00e9n en los mercados.<\/p>\n<p>En 1520, los volcanes fueron piedra im\u00e1n para los conquistadores, y siguen ejerciendo su poder sobre hombres, mujeres, ancianos, ni\u00f1os, fil\u00f3sofos y el\u00a0<em>Dr. Atl,\u00a0<\/em>quien los pint\u00f3 hasta sus 85 a\u00f1os. Gerardo Murillo, el\u00a0<em>Dr. Atl,\u00a0<\/em>subi\u00f3 al\u00a0<em>Popo\u00a0<\/em>y a la\u00a0<em>Izta\u00a0<\/em>y nos hizo ver que\u00a0<q>sobre las convulsiones de la tierra se levantan incomparables de belleza y de desprecio<\/q>.<\/p>\n<p>Los volcanes nos desprecian, s\u00ed, pero tambi\u00e9n les complace que los escalemos. El Paricut\u00edn fue el m\u00e1s joven de todos los volcanes americanos, y su lava sepult\u00f3 a dos pueblos de Michoac\u00e1n, a pesar de que en uno se levantaba la iglesia de El Se\u00f1or de los Milagros. Esa erupci\u00f3n le toc\u00f3 a mi mam\u00e1, y all\u00e1 fue a admirarla; al regresar nos dijo a mi hermana y a m\u00ed:\u00a0<q>Un volc\u00e1n es un milagro<\/q>.<\/p>\n<p>El\u00a0<em>Dr. Atl\u00a0<\/em>habr\u00eda de dar a luz a su propio volc\u00e1n, que explot\u00f3 en 1943. Le arranc\u00f3 una pierna, pero le permiti\u00f3 pintarlo y ponderarlo en el libro\u00a0<em>C\u00f3mo nace y crece un volc\u00e1n: El Paricut\u00edn.<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, en Tlamacas, Rafael Doniz vio una fumarola, la retrat\u00f3 obsesivamente y don\u00a0<em>Sebas,\u00a0<\/em>su acompa\u00f1ante le dijo:\u00a0<q>As\u00ed como hizo antes, va a enojarse de nuevo el Popocat\u00e9petl. En unos cu\u00e1ntos d\u00edas llegar\u00e1 a pelearse con las nubes<\/q>.<\/p>\n<p>As\u00ed como Rafael Doniz, los campesinos saben que una fumarola presagia erupci\u00f3n. Nadie ni nada m\u00e1s sorpresivo que un volc\u00e1n. Ni m\u00e1s traicionero.<\/p>\n<p>El Popocat\u00e9petl y su Iztacc\u00ed-huatl son el im\u00e1n de M\u00e9xico, la clave de su misterio y la de nuestra existencia, el origen de su grandeza. Sin ellos, seriamos hu\u00e9rfanos.\u00a0<em>Don Goyo\u00a0<\/em>(como llaman los lugare\u00f1os al Popocat\u00e9petl) es nuestro papacito; las mujeres somos hijas de la Iztacc\u00edhuatl. De Volcano, dios romano del fuego viene la palabra volc\u00e1n, pero al Popocat\u00e9petl se le adelantaron varios volcanes y seguro vendr\u00e1n otros m\u00e1s para que los vean los hijos de nuestros hijos. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de nosotros sin el Popocat\u00e9petl y la Iztacc\u00edhuatl? Ser\u00edamos un pa\u00eds sin ojos, sin voz, sin gracia, un pa\u00eds sin posibilidades de nutrirse con\u00a0<q>el suave pecho, los labios del planeta<\/q>, como pidieron Pablo Neruda, Jos\u00e9 Mar\u00eda Velasco y Carlos Pellicer.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\" data-google-query-id=\"CPfjyurA8P8CFTw2TwgdxQkPzg\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/interstitial_editorial_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Popo y la Izta Elena Poniatowska \u00a0Vista del Popocat\u00e9petl, Dr. Atl,\u00a01934. Hace algunos a\u00f1os,\u00a0un campesino de Ixtlahuaca lleg\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico y pregunt\u00f3:\u00a0\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los volcanes, que ya no los veo? Antes se me aparec\u00edan en cada esquina. 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