{"id":33076,"date":"2023-07-17T13:12:45","date_gmt":"2023-07-17T19:12:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33076"},"modified":"2023-07-17T13:12:45","modified_gmt":"2023-07-17T19:12:45","slug":"la-musica-de-rock-en-su-afortunada-abundancia-produjo-un-considerable-corpus-y-una-variedad-de-audiencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33076","title":{"rendered":"La m\u00fasica de rock, en su afortunada abundancia, produjo un considerable\u00a0corpus\u00a0y una variedad de audiencias"},"content":{"rendered":"<div class=\"cabeza\">Larga vida del rock<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"foto\">\n<div><\/div>\n<div class=\"pie-foto\">Un peque\u00f1o objeto democratiz\u00f3 la m\u00fasica grabada a una escala in\u00e9dita y radicaliz\u00f3 las previsiones de Walter Benjamin respecto de la reproducibilidad del arte. En los a\u00f1os 70, el casete se volvi\u00f3 est\u00e1ndar y accesible.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<div class=\"inicial\">La m\u00fasica de rock, en su afortunada abundancia, produjo un considerable\u00a0<em>corpus\u00a0<\/em>y una variedad de audiencias (mel\u00f3manos, fans, especialistas) que configuran un importante apartado de la contracultura, a la vez local y global, o local con influencia de las metr\u00f3polis. En cada sociedad cumpli\u00f3 su papel de catalizador para los j\u00f3venes. Como es natural, los j\u00f3venes del 67 dejaron de serlo. Y los del 72. Y los del 78. Y as\u00ed. Por eso el rock en ocasiones necesita tambi\u00e9n los servicios de la geriatr\u00eda y las t\u00e9cnicas de momificaci\u00f3n.<\/div>\n<p>Un peque\u00f1o objeto democratiz\u00f3 la m\u00fasica grabada a una escala in\u00e9dita, radicalizando las previsiones de Walter Benjamin respecto de la reproducibilidad del arte. A lo largo de los a\u00f1os 70, el casete, o audiocasete, se volvi\u00f3 est\u00e1ndar y accesible. Con \u00e9l nace la pirater\u00eda dom\u00e9stica de copias \u00fanicas o m\u00faltiples, la expropiaci\u00f3n desde abajo. Facilit\u00f3 a los m\u00fasicos m\u00e1s\u00a0<em>brujas\u00a0<\/em>grabar sus propios\u00a0<em>demos.\u00a0<\/em>Uno\u00a0<q>robaba<\/q>\u00a0del tocadiscos ajeno, la radio, los conciertos. Naci\u00f3 un mercado negro bastante el\u00e1stico que compiti\u00f3 contra el casete comercial y el elep\u00e9. Los .45 RPM desaparecieron.<\/p>\n<p>Se puso m\u00e1s emocionante con la popularizaci\u00f3n del\u00a0<em>walkman,\u00a0<\/em>cajita donde uno pod\u00eda cargar la banda sonora de un viaje, una caminata, un desafane en la clase, la carretera, la oficina, una siesta en el parque. Hoy no parece tan especial, cualquiera lo hace desde el celular y su repertorio es ilimitado. Pero en ese entonces era revolucionario. Me hice de una colecci\u00f3n bien chingona. Y antolog\u00edas personales (hoy\u00a0<em>playlists).\u00a0<\/em>Para los a\u00f1os 90, el casete y los elep\u00e9s pierden terreno ante el disco compacto, y en el siglo XXI desaparecen o casi. El neovinyl rescat\u00f3 a los \u00e1lbumes. Los casetes ya no rifan ni en el paradigm\u00e1tico y aferrado Tianguis del Chopo.<\/p>\n<p>El disco duro del rock en todas sus audiencias es org\u00e1nico. La digitalizaci\u00f3n y la nebulizaci\u00f3n del acervo no borran las memorias personales de gente que ya alcanz\u00f3 los 80, 70 o 60 a\u00f1os y enfrenta los peligros del Alzheimer y la embolia. Pero la m\u00fasica buena nunca muere. Hemos visto aparecer en las recientes d\u00e9cadas artistas y formaciones formidables. Radiohead, Jack White, Black Keys, Fleet Foxes, Tame Impala o Aurora le plantan la cara a las Britney o Bad Bunny del momento, las degeneraciones abismales pero rentables del pop.<\/p>\n<p>Las fuentes de deleite, emoci\u00f3n y hasta caos que nos dio el rock ven\u00edan de muchas partes. Un manantial l\u00edrico muy pr\u00f3digo fue el folk brit\u00e1nico con sus dosis de jazz y Dylan: Pentangle, Fairport Convention, Steeleye Span, John Martyn, el Traffic de\u00a0<em>John Barleycorn Must Die.\u00a0<\/em>Vinieron nuevas y numerosas viruelas, como el Progresivo que causaron\u00a0<em>Hot Rats<\/em>\u00a0y\u00a0<em>La Corte del Rey Carmes\u00ed;\u00a0<\/em>al principio me cost\u00f3 digerir a Yes y G\u00e9nesis, prefer\u00eda Van Der Graff Generator y Faust. Del Metal, Jimmy Page se deslind\u00f3; la culpa fue de Black Sabbath. El glam anim\u00f3 a marginales y raros, y naci\u00f3 el culto a Bowie. El punk devolver\u00eda al rock su pureza originaria: The Clash, Patti Smith, Television, m\u00e1s all\u00e1 de las limitaciones de Sex Pistols y Ramones. Un lugar de lujo lo ocupan Brian Eno, Daniel Lanois, T. Bone Burnet y las bandas que han producido.<\/p>\n<p>La disco nunca represent\u00f3 una amenaza seria, gracias a Rod Stewart, Rolling Stones, Bee Gees, Bowie. No era lo mejor de ellos, pero s\u00ed lo mejor de la disco. Las norte\u00f1as y el rock se encontraron en el mismo camino con la irrupci\u00f3n de Los Lobos angelinos en 1983. Tocaban cualquier son y cualquier rocanrol y supieron sacarse rancheras y experimentos sonoros con incomparable virtuosismo instrumental; su evoluci\u00f3n fue pasmosa. El funk se transform\u00f3 a fondo con Prince. Viajes interestelares con Jefferson Starship, Pink Floyd, Sus Sat\u00e1nicas Majestades, Moody Blues, el Major Tom. Hubo sitio para la horripilancia de Brujer\u00eda, Eskorbuto. Metaleros y pesados (Mot\u00f6rhead, Korn) ampliaron el repertorio de rugidos y rechinidos de la era posindustrial. Apocalyptica para todos.<\/p>\n<p>Con el Foro Alicia en mente, puede mencionarse una oleada m\u00e1s bien tem\u00e1tica que ya ha recibido la atenci\u00f3n de Benjam\u00edn Anaya: el variado\u00a0<q>g\u00e9nero<\/q>\u00a0zapatista: los trepidantes angelinos de Aztl\u00e1n Underground y Rage Against The Machine, los euskeras de Negu Gorriak, la mano santa de Mano Negra y Manu Chao, Nine Rain, Modena City Ramblers, las dulces Indigo Girls, Amparanoia, El Mastuerzo y un largo etc\u00e9tera nacional e internacional.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Agust\u00edn lleg\u00f3 a comentar:\u00a0<q>La rebeli\u00f3n zapatista de enero de 1994 finalmente mostr\u00f3 hasta qu\u00e9 punto el rock puede acompa\u00f1ar a las luchas revolucionarias sin caer en panfletismos ni en las deformes ingenuidades t\u00edpicas de las enfermedades infantiles del izquierdismo<\/q>.<\/p>\n<p>De tanto morir, el rock no muere. Algo as\u00ed le pas\u00f3 al jazz, que atrae audiencias cultivadas, se doctora en universidades y lo condecoran los Orfeones de Occidente. Personas entre 12 y 80 a\u00f1os insisten en el rock, componen, recrean o imitan en ese lenguaje musical que abominaron o\u00eddos anteriores, como los del buen George Steiner y en conjunto la generaci\u00f3n de nuestros padres.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Larga vida del rock Hermann Bellinghausen Un peque\u00f1o objeto democratiz\u00f3 la m\u00fasica grabada a una escala in\u00e9dita y radicaliz\u00f3 las previsiones de Walter Benjamin respecto de la reproducibilidad del arte. En los a\u00f1os 70, el casete se volvi\u00f3 est\u00e1ndar y accesible. 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