{"id":33135,"date":"2023-07-24T13:28:57","date_gmt":"2023-07-24T19:28:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33135"},"modified":"2023-07-24T13:28:57","modified_gmt":"2023-07-24T19:28:57","slug":"la-lectura-atenta-de-una-novela-dificil-tanto-en-su-tema-como-en-su-escritura-viaje-al-fin-de-la-noche-1932","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33135","title":{"rendered":"La lectura atenta de una novela dif\u00edcil tanto en su tema como en su escritura: &#8216;Viaje al fin de la noche\u00bb (1932)"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">La prosa incesante de Louis-Ferdinand C\u00e9line<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Este art\u00edculo propone la lectura atenta de una novela dif\u00edcil tanto en su tema como en su escritura: &#8216;Viaje al fin de la noche (1932)&#8217;, del novelista franc\u00e9s Louis-Ferdinand C\u00e9line (1894-1961), cuya vida fue marcada por las dos guerras mundiales, sobre todo la primera, la cual aborda, como se afirma aqu\u00ed, con una \u201cmirada honesta\u201d, es decir, descarnada y severa.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p><b>1<\/b><\/p>\n<p>A diferencia de lo que se podr\u00eda creer en una primera instancia, el novelista, como el poeta, es b\u00e1sicamente un creador de im\u00e1genes. Por lo menos es lo que ocurre con ciertos grandes narradores del siglo pasado: Proust, Joyce, Mann, Faulkner, Rulfo, C\u00e9line. S\u00f3lo que el contador de historias\u00a0<i>las<\/i>\u00a0<i>construye<\/i>, no se le dan en un hechizo verbal ni de manera instant\u00e1nea. Cuando se trata de un autor esencial, uno de veras irrepetible, el lector entra poco a poco en tono, por as\u00ed decirlo, va adivinando en la escritura esguinces caracter\u00edsticos y hasta llega a identificarse con el lenguaje de los personajes (sin saber que eso es algo m\u00e1s o menos triste, m\u00e1s o menos idiota): conf\u00eda en que la pr\u00f3xima frase, el p\u00e1rrafo que sigue no arruinar\u00e1n la sinfon\u00eda.<\/p>\n<p>La obra m\u00e1s conocida de Louis-Ferdinand C\u00e9line (1894-1961),\u00a0<i>Viaje al fin de la noche<\/i>\u00a0(1932), fue publicada solo diez a\u00f1os despu\u00e9s que el\u00a0<i>Ulises<\/i>\u00a0y los \u00faltimos vol\u00famenes de la b\u00fasqueda proustiana, y puede ser le\u00edda como una novela de personaje, aunque eso ser\u00eda mutilar varias de las cualidades insoslayables del libro, su energ\u00eda vital, sus alt\u00edsimas dosis de poeticidad \u2013si pasamos por alto lo ampuloso del t\u00e9rmino\u2013, el v\u00e9rtigo horizontal de las atm\u00f3sferas que fecunda conforme Ferdinand Bardamu, el protagonista narrador, se desplaza por tres continentes.<\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente, la historia es asimismo un retrato despiadado del mundo del mal, tomando este t\u00e9rmino en un sentido menos lovecraftiano que se\u00f1aladamente af\u00edn a las ideas de Hannah Arendt, la trama de la traici\u00f3n compulsiva en su m\u00e1ximo esplendor, el ego\u00edsmo en su mejor forma. El mundo de un c\u00ednico que, suele suceder, tiene la gran virtud de no ser hip\u00f3crita como \u00fanica virtud. Pero cuando se trata de ejecutar un acto que la implica, a la hipocres\u00eda, no se tienta el coraz\u00f3n (\u00bfd\u00f3nde estar\u00e1 esa v\u00edscera invisible?), no le tiembla la mano.<\/p>\n<p>Como algunos autores antiguos y modernos, C\u00e9line fue m\u00e9dico. Pero no es de eso que trata su novela, de hospitales o males irredimibles, sino de una visi\u00f3n en crudo de la guerra y sus atrocidades, sin hero\u00edsmos inveros\u00edmiles, sin enemigos m\u00e1s prominentes que los propios jefes y subalternos odi\u00e1ndose entre s\u00ed, fastidiados por el sinsentido de acabar con lo que sea a como d\u00e9 lugar: \u201cNos gui\u00e1bamos por los olores para encontrar otra vez la alquer\u00eda del escuadr\u00f3n, transformados en perros en la noche de guerra de las aldeas abandonadas. El que gu\u00eda aun mejor es el olor a mierda.\u201d No pocos testimonios, f\u00edlmicos y novelados, han hablado de la guerra desde dentro, desde sus entra\u00f1as m\u00e1s infames, pero en C\u00e9line todo es incesante, el ritmo de la prosa, el l\u00facido cinismo del protagonista, su p\u00e9rfida iron\u00eda. La encantadora manera como amasa generalidades en c\u00e1psulas demoledoras s\u00f3lo es comparable con la de otro estilista de a\u00f1os m\u00e1s recientes: Thomas Pynchon en\u00a0<i>El arco\u00edris de gravedad<\/i>: \u201cQuien habla del porvenir es un tunante\u201d, se lee en el\u00a0<i>Viaje<\/i>\u2026 de C\u00e9line, \u201clo que cuenta es el presente. Invocar la posteridad es hacer un discurso a los gusanos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>2<\/b><\/p>\n<p>Siempre pasa que, adem\u00e1s de sus cualidades literarias, exigimos de artistas y escritores escr\u00fapulos morales, una conducta sin tacha. El reclamo nunca es expl\u00edcito, pero es inevitable. Y se entiende. La creaci\u00f3n art\u00edstica, la escritura, entra\u00f1an una moralidad, un ejercicio del esp\u00edritu que no puede ser ajeno a lo que consideramos valioso en y para nuestra especie, a estar del\u00a0<i>lado humano de la historia<\/i>, a manifestar un compromiso vital con valores \u00e9ticos inamovibles, aunque a veces caigamos en anacronismos feroces como el de juzgar a Bach por su heteronormatividad militante o a Rimbaud<br \/>\npor haberse dedicado al tr\u00e1fico de personas en \u00c1frica. C\u00e9line entra inevitablemente en esta cuenta por su colaboracionismo con los nazis y su antisemitismo expl\u00edcito. Y claro que estamos en nuestro derecho de marcar la l\u00ednea divisoria y oponernos a ciertas actitudes o delirios inaceptables, pero una frase musical bien asentada, un trazo sin desperdicio, una met\u00e1fora que recompone nuestra idea del universo se cuecen aparte.<\/p>\n<p>En el caso del\u00a0<i>Viaje al fin de la noche<\/i>, el \u00e1nimo del narrador es col\u00e9rico, imp\u00edo y su aversi\u00f3n a la guerra, a la gran guerra de 1914-1918, es absoluta, sin matices, de un lirismo helado como el v\u00e9rtigo de la prosa que lo enaltece: \u201cEl esp\u00edritu se contenta con frases; el cuerpo es distinto, ese es m\u00e1s dif\u00edcil, necesita m\u00fasculos.\u201d Prosa avispada, de observaciones agudas, precisas como una jabalina, jadeantes como el aliento de un tibur\u00f3n desesperado, la de C\u00e9line deviene ansiosa conciencia del tiempo, un torbellino torvo de situaciones insoportables que van al fondo de la noche, que es lo profundo de la nada.<\/p>\n<p>Galer\u00eda de mujeres, de desavenencias amorosas, m\u00e1s bien, la novela barrunta una suerte de berridos dialectales y arm\u00f3nicos para dar cuenta de relaciones no por intensas menos desastrosas, no por tristes ajenas al flujo de una conciencia, la de Ferdinand, llena de subterfugios y deslealtades y miedos que se traducen en un deshilachado tejido de pulsiones incompetentes: las mujeres pueden ser todo lo astutas o esquivas que se quiera, pero el\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0ficticio de C\u00e9line es un ser casi monstruoso de tan desangelado en el amor.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed otro logro mayor de la historia: su visi\u00f3n de un mundo sin altruismos indemostrables deja ver un alt\u00edsimo grado de humanidad en quien describe, con una distancia parad\u00f3jicamente entra\u00f1able, a los ej\u00e9rcitos cansados, purulentos, grises, totalmente ajenos a convicciones o demacrados nacionalismos. Todo ello se construye en la novela a partir de una mirada honesta,\u00a0<i>una mirada moral<\/i>, que desnuda las patra\u00f1as sin sentido y las mentiras que, por amor a la patria, sacuden y confis\u00adcan las conciencias. Quiz\u00e1 no pod\u00eda ser de otro modo. La vida del autor qued\u00f3 casi perfectamente enmarcada en las guerras mundiales del siglo pa\u00adsado, en el horror europeo de esos tiempos a los que C\u00e9line precedi\u00f3 en veinte a\u00f1os y sobrevivi\u00f3 diecis\u00e9is. Que s\u00f3lo en la primera se haya visto involucrado directamente no soslaya la pulverizaci\u00f3n de la integridad moral que retrata en su obra como anticipaci\u00f3n de la que vivir\u00eda Europa durante el segundo conflicto. Y es mucho m\u00e1s justo con un escritor que ha configurado tal monumento a la deleznabilidad humana juzgarlo por la verdad de su prosa que por la fr\u00e1gil integridad de su vida personal.<\/p>\n<p align=\"CENTER\">\n<p align=\"CENTER\"><b>3<\/b><\/p>\n<p>El prestigiado Premio Goncourt de 1932, a\u00f1o de publicaci\u00f3n de la\u00a0<i>opera prima<\/i>\u00a0de C\u00e9line, le fue escamoteado cuando, se sab\u00eda, era el trabajo con mejores posibilidades de obtenerlo, decisi\u00f3n que s\u00f3lo provoc\u00f3 que la novela se convirtiera en\u00a0<i>bestseller<\/i>\u00a0acaso por morbo natural, tal vez por justicia po\u00e9tica. Con o sin una caterva envidiable de lectores, por el\u00a0<i>Viaje al fin de la noche<\/i>\u00a0desfilan personajes desastrados pero vivos, menos desesperados que conscientes de que la vida es el desamparo supremo y que ese \u201cgran moco en zigzag de un puente a otro\u201d que es el Sena (la orina de Gargant\u00faa, seg\u00fan Rabelais) entra\u00f1a la revelaci\u00f3n l\u00edquida de una vida que no para de fluir, donde las innumerables fuller\u00edas y el amor inolvidable conviven en el recuerdo como las algas con los peces en el mar del tiempo perdido. En un episodio central del libro, y luego de que la decepci\u00f3n y abandono de Molly, la bailarina estadunidense a quien la historia va dedicada, incline a Bardamu-C\u00e9line a concluir que \u201ctal vez sea eso lo que busquemos a lo largo de la vida, nada m\u00e1s que eso, la mayor pena posible para llegar a ser uno mismo antes de morir\u201d, tanto dolor y tanta verdad invertidos en el viaje lo llevan a concluir, a contrapelo del des\u00e1nimo: \u201cSigo am\u00e1ndola y siempre la amar\u00e9 a mi modo, puede venir aqu\u00ed, cuando quiera compartir mi pan y mi furtivo destino. Si ya no es bella, \u00a1mala suerte! \u00a1Nos arreglaremos! He guardado tanta belleza de ella en m\u00ed, tan viva, tan c\u00e1lida, que a\u00fan me queda para los dos y para por lo menos veinte a\u00f1os a\u00fan, el tiempo de llegar al fin.\u201d As\u00ed como el juicio se equivoca cuando confundimos las veleidades del creador con la autonom\u00eda espiritual de su creaci\u00f3n, es indudable que de esos retazos y atisbos a una verdad personal de que hace gala el personaje se deriva, en buena medida, la naturaleza despiadadamente real de algunas obras que surgieron a la sombra de C\u00e9line, la de Henry Miller, por ejemplo, que s\u00f3lo public\u00f3 sus\u00a0<i>Tr\u00f3picos<\/i>\u00a0luego de leer al autor franc\u00e9s y descubrir en su novela el apego a la imagen cruda, pero asimismo delicada en su visceralidad, que abunda en las historias del novelista estaunidense.<\/p>\n<p>Porque a la sombra de toda descarada impudicia, de toda voluntad de arrojarse al fondo de la noche, si ambos arrebatos son verdaderos, subyace un hombre que huye de s\u00ed mismo, de todo<br \/>\nlo que lo rodea, del amor de Molly, que nada tiene que ver con la mujer de Bloom en el\u00a0<i>Ulises<\/i>\u00a0pero s\u00ed con los poderes de la humillaci\u00f3n de quien se cree al tanto de la bajeza moral del tipo a quien am\u00f3 y por ello es capaz de ofrecerle cincuenta d\u00f3lares para que la deje en paz. Y Ferdinand, saltando de una cuerda a otra como en un concierto contrapunt\u00edstico, reacciona con el escandaloso humor que se reserva para las situaciones l\u00edmite: \u201cPrimero la mir\u00e9. No me atrev\u00eda. Pensaba en lo que habr\u00eda dicho mi madre en un caso as\u00ed. Y despu\u00e9s pens\u00e9 que mi madre, la pobre, nunca me hab\u00eda ofrecido tanto.\u201d<\/p>\n<p>Prosa fulgurante, desorbitada, llena de man\u00edas estil\u00edsticas \u2013una de ellas: empujar los sujetos hacia el final de la oraci\u00f3n, como recuperando un recurso sint\u00e1ctico del lat\u00edn\u2013, llena de c\u00f3modos circunloquios, espont\u00e1nea y s\u00f3lida como una inteligencia en peligro, haci\u00e9ndose eco de la pedante supercher\u00eda de un personaje de Kundera (\u201clos callejones sin salida son mi mejor fuente de inspiraci\u00f3n\u201d), la escritura de C\u00e9line es protag\u00f3nica de la novela casi tanto o m\u00e1s que el propio Ferdinand, fundi\u00e9ndose una en otro en un pacto amoroso, delirante, que hace de\u00a0<i>Viaje al fin de la noche<\/i>\u00a0una traves\u00eda de 600 p\u00e1ginas que se deja recorrer como si se tratara de un breve poema que escupe, y esculpe, una imagen moral de la humanidad.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La prosa incesante de Louis-Ferdinand C\u00e9line Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez Este art\u00edculo propone la lectura atenta de una novela dif\u00edcil tanto en su tema como en su escritura: &#8216;Viaje al fin de la noche (1932)&#8217;, del novelista franc\u00e9s Louis-Ferdinand C\u00e9line (1894-1961), cuya vida fue marcada por las dos guerras mundiales, sobre todo la primera, la cual [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":33136,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-33135","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33135","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=33135"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33135\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33137,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33135\/revisions\/33137"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/33136"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=33135"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=33135"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=33135"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}