{"id":33469,"date":"2023-08-21T11:27:59","date_gmt":"2023-08-21T17:27:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33469"},"modified":"2023-08-21T11:27:59","modified_gmt":"2023-08-21T17:27:59","slug":"imposible-no-identificar-a-tongolele-la-del-mechon-blanco-con-el-cine-y-el-espectaculo-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33469","title":{"rendered":"Imposible no identificar a \u2018Tongolele\u2019, la del mech\u00f3n blanco, con el cine y el espect\u00e1culo en M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Tongolele toma la carpa<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jorge Boccanera<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Es casi imposible no identificar a Olga Yolanda Mart\u00ednez (Washington, 1933), \u2018Tongolele\u2019, \u201cla del bikini de piel de tigre\u201d, la del mech\u00f3n blanco, \u201cel hurac\u00e1n tahitiano\u201d, \u201cla diosa pantera\u201d, con el cine y el espect\u00e1culo en M\u00e9xico en la segunda mitad del siglo pasado. Aqu\u00ed se recuerda con afecto una entrevista realizada en M\u00e9xico para el \u2018Magazin Cultural\u2019, (ca. 1990).<\/p>\n<p>La voz estridente del hombre que reparte volantes a los transe\u00fantes que pasan por la puerta de la Carpa Geod\u00e9sica dice: \u201c\u00a1Tropical\u00edsimo\u00a0<i>show<\/i>\u00a0de Tongolele acompa\u00f1ada por Joaqu\u00edn, el mago del tambor, la voz vers\u00e1til de Jacqueline France y la comicidad de Olga Yolanda Mart\u00ednez. Este boleto es gratis en la compra de otro! \u00bfVa a entrar? \u00bfQu\u00e9 espera?\u201d<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">En la carpa, la escenograf\u00eda se reduce a un tel\u00f3n de fondo con pinturas de guacamayas y palmeras gigantes. La brisa produce en la tela lentas ondulaciones y las serpientes se retuercen en las ramas pintadas. El p\u00fablico reclama a su estrella golpeando las palmas, las luces barren la pista. Joaqu\u00edn, compa\u00f1ero de vida de Tongolele, se vuelca sobre el parche, escarba con el tableteo de sus manos para a arrancarle monos\u00edlabos a la voz cavernosa del tambor. Ahora el sonido se diluye porque Joaqu\u00edn recita un poema de El\u00edas Nandino dedicado al instrumento. El volumen regresa con los primeros acordes de \u201cMoliendo caf\u00e9\u201d, que como si fuera un himno anuncia la aparici\u00f3n de la estrella central, la mujer que pareciera que nunca camin\u00f3 en la vida, que no hizo otra cosa que bailar. Entonces el p\u00fablico estalla en aplausos y gritos, y\u00a0<i>Tongolele<\/i>\u00a0toma<br \/>\nla carpa.<\/p>\n<p align=\"left\">II<\/p>\n<p align=\"left\">Record\u00e9 esa escena de\u00a01990 en estos d\u00edas mientras acomodaba cartas que conservo de gente amiga, y me top\u00e9 con la letra di\u00e1fana y minuciosa de Yolanda Montes,\u00a0<i>Tongolele<\/i>. Me agradec\u00eda una entrevista que le hab\u00eda hecho por ese tiempo para el<i>\u00a0Magazin Cultural<\/i>\u00a0del diario\u00a0<i>El Espectador\u00a0<\/i>de Colombia, entre la cr\u00f3nica y la historia de vida en su casa de la calle Amatl\u00e1n. Unos a\u00f1os atr\u00e1s yo hab\u00eda integrado la legi\u00f3n de exiliados pol\u00edticos que encontraron albergue en M\u00e9xico.<\/p>\n<p align=\"left\">En esas cartas contaba que estaba escribiendo su autobiograf\u00eda. \u201cEs un libro dedicado a mi carrera\u201d, dec\u00eda y se quejaba de estar avanzando muy lentamente: \u201cLlevamos como dos meses y a\u00fan estamos por los a\u00f1os \u201954 y \u201956\u201d. En otras p\u00e1ginas compart\u00eda su orgullo por un homenaje en el Palacio de Bellas Artes: \u201cser\u00e9 la primera bailarina \u2018non cl\u00e1sica\u2019 en recibir tal tributo\u201d; agregaba que le estaban filmando un documental para la televisi\u00f3n y que hab\u00eda participado en un concierto en Miami junto a Celia Cruz para una campa\u00f1a contra el sida. Deb\u00eda decidirse \u2013dec\u00eda\u2013 por algunos proyectos en puerta, como protagonizar una telenovela y dedicarse a ense\u00f1ar baile; justo ella, que nunca hab\u00eda recibido clases y que bailaba \u201cpor instinto\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">III<\/p>\n<p align=\"left\">A Yolanda la\u00a0hab\u00eda visto bailar por vez primera en 1979 en el King Kong, m\u00edtico cabaret de Ciudad de M\u00e9xico. Verla fue constatar palabras de Alberto Dallal en su libro\u00a0<i>La mujer en la danza<\/i>: \u201cun lunar-mech\u00f3n blanco en su cabeza de leona, gata montesa\u201d y unos ojos \u201centre verdes y azul, vetas de oro\u201d. Tambi\u00e9n Margo Su en\u00a0<i>Alta frivolidad\u00a0<\/i>la retrata: \u201cUna cascada de pelo negr\u00edsimo enmarca los p\u00f3mulos pronunciados, y la boca carnosa, sensual, sin sonrisa.\u201d A\u00f1ade que una ma\u00f1ana las paredes de la ciudad se vieron tapizadas por afiches que taparon los de lucha libre, teatro, boxeo y toros anunciando un nombre que sonaba divertido, \u201cTongolele\u201d. La bailarina, publicitada en los carteles con frases altisonantes \u2013\u201ccuerpo de diosa y cara de \u00e1ngel\u201d\u2013, pronto tendr\u00eda al p\u00fablico subido en las mesas, api\u00f1ados para ver \u201cla del bikini de piel de tigre\u201d, el mech\u00f3n blanco, \u201cel hurac\u00e1n tahitiano\u201d, la ex\u00f3tica, \u201cla diosa pantera\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">A esa leyenda est\u00e1bamos aguardando algunos amigos en el King Kong, ese baile \u201csagrado\u201d, enlace de cuerpo, alma y esp\u00edritu que seg\u00fan los entendidos en los or\u00edgenes de la danza del vientre se remonta a la \u00e9poca de los faraones. La bailarina, la diosa de la fertilidad dibujando un temblor, esa vibraci\u00f3n que Flaubert llam\u00f3 \u201cde la abeja\u201d y que en el cuerpo de la sacerdotisa siempre nos revela un secreto.<\/p>\n<p align=\"left\">Promediando los a\u00f1os ochenta regres\u00e9 a Argentina, pero en un viaje a M\u00e9xico en 1990 me enter\u00e9 que<i>\u00a0Tongolele<\/i>\u00a0iba a presentar su espect\u00e1culo en la Carpa Geod\u00e9sica y no dud\u00e9 en ir a verla y proponerle una entrevista, \u00e9sa que saldr\u00eda luego en el\u00a0<i>Magaz\u00edn Cultural<\/i>\u00a0que dirig\u00eda el poeta colombiano Juan Manuel Roca y que se replic\u00f3 en dos libros de historias de vida,\u00a0<i>Malas compa\u00f1\u00edas\u00a0<\/i>y\u00a0<i>\u00c1ngeles trotamundos<\/i>. Le debo a M\u00e9xico haberme iniciado como periodista, espoleado por la curiosidad y el fisgoneo que, como ese \u201ccazador furtivo\u201d \u2013al decir del escritor polaco Ryszard Kapuscinski\u2013, busca trazar sus retratos hablados en la diversidad de quienes encarnan con pasi\u00f3n un destino, una vocaci\u00f3n,<br \/>\nun rumbo. Sea\u00a0<i>Tongolele<\/i>\u00a0o Gregorio Fuentes (capit\u00e1n del barco de Hemingway), el bolerista C\u00e9sar Portillo de la Luz o el escritor Jos\u00e9 Le\u00f3n S\u00e1nchez (autor de la novela\u00a0<i>La isla de los hombres solos<\/i>), sea Nora Corti\u00f1as (una de las l\u00edderes de Madre de Plaza de Mayo) o el poeta Luis Cardoza y Arag\u00f3n, entre los muchos personajes que entrevist\u00e9.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">IV<\/p>\n<p align=\"left\">Transcribo aqu\u00ed\u00a0breves fragmentos de aquella extensa entrevista:<\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEl nombre surgi\u00f3 de la idea de unos compa\u00f1eros, escribimos en unos papeles palabras tahitianas y africanas, las juntamos al azar y salieron cosas muy chistosas, finalmente eligieron \u2018Tongolele\u2019. Imag\u00ednese, llegu\u00e9 a cumplir diecis\u00e9is a\u00f1os en M\u00e9xico; poco antes hab\u00eda debutado en Hollywood en una revista tahitiana; el cantante cubano Miguelito Vald\u00e9s, famoso por su tema \u2018Babal\u00fa\u2019, me contrat\u00f3 como pareja de rumba. Luego un empresario, hermano del productor de pel\u00edculas de Cantinflas, me convenci\u00f3 de que mi n\u00famero iba a causar sensaci\u00f3n en M\u00e9xico. Debut\u00e9 en el Iris que ahora se llama Fru-Fru. Yo pod\u00eda trabajar en el Club Verde, pero tambi\u00e9n en el Patio.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">\u201dNac\u00ed en Washington y a los siete a\u00f1os me llevaron a California. Mi padre era piloto de avi\u00f3n, adem\u00e1s le gustaba cazar y colgaba algunas pieles de animales en el s\u00f3tano de la casa. Yo bajaba a ese lugar con mis zapatitos de ballet y me sent\u00eda transportada. En aquel s\u00f3tano entraba un rayo de sol que era como un\u00a0<i>spot<\/i>, me gustaba bailar bajo esa luz. Mi padre era de origen sueco espa\u00f1ol y mi madre francesa antillana; mi abuela era tahitiana y yo de peque\u00f1a ve\u00eda todas las pel\u00edculas de tipo polinesio. Nunca tom\u00e9 clases de nada, soy autodidacta, cuando observaba un baile iba pronto a practicarlo a mi casa. A m\u00ed me llaman los tambores.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201dMire, mi personalidad se form\u00f3 en el temor por la censura. Yo no ten\u00eda representante ni hablaba espa\u00f1ol, nadie quer\u00eda decir que era gringa porque no\u00a0era bien visto. No ten\u00eda documentos y burdamente hab\u00eda falsificado una copia del certificado de nacimiento. Entr\u00e9 a M\u00e9xico siendo menor de\u00a0edad y cada a\u00f1o me quer\u00edan echar; yo pensaba que si aparec\u00eda en el escenario ri\u00e9ndome y mene\u00e1ndome iban a pensar lo peor, quiz\u00e1 por eso alguien dijo que yo era la cadera sonriente y la cara seria.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201dYo no soy vedette, soy una bailarina que ha hecho cine y teatro. La vedette de hoy est\u00e1 muy mal. Vedette era Rosita Furnet; ahora cualquiera que tenga un buen cuerpo, ense\u00f1e un poquito, se ponga plumas y lentejuelas, aunque no baile ni cante, ya es artista. Prefiero que digan que soy bailarina. Hoy muchas utilizan formas artificiales para crear su cuerpo. Cuando vine a M\u00e9xico me gustaba mucho Mar\u00eda Antonieta Pons, inici\u00f3 la era de las rumberas.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201dNo acept\u00e9 nunca joyas o dinero. En Brasil alguien me envi\u00f3 un tigre de regalo, y en Caracas encontr\u00e9 en el camerino un ramo de \u00a1trescientas orqu\u00eddeas! Soy muy espiritual, tengo una especie de sexto sentido, cosas que hered\u00e9 de mi familia, los tahitianos; pensaba mucho en algo y suced\u00eda. No soy religiosa en el sentido de ir a la iglesia, pero creo en un ser m\u00e1s all\u00e1, un divino poder.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201d\u00bfVanidad? Creo que uno debe tenerla aunque no sobreestimarse, la fama puede acabar en cualquier momento. Yo sigo mi vida, nunca puse mucho caso en la fama. F\u00edjese que entre mi p\u00fablico estaban Anthony Quinn, Feredrich March, Donald O\u2019Connor, Sam Goldwyn Mayer; iba a los toros con John Wayne, hac\u00eda pel\u00edculas con Boris Karloff. Me ofrecieron contratos en Estados Unidos. Hab\u00eda que tomar clases de todo y no hablar de mis hijos, se iba a invertir mucho dinero, quiero decir que te tienen que subir y te absorben. No quise ir y a veces mis hijos me reclamaron; \u2018\u00a1ser\u00edas una gran estrella!\u2019, dicen; les contesto que estar\u00eda muerta como Marilyn Monroe.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Coda<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">A Yolanda Montes\u00a0volv\u00ed a verla personalmente en 2006. Enterada de la presentaci\u00f3n de un libro m\u00edo, tuvo la gentileza de llegar a saludarme a La Casa del Poeta en la Colonia Roma (\u00bfalguien escuch\u00f3 esa tarde un suspiro de L\u00f3pez Velarde tras la puerta?). Radiante como siempre, dio una r\u00fabrica inesperada a esa actividad literaria. Con su trato afable, su belleza sobria, su sencillez, su cordialidad hablando con uno y con otro, la\u00a0<i>Tongolele<\/i>\u00a0que gustaba de la rumba abierta y de improvisar como los gitanos, aquella que dibujaba un gui\u00f1o con todo el cuerpo, la de la cadera sonriente y la cara seria, nos acompa\u00f1\u00f3. La mujer que escribi\u00f3 con la punta del pie en numerosos escenarios internacionales, la historia de una ni\u00f1a que comenz\u00f3 bailando en el s\u00f3tano de su casa y casi sin querer invent\u00f3 un estilo, un temblor.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tongolele toma la carpa Jorge Boccanera Es casi imposible no identificar a Olga Yolanda Mart\u00ednez (Washington, 1933), \u2018Tongolele\u2019, \u201cla del bikini de piel de tigre\u201d, la del mech\u00f3n blanco, \u201cel hurac\u00e1n tahitiano\u201d, \u201cla diosa pantera\u201d, con el cine y el espect\u00e1culo en M\u00e9xico en la segunda mitad del siglo pasado. 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