{"id":33617,"date":"2023-09-01T12:21:48","date_gmt":"2023-09-01T18:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33617"},"modified":"2023-09-01T12:21:48","modified_gmt":"2023-09-01T18:21:48","slug":"el-verdadero-rol-de-estados-unidos-en-el-golpe-de-1973","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=33617","title":{"rendered":"El verdadero rol de Estados Unidos en el golpe de 1973"},"content":{"rendered":"<h2 id=\"article-title-tts\" class=\"title title-default\">El verdadero rol de Estados Unidos en el golpe de 1973<\/h2>\n<div class=\"article-info\"><a class=\"author\" href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/author\/peter-kornbluh.html\">Peter Kornbluh<\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-content-images\" class=\"content-items-media\">\n<div id=\"image-gallery-carousel\" class=\"carousel carousel-front image-gallery slide\" data-ride=\"carousel\" data-interval=\"false\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"carousel-caption-item-ga\">\n<p>El dictador chileno Augusto Pinochet y Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"image-gallery-carousel-thumbs\" class=\"carousel-thumbs image-gallery-thumbs\"><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"article-row\">\n<div class=\"article-main\">\n<div class=\"\">\n<div id=\"article-content-tts\" class=\"article-content ljn-nota-contenido\">\n<div id=\"content_nitf\">\n<div class=\"teads-inread\">\n<div id=\"teads0\" class=\"teads-player\"><em>Kornbluh es director del Proyecto sobre Chile del National Security Archive. Publicado en<\/em>\u00a0La Jornada\u00a0<em>con autorizaci\u00f3n de la editorial y el autor.<\/em><\/div>\n<\/div>\n<p><em>En unos d\u00edas, chilenos junto con otras personas alrededor del mundo conmemoran el 50 aniversario del golpe de Estado en Chile. El 11 de septiembre sigue siendo una fecha divisiva en Chile donde un feroz y dif\u00edcil debate sobre las causas y consecuencias del golpe pervive, con la derecha enfocada en culpar al gobierno de Salvador Allende por todo lo ocurrido y negando cualquier papel de Estados Unidos. Este extracto del libro del libro<\/em>\u00a0Pinochet desclasificado<em>, del historiador Peter Kornbluh, se centra en lo que Estados Unidos supo, y en lo que hizo y no hizo cuando se acercaba el 11 de septiembre.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>LA CUENTA REGRESIVA PARA EL GOLPE<\/h2>\n<p>Al d\u00eda siguiente de que los militares se hicieran con el poder por medio de la violencia, se reunieron los miembros del Departamento de Estado con el objetivo de discutir las pautas que deb\u00eda seguir Henry Kissinger a la hora de responder ante la prensa acerca del \u00abgrado de conocimiento previo que ten\u00edamos sobre el golpe\u00bb. Jack Kubisch, vicesecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, se\u00f1al\u00f3 que cierto militar chileno \u2014que result\u00f3 ser nada menos que el mism\u00edsimo Pinochet\u2014 hab\u00eda comunicado a la embajada que los conspiradores hab\u00edan ocultado a quienes los respaldaban en Estados Unidos la fecha exacta en la que actuar\u00edan contra Allende. Con todo, Kubisch declar\u00f3 que no ten\u00eda claro \u00absi el Dr. Kissinger deber\u00eda usar esta informaci\u00f3n, dado que pondr\u00eda de relieve lo estrecho de nuestros contactos con los cabecillas del golpe\u00bb.<\/p>\n<p>Durante los meses que antecedieron al golpe de Estado, la CIA y el Pent\u00e1gono mantuvieron una amplia relaci\u00f3n con los conspiradores chilenos gracias a la actuaci\u00f3n de varios agentes e informantes, de tal modo que supieron la fecha exacta en que se har\u00edan con el poder los militares con al menos tres d\u00edas de antelaci\u00f3n. Las comunicaciones proced\u00edan de algunas operaciones secretas en busca de candidatos del Ej\u00e9rcito a las que hab\u00edan vuelto a recurrir tras las elecciones al Congreso chileno de marzo de 1973. Los p\u00e9simos resultados de los comicios llevaron a muchos integrantes de la CIA a convencerse de que las acciones pol\u00edticas y propagand\u00edsticas no hab\u00edan dado los frutos deseados y de que la soluci\u00f3n definitiva para el problema de la Unidad Popular se hallaba, seg\u00fan suger\u00edan los documentos de la Agencia, en manos del estamento militar de Chile.<\/p>\n<div class=\"teads-inread\">\n<div id=\"teads1\" class=\"teads-player\">Hasta los primeros dos meses de 1973, las operaciones pol\u00edticas y la propaganda generada por <em>El Mercurio<\/em>\u00a0y otros medios financiados por la CIA se centraron en una campa\u00f1a activa de oposici\u00f3n destinada a ganar de forma incontestable las elecciones al Congreso del 4 de marzo, a las que se hab\u00edan presentado para la reelecci\u00f3n todos los representantes chilenos y la mitad de los senadores. El objetivo de la CIA consist\u00eda, cuando m\u00e1s, en lograr una mayor\u00eda de dos tercios para la oposici\u00f3n para poder as\u00ed? someter a Allende a un proceso de destituci\u00f3n y, cuando menos, en impedir que la Unidad Popular obtuviese una clara mayor\u00eda de los sufragios. De los 3.600.000 votos escrutados, el 56 por ciento correspondi\u00f3? a la oposici\u00f3n, en tanto que los candidatos de la Unidad Popular se hicieron con el 43 por ciento, lo que les supuso la obtenci\u00f3n de dos esca\u00f1os en el Senado y seis en el Congreso. \u00abLas acciones emprendidas por la CIA con respecto a las elecciones de 1973 han contribuido a hacer m\u00e1s lento el avance de Chile hacia el socialismo\u00bb, declaraba un documento titulado: \u00abInforme acerca de las elecciones chilenas\u00bb escrito en la oficina central de Langley.<\/div>\n<\/div>\n<p>La realidad, sin embargo, era bien diferente, tal como entendieron tanto la oficina central de la CIA como su puesto de operaciones en Santiago. De hecho, en la primera prueba nacional a la que se vio enfrentada la popularidad del partido de Allende desde su llegada al gobierno, su administraci\u00f3n no hab\u00eda hecho sino incrementar su poder electoral, pese a la actividad pol\u00edtica de la CIA, la ambiciosa campa\u00f1a propagand\u00edstica secreta emprendida en su contra y el plan de desestabilizaci\u00f3n socioecon\u00f3mica dirigido por Estados Unidos. \u00abEl programa de la UP sigue resultando atractivo a buena parte del electorado chileno\u00bb, lamentaba en un cablegrama el puesto santiaguino. La Agencia, por lo tanto, se vio obligada a reconsiderar toda su estrategia clandestina en Chile. \u00abLas opciones futuras\u00bb, cablegrafi\u00f3 la oficina central el 6 de marzo, \u00abse est\u00e1n revisando a la luz de unos resultados electorales decepcionantes que permitir\u00e1n a Allende y a la UP aplicar sus programas con mayor vigor y entusiasmo\u00bb.<\/p>\n<p>El centro de operaciones en Santiago, a la saz\u00f3n al mando de un nuevo director, Ray Warren, adopt\u00f3 una posici\u00f3n firme acerca de cu\u00e1les de estas \u00abopciones futuras\u00bb ser\u00edan necesarias. En un examen retrospectivo de las elecciones al Congreso llevado a cabo el 14 de marzo, el puesto santiaguino expuso una serie de planes concebidos para centrarse a\u00fan m\u00e1s en el programa militar.<\/p>\n<p>Pensamos que, en un futuro pr\u00f3ximo, la base en Santiago deber\u00eda hacer hincapi\u00e9 en las actividades [clandestinas] destinadas a ampliar los contactos, la informaci\u00f3n y la capacidad de que disponemos con el fin de suscitar una de las siguientes situaciones:<\/p>\n<p>a) Un consenso entre los dirigentes de las Fuerzas Armadas (tanto si permanecen en el Gob. como si no) acerca de la necesidad de sublevarse contra el r\u00e9gimen. La base en Santiago opina que deber\u00edamos tratar de inducir al mayor n\u00famero posible de militares, si no a todos, a hacerse con el poder y desbancar al Gob. de Allende. (\u2026)<\/p>\n<p>b) Una relaci\u00f3n segura y estrecha del puesto de operaciones en Santiago con un grupo serio de militares golpistas. En caso de que nuestra nueva evaluaci\u00f3n de los grupos existentes en las Fuerzas Armadas indique que quienes albergan planes de una conspiraci\u00f3n tienen intenciones serias y la capacidad necesaria para llevarla a cabo, el puesto desear\u00eda establecer un canal \u00fanico seguro con sus integrantes que permitiese el di\u00e1logo, y, una vez reunidos los datos b\u00e1sicos sobre su capacidad colectiva, buscar la autorizaci\u00f3n de la oficina central para asumir una funci\u00f3n [tachado] m\u00e1s amplia.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, la base santiaguina de la CIA reafirmaba tambi\u00e9n la necesidad de volver a concentrarse en la creaci\u00f3n de un clima propicio al golpe de Estado, eterno objetivo del gobierno estadounidense.<\/p>\n<p>Mientras el puesto en Santiago espera conferir a nuestro programa [militar] un \u00edmpetu adicional (\u2026) [o]tros centros de poder pol\u00edtico (partidos, empresas, medios de comunicaci\u00f3n\u2026) desempe\u00f1ar\u00e1n un papel esencial a la hora de crear la atm\u00f3sfera pol\u00edtica que nos permitir\u00e1 alcanzar los objetivos a o b antes expuestos. Teniendo en cuenta los resultados electorales, el puesto opina que es imprescindible reavivar el clima de malestar pol\u00edtico y dar pie a una crisis controlada para lograr que los militares consideren seriamente la posibilidad de una intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n en extremo combativa y entusiasta del centro de operaciones en Santiago, que influy\u00f3 sin duda en su actuaci\u00f3n en Chile, recibi\u00f3? el apoyo del sector duro de la Divisi\u00f3n del Hemisferio Occidental, partidario de un enfoque m\u00e1s decidido y violento que, obviamente, no ten\u00eda entre sus objetivos el de \u00absalvar la democracia\u00bb chilena. El 17 de abril, cierto grupo de agentes de la CIA envi\u00f3 un memorando a Shackley, director de la Divisi\u00f3n del Hemisferio Occidental, en torno a los \u00abobjetivos de la pol\u00edtica respecto de Chile\u00bb, un desaf\u00edo escueto y sin ambages dirigido desde el interior a la estrategia favorable a las operaciones pol\u00edticas en el que se solicitaba acabar con el respaldo secreto a los principales partidos de oposici\u00f3n. Tal apoyo, en su opini\u00f3n, hac\u00eda que estos creyesen err\u00f3neamente que podr\u00edan sobrevivir hasta los comicios de 1976. Adem\u00e1s, si la CIA ayudaba a la oposici\u00f3n democristiana a ganar en esta fecha, la suya no ser\u00eda m\u00e1s que una victoria \u00abp\u00edrrica\u00bb, ya que el PDC adoptar\u00eda \u00abpol\u00edticas colectivistas\u00bb de izquierda.<\/p>\n<p><em>10 de septiembre de 1973. Cable urgente de la CIA que proporciona informaci\u00f3n concreta sobre lo que ocurrir\u00eda en Chile al d\u00eda siguiente.<\/em><\/p>\n<p>En lugar de eso, la Agencia deb\u00eda tratar directamente \u00abde desarrollar las condiciones que pudiesen desembocar en una acci\u00f3n militar\u00bb. Esto implicaba brindar \u00abrespaldo a gran escala\u00bb a los grupos terroristas chilenos, como Patria y Libertad o los \u00abelementos militantes del Partido Nacional\u00bb, durante un per\u00edodo determinado (entre seis y nueve meses), \u00abdurante el cual se har\u00eda cualquier esfuerzo necesario para promover el caos econ\u00f3mico, agravar las tensiones pol\u00edticas y dar pie a un clima de desesperaci\u00f3n en el que tanto el PDC como el p\u00fablico en general acaben por desear una intervenci\u00f3n militar. Lo ideal ser\u00eda que con esto se indujese a los militares a tomar el gobierno por entero\u00bb.<\/p>\n<p>No obstante, la postura que compart\u00edan la base santiaguina y el sector duro de Langley no coincid\u00eda con la del Departamento de Estado ni con la de los altos cargos de la CIA que tem\u00edan las consecuencias de una acci\u00f3n militar precipitada y cre\u00edan en la necesidad de actuar con prudencia, dada la investigaci\u00f3n que estaba efectuando el Comit\u00e9 del Congreso en torno a la ITT y las operaciones encubiertas que se hab\u00edan puesto en marcha en Chile. Exist\u00edan desacuerdos en algunas cuestiones fundamentales y estrat\u00e9gicas:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfPod\u00eda contarse con que los militares chilenos se rebelasen contra Allende?<\/li>\n<li>\u00bfEra prudente que la CIA alentara manifestaciones violentas a trav\u00e9s de la financiaci\u00f3n secreta de grupos militantes sin saber con seguridad que los militares no actuar\u00edan para reprimir a los manifestantes?<\/li>\n<li>Habida cuenta de la investigaci\u00f3n que hab\u00eda emprendido el Congreso con respecto a la actuaci\u00f3n de la CIA en Chile, \u00bferan mayores los riesgos de ser descubiertos que las posibles ganancias que reportar\u00eda el trabajar directamente con los militantes del sector privado y los militares chilenos a fin de patrocinar un golpe de Estado?<\/li>\n<\/ul>\n<p>Estos puntos fueron objeto constante de discusi\u00f3n, por cuanto, dentro de la Agencia, el proceso de elaboraci\u00f3n de las propuestas y el presupuesto destinado a las operaciones encubiertas para el a\u00f1o fiscal 1974 se convirtieron en motivo de un importante debate interno \u2014mantenido en secreto durante veintisiete a\u00f1os\u2014 acerca de los matices estrat\u00e9gicos de la intervenci\u00f3n estadounidense en Chile.<\/p>\n<p>El Departamento de Estado se opuso, guiado por el nuevo vicesecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Jack Kubisch, al deseo expresado por el puesto de operaciones en Santiago de fomentar un golpe de Estado mediante el respaldo directo a los militares chilenos o la colaboraci\u00f3n con grupos extremistas del sector privado. Al igual que el embajador Nathaniel Davis, quien sustituy\u00f3 a Edward Korry a mediados de 1971, Kubisch prefer\u00eda centrar las operaciones secretas en la victoria de la oposici\u00f3n en las elecciones de 1976. Por otra parte, algunos funcionarios de la oficina central de la CIA, como el antiguo director del destacamento especial para Chile, David Atlee Phillips \u2014quien en junio volver\u00eda a actuar en Chile en calidad de director de la Divisi\u00f3n del Hemisferio Occidental\u2014, ten\u00edan bien presente el estrepitoso fracaso de la operaci\u00f3n Schneider y no pudieron menos de mostrar su escepticismo ante la idea de que los militares chilenos pudiesen ejecutar un golpe de Estado. Los cablegramas enviados a Santiago desde la oficina central dan fe de sus dudas acerca de que los militares chilenos fuesen a mostrarse m\u00e1s dispuestos a actuar contra el gobierno que contra los manifestantes y los huelguistas a quienes pretend\u00eda prestar su respaldo el puesto de operaciones de la capital chilena. Un cablegrama enviado desde Langley el 6 de marzo advert\u00eda de la necesidad de evitar fomentar \u00abprotestas a gran escala, como, por ejemplo, una huelga (\u2026), as\u00ed? como cualquier otra actividad capaz de provocar una reacci\u00f3n militar contra la oposici\u00f3n\u00bb. En una propuesta presupuestaria del 31 de marzo de 1973, \u00abOpciones de intervenci\u00f3n secreta en Chile para el a\u00f1o fiscal de 1974\u00bb, la oficina central argumentaba:<\/p>\n<p>Si bien hemos de dejar abiertas todas las opciones, incluido un posible golpe de Estado en el futuro, debemos reconocer que es poco probable que se materialicen los ingredientes necesarios para que este se d\u00e9, con independencia de la cantidad de dinero invertida. En consecuencia, deber\u00edamos evitar animar al sector privado a emprender acciones que puedan dar lugar bien a un golpe de Estado fallido, bien a una sangrienta guerra civil. Ser\u00eda recomendable que dej\u00e1semos claro que no respaldaremos ning\u00fan intento de golpe de Estado a no ser que se haga evidente que contar\u00e1 con el apoyo de la mayor parte de las Fuerzas Armadas y de los partidos democr\u00e1ticos de oposici\u00f3n chilenos, incluido el PDC.<\/p>\n<p>Si bien hemos de dejar abiertas todas las opciones, incluido un posible golpe de Estado en el futuro, debemos reconocer que es poco probable que se materialicen los ingredientes necesarios para que este se d\u00e9, con independencia de la cantidad de dinero invertida. En consecuencia, deber\u00edamos evitar animar al sector privado a emprender acciones que puedan dar lugar bien a un golpe de Estado fallido, bien a una sangrienta guerra civil. Ser\u00eda recomendable que dej\u00e1semos claro que no respaldaremos ning\u00fan intento de golpe de Estado a no ser que se haga evidente que contar\u00e1 con el apoyo de la mayor parte de las Fuerzas Armadas y de los partidos democr\u00e1ticos de oposici\u00f3n chilenos, incluido el PDC.<\/p>\n<p>El 1 de mayo lleg\u00f3 de Langley un cablegrama dirigido a Warren, director de la base en Santiago, con el siguiente texto: \u00abDeseamos posponer cualquier consideraci\u00f3n relativa a todo programa de acci\u00f3n dise\u00f1ado para estimular una intervenci\u00f3n militar hasta poseer indicios m\u00e1s definitivos de que los miembros del Ej\u00e9rcito est\u00e1n dispuestos a actuar y la oposici\u00f3n, incluido el PDC, lista para secundar un golpe de Estado\u00bb. En su respuesta, el director del puesto de operaciones solicit\u00f3 a la oficina central que aplazase su petici\u00f3n relativa a la financiaci\u00f3n del a\u00f1o fiscal de 1974 hasta que pudiese volver a redactarse la propuesta de modo que reflejara la realidad chilena de aquellos momentos. \u00abLas partes m\u00e1s militantes de la oposici\u00f3n\u00bb, incluidas algunas organizaciones respaldadas por la CIA, como\u00a0<em>El Mercurio<\/em>\u00a0o el Partido Nacional, se estaban movilizando, seg\u00fan la informaci\u00f3n ofrecida por la base santiaguina, para promover un golpe de Estado.<\/p>\n<p>Los planes elaborados por las fuerzas de oposici\u00f3n no se centran tanto en 1976 como en un futuro inmediato. Si queremos hacer que nuestra influencia sea lo m\u00e1s marcada posible y ofrecer a los opositores la ayuda que necesitan, deber\u00edamos seguir esta l\u00ednea de actuaci\u00f3n m\u00e1s que tratar de oponernos a ella y contrarrestarla intentando hacer que la oposici\u00f3n se centre en el objetivo distante y tenue de las elecciones de 1976. En resumen, creemos que la orientaci\u00f3n y el enfoque de nuestros esfuerzos operativos deber\u00edan basarse en la intervenci\u00f3n militar.<\/p>\n<p>El d\u00eda 10 de abril, la Divisi\u00f3n del Hemisferio Occidental se procur\u00f3 la aprobaci\u00f3n del director de la CIA, James Schlesinger, para realizar \u00abesfuerzos acelerados contra el objetivo militar\u00bb. Seg\u00fan un memorando remitido a Schlesinger con fecha del 7 de mayo por Theodore Shackley, director de la divisi\u00f3n, estas operaciones secretas estaban \u00abconcebidas para vigilar con mayor precisi\u00f3n cualquier conspiraci\u00f3n encaminada a dar un golpe de Estado e influir en los comandantes del Ej\u00e9rcito de mayor importancia con el fin de que desempe\u00f1en un papel decisivo al lado de las fuerzas golpistas cuando los militares chilenos decidan por s\u00ed mismos actuar en contra de Allende\u00bb. La oficina central autoriz\u00f3 al puesto santiaguino para \u00abavanzar hacia el objetivo militar con la intenci\u00f3n de hallar fuentes adicionales\u00bb y prometi\u00f3? buscar financiaci\u00f3n para un programa militar ampliado cuando dispusiesen de \u00abindicios mucho m\u00e1s s\u00f3lidos de que el Ej\u00e9rcito est\u00e1 preparado para actuar y tiene posibilidades razonables de \u00e9xito\u00bb.<\/p>\n<p>El Alto Mando chileno demostr\u00f3 que tal situaci\u00f3n no se daba a\u00fan el 29 de junio, cuando varias unidades independientes del Ej\u00e9rcito de Chile se desplegaron con la intenci\u00f3n de tomar el palacio presidencial de La Moneda. En su \u00abInforme de situaci\u00f3n No 1\u00bb dirigido al presidente Nixon, Kissinger comunic\u00f3 que el Ej\u00e9rcito chileno hab\u00eda \u00abefectuado una intentona golpista contra el gobierno de Salvadore [sic] Allende\u00bb. Ese mismo d\u00eda, el secretario de Estado envi\u00f3 a Nixon otro memorando, \u00abFin del intento de rebeli\u00f3n en Chile\u00bb, en el que le hac\u00eda saber que \u00abla intentona no ha sido m\u00e1s que un conato aislado y falto de coordinaci\u00f3n\u00bb y que los mandos superiores de las tres ramas de las Fuerzas Armadas \u00abpermanecieron leales al gobierno\u00bb. El golpe frustrado otorg\u00f3 la raz\u00f3n a los estadistas que se opon\u00edan a que la CIA brindase su apoyo a los militares chilenos de un modo m\u00e1s directo y activo.<\/p>\n<p>Este debate interno provoc\u00f3 un retraso en la aprobaci\u00f3n del presupuesto destinado en 1974 a las operaciones encubiertas de la CIA mientras la Agencia y el Departamento de Estado llegaron a un acuerdo sobre el empleo de las autorizaciones de financiaci\u00f3n en lo tocante a Chile. Finalmente, el 20 de agosto, el Comit\u00e9 40 dio su visto bueno, por v\u00eda telef\u00f3nica, a la asignaci\u00f3n de un mill\u00f3n de d\u00f3lares destinado a la financiaci\u00f3n de partidos de oposici\u00f3n y organizaciones privadas, si bien design\u00f3 un \u00abfondo de contingencia\u00bb para las operaciones de estas \u00faltimas al que solo podr\u00eda recurrirse previo consentimiento del embajador Davis. Apenas hab\u00edan pasado tres d\u00edas cuando el puesto en Santiago comenz\u00f3 a instar su aprobaci\u00f3n para emplear ese dinero en la organizaci\u00f3n tanto de huelgas y manifestaciones como de una toma del poder desde el interior, lo que implicaba aguijonear a los militares para que ocupasen puestos de relieve en el gabinete de Allende, desde donde ejercer el poder real del Estado y reducir al presidente a una mera figura decorativa. \u00abLos acontecimientos se est\u00e1n sucediendo a gran velocidad y es muy probable que la postura que adopten los militares en estos momentos resulte decisiva\u00bb, indicaba la base de operaciones santiaguina en un cablegrama el 24 de agosto, para a\u00f1adir despu\u00e9s refiri\u00e9ndose a Allende: \u00abAhora mismo, cualquier suceso o presi\u00f3n importante puede determinar su futuro\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, en Washington, el director de la CIA, William Colby, hizo llegar a Kissinger un memorando en el que expon\u00eda, palabra por palabra, los argumentos de la base en Santiago y solicitaba autorizaci\u00f3n para avanzar con los fondos. El documento, \u00abPropuesta de respaldo financiero encubierto al sector privado de Chile\u00bb, se\u00f1alaba con un estilo dirigido a calmar a los miembros del Departamento de Estado: \u00abEl puesto en Santiago no tiene intenci\u00f3n de colaborar de forma directa con las Fuerzas Armadas para propiciar un golpe de Estado, ni su respaldo a las fuerzas de oposici\u00f3n en general persigue este resultado\u00bb. Sin embargo, Colby se apresuraba a a\u00f1adir la siguiente advertencia: \u00abSiendo realistas, eso s\u00ed, hemos de reconocer que una mayor presi\u00f3n sobre el gobierno de Allende por parte de la oposici\u00f3n podr\u00eda desembocar en un golpe de Estado\u00bb.<\/p>\n<h2>Augusto Pinochet y Henry Kissinger<\/h2>\n<p>A esas alturas, la CIA dispon\u00eda de un buen n\u00famero de informes prometedores acerca de conspiraciones golpistas. A mediados de agosto, David Atlee Phillips hab\u00eda enviado a un agente veterano a Santiago con el cometido de evaluar la situaci\u00f3n. Seg\u00fan inform\u00f3 este en un cablegrama, \u00abdurante las \u00faltimas semanas hemos vuelto a recibir un n\u00famero mayor de informes que hablan de confabulaciones y hemos visto toda una lista de posibles fechas para un golpe de Estado\u00bb. Uno de estos documentos se\u00f1alaba que los conspiradores hab\u00edan elegido el 7 de julio para llevar a cabo otra intentona, fecha que, no obstante, se hab\u00eda empezado a posponer dadas la oposici\u00f3n del comandante en jefe del Ej\u00e9rcito, Carlos Prats, y la dificultad que implicaba el reunir a \u00ablos regimientos m\u00e1s importantes de la zona de Santiago\u00bb. De acuerdo a la fuente de la CIA:<\/p>\n<p>El principal problema al que se enfrentan los militares conspiradores es superar el obst\u00e1culo del mando vertical. Un modo de hacerlo consistir\u00eda en que los generales partidarios de un golpe de Estado se reunieran con el general Prats, lo advirtieran de que ya no goza de la confianza del Alto Mando del Ej\u00e9rcito y, en consecuencia, lo relevaran de su cargo. El hombre elegido para reemplazar a Prats en el momento del golpe es el general Manuel Torres, comandante de la quinta divisi\u00f3n y tercer general del Ej\u00e9rcito por orden de graduaci\u00f3n. Los conspiradores no consideran al general Augusto Pinochet, el segundo oficial de m\u00e1s alto grado del Ej\u00e9rcito, un sustituto id\u00f3neo para Prats en las condiciones actuales.<\/p>\n<p>A finales de julio, la CIA inform\u00f3 de la existencia de un plan golpista \u00aba punto de culminar\u00bb. Los conspiradores segu\u00edan tratando de resolver el problema que supon\u00eda Prats. Seg\u00fan se\u00f1al\u00f3? la base santiaguina, parec\u00eda no haber otro modo de librarse de \u00e9l diferente del secuestro o el asesinato. Sin embargo, \u00abel recuerdo de lo sucedido al antiguo comandante en jefe del Ej\u00e9rcito, Ren\u00e9 Schneider, indeleble en sus mentes, va a hacer muy dif\u00edcil que los conspiradores se decidan a llevar a cabo una acci\u00f3n semejante\u00bb.<\/p>\n<p>La Agencia inform\u00f3 tambi\u00e9n que los militares estaban tratando de coordinar su toma del poder con la Confederaci\u00f3n Nacional de Due\u00f1os de Camiones, que estaba a punto de emprender una huelga generalizada de camioneros. Aquel violento paro inmoviliz\u00f3 el pa\u00eds durante el mes de agosto y se convirti\u00f3? en un factor fundamental en la creaci\u00f3n del clima propicio para el golpe que con tanto ah\u00ednco hab\u00eda perseguido la CIA en Chile. Entre otros elementos importantes se hallaba la decisi\u00f3n que hab\u00eda tomado la c\u00fapula democristiana de abandonar las negociaciones con el gobierno de la Unidad Popular y centrar sus esfuerzos, por el contrario, en la consecuci\u00f3n de un golpe de Estado. En un informe de la CIA con fecha de primeros de julio, el puesto de operaciones en Santiago se\u00f1al\u00f3 que se hab\u00eda producido \u00abuna aceptaci\u00f3n cada vez mayor por parte de los dirigentes del PDC de que la intervenci\u00f3n de los militares puede ser el \u00fanico modo de impedir que los marxistas se hagan con el poder absoluto en Chile. Si bien la c\u00fapula del PDC no admite que sus decisiones y estrategias pol\u00edticas est\u00e1n encaminadas a crear las circunstancias necesarias para dar pie a la actuaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito, los confidentes [secretos] del puesto santiaguino han informado que, en el \u00e1mbito privado, este es un hecho pol\u00edtico aceptado en general\u00bb. La postura de los democristianos llev\u00f3 al Partido Comunista chileno, tradicionalmente moderado, a concluir que hab\u00eda dejado de ser viable el consenso pol\u00edtico con la oposici\u00f3n y a adoptar una actitud m\u00e1s militante que dio lugar a profundas divisiones con respecto a la coalici\u00f3n de Allende. Tambi\u00e9n la negativa del sector duro del Ej\u00e9rcito a aceptar algunas de las carteras ofrecidas por Allende contribuy\u00f3 a acelerar las tensiones pol\u00edticas. \u00abCada vez parece estar m\u00e1s extendida la sensaci\u00f3n de que debe hacerse algo\u00bb, observaba cierto documento de la oficina central de la CIA relativo a las \u00abconsecuencias de un golpe de Estado militar en Chile\u00bb.<\/p>\n<p>La dimisi\u00f3n, a finales de agosto, del comandante en jefe Carlos Prats, acaecida tras una intensa campa\u00f1a de difamaci\u00f3n p\u00fablica dirigida por\u00a0<em>El Mercurio<\/em>\u00a0y la derecha chilena, elimin\u00f3 el \u00fanico obst\u00e1culo que imped\u00eda a esas alturas la realizaci\u00f3n de un golpe de Estado. Al igual que su predecesor, el general Schneider, Prats hab\u00eda representado al sector constitucional de los militares chilenos y hab\u00eda obstruido a los oficiales m\u00e1s j\u00f3venes que deseaban intervenir en el proceso pol\u00edtico de Chile. En un informe de espionaje del 25 de agosto que llevaba el sello de ALTO SECRETO, la Agencia de Inteligencia de la Defensa observaba que la renuncia de Prats hab\u00eda \u00abalejado el m\u00e1s importante de los factores que pod\u00edan disuadir de efectuar un golpe de Estado\u00bb. El 31 de agosto, las fuentes de que dispon\u00eda Estados Unidos en el Ej\u00e9rcito chileno informaron que este estaba \u00abunido en torno a la idea de un golpe, y algunos eminentes comandantes de regimientos de Santiago han prometido prestar su apoyo. Se dice que han comenzado a ponerse en marcha iniciativas para hacer efectiva la coordinaci\u00f3n entre las tres ramas armadas, aunque a\u00fan no se ha fijado una fecha para el atentado golpista\u00bb.<\/p>\n<p>Por entonces, los militares chilenos hab\u00edan establecido un \u00abequipo especial de coordinaci\u00f3n\u00bb formado por tres representantes de cada una de las ramas y por civiles de derecha elegidos con gran cuidado. En una serie de reuniones secretas celebradas durante los d\u00edas 1 y 2 de septiembre, el equipo present\u00f3 un plan completo para derrocar al gobierno de Allende a los mandos superiores del Ej\u00e9rcito, la Fuerza A\u00e9rea y la Armada de Chile. La reci\u00e9n creada Junta Militar aprob\u00f3 el plan y determin\u00f3 que la fecha del golpe ser\u00eda el 10 de septiembre.<\/p>\n<p>Seg\u00fan un examen de la confabulaci\u00f3n golpista obtenido por la CIA, el general que reemplaz\u00f3 a Carlos Prats en calidad de comandante en jefe, Augusto Pinochet, era el \u00abelegido como cabecilla del grupo\u00bb y deb\u00eda decidir a qu\u00e9 hora comenzar\u00eda el golpe.<\/p>\n<p>El 8 de septiembre, tanto la CIA como la DIA pusieron a Washington sobre aviso de la inminencia del golpe de Estado y confirmaron la fecha del 10 de septiembre. Un informe de la DIA clasificado como ALTO SECRETO comunic\u00f3 que \u00ablas tres ramas armadas han acordado, al parecer, levantarse contra el gobierno el 10 de septiembre, y todo apunta a que la iniciativa va a contar con la ayuda de grupos de derecha y de terroristas civiles\u00bb. La CIA advirti\u00f3? que la Armada chilena se pondr\u00eda \u00aben marcha para derrocar al gobierno\u00bb a las 8:30 del d\u00eda citado y que Pinochet \u00abha dicho que el Ej\u00e9rcito no se opondr\u00e1 a la acci\u00f3n de la Armada\u00bb.<\/p>\n<p>El 9 de septiembre, la base de operaciones en Santiago actualiz\u00f3 la cuenta regresiva. Uno de sus agentes secretos, Jack Devine, recibi\u00f3 la llamada de un colaborador que hu\u00eda del pa\u00eds y que le confi\u00f3: \u00abVa a efectuarse el d\u00eda 11\u00bb. Su informe, remitido a la oficina central de Langley el d\u00eda 10, manifestaba:<\/p>\n<p>El atentado golpista tendr\u00e1 lugar el 11 de septiembre. En esta acci\u00f3n est\u00e1n implicados los ej\u00e9rcitos de Tierra, Mar y Aire y Carabineros. El d\u00eda del golpe, a las 7:00, se leer\u00e1?, en Radio Agricultura, una declaraci\u00f3n. Carabineros tiene la responsabilidad de arrestar al presidente Salvador Allende.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Donald Winters, uno de los m\u00e1s altos agentes de la CIA que operaban en Chile en esa \u00e9poca, \u00abse hab\u00eda acordado que [los militares chilenos] lo llevar\u00edan a cabo cuando estuviesen preparados y nos comunicar\u00edan en el \u00faltimo momento lo que iba a suceder\u00bb. La v\u00edspera del golpe, sin embargo, al menos un sector de los conspiradores comenz\u00f3? a ponerse nervioso pensando lo que ocurrir\u00eda si se prolongara la lucha y la toma del poder no se daba como hab\u00edan previsto. La noche del 10 de septiembre, mientras los golpistas tomaban con discreci\u00f3n posiciones para hacerse con el poder de forma violenta al d\u00eda siguiente, un \u00aboficial de relieve del grupo de militares chilenos responsables de planificar el derrocamiento del presidente Allende\u00bb, como lo describ\u00eda la oficina central de la Agencia, se puso en contacto con un funcionario de Estados Unidos (a\u00fan no est\u00e1 claro si se trataba de un miembro de la CIA, el Departamento de Defensa o la embajada) y \u00able pregunt\u00f3 si el gobierno estadounidense acudir\u00eda en ayuda de los militares chilenos si la situaci\u00f3n se complicaba\u00bb. Le aseguraron que \u00abse transmitir\u00eda de inmediato a Washington\u00bb su consulta, seg\u00fan un memorando ALTAMENTE SECRETO enviado por David Atlee Phillips a Henry Kissinger el 11 de septiembre, cuando el golpe ya hab\u00eda empezado.<\/p>\n<p>En el momento del golpe, tanto el Departamento de Estado como la CIA estaban elaborando planes de contingencia relativos al respaldo que prestar\u00eda Estados Unidos en caso de que la acci\u00f3n militar empezara a dar se\u00f1ales de fracaso. El 7 de septiembre, el vicesecretario Kubisch comunic\u00f3 a los integrantes de ambos organismos que los altos funcionarios hab\u00edan determinado lo siguiente tras discutir la cuesti\u00f3n chilena: \u00abSi se da una intentona golpista que, desde nuestro punto de vista, lleve trazas de acabar con \u00e9xito y de un modo satisfactorio, nos mantendremos al margen\u00bb; en cambio, si \u00abparece favorable, pero corre peligro de fracasar, tal vez deseemos tener competencia para intervenir\u00bb. Kubisch ped\u00eda a la Agencia que se encargase de que se prestara \u00abatenci\u00f3n a este problema\u00bb.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n, sin embargo, result\u00f3 ser irrelevante. \u00abEl golpe de Estado de Chile ha sido poco menos que perfecto\u00bb, anunci\u00f3 en un informe de situaci\u00f3n enviado a Washington el teniente coronel Patrick Ryan, al frente del grupo militar estadounidense apostado en Valpara\u00edso. A las 8:00 del 11 de septiembre, la Armada chilena hab\u00eda tomado esta ciudad portuaria antes de anunciar que se estaba derrocando al gobierno de la Unidad Popular. En Santiago, el cuerpo de Carabineros deb\u00eda detener al presidente Allende en su residencia, pero este logr\u00f3 llegar hasta el Palacio de La Moneda y, desde all\u00ed?, emitir mensajes radiof\u00f3nicos en los que instaba a obreros y estudiantes a defender al gobierno frente al ataque de las Fuerzas Armadas. Mientras los carros de combate rodeaban el edificio y disparaban contra sus muros, los reactores Hawker Hunter lanzaron sobre el mediod\u00eda un ataque con cohetes de precisi\u00f3n sobre los despachos de Allende que acab\u00f3 con la vida de muchos de sus guardias. Minutos despu\u00e9s se produjeron otras acometidas a\u00e9reas con ca\u00f1ones, al tiempo que las fuerzas terrestres trataban de tomar el patio interior del palacio.<\/p>\n<p>Durante la lucha, los militares no cesaron de conminar al presidente Allende a rendirse ni de ofrecer de manera mec\u00e1nica una salida segura del pa\u00eds por aire para \u00e9l y su familia. En una grabaci\u00f3n magnetof\u00f3nica hoy famosa que recoge las instrucciones del general Pinochet transmitidas por radio a sus subordinados el 11 de septiembre, puede o\u00edrsele asegurar: \u00abPero el avi\u00f3n se cae, viejo, cuando vaya volando\u00bb, comentario que suscita la risa de su interlocutor. Como si vaticinara el car\u00e1cter feroz de su r\u00e9gimen, hab\u00eda se\u00f1alado la necesidad de \u00abmatar la perra y se acaba la leva\u00bb. Alrededor de las 14:00 horas encontraron en su despacho interior a Salvador Allende, sin vida a causa de un arma de fuego. A las 14:30, la emisora radiof\u00f3nica de las Fuerzas Armadas anuncia que La Moneda \u00abse ha rendido\u00bb y que todo el pa\u00eds se halla bajo control militar.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n internacional fue inmediata, generalizada y abrumadoramente condenatoria. Numerosos gobiernos denunciaron el golpe militar, y en toda Am\u00e9rica Latina tuvieron lugar protestas multitudinarias. Como cab\u00eda esperar, muchos dedos acusadores se\u00f1alaron al gobierno de Estados Unidos. En la comparecencia que hizo en calidad de secretario de Estado tan solo un d\u00eda despu\u00e9s del golpe, Kissinger se vio acribillado a preguntas relativas a la implicaci\u00f3n de la CIA. La Agencia, seg\u00fan su respuesta, \u00abestuvo envuelta, en grado m\u00ednimo, en 1970, y desde entonces nos hemos mantenido alejados por completo de cualquier plan golpista. Respecto a Chile, no hemos intentado otra cosa que fortalecer a los partidos democr\u00e1ticos y proporcionarles cierta solidez para ganar las elecciones de 1976\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSostenimiento de la democracia chilena\u00bb, resum\u00eda la versi\u00f3n oficial, fraguada tras lo ocurrido a fin de encubrir la intervenci\u00f3n estadounidense en contra del gobierno de Allende. El 13 de septiembre, Colby, director de la CIA, envi\u00f3 a Kissinger un informe general de dos p\u00e1ginas en torno al \u00abprograma de acci\u00f3n encubierta de la CIA en Chile desde 1970\u00bb, concebido para proporcionar algunas directrices en torno a las cuestiones relativas al papel desempe\u00f1ado por la Agencia. \u00abLa pol\u00edtica adoptada por Estados Unidos ha consistido en mantener la mayor presi\u00f3n encubierta posible para impedir la consolidaci\u00f3n del gobierno de Allende\u00bb, expon\u00eda sin ambages. Tras repasar de forma selectiva las operaciones secretas llevadas a cabo en los \u00e1mbitos de la pol\u00edtica, los medios de comunicaci\u00f3n y el sector privado, Colby conclu\u00eda: \u00abSi bien la intervenci\u00f3n de la CIA ha sido fundamental para permitir la subsistencia de los partidos y medios de comunicaci\u00f3n de la oposici\u00f3n, as\u00ed? como el mantenimiento de su resistencia activa al r\u00e9gimen de Allende, lo cierto es que la Agencia no ha participado de forma directa en los hechos que han desembocado en el establecimiento de un nuevo gobierno militar\u00bb.<\/p>\n<p>Si entendemos en un sentido estricto la definici\u00f3n de participar \u00abde forma directa\u00bb \u2014colaborar en la planificaci\u00f3n y proporcionar equipo, ayuda estrat\u00e9gica y una serie de garant\u00edas\u2014, la CIA no parece haber estado envuelta en las violentas acciones acometidas por los militares chilenos el 11 de septiembre de 1973. La Casa Blanca persigui\u00f3?, respald\u00f3 y acept\u00f3 el golpe de Estado durante la presidencia de Nixon, pero los riesgos pol\u00edticos que implicaba una colaboraci\u00f3n directa ten\u00edan m\u00e1s peso que cualquier necesidad real de \u00e9xito. Los militares chilenos, sin embargo, no albergaban duda alguna acerca de la posici\u00f3n de Estados Unidos. \u00abNo estuvimos implicados en la planificaci\u00f3n\u00bb, record\u00f3? el agente de la CIA Donald Winters, \u00abpero los contactos de que dispon\u00edamos entre los militares de Chile les hicieron saber que no nos sent\u00edamos especialmente atra\u00eddos por el gobierno [de Allende]\u00bb. Adem\u00e1s, la CIA y otros sectores del gobierno estadounidense se hallaban mezclados de forma directa en operaciones dise\u00f1adas para crear la atm\u00f3sfera capaz de provocar un golpe de Estado que echara abajo la democracia chilena. El memorando de Colby parec\u00eda omitir el proyecto de la Agencia que ten\u00eda por objetivo enga\u00f1ar a los militares, las actividades clandestinas de propaganda negra que pretend\u00edan sembrar la discordia en el seno de la coalici\u00f3n de la Unidad Popular, el respaldo brindado a grupos extremistas como Patria y Libertad y los incendiarios logros del proyecto El Mercurio, al que los documentos de la CIA reconocen \u00abuna funci\u00f3n significativa en la creaci\u00f3n del escenario\u00bb en que se producir\u00eda el golpe, por no hablar del marcado efecto desestabilizador del bloqueo econ\u00f3mico invisible. El argumento de que todas estas operaciones estaban orientadas a mantener las instituciones democr\u00e1ticas de Chile no pasa de ser un ardid de las relaciones publicas que ha quedado al descubierto por el peso de la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica. De hecho, el colosal apoyo prestado por la Agencia a los supuestos adalides de la democracia chilena (los democristianos, el Partido Nacional y\u00a0<em>El Mercurio<\/em>) facilit\u00f3 su transformaci\u00f3n en protagonistas \u2014y principales partidarios\u2014 de la violenta interrupci\u00f3n de los procesos democr\u00e1ticos de Chile por parte de los militares.<\/p>\n<p>\u00abRecordar\u00e1 usted la discusi\u00f3n sostenida en torno a la v\u00eda II a finales de 1970, que no se ha incluido en este resumen\u00bb, escribi\u00f3? Colby a Kissinger en la hoja en la que figuraban los nombres de quienes habr\u00edan de leer su memorando del 13 de septiembre. El que la CIA hubiese tratado de instigar de forma directa un golpe de Estado tres a\u00f1os antes influy\u00f3 de un modo fundamental en el hecho de que los generales chilenos diesen por sentado que pod\u00edan contar con el apoyo de Washington. \u00abLa v\u00eda II, en realidad, nunca se dio por concluida\u00bb, testific\u00f3 en 1975 Thomas Karamessines, el alto funcionario de la Agencia que se hallaba a cargo de las operaciones secretas en contra de Allende. \u00abLo \u00fanico que nos dijeron fue que continu\u00e1semos con nuestra labor, permaneci\u00e9ramos alerta e hici\u00e9semos cuanto estuviese en nuestras manos para contribuir a los objetivos y prop\u00f3sitos de la v\u00eda II. Estoy persuadido de que las semillas que se plantaron en aquel empe\u00f1o de 1970 tuvieron su repercusi\u00f3n en 1973. No albergo duda alguna al respecto\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa pol\u00edtica que hemos seguido en relaci\u00f3n con Allende ha ido a pedir de boca\u00bb, coment\u00f3 a Kissinger el vicesecretario Kubisch el d\u00eda que sigui\u00f3? al del golpe de Estado. De hecho, en septiembre de 1973, los hombres de Nixon hab\u00edan alcanzado el objetivo planteado de un modo manifiesto por el presidente en noviembre de 1970: crear las condiciones capaces de propiciar la ca\u00edda o el derrocamiento de Allende. En la primera reuni\u00f3n del Grupo de Acciones Especiales de Washington, celebrada la ma\u00f1ana del 12 de septiembre a fin de tratar el modo de apoyar el r\u00e9gimen militar chileno, Kissinger coment\u00f3 burl\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014Al presidente le preocupa que queramos mandar a alguien al funeral de Allende. Le he dicho que dudo que ninguno de nosotros vaya a plantear esa opci\u00f3n. \u2014No \u2014respondi\u00f3 uno de sus colaboradores\u2014, a no ser que quiera ir usted.<\/p>\n<p>El 16 de septiembre, el presidente Nixon llam\u00f3 a Kissinger para que lo pusiera al d\u00eda. Su conversaci\u00f3n qued\u00f3 registrada gracias al sistema oculto de grabaci\u00f3n del secretario de Estado. \u00abEl asunto chileno se est\u00e1 consolidando\u00bb, asegur\u00f3 este \u00faltimo, \u00aby, por supuesto, los peri\u00f3dicos se est\u00e1n quejando porque un gobierno comunista ha sido derrocado\u00bb. Los dos lamentaron que la prensa no les prodigara alabanzas por la destituci\u00f3n de Allende:<\/p>\n<p>\u2014En tiempos de Eisenhower \u2014asever\u00f3 Kissinger, refiri\u00e9ndose al derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala gracias a la acci\u00f3n encubierta de la CIA\u2014, nos habr\u00edan tratado de h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Los dos abordaron entonces sin tapujos la funci\u00f3n de Estados Unidos.<\/p>\n<p>\u2014No hace falta que diga que, oficialmente, nosotros no hemos tenido nada que ver \u2014se\u00f1al\u00f3 el presidente.<\/p>\n<p>\u2014Nosotros no hemos hecho nada \u2014respondi\u00f3 Kissinger, con lo que se refer\u00eda a la participaci\u00f3n directa en el golpe propiamente dicho\u2014. Quiero decir que los hemos ayudado. [Palabra omitida] creado las condiciones necesarias en la medida de lo posible.<\/p>\n<p>\u2014Eso es verdad \u2014convino el presidente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El verdadero rol de Estados Unidos en el golpe de 1973 Peter Kornbluh El dictador chileno Augusto Pinochet y Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos. Kornbluh es director del Proyecto sobre Chile del National Security Archive. Publicado en\u00a0La Jornada\u00a0con autorizaci\u00f3n de la editorial y el autor. 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