{"id":34112,"date":"2023-10-09T13:19:02","date_gmt":"2023-10-09T19:19:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34112"},"modified":"2023-10-09T13:19:02","modified_gmt":"2023-10-09T19:19:02","slug":"los-pobladores-sacan-una-lista-de-los-que-faltan-son-siete-tres-sacados-del-mar-y-de-los-charcos-el-resto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34112","title":{"rendered":"Los pobladores sacan una lista de los que faltan, son siete. Tres sacados del mar y de los charcos el resto."},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">La pinza del agua<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">La borrasca. La tempestad.\u00a0La sopladera desatada de todos los vientos contra todos los m\u00e1stiles y todas las cuerdas. Agarrados con las u\u00f1as y los dientes nos deslizamos dentro de la ventisca y jineteamos a pelo el ventarr\u00f3n rumbo a las naves.<\/div>\n<p>Pasan volando los techos de l\u00e1mina en trozos, las s\u00e1banas dejadas a serenar, los peri\u00f3dicos viejos y las banderas que segu\u00edan izadas.<\/p>\n<p>Que huela a sangre es lo menos que esperamos. Total que a todos los olores, hasta los peores, como el acre olor de la envidia o el envolvente olor a muerto, los alejan y destrozan los corpulentos brazos del viento.<\/p>\n<p>Estamos en la hora grave, en lo nuestro de la voladera y la tremenda corredera, igual que el cuarto de Tula cuando cogi\u00f3 candela y s\u00ed, se divisan inundaciones, derrumbes, la gente comienza a evacuar el \u00e1rea.<\/p>\n<p>Estamos a las puertas de la luna, al cuarto para las 12 de la medianoche, camino a la embarcaci\u00f3n que nos permitir\u00e1 tomar distancia de una tierra no tan firme que crepita, se desploma, mueve a pensar, da miedo, corre como loca igual que la gente, igual, te digo, id\u00e9ntica.<\/p>\n<p>A bordo nadie duerme, nos esperan. En tierra nadie puede dormir, concentrada la poblaci\u00f3n en capotear la furia de los elementos, pilas, trucha, atenta. La fauna se resguarda, enmudece, las aves no cantan, ni los pumas rugen, ni los perros ladran, ni croan las ranas. Azota alguna lluvia espor\u00e1dica que escampa y en segundos seca, fuerte es el viento y la Tierra tan sedienta.<\/p>\n<p>Baila, que la vida estrecha. O\u00edmos voces ajenas que nos dicen al o\u00eddo: baila, que la vida estrecha. Nuestra desbandada precipitaci\u00f3n antes bien retorna al instinto b\u00e1sico de\u00a0<em>ag\u00e1rrensen\u00a0<\/em>los que puedan.<\/p>\n<p>Lo huracanado, lo rabioso nos orilla a alcanzar la orilla, nos asoma al despe\u00f1adero de los tropiezos. Los alambres del v\u00e9rtigo impiden que sigamos rodando, nos anclan al suelo con todos los nervios, luego nos reincorporamos al flujo de las circunstancias para seguir corriendo y seguir la moda de las pel\u00edculas de desastres. El oleaje encalla delfines y tiburones, los expone al aire m\u00e1s violento que derriba palapas y borra casas de un plumazo directo al plexo de la vida como tal.<\/p>\n<p>Las tormentas no limpian nada, decir que s\u00ed es mentira, todo lo revuelcan, empuercan y estropean. Son instrumentos de destrucci\u00f3n activa, no se piense que corremos por deporte, se\u00f1oras y se\u00f1ores, no.<\/p>\n<p class=\"sumario\">*<\/p>\n<p class=\"s-s\">Los adjetivos del hurac\u00e1n son una lata: formidable, terrible, poderoso, imponente. Llevan verdad, pero rimbombantes. \u00bfC\u00f3mo hacer? Ya en la lancha la agitaci\u00f3n marina borra el orgullo y uno obedece con la humildad del mu\u00f1eco a merced del titiritero. Bota y rebota de un lado al otro, agarr\u00e1ndose de lo agarrable y aguantando los chorros oleares hasta alcanzar la nave y ser izados como pi\u00f1atas goteantes.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Ten\u00eda que amanecer para que la tormenta se desatormentara hasta tenerse en paz. El agua nos balancea con residual violencia, como columpio perdiendo el vuelo. Llegan a la vez el azul de la luz, la marea tranquila y las primeras gaviotas. Esta vez el naufragio fue en tierra, atacada por dos frentes. A las olas y los vientos feroces se sumaron en direcci\u00f3n contraria los deslaves, desgajamientos y torrentes de las laderas taladas. El campo de batalla de las dos fuerzas lo pusieron las calles, las casas y los cuerpos de la gente. Pobre la playa tambi\u00e9n destrozada, llena de despojos org\u00e1nicos e inorg\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Los de a bordo nos sentimos bendecidos, qui\u00e9n dir\u00eda. Salvados por el hurac\u00e1n. Nada s\u00e9 de barcos, pero estos pescadores conocen el oficio desde ni\u00f1os. Por eso r\u00eden, como si nada hubiera pasado. Poco durar\u00e1 la catarsis de su j\u00fabilo. Conforme nos aproximamos a la costa vamos chocando con objetos y cuerpos que flotan. La playa se volvi\u00f3 un garabato. Lo que eran l\u00edneas claras, geom\u00e9tricas, diferenciadas en las franjas de agua, arena, vegetaci\u00f3n, cemento, madera y cielo perlado de nubes, hoy vemos un tach\u00f3n negro, un basural, un caser\u00edo irreconocible.<\/p>\n<p>Y lo dicho. Los n\u00e1ufragos en tierra hacen se\u00f1ales, deambulan por la playa, recogen el tiradero, buscan a quien les falta. El muelle, las lanchas y sus remos se reducen a pedazos de madera. Una embarcaci\u00f3n como la nuestra est\u00e1 encallada de lado sobre la arena. La suave brisa abre paso a las voces de urgencia y quebranto.<\/p>\n<p class=\"sumario\">*<\/p>\n<p class=\"s-s\">Habr\u00e1 que ayudar, me digo. Mi presencia aqu\u00ed es fortuita, como de costumbre. Vine porque pude y llevaba una semana de reggae, ba\u00f1os de mar y cerveza fr\u00eda. Avisaron del hurac\u00e1n, algo normal en la temporada. Nadie previ\u00f3 los deslaves ni los r\u00edos de lodo. Tampoco un viento tan salvaje. La posada de madera y palma donde me quedaba ya no existe. No queda una palapa en pie. En cambio, la playa est\u00e1 cubierta de troncos, ramas y ra\u00edces, como si se le hubieran volcado los cerros encima.<\/p>\n<p>Un don, en shorts y la camiseta rasgada, me pide que le ayude a levantar unas vigas para sacar a su perro atrapado. Perdi\u00f3 su tienda, el refrigerador quiz\u00e1s tenga remedio. Los pobladores sacan una lista de los que faltan, son siete. Y siete cuerpos, tres sacados del mar y de los charcos el resto.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\" data-google-query-id=\"CObdgP7V6YEDFTvplAkd8g0LuQ\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/interstitial_editorial_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La pinza del agua Hermann Bellinghausen La borrasca. La tempestad.\u00a0La sopladera desatada de todos los vientos contra todos los m\u00e1stiles y todas las cuerdas. 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