{"id":34124,"date":"2023-10-10T13:38:48","date_gmt":"2023-10-10T19:38:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34124"},"modified":"2023-10-10T13:39:54","modified_gmt":"2023-10-10T19:39:54","slug":"34124","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34124","title":{"rendered":"\u00abLas cartas del Boom\u00bb"},"content":{"rendered":"<div class=\"col-md-8\">\n<div class=\"col-md-8\">\n<h1 class=\"ljs-merri\">El Boom latinoamericano: verdades y omisiones<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Evelina Gil<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\"><\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">La correspondencia es un espacio de escritura con un amplio margen de inter\u00e9s, mucho m\u00e1s cuando se trata de la que sostuvieron entre ellos Carlos Fuentes, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cort\u00e1zar. &#8216;Las cartas del Boom&#8217;, volumen que es objeto de este art\u00edculo, ofrece un panorama bastante revelador de lo que fue el inicio del llamado &#8216;Boom&#8217; en la literatura latinoamericana.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Reunir, cotejar y comentar\u00a0<i>Las cartas del Boom<\/i>, publicado por Alfaguara este 2023, fue una empecinada y a la vez delicada labor para sus editores que, como los protagonistas de este intercambio epistolar en zigzag, son cuatro: Carlos Aguirre, Gerald Martin, Javier Mungu\u00eda y Augusto Wong Campos. Y si de una haza\u00f1a plausible se trata, no obstante asalta una ausencia desde la portada, misma que se perfila en el hondo hueco entre las cabezas de Cort\u00e1zar y Garc\u00eda M\u00e1rquez: Jos\u00e9 Donoso.<\/p>\n<p>Hacia el final \u2013y no desde el principio, para no curarse en salud\u2013, los editores reducen al antes citado a \u201ccronista del\u00a0<i>Boom<\/i>\u201d. Donoso, en efecto, se dio a la tarea de escribir una especie de manual para comprender dicho movimiento titulado\u00a0<i>Historia personal del Boom<\/i>, publicado en 1972, que me di a la tarea de releer para contar con la visi\u00f3n desechada del quinto\u00a0<i>boomer<\/i>. No quisiera, sin embargo, que lo que considero una mala decisi\u00f3n se apodere de mi juicio sobre el libro que nos ocupa, pero no encontr\u00e9 una raz\u00f3n v\u00e1lida que justifique la descomposici\u00f3n del cuadro original del\u00a0<i>Boom<\/i>, en especial ante la evidencia de varias cartas del chileno comentadas por los otros cuatro.<\/p>\n<p>Por mi mente pasan algunas posibles causas, una de ellas expuesta por el propio Donoso en su versi\u00f3n. A decir del chileno, no se sent\u00eda parte del grupo; la grandeza de los otros lo hac\u00eda flaquear. Era, en efecto, el menos cosmopolita, el menos prol\u00edfico, el menos \u201cgrandioso\u201d, en t\u00e9rminos cuantitativos: sus novelas eran cortas en comparaci\u00f3n con las de sus compa\u00f1eros de ruta, pero de ninguna manera pobres en calidad.<\/p>\n<p>Para los interesados en conocer de primera mano c\u00f3mo se entreteji\u00f3 el\u00a0<i>Boom<\/i>, al tiempo que se forjaba y fortalec\u00eda la amistad entre cuatro autores de diversas latitudes que, adem\u00e1s del idioma, ten\u00edan en com\u00fan inquietudes y ambiciones art\u00edsticas que s\u00f3lo consiguieron poner en claro al compartirlas entre ellos, esta copiosa correspondencia alumbrar\u00e1 su camino. Me aventuro a afirmar que se trat\u00f3 de la reuni\u00f3n de cuatro soledades, m\u00e1s marcadas unas que otras. A nivel amistoso \u2013porque el comienzo del\u00a0<i>Boom<\/i>\u00a0y el<br \/>\ndel compadrazgo son aleatorios\u2013, el primero en romper el hielo es Carlos Fuentes al dirigirle a Julio Cort\u00e1zar una invitaci\u00f3n para colaborar en una revista mexicana. Aunque parte de una serie de proyectos truncos, o cuya concreci\u00f3n nunca tiene lugar, como ser\u00eda la propuesta de escribir una serie de novelas sobre dictadores y tiranos, ideada por Carlos Fuentes, como casi todas las que tengan que ver con t\u00e1cticas de promoci\u00f3n, aquella primera misiva concisa y cordial constituir\u00eda un parteaguas en los destinos de cuatro escritores de edades diversas pero j\u00f3venes, sanos y en\u00e9rgicos. Se resquebraja el hielo sin tocar nunca la parsimonia, si bien, en un principio, Cort\u00e1zar se muestra m\u00e1s entusiasta hacia Fuentes, cuyos libros le inspiran una serie de cartas que devienen ensayos (una de ellas es usada como pr\u00f3logo de alguna edici\u00f3n de\u00a0<i>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente<\/i>), cosa que se repetir\u00e1, aunque con menor enjundia, con el m\u00e1s joven de la camada, Vargas Llosa, quien recibe lleno de gratitud las pr\u00f3digas observaciones del argentino que no se limita a loar los aciertos.<\/p>\n<p>El \u00faltimo en aparecer es Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Su tard\u00eda incorporaci\u00f3n se debe a que, muy distante a\u00fan del Nobel que aguardaba por \u00e9l en el futuro, el colombiano radicado en M\u00e9xico dedicaba gran parte de su tiempo a escribir guiones cinematogr\u00e1ficos, as\u00ed como cualquier encargo que le permitiera mantener con cierto decoro a su joven familia. A diferencia de \u00e9l, Fuentes, Cort\u00e1zar y Vargas Llosa gozaban de ciertos privilegios que les permit\u00eda deambular de un pa\u00eds a otro, no siempre en las mejores condiciones (caso Vargas Llosa), pero s\u00ed menos complicadas que la del colombiano.<\/p>\n<p><strong>\u201cCon las maletas atiborradas de libros\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Aunque queda muy claro que el\u00a0<i>Boom<\/i>\u00a0no fue producto de una ocurrencia entre copas, ya que pasar\u00eda buen rato antes de que nuestros protagonistas coincidan personalmente y en conjunto, Donoso\u00a0<i>el Ausente<\/i>\u00a0lo explica de la siguiente forma en su propia versi\u00f3n, que he querido considerar en sustituci\u00f3n de las cartas firmadas por \u00e9l, y frecuentemente citadas por sus cuatro destinatarios: el\u00a0<i>Boom<\/i>\u00a0\u2013cuya existencia \u00e9l pone en entredicho\u2013 se conform\u00f3 a trav\u00e9s del \u201ccontrabando\u201d, porque los libros que se publicaban en M\u00e9xico no llegaban a Argentina ni a Chile ni a Per\u00fa ni a Colombia, y viceversa. Un grupo de viajeros ind\u00f3mitos se encargaron de ponerlos en circulaci\u00f3n: \u201cPero por suerte yo hab\u00eda viajado y segu\u00eda viajando. Y viajaba Salazar Bondy<br \/>\ny viajaba Ernesto S\u00e1bato, y viajaba \u00c1ngel Rama y viajaba Carlos Fuentes, y llev\u00e1bamos y tra\u00edamos libros en nuestro equipaje para regal\u00e1rselos a los amigos, que le\u00edan, que escrib\u00edan y comentaban, se interesaban por lo nuevo que se estaba escribiendo en nuestro mundo. Y volv\u00edamos a viajar con las maletas atiborradas de libros, como\u00a0<i>chasquis<\/i>\u00a0literarios, para tomar vino con amigos y comentar los libros en otras capitales del continente.\u201d<\/p>\n<p>Del mismo modo que Donoso menciona \u2013en este p\u00e1rrafo, tambi\u00e9n en la totalidad de su libro\u2013 a varios autores que yo denomino \u201csat\u00e9lites\u201d del\u00a0<i>Boom, Las cartas<\/i>&#8230; est\u00e1n repletas de alusiones a otros autores, coet\u00e1neos y contempor\u00e1neos, que los acad\u00e9micos han incorporado tard\u00edamente a este movimiento, siendo los m\u00e1s citados: Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Jorge Edwards, Mario Benedetti, Alejo Carpentier, entre otros y<i>\u00a0otras<\/i>\u00a0(sobre esto ahondar\u00e9 al final). Donoso afirma que el\u00a0<i>Boom<\/i>, como tal, se conform\u00f3 el mismo a\u00f1o en que los Beatles saltaron a la fama universal: 1962. Por mi mente pas\u00f3 que la omisi\u00f3n del \u201ccronista del\u00a0<i>Boom<\/i>\u201d pudiera deberse a eso: a que los Beatles eran cuatro y un quinto alteraba la \u201carmon\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Las cartas empiezan siendo muy extensas, escritas con el mismo cuidado con que escriben sus obras literarias. Comparten sus proyectos literarios; algunos cuajan, otros no. Tenemos oportunidad de asistir al momento en que la vida de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez da una voltereta total tras la publicaci\u00f3n de\u00a0<i>Cien a\u00f1os de soledad<\/i>, que ameritar\u00e1 cartas-ensayo muy precisas \u2013en especial, claro, las de Cort\u00e1zar\u2013 que celebran lo que ser\u00eda un inesperado \u00e9xito comercial al que, en gran medida, podr\u00eda deb\u00e9rsele que el viejo mundo voltee, otra vez, hacia el nuevo tras siglos de indiferencia. Vargas Llosa, por su parte, al obtener el Premio Biblioteca Breve con su primera novela,\u00a0<i>La ciudad y los perros<\/i>, con s\u00f3lo veinticuatro a\u00f1os de edad, produce un fen\u00f3meno m\u00e1s interesante: poner en la mira de propios y extra\u00f1os a una editorial latinoamericana, en este caso Seix Barral.<\/p>\n<p>Por su parte, con\u00a0<i>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente<\/i>, Carlos Fuentes arriesga el todo por el todo a trav\u00e9s de una compleja estructura, adem\u00e1s de introducir formas diversas del espa\u00f1ol que se habla en M\u00e9xico. Su caso en particular es harto apreciado allende las fronteras, aunque la cr\u00edtica mexicana lo hace pedazos. Fuentes corresponde con alardes de infante terrible a sus detractores, encabezados nada menos que por el cr\u00edtico Emmanuel Carballo, y comienza a desarrollar un vivo rencor por su propio pa\u00eds, al que se refiere como\u00a0<i>Kafkahuamilpa<\/i>. A Cort\u00e1zar no le va mejor con\u00a0<i>Rayuela<\/i>\u00a0en su natal Argentina, pese a ser, por as\u00ed decir, cuna de la literatura experimental en Latinoam\u00e9rica. La acogida en el extranjero es bastante m\u00e1s tibia que la que recibe su camarada\u00a0<i>kafkahualmipense<\/i>. Y mientras Fuentes contin\u00faa escribiendo contra sus cr\u00edticos novelas cada vez m\u00e1s briosas e irreverentes, Cort\u00e1zar llega a caer en una especie de inercia que se advierte hasta en el tono l\u00fagubre de sus cartas. Es el \u00fanico ap\u00e1tico ante las fervorosas invitaciones que le hacen sus amigos.<\/p>\n<p><strong>El entusiasmo se enfr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Donoso se\u00f1ala que lo que verdaderamente uni\u00f3 a estos autores, m\u00e1s all\u00e1 de la literatura\u00a0\u2013todos deseaban sacar de su estatismo y del regionalismo rampl\u00f3n las literaturas de sus respectivos pa\u00edses\u2013 fue el entusiasmo por la Revoluci\u00f3n Cubana. El contenido de las cartas no deja lugar a dudas. El triunfo de Fidel Castro viene aparejado con la efervescencia de dicho intercambio, y con el entusiasmo de estos autores respecto a sus respectivos proyectos literarios. Conforme el \u201ch\u00e9roe\u201d va adquiriendo visos de tirano, demasiado pronto, se va apagando el discurso incendiario, apasionado de los idealistas. Presenciamos el momento exacto en que a nuestros protagonistas se les desploma el \u00eddolo, lo que los hace pasar por una aguda y muy comprensible depresi\u00f3n. Pasan de privilegiados a parias gracias a los tejemanejes del \u201cescritor del r\u00e9gimen castrista\u201d, Lisandro Otero, que, en modo Lavrenti Beria, considera que los autores latinoamericanos no est\u00e1n lo suficiente comprometidos con la causa, por lo que los vuelve objeto de toda clase de humillaciones y atropellos. El primero en desertar, al grado de desaparecer por largo tiempo, incluso para sus amigos, es Mario Vargas Llosa. El que m\u00e1s resiste es Julio Cort\u00e1zar, cosa que de bien poco le sirve porque su lealtad es perenne motivo de suspicacias. Donoso asegura que, junto con la ilusi\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Cubana, se enfr\u00edo el\u00a0<i>Boom<\/i>.<\/p>\n<p>La mayor virtud de ellos como grupo es la generosidad, en especial la de Carlos Fuentes, siempre dispuesto a compartir agente literario en Estados Unidos, a intervenir ante altos mandos por alguno de sus amigos, a viajar donde tuviera que hacerlo para sacar la casta por quien lo necesitara. Al mismo tiempo, Fuentes se nos revela como el m\u00e1s machista del grupo. Es, de hecho, el que m\u00e1s comentarios colecciona en este sentido. Cort\u00e1zar y Garc\u00eda M\u00e1rquez parecen incapaces de hablar mal de las mujeres; Vargas Llosa s\u00f3lo lanza un inofensivo comentario sobre \u201cpoetisas caribe\u00f1as\u201d. Fuentes no tiene empacho en compartir con sus amigos la aventura vivida con la actriz Jean Seberg (protagonista de\u00a0<i>Diana o la cazadora solitaria<\/i>) y aludir a \u201cmenopausias\u201d al por mayor, incluso la de una todav\u00eda muy joven Elena Garro que \u201cseguro atraviesa por una menopausia prematura\u201d (<i>sic<\/i>). Son muy escasas las mujeres referenciadas en esta correspondencia, m\u00e1xime si tomamos en cuenta que para entonces exist\u00edan muchas autoras en activo. En\u00a0<i>Historia personal del Boom<\/i>, Donoso es mucho m\u00e1s generoso en ese sentido, si bien tampoco alude a ninguna de las m\u00e1s representativas del momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col-md-4\">\n<div class=\"publicidad\">\n<div>\n<div id=\"Right5\" data-google-query-id=\"CJrvlNOc7IEDFQX4lAkdRLAK-A\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/jornadasemanal_micrositio_box2_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-issue\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Boom latinoamericano: verdades y omisiones Evelina Gil La correspondencia es un espacio de escritura con un amplio margen de inter\u00e9s, mucho m\u00e1s cuando se trata de la que sostuvieron entre ellos Carlos Fuentes, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cort\u00e1zar. &#8216;Las cartas del Boom&#8217;, volumen que es objeto de este art\u00edculo, ofrece [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":34125,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-34124","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34124","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=34124"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34124\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34127,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34124\/revisions\/34127"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/34125"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=34124"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=34124"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=34124"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}