{"id":34168,"date":"2023-10-13T13:16:43","date_gmt":"2023-10-13T19:16:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34168"},"modified":"2023-10-13T13:16:43","modified_gmt":"2023-10-13T19:16:43","slug":"la-mujer-de-ojos-azucarados-a-la-que-juan-rulfo-escribio-cartas-de-amor-su-esposa-clara-angelina-aparicio-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34168","title":{"rendered":"La mujer\u00a0de ojos azucarados\u00a0a la que Juan Rulfo escribi\u00f3 cartas de amor, su esposa, Clara Angelina Aparicio Reyes"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont actuality\">\n<div class=\"cabeza\">Falleci\u00f3 Clara Aparicio, la de\u00a0<q>ojos azucarados<\/q>\u00a0y gran amor de Juan Rulfo<\/div>\n<div class=\"sumarios\">\n<p>Ten\u00eda 95 a\u00f1os \/\/ A ella dedic\u00f3 las 81 misivas que se publicaron en el libro\u00a0<em>Aire de las colinas,\u00a0<\/em>en 2000<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\"><q>Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que est\u00e1n junto a nosotros, se oye<\/q>, escribi\u00f3 el autor de\u00a0<em>El llano en llamas\u00a0<\/em>a su amada.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<div class=\"credito-autor\">Alondra Flores y Fabiola Palapa<\/div>\n<div class=\"credito-titulo\"><\/div>\n<div class=\"hemero\">La Jornada<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"s-s\">La mujer\u00a0<q>de ojos azucarados<\/q>\u00a0a la que el escritor Juan Rulfo escribi\u00f3 po\u00e9ticas cartas de amor, pasi\u00f3n y ternura, su esposa, Clara Angelina Aparicio Reyes, falleci\u00f3 a los 95 a\u00f1os de edad, el lunes pasado.<\/p>\n<p><q>He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada<\/q>, escribi\u00f3 el autor a la joven Clara, con quien se cas\u00f3 en 1948 y tuvo cuatro hijos: Claudia Berenice, Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos.<\/p>\n<p>La noche del mi\u00e9rcoles, la Fundaci\u00f3n Juan Rulfo inform\u00f3 en su cuenta de Facebook:\u00a0<q>El pasado lunes 9 de octubre falleci\u00f3 la se\u00f1ora Clara Aparicio de Rulfo, a los 95 a\u00f1os de edad. Descanse en paz<\/q>.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n public\u00f3 tambi\u00e9n en la red social algunas im\u00e1genes de la familia y un fragmento de una carta que escribi\u00f3 el autor de\u00a0<em>Pedro P\u00e1ramo:\u00a0<\/em><q>Son las 10 de la noche y se me magulla el alma de pensar que t\u00fa alg\u00fan d\u00eda llegues a olvidarte de este loco muchacho. No, ahora no estoy triste. Tristeza la de antes de conocerte, cuando el mundo estaba cerrado y oscuro&#8230; me hace falta tantita de tu bondad, porque la m\u00eda est\u00e1 endurecida y echada a perder de tanto andar solo y desamparado<\/q>.<\/p>\n<p class=\"sumario\">La lenta espera<\/p>\n<p class=\"s-s\">El amor de Rulfo por la adolescente a la que llevaba 11 a\u00f1os comenz\u00f3 una tarde de 1943 en el caf\u00e9 N\u00e1poles, de la ciudad de Guadalajara (local que ya no existe). Juan de 26 a\u00f1os volvi\u00f3 a ver, luego de dos a\u00f1os, a Clara, quien ten\u00eda 15. Luego de hablarle y conocerla, le propuso matrimonio y ella contest\u00f3 que deb\u00eda esperar tres a\u00f1os; \u00e9l acept\u00f3. El 24 de abril de 1948 se casaron.<\/p>\n<p>Mientras transcurr\u00eda la lenta espera, el autor de\u00a0<em>El llano en llamas\u00a0<\/em>escribi\u00f3 a su amada 81 misivas, que fueron publicadas en el epistolario\u00a0<em>Aire de las colinas, cartas a Clara,\u00a0<\/em>en 2000.<\/p>\n<p>Son textos llenos de amor, esperanza, ilusi\u00f3n, vida. Cartas tiernas, dulces y entregadas que sedujeron a Clara Aparicio, quien naci\u00f3 el 12 de agosto de 1928, en Guadalajara.<\/p>\n<p><q>Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que est\u00e1n junto a nosotros, se oye. Se oye como si despert\u00e1ramos de un sue\u00f1o en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.<\/q><\/p>\n<p>En una entrevista con este diario, la esposa del escritor jalisciense expres\u00f3:\u00a0<q>En sus cartas \u00e9l es el protagonista y yo soy la persona en quien pone su confianza para contar su vida y sus sentimientos<\/q>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n record\u00f3 la \u00e9poca en que se conocieron: \u201cYo era una ni\u00f1a, y luego una muchacha cuya vida se desarrollaba alrededor de su familia; iba a la escuela y conviv\u00eda con las amistades del rumbo, pero, principalmente, con mis tres hermanas, y nos las ingeni\u00e1bamos para hacer muchas cosas en la casa sin necesidad de salir a la calle; incluso, hac\u00edamos teatro ah\u00ed mismo.<\/p>\n<p><q>En ocasiones mi madre insist\u00eda en que sali\u00e9ramos a la calle para que nos vieran los muchachos; en cambio, mi padre era una persona muy estricta y no le gustaba que jug\u00e1ramos en la calle, y se preocupaba por saber qui\u00e9nes eran nuestras amistades. Esa era yo cuando Juan me conoci\u00f3, aunque no yo a \u00e9l. Yo lo conoc\u00ed dos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando estudiaba en la academia y ten\u00eda amistad con muchachos de mi edad. Pero yo era una muchacha exigente a la que le gustaba que la trataran con respeto, y Juan, con todas sus atenciones, su actitud respetuosa, su trato delicado tan diferente a todos, se convirti\u00f3 en un ideal para m\u00ed. Me gustaba caminar junto a \u00e9l escuchando su conversaci\u00f3n<\/q>.<em>\u00a0(La Jornada,\u00a0<\/em>17\/5\/2000.)<\/p>\n<p>Sobre la correspondencia del autor, Clara Aparicio coment\u00f3: \u201cJuan me hablaba con tanta dulzura, como si tratara a una ni\u00f1a. Ahora que veo esas cartas, se me salen las l\u00e1grimas. Bueno, estas cartas llegaban a casa cuando yo ten\u00eda 15 o 16 a\u00f1os, y mi mam\u00e1 me dec\u00eda: \u2018Yo las voy a leer primero\u2019. \u2018Ay, mam\u00e1\u2019, le dec\u00eda yo. Despu\u00e9s, cuando yo las le\u00eda, me transportaba a un mundo desconocido\u201d.\u00a0<em>(La Jornada,\u00a0<\/em>25\/5\/2000).<\/p>\n<p>Como el aire de las colinas seguir\u00e1 el amor eterno de Juan Rulfo y Clara Aparicio.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-prev\"><a id=\"page_link_prev\" href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/2023\/10\/13\/cultura\/a02n1cul\">A nterior<\/a><\/div>\n<div class=\"go-next\"><a id=\"page_link_next\" href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/2023\/10\/13\/cultura\/a03n2cul\">S iguiente<\/a><\/div>\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Falleci\u00f3 Clara Aparicio, la de\u00a0ojos azucarados\u00a0y gran amor de Juan Rulfo Ten\u00eda 95 a\u00f1os \/\/ A ella dedic\u00f3 las 81 misivas que se publicaron en el libro\u00a0Aire de las colinas,\u00a0en 2000 Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que est\u00e1n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":34169,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-34168","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=34168"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34168\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34170,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34168\/revisions\/34170"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/34169"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=34168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=34168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=34168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}