{"id":34184,"date":"2023-10-15T12:54:03","date_gmt":"2023-10-15T18:54:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34184"},"modified":"2023-10-15T12:54:03","modified_gmt":"2023-10-15T18:54:03","slug":"veo-por-los-ojos-ciegos-de-mi-madre-cierro-los-parpados-y-recreo-escenas-imagenes-que-me-dictan-formas-y-colores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34184","title":{"rendered":"Veo por los ojos ciegos de mi madre. Cierro los p\u00e1rpados y recreo escenas, im\u00e1genes, que me dictan formas y colores."},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Jos\u00e9 Luis Ram\u00edrez, sue\u00f1os para pintar<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Pintor vers\u00e1til y muy activo, con exposiciones en Canad\u00e1, China, Estados Unidos, Francia, Austria y Egipto, Jos\u00e9 Luis Ram\u00edrez (Durango, 1981), entre sue\u00f1os y no, en este mon\u00f3logo deja ver con claridad parte de su historia, sus inicios en la pintura, influencias y admiraciones, y c\u00f3mo la concibe y trabaja.<\/p>\n<p>Veo por los ojos ciegos de mi madre. Cierro los p\u00e1rpados y recreo escenas, im\u00e1genes vivas que me dictan formas y colores. Muy poca gente sabe que soy dalt\u00f3nico, que me cuesta mucho diferenciar el naranja del amarillo, el azul de verde. Lo supe desde ni\u00f1o. Abordaba un autob\u00fas y pronto advert\u00eda que me llevaba hacia otra direcci\u00f3n porque hab\u00eda confundido sus colores. A mi mam\u00e1, Mar\u00eda de Lourdes Rodr\u00edguez, le extra\u00f1a que el arte me lleve a tantos lugares del pa\u00eds y el extranjero. Cuando viajo procuro traerle un <i>souvenir<\/i>\u00a0arom\u00e1tico; puede ser una madera de olor intenso, un saquito con especias, un ramito de alguna yerba, un perfume natural, algo que le hable del paisaje y las culturas ajenas a su entorno.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Me gustan los colores primarios y la estructura de mis obras, en las que suelo incluir dibujos animados, que no copio, los invento. Son formas muy b\u00e1sicas. Me gusta mucho Abel Quezada por su resoluci\u00f3n, porque es una pintura muy c\u00ednica. Por cierto, Quezada tambi\u00e9n era dalt\u00f3nico y su obra est\u00e1 llena de mu\u00f1equitos. Las im\u00e1genes de apariencia infantil que pueblan mi pintura parten de la visi\u00f3n que tengo de mi barrio. Los anuncios de las miscel\u00e1neas o tiendas de la esquina, de los locales dedicados a ofrecer diversos productos y servicios, como las carnicer\u00edas, las est\u00e9ticas unisex, los establecimientos de comida, las ferreter\u00edas, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Tengo diez a\u00f1os. Veo pasar de manera recurrente a un se\u00f1or frente a la casa materna. A veces en bicicleta y otras en moto. Me mira con insistencia y yo a \u00e9l con curiosidad. Intuyo, con<br \/>\nmi imaginaci\u00f3n infantil, que guardamos un fuerte parecido; \u00e9l pasa de largo y yo corro a refugiarme con mis amigos de la calle, chavalillos desastrados y sin nadie que los cuide o los eduque, afectos al cemento y a la mota. Yo tambi\u00e9n soy hu\u00e9rfano en gran medida. Vivo en casa de mis abuelos maternos, con mi madre invidente. El se\u00f1or de la moto se llama Jos\u00e9 Mario Ram\u00edrez y viste ropas de ferrocarrilero. Me mira y hace el gesto de sonar el silbato de una locomotora ausente. Brrrum, brrrum, acelera y toma distancia entre nubes de polvo de esas calles sin asfalto de Durango.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sue\u00f1o en rieles<\/strong><\/p>\n<p>La polvareda se disipa y los pap\u00e1s del se\u00f1or Mario Ram\u00edrez irrumpen en la vivienda de mis abuelos maternos. Yo s\u00e9, para entonces, que ellos vienen de parte del se\u00f1or de la moto. Mi mam\u00e1 me ha confesado que ese hombre es mi progenitor, el que puso la semilla en ella, de la que vengo. Proponen que me vaya a vivir con ellos, no con su hijo, sino con ellos. Mi abuela Isidra, madre de mi progenitor, insiste que con ella y su esposo me ir\u00e1 un poco mejor. Mi abuelo Pablo, como el pap\u00e1 de mi mam\u00e1, visten overoles de ferrocarrilero. A veces el se\u00f1or de la moto, que me dice \u201coiga, Jos\u00e9 Luis, d\u00edgame pap\u00e1\u201d, tambi\u00e9n lleva prendas semejantes. Brrrum, brrrum, acelera y me invita a subir a su motocicleta, pero yo contin\u00fao jugando y no le hago caso. Brrrum, brrrum, sale disparado por las polvosas calles de las colonias pobres de Durango.<\/p>\n<p>En mi nueva casa, mi abuelo Pablo permanece horas muy concentrado haciendo dibujos de m\u00e1quinas en la mesa de la cocina. A la memoria del sue\u00f1o se le viene de golpe uno de los cuadros de Abel Quezada que m\u00e1s quiero:\u00a0<i>M\u00e9xico saliendo de la crisis<\/i>. La gente jodida viaja en el tren del progreso.<\/p>\n<p>El maestro Francisco Toledo viene corriendo con su papalote; viste ropa blanca muy arrugada y calza unos huaraches de tres correas. Su cabello hirsuto se agita con el viento. Alza su cometa y r\u00ede como ni\u00f1o por una calle poblada de turistas curiosos y mirones. Una ocasi\u00f3n tuve la fortuna de conocerlo. Intercambi\u00e9 con \u00e9l unas palabras. Fue en San Agust\u00edn Etla, en Oaxaca, y le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 no se iba a buscar otros sitios m\u00e1s desarrollados. Me mir\u00f3 con curiosidad y con mucha calma me respondi\u00f3 que su compromiso era hacer que la gente fuera a su tierra. Por eso no ten\u00eda necesidad ni deseos de vivir en otra parte, tampoco de viajar, ya lo hab\u00eda hecho. Se lo pregunt\u00e9 porque a menudo me cuestionan: Jos\u00e9 Luis, \u00bfpor qu\u00e9 te quedas en Durango? No encuentro motivos para irme, aunque me gusta viajar. En Durango tengo las condiciones \u00f3ptimas para trabajar: un espacio generoso, un taller donde ense\u00f1o mi oficio a los m\u00e1s j\u00f3venes que yo, un lugar bien equipado para impulsar la pintura desde ac\u00e1 y promover mi obra, a trav\u00e9s de agentes, en otros lugares del mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sue\u00f1o con caballo fam\u00e9lico<\/strong><\/p>\n<p>Siento que despierto, pero en realidad estoy frente a un cuadro de Francisco Goitia que me impresion\u00f3 una vez que fui con mis abuelos paternos a visitar la tumba de sus familiares zacatecanos. Sol\u00edamos ir al cementerio y luego recorr\u00edamos la ciudad. As\u00ed fuimos a parar al palacete del Museo Goitia. Las pinturas de ahorcados me inquietaron mucho, pero\u00a0<i>Caballo fam\u00e9lico<\/i>\u00a0me conmovi\u00f3 hasta el mism\u00edsimo esqueleto. Goitia, m\u00e1s que Julio Ruelas, dej\u00f3 una marca profunda en mi sensibilidad infantil. Goitia y Jos\u00e9 Clemente Orozco son, para m\u00ed, los artistas con m\u00e1s garra en la pintura mexicana, los que m\u00e1s me estremecen.<\/p>\n<p>Veo trotar el caballo fam\u00e9lico en ese paisaje seco y amarillo de mi imaginaci\u00f3n. Percuten sus cascos alegres en mi pecho. A pesar de su apariencia, no corre, vuela junto al tren en el que viajo con mis abuelos de Durango a Zacatecas y de Zacatecas a Durango. Largos viajes porque las m\u00e1quinas son lentas, muy lentas; ellos aman ir y venir en ese transporte.<\/p>\n<p>Tengo coleccionistas en muchas ciudades del pa\u00eds y en el extranjero. La pintura me lo ha dado todo. Pero debo pagar una n\u00f3mina de 70 mil pesos quincenales. Tengo una dise\u00f1adora, tres fot\u00f3grafos, una chica que me lleva registro de obra, un contador, y varios ayudantes que me ayudan a acelerar los procesos. Cuando fui a El Cairo advert\u00ed que el arte tiene un mercado que se mueve a velocidades extraordinarias y decid\u00ed que iba a invertir para que mi obra se moviera con m\u00e1s rapidez y eso implicaba acelerar los procesos. Para ello necesitaba gente que me auxiliara en esa tarea. Eso mismo hac\u00eda David Alfaro Siqueiros. Entend\u00ed el tema empresarial y comprend\u00ed que uno como artista tambi\u00e9n debe invertir para crecer. No tengo miedo a decir que me gusta ganar dinero, que mi obra puede ser competitiva en el mercado sin perder su originalidad, su car\u00e1cter personal, mi sello.<\/p>\n<p>Vuelvo a ese instante, en 2019, cuando escuchando m\u00fasica y manchando de sepias y ocres una tela tuve la epifan\u00eda del\u00a0<i>Caballo fam\u00e9lico<\/i>. Una reacci\u00f3n intempestiva me hizo subirme a la camioneta y pedirle a mi pareja de entonces que me acompa\u00f1ara a buscar al se\u00f1or de la moto. Lo encontramos y lo invit\u00e9 a dar una vuelta. Se subi\u00f3 y enfilamos por la carretera a Ciudad de M\u00e9xico y luego hacia Aguascalientes. \u201cMijo, pos a d\u00f3nde vamos, qu\u00e9 mosca le pic\u00f3\u201d, me dec\u00eda intrigado. Nunca lo vi realmente como mi padre, pero hicimos una bonita convivencia, afectuosa, casi como de amigos ocasionales. Ese era nuestro primer viaje en carretera, nunca antes salimos juntos de Durango. Le dije que lo llevaba a Aguascalientes para que viera en vivo sus recuerdos de juventud y me contara de nuevo sus historias, para que juntos admir\u00e1ramos las viejas m\u00e1quinas de museo de un M\u00e9xico sin rieles. El\u00a0<i>Caballo fam\u00e9lico<\/i>\u00a0volaba sobre la tierra colorada y los campos dorados de Zacatecas. Mi padre falleci\u00f3 por Covid al a\u00f1o siguiente, en noviembre de 2020. Brrrum, brrrum\u2026 traca, traca, traca\u2026 puh, puh\u2026, tacat\u00e1, tacat\u00e1, tacat\u00e1, tacat\u00e1, el\u00a0<i>Caballo fam\u00e9lico<\/i>\u00a0se pierde en un punto, en la distancia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sue\u00f1o con\u00a0<i>Ejercicios\u00a0<\/i><i>de la buena muerte<\/i><\/strong><\/p>\n<p>Manoteo en la oscuridad y vuelvo a caer en el sopor, en el abismo del sue\u00f1o. En la Escuela de Pintura de Durango estudiamos a varios artistas mexicanos contempor\u00e1neos como Arturo Rivera, Rafael Cauduro, Roberto Cort\u00e1zar, Julio Gal\u00e1n. Una generaci\u00f3n que tuvo su auge en los a\u00f1os ochenta y noventa. Viajo a Ciudad de M\u00e9xico acompa\u00f1ado por mi abuelo paterno, Pablo, para recoger un Premio Nacional de Pintura. En la Estaci\u00f3n Insur\u00adgentes del Metro veo con admiraci\u00f3n la obra de Rafael Cauduro. Luego, en el Centro Hist\u00f3rico, veo anunciada una exposici\u00f3n en el edificio de Correos, curada por Guillermo Sep\u00falveda. Hay obra de Julio Gal\u00e1n, Roberto Cort\u00e1zar y Arturo Rivera. Me qued\u00e9 fascinado con la obra de los tres, particularmente con un autorretrato de Rivera de su serie\u00a0<i>Ejercicios de la buena muerte.<\/i><\/p>\n<p>Ya soy un artista de la galer\u00eda Arte Actual Mexicano, en Monterrey. Guillermo Sep\u00falveda me comenta que est\u00e1 invitado a una cena en honor a Arturo Rivera por parte de unos empresarios regios. Lo convenzo para que vayamos. Deseo conocer a Arturo. Me fascina su manejo de telas y del espacio, dos grandes virtudes a las que se suma una t\u00e9cnica impecable y una est\u00e9tica inquietante.<\/p>\n<p>La casa es una aut\u00e9ntica galer\u00eda. En el ba\u00f1o, para empezar, hay un \u00c1ngel Z\u00e1rraga. Se me acerca una mujer joven que resulta ser la novia de Arturo, quien se suma a la conversaci\u00f3n y me pide que le muestre mi obra en el celular. Un grupo de artistas, casi todos j\u00f3venes, encabezados por Arturo, salimos a fumar al jard\u00edn, tan grande como un campo de golf. Nos hacemos buenos amigos para siempre.<\/p>\n<p>Recuerdo cuando tom\u00e9 la decisi\u00f3n de organizar con mis propios recursos la expo colectiva\u00a0<i>Distop\u00edas<\/i>. Adem\u00e1s de los locales estuvieron artistas como Arturo Rivera, Daniel Lezama, Olga Chorro, Roc\u00edo Caballero, Rafael Rodr\u00edguez, Edgar Cano, Joaqu\u00edn Flores, Gonzalo Garc\u00eda, Chaur\u00e1n, Olinka Dom\u00ednguez. Llev\u00e9 dieciocho artistas a Durango, con todo pagado. Ced\u00ed mucha obra a cambio de comidas, hotel, apoyos para los vuelos. Del Instituto de Cultura del Estado no recib\u00ed nada.<\/p>\n<p>Arturo Rivera aparece r\u00edgido sobre una plancha quir\u00fargica. Desempa\u00f1a con el brazo desnudo un vidrio que protege el cuadro donde reposa,\u00a0<i>Ejercicios de la buena muerte<\/i>. Ya no estamos en la cena, ni en el enorme jard\u00edn, sino bajo el espeso cielo nocturno de Durango, bajo ese manto oscuro, negr\u00edsimo de octubre. Se incorpora y se acomoda los pliegues de un taparrabos. Busca insistente su ropa. S\u00e9 que eso lo inquieta, porque si hay un rebelde elegante \u00e9se ha sido Arturo Rivera. No le da importancia y suelta una risita. Me pide que me aproxime y murmurante me interroga afirmando: \u201c\u00bfEres pintor, no es cierto?\u201d<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Luis Ram\u00edrez, sue\u00f1os para pintar Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva Pintor vers\u00e1til y muy activo, con exposiciones en Canad\u00e1, China, Estados Unidos, Francia, Austria y Egipto, Jos\u00e9 Luis Ram\u00edrez (Durango, 1981), entre sue\u00f1os y no, en este mon\u00f3logo deja ver con claridad parte de su historia, sus inicios en la pintura, influencias y admiraciones, y c\u00f3mo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":34185,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-34184","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34184","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=34184"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34184\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34186,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34184\/revisions\/34186"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/34185"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=34184"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=34184"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=34184"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}